Mayo 13, 2005

La misteriosa Directiva 11

Fuente de prensa:

Dígame usted que está leyendo estas líneas, ¿cuántas veces se encontró cara a cara con acciones criminales cometidas por un gobierno? Y, si pasó por esa experiencia, ¿qué hizo? Yo acabo de enfrentarme con una situación semejante y decidí preguntarles a ustedes qué creen que debo hacer. Permítanme contarles.

Todos sabemos que con la directa cooperación de las autoridades argentinas una cantidad desconocida de jerarcas nazis, que se cree oscila en muchos miles, se mudaron al territorio de varias provincias de ese país. Uno de ellos, Eichmann, fue llevado a Israel y allí juzgado y ejecutado. Sabemos también de las simpatías nazis de muchos entre los altos mandos del gobierno argentino durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no sabíamos que esos nazis argentinos dejaron huellas de sus fechorías, y no sabíamos que el ministro de Relaciones Exteriores, José María Cantillo, firmó la directiva secreta No. 11, que aún hoy está vigente y que las autoridades argentinas mantienen todavía en secreto y se resisten a derogar, aunque fue esa directiva la que no permitió salvar a incontables miles de judíos.

Los mejores datos los da el famoso periodista Uki Goñi que escribió La auténtica Odessa. Uki es nieto de Santos Goñi, que era un miembro del servicio exterior argentino y por cuyo intermedio conoció los movimientos judeófobos del mismo, la Directiva 11 y muchos detalles adicionales que se acumulan en la lista de las vergüenzas argentinas.

En 1942, el jefe de la Oficina Principal de Seguridad del régimen alemán, Reinhard Heydrich, reunido con otros jerarcas nazis para abordar la llamada ”solución final a la cuestión judía”, planteó que la misma no podría llevarse a cabo si las fronteras no se mantenían cerradas y para eso contaba con gobiernos amigos que iban a emitir las órdenes necesarias, como por ejemplo la Directiva 11, que simplemente prohibía la asistencia a judíos.

El secretario de la embajada Argentina en Berlín era un tal Luis H. Yrigoyen, hijo ilegítimo del ex presidente Hipólito Yrigoyen, y que hablaba alemán. A diferencia de cónsules como el sueco Wallenberg, el portugués Souza-Méndez, el japonés Fukujama o el suizo Lutz, que salvaron a millares de judíos arriesgando sus vidas y fortunas, Yrigoyen no quería emitir las visas necesarias para 100 judíos, ciudadanos argentinos, que los alemanes no querían matar para evitar problemas a los miles de alemanes que vivían en Argentina.

Uno de los documentos que obtuvo Goñi corresponde a la oficina del oficial alemán Eberhardt von Thadden, enlace de Eichmann con el cuerpo diplomático extranjero acreditado en Berlín; en él establece que a pesar de los intentos de oficiales alemanes, dirigidos por el canciller Von Ribbentrop para que Buenos Aires, neutral en la guerra, repatriara a esos judíos argentinos, en vista de la negativa de Yrigoyen los mandaron a Auschwitz y a Bergen-Belsen para ser eliminados.

La historia de Irigoyen no termina allí. Debido a las terribles historias que se cuentan sobre Argentina como asilo de criminales de guerra nazis que escaparon de los aliados, el gobierno argentino decidió presentar héroes que salvaron a judíos durante la guerra. De alguna manera encontraron 12 nombres y en una linda ceremonia inauguraron una placa de bronce que se plantó en la pared del edificio de la cancillería argentina. Entre los 12 nombres figuran once desconocidos y uno que era un colaboracionista nazi, el señor Luis H. Yrigoyen.

Desde hace varios años se viene pidiendo a la cancillería argentina que quite esa vergonzosa placa. El propio ministro Bielsa ya hace dos años que dijo que se ocuparía del caso –pero nada ocurrió. Me han confirmado que se mandaron cartas al presidente Néstor Kirchner y a su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner. El ministro del Interior también prometió ocuparse de este asunto. Hasta hoy la placa sigue pegada a la pared de la cancillería en la calle Esmeralda 1212.

Acabamos de festejar el 60 aniversario del fin de la terrible gran guerra y la liberación de los campos de concentración, y las experiencias aprendidas del Holocausto deben recordarnos continuamente el valor de la democracia, la libertad y la justicia.

Roguemos al Todopoderoso que nos proteja en el futuro de circunstancias similares. ¡Amén!