Mayo 14, 2002

Salvación de los judíos búlgaros durante la última guerra mundial

Soy de Bulgaria y siento un ineludible deber de contar la historia de nuestra salvación durante esta cruenta segunda guerra mundial de la que fuimos testigos y también protagonistas.

Quisiera de algún modo demostrar que no toda la población fue compuesta por santos, pero el raciocinio dominó la gran mayoría. Y así quisiera expresar mi agradecimiento por haber nacido en Bulgaria, por la instrucción que nos fue dada a toda mi generación y por el privilegio de haber conocido el significado de ser protegida en los momentos más cruentos de mi vida y la de los míos.

La década del 30 se presentó pesada, cargada de incertidumbre política, Hitler fue elegido canciller de Alemania, dio comienzo la guerra civil española, las tropas de Mussolini ocuparon Abisinia. El soplo de esperanza fueron los varios viajes de Sir Nevil Chamberlane, saludando a su pueblo con su paraguas en alto. Los años 1938-1939 demostraron que con buena voluntad no se había conseguido nada. Cayó Austria, luego los Sudetes y después toda Checoslovaquia.

Dicen que el Rey de Bulgaria Boris III amargamente comentó: ”Mi ejército es pro alemán, mi esposa es italiana, mi pueblo es pro ruso. Solamente yo soy pro búlgaro”. El rey, de este modo trató de mantener a Bulgaria neutral, fuera de la guerra que se avecinaba.

No tardaron en aparecer las tentaciones territoriales. El primero fue Molotov, el canciller soviético en aquel momento, que el rey de plano rechazó. Luego se presentaron los miembros de la entente de Grecia y Yugoslavia. Boris III rechazó plegarse a ninguna de las partes. Por un lado no quería enojar a Stalin, y por otra no deseaba mostrar simpatía hacia los aliados. Estaba decidido. Sería neutral. Pero su prudencia repentinamente se frustró. El 1 de setiembre de 1939 Alemania atacó Polonia. Después en junio de 1940 cayó París y toda Francia. El famoso General Petain, héroe de la primera guerra mundial se rindió y formó gobierno de colaboración en Vichi. La jugada se había acabado. En Rumania ya habían entrado tropas alemanas. La conquista de Grecia por parte de Italia fue un fracaso.

Por las calles de Sofía se veían pasear hombres y mujeres rubios con ojos azules. La gente murmuraba: ”Deben ser de la quinta columna ”. En marzo de 1941 el Primer Ministro Búlgaro Bogdan Filov con orgullo firmó el ”pacto de no agresión con el eje Berlín-Roma”. Al día siguiente los rubios de ojos azules trocaron su ropa civil por flamantes uniformes del ejercito alemán. Durante el otoño de 1940 se publicó el proyecto de la ”Ley para la defensa de la nación”. ¿De quién tenían que defenderse? De los malvados judíos, por supuesto.

Y así comenzó nuestro calvario

1. Todos los objetos de metales preciosos, gemas y otros, menos las alianzas de los casados, debían ser colocados en bolsitas, rubricadas y entregadas al Banco de la Nación.

2. Se evaluaron todas las pertinencias judías, fueron tasadas y por única vez se cobró un elevado impuesto. Muchos debieron vender algunos objetos para poder pagarlo.

3. Todos los judíos de 10 años para arriba, debían tener cosidos del lado izquierdo de todas las prendas que usaban encima de la ropa interior, la estrella de David en amarillo y negro (el odio y la muerte). Al sacarse alguna prenda, no podía quedar la camisa o vestido sin la insignia de ser judío.

4. Las entradas a los departamentos o casas debían tener el funesto indicio de que ahí habitaban judíos. Eran cartones blancos, en cuyo centro se hallaba la estrella de David, bordeada de negro y luego en letras negras decía ”Domicilio del judío…” (el resto del texto no lo recuerdo).

5. Llegó el turno de devolver los teléfonos al estado.

6. En aquel entonces ninguna casa tenía más de un radio receptor. Se los envolvió con las respectivas etiquetas de propiedad y fueron entregados al depósito del correo central. Los amigos nos visitaban para contarnos las noticias que habían oído por la onda corta de Londres (la BBC) y de Estados Unidos (la Voz de América), siempre en búlgaro. Evitaban comentar las noticias acerca de los campos de concentración. Nosotros sabíamos algo sobre dichos campos, pero creíamos que eran noticias tendenciosas de los aliados contra los nazis. También nos informaban sobre los avances de los nazis en territorio ruso.

7. Y llegó otra medida contra nosotros. Nos dieron tres días para abandonar nuestros domicilios. Debíamos mudarnos a un barrio alejado del centro residencial. No era un gheto, simplemente era un apartado.

Poco antes de esta última medida, llegó de Belgrado nuestra abuela. Sola. Arribó con una valija solamente. Sombría y llorando, nos dijo que al abuelo lo habían sacado de casa, se la habían llevado a un campo de concentración en las afueras de la ciudad y que dos días atrás había sido asesinado. ¿Cómo se podía creer semejante noticia? Sin embargo, nuestro padre comenzó a correr para pedir la expatriación. El abuelo, farmaceútico recibido en Viena, había sido Capitán de Reserva durante la Primera Guerra Mundial, condecorado por alemanes y búlgaros, por haber preparado un medicamento contra la malaria.

Amigos del abuelo, compañeros de la Facultad y de Guerra, se enteraron de su desgracia, vinieron a casa y ofrecieron sus servicios. Uno de ellos era suegro de un Coronel importante. Pasados unos pocos meses, recibimos del Ministerio de Guerra búlgaro, una lacónica esquela que decía:

A vuestro pedido acerca de la repatriación de Iosiff Pardo, Capitán de Reserva del ejército búlgaro, se ha recibido la siguiente nota de las fuerzas alemanas de ocupación: El judío Iosiff Pardo, murió de hemorragia el 4 de Octubre de 1941.

Desde 1941, todos los hombres de 18 a 46 años de edad, eran convocados a prestar servicios en los ”Campos de trabajos forzados”. Pero en 1942, en el mes noviembre, fueron llamados nuevamente a comenzar otro período de trabajo que duró hasta octubre del siguiente año.

El trabajo fue duro, rompiendo rocas, arreglando líneas ferroviarias. Debían cambiar las trochas angostas de Grecia por anchas, para que coincidieran con las de Bulgaria.

Se corrió la voz que se acercaban convoyes con judíos desde Grecia y era verdad. Se podían escuchar sus gritos en judeo-español: ”Hermanos, ayuda!!!! Agua!!!! Pan!!!”. El Jefe del Campo de Trabajos Forzados, prohibió a los hombres que se acercaran a los vagones para que les diesen sus propias provisiones diarias y les amenazó. Los hombres hicieron bultos con sus cantimploras y las raciones de pan, se acercaron a los vagones sin techo y con ímpetu, trataron que los bultos cayeran dentro de los vagones. No eran vagones de lujo, sino para cincuenta y cinco personas u ocho caballos, según estaba escrito del lado de afuera. El gendarme que dirigía el campo, no castigó a nadie, se hizo el ciego y ordenó que se distribuyera otra ración de pan. Muchos de los trabajadores, enfermaron de malaria y fallecieron. Los que sobrevivieron decían: ”Gracias a Dios, estamos en Bulgaria”.

Había salido una nueva orden, los judíos no podían transitar por la más bella avenida de Sofía, con sus adoquines color ocre, que resistieron terremotos, carros blindados. Hacía tiempo, que ya no era permitido circular a los judíos desde las 21 hs. hasta la 6 de la mañana. Toque de queda. La avenida era la del Rey Libertador, que había ayudado a los patriotas en la guerra de liberación del yugo turco, que había duraro cinco siglos, y finalizó en 1877-78.

En esta época, visitó a mi padre en la oficina, un tal Sr. Covo, que había recibido una carta desesperada de su hijo, que estaba estudiando Odontología en Francia. El gobierno de Vichy, había dejado de ser magnánimo para con los judíos. El joven estudiante y un compañero, también búlgaro, habían cruzado Los Pirineos a pie, en invierno, pero los españoles querían devolverlos a Francia. El amigo del joven Covo, tenía varios dedos de uno de sus pies congelados, por lo cual debieron ser amputados. El Sr. Covo, sabía que el plenipotenciario búlgaro era de Lom y compañero de estudios de mi padre, por lo cual le pidió colaboración. Papá no se atrevía escribir a Parvan Draganov, que antes ocupaba el mismo puesto en Berlín (parece que no cumplía bien las órdenes de la cancillería búlgara y fue trasladado a Madrid). ”Escribe tú la carta, y menciona mi nombre, únicamente diciendo que de mí sabes que opino que el ministro es un hombre de bien”, le dijo mi padre. El ministro se ocupó de los dos jóvenes y los hizo traer a Madrid, desde donde ellos enviaron cartas a sus padres.

Tengo 82 años y mi cabeza está llena de recuerdos. Nunca dejé de mantener una fluida correspondencia con mis amigos y amigas búlgaros. Pero de todos modos, he leído varios libros que me ayudaron a refrescar mis memorias.

El antisemitismo en Bulgaria siempre estuvo presente, pero era como una costumbre, no era sanguinario, a veces burlón, otras algo agresivo, como cuando aparecieron los grupos de extrema derecha ”Kubrat y Ratnitsi”. El historiador inglés R. J. Crampton en su libro menciona: ”que el antisemitismo apareció en Bulgaria con la llegada de las tropas libertadores rusas”.

Samovit y Lom, eran dos puertos sobre el Danubio. Allí se encontraban anclados varios vapores listos para emprender su funesto viaje con judíos a bordo, hacia Alemania, Polonia y los trágicos campos de exterminio. Después de la caída de Stalingrado, la ira de Hitler ya no tenía freno: ”Peleen hasta el último hombre”. No había estudiado historia y pensó que lo que le había pasado a Napoleón a él no le pasaría. Von Paulus no obedeció la orden del líder. Se entregó a los soviéticos, con casi 500.000 hombres entre prisioneros, enfermos y muertos.

El parlamento búlgaro es únicameral. Según Christo Boyadjieff: 42 diputados, firmaron una petición dirigida al premier búlgaro, ultranazi, pidiéndole que no sacrificara los súbditos búlgaros que profesaban la fe judía. Enfurecido, Filov los amenazó y ordenó que retiraran sus firmas o atenerse a las consecuencias si no lo hicieren. Dos hombres de bien, Dimitar Peshev y Petar Mihalev, se negaron a retirar sus firmas, fueron expulsados del parlamento.

En febrero fue la caída de Stalingrado. Y el 9 de marzo de 1943, el comisario para los asuntos judíos Belev, junto con el alemán Dänneker, habían decidido deportar a los judíos según órdenes de una de las oficinas de Adolf Eichman que funcionaba en Sofía. Sin embargo, sus planes fallaron por la oposición de la gran mayoría del pueblo: iglesias, políticos, organizaciones profesionales, todos encabezados por el venerado por búlgaros y judíos, el Cardenal Stefan y también el Obispo Kiril, que se plantó entre las vías del tren en Plodiv, declarando que el tren debería pasar únicamente sobre su cuerpo. Los planes de Belev fracasaron. La oficina de Eichman insistía y Belev propuso una postergación, pero siguió elaborando planes:

a) Uno de ellos, consistía en embarcarlos en grupos de 16.000 personas mensualmente, para que el 30 de setiembre se acabara con todos, pero previamente todos serían reunidos en campos de concentración y embarcados en los vapores que esperaban.

b) El otro era evacuar de la capital todos los judíos, enviándolos al norte de Bulgaria para estar más cerca de los puertos. Unos pocos se quedarían en la capital, por ser necesarios para el esfuerzo bélico. Una empleada del comisariato, Liliana Panitza, cometió el error de informar al Dr. Buco Levi. Y un obrero de la imprenta estatal, entregó una copia con todos los detalles acerca del futuro de los judíos a un amigo muy allegado. El pánico cundió porque este amigo indignado divulgó todo.

No puedo no mencionar algo muy privado. Uno de los dueños del Circo Royal Dobrich, vino a nuestro departamentito, para prevenir a nuestro padre de que su hermano, de la policía secreta, hurgando entre las tareas que le tocaba cumplir encontró el nombre de mi padre y había encomendado a su hermano, que desapareciéramos por tres días de la casa. El dueño del circo ofreció que mis hermanas y yo, iríamos con él cambiando el color de nuestros cabellos y escondiéndonos en un vagón cerca de los animales. Se lo agradecimos y nuestro padre me dio las instrucciones necesarias. Nosotras con la abuela, iríamos a la casa de un tío, donde en la planta baja vivía un importante Sacerdote Pope, secretario del Cardenal Stefan. Hicimos magia con los relojes, para no salir después de las 21 hs. y nos quedamos ahí. No quise que me dijera donde irían con mi madre.

No puedo olvidarme de Christo y Tsvetana Penchev que acogieron a nuestros padres para esconderlos hasta que pasara el peligro. Mi padre no podía aguantar la humillación de tener que ocultarse sin haber cometido ningún delito.

Decidió volver a casa. Chicho1 Christo, se arriesgó tomó su revólver y los acompañó hasta nuestro domicilio. Pasó la noche con ellos.

Los vecinos comentaron que la noche anterior habían venido visitas, que tocaron timbre, golpearon la puerta, pero nadie apareció. ”¿Dónde estuvieron?” ”Como se nos hizo tarde, nos quedamos a lo de un hermano de mi mujer.” Mamá nunca tuvo hermano.

El 24 de mayo se celebra en Bulgaria la fiesta de la cultura, dedicada a los hermanos Cirilo y Metodi (monjes en Salónica), beatificados. Habían creado el así denominado ”abecedario cirílico” (en el siglo IX). Tradujeron los libros sagrados para que el pueblo, recién bautizado, entendiera el rito en idioma eslavo, evitando el ritual griego. Ese día comenzaron las corridas entre las Sedes Judías y el Palacio Real.

Mis padres, mis hermanas y todo el resto de nuestra familia, somos sobrevivientes de la tragedia que había enlutado toda Europa. También lo son los 48.000 judíos que habían vivido por siglos en Bulgaria. El Cardenal Stefan, el expremier demócrata Nikola Mushanov, la Princesa Evdokia, hermana del rey, Ekaterina Karavelova, se acercaron a Boris III, con el pedido de leer la carta que los judíos le habían escrito. No tuve el honor de leerla. Ha sido publicada en un anuario judío de 1986, en el Volumen XXI, en la página 223:

”Majestad, en nombre de los hombres, mujeres y niños le rogamos, arrodillados, que extienda su mano paterna, para protegernos, en memoria de aquellos que han caído en los campos de batalla. Denos su protección. Estamos preparados a derramar nuestra sangre por la patria, por Bulgaria, pero dentro de sus límites, no fuera del país.”

Hubo una manifestación en pro de los judíos. 63 personalidades, los más importantes políticos pertenecientes a movimientos liberales y democráticos firmaron un documento muy valioso:

”Estas medidas pueden ser interrumpidas y defendidas únicamente por su majestad, porque Ud. es el verdadero gobierno”.

Ya conocemos el final.

Siempre se habló de cómo los dinamarqueses salvaron sus 8.000 judíos. Muy pocos se han enterado que el pueblo búlgaro, con una población de 6 o 7 millones, salvó de los campos de exterminio sus 48.000 judíos.

Bibliografía

  • A SHORT HISTORY OF MODERN BULGARIA by R. J. Crampton de la Universidad de Cambridge. Editado en 1987.
  • SAVING THE BULGARIAN JEWS IN WORLD WAR II by Christo Boyadjieff. Editado en 1989.
  • DIARIO POLÍTICO DE BOGDAN FILOV, publicado en 1990.
  • CONVERSACIONES CON TSVETKO BOBOSHEVSKI.
  • CONVERSACIONES CON TODOR MUSHANOV, sobrino de NIKOLA MUSHANOV.
  • PROPIAS MEMORIAS, por haber vivido durante esa época en Sofía y pienso que supe atesorarlas.

Beatriz Rosanes de Samuilov nació en 1920 en Sofía. Sus estudios primarios los hizo en un colegio estatal y los secundarios en el colegio norteamericanos de su ciudad. Después de haber pasado los cinco duros años de la guerra en Bulgaria, Beatriz, ya casada, emigró a Israel en 1948 y de allí, en 1950, a la Argentina. Su padre, Rafael Nissim Rosanes, y su madre, Regina Capon, eran oriundos de Bulgaria (Vidin y Plovdiv, respectivamente), al igual que sus abuelos y la segunda esposa de su padre, Eugenia Pardo. Los Rosanes apreciaban la cultura occidental y la música. Todos tocaban algún instrumento musical.