Junio 3, 2008

Revelaciones sobre el holocausto 10: Franco abandonó a los sefardíes

Fuente de prensa:

El Gobierno español se desentendió finalmente de la suerte de los miles de judíos españoles que se encontraban en territorios ocupados por los nazis | Los gobiernos de Franco dificultaron la entrada a España de judíos que huían de los nazis

España no sólo no tuvo una política oficial clara de ayuda a los judíos españoles perseguidos por los nazis, sino que ante la pasividad española los propios alemanes se sintieron obligados a recordar a Franco sus intenciones genocidas. De hecho, España, a pesar de que admitió que muchos judíos habían apoyado de una forma u otra el alzamiento militar franquista, consideró peligrosos a los judíos españoles al dar por supuesta su simpatía con los aliados frente al Eje y así se lo hizo saber a Alemania.

Telegrama de Hans von Moltke, embajador del III Reich en España, al Ministerio de Exteriores en Berlín con fecha 28 de enero de 1943. Motivo de la misiva: la publicación en Alemania de nuevos decretos antisemitas: ”Hoy se le ha comunicado al Ministerio de Asuntos Exteriores español, mediante entrega de documentación escrita, que el Gobierno español tiene hasta el 31 de marzo la posibilidad de repatriar a los judíos de nacionalidad española (…) que se hallan en los territorios bajo jurisdicción alemana. A partir del 1 de abril y sin excepción, estos judíos, que hasta ahora disfrutaban un tratamiento excepcional, serán objeto de todas las medidas en vigor contra los judíos. El director de la división política del Ministerio de Asuntos Exteriores (se refiere a José María Doussinague) nos agradeció la información temprana, que considera una muestra de deferencia hacia España”.

”Este director dice que las instituciones españolas deberán analizar el asunto y que el Ministerio de Asuntos Exteriores transmitirá a la embajada (alemana) la postura oficial de España lo antes posible. En opinión personal del director no se permitirá a los judíos de nacionalidad española entrar a España. En este contexto pregunta si sería posible expulsar a estos judíos a terceros países, especialmente a Turquía, de donde suelen ser originarios. Se le informó que, según opinión de la embajada, esa posibilidad no existe, de modo que o se opta por repatriarles a España o se les somete al reglamento en vigor. Les mantendremos informados”.

Si tal como vimos en el capítulo anterior, en 1940 la diplomacia española en París se mostró temerosa por la persecución a los judíos, tres años después el franquismo mostró su cara más oscura.

En 1943 España dijo oficialmente a Alemania que tenía que pensar qué hacer con los españoles que vivían en territorios ocupados, incluso sabiendo, como prueba el telegrama del Duque de Alba que publicamos en el reportaje que abría esta serie, que ”las medidas en vigor contra los judíos” que mencionó el embajador

Moltke suponían básicamente la muerte para miles de ellos.

El telegrama reproducido muestra que Francisco Gómez Jordana, ministro de Exteriores formalmente menos pro nazi que Serrano Súñer, no tenía preparada una respuesta ante un ultimátum alemán de semejantes características. Y asimismo pone en evidencia la distancia moral con que se contempló desde el Gobierno de Madrid el genocidio que devastaba Europa.

Apenas dos semanas después, el Reich reiteró su amenaza y avisó al Gobierno español con este mensaje enviado desde Berlín a su embajada en Madrid: ”Las medidas generales contra los judíos también se amplificarán a los judíos españoles residentes en el Generalgouvernement (el territorio ocupado en Polonia), en los países bálticos y en los territorios orientales ocupados a partir del 1 de abril de este año. Ruego informar el Gobierno español de ello”.

Así las cosas, el 22 de febrero el embajador alemán insistió nuevamente ante el Gobierno español, y dos días después envió un telegrama a Berlín relatando el resultado de su reclamación.

En ese mensaje, cifrado, Moltke explicaba que ”el director general del departamento político del Ministerio de Asuntos Exteriores español Sr. Doussinague” le había dicho al recién agregado a la embajada alemana en Madrid, Andor Hencke, lo siguiente: ”El Gobierno español ha decidido no permitir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza judía que viven en territorios bajo jurisdicción alemana. El Gobierno español cree que lo oportuno es permitir a estos judíos viajar a sus países de origen, especialmente a Turquía y Grecia. El Gobierno español estaría dispuesto a conceder en algunos casos un visado de tránsito por España para judíos con visado de entrada para Portugal o EE.UU. Si no se da esta circunstancia el Gobierno español abandonará los judíos de nacionalidad española a su destino. El embajador español en Berlín tiene orden de tratar este asunto con el Ministerio (alemán) de Asuntos Exteriores. Hencke respondió al director general (…) que en opinión de la embajada, el Gobierno alemán no permitirá la salida hacia otros países de los judíos de nacionalidad española. También le dijo que se ha avisado al Gobierno español únicamente por razones de cortesía, para darles la oportunidad de repatriar a España a estos judíos antes del 31 de marzo.

El director general (Doussinague) comentó que estos judíos serían probablemente más peligrosos en España que en otros países, porque los agentes americanos e ingleses los captarían inmediatamente para utilizarlos como propagandistas contra la alianza del Eje, en especial contra Alemania. Por lo demás el Sr. Doussinague no mostró que el Gobierno español tuviera mucho interés en este asunto. Ruego nuevas órdenes. Firmado: Moltke”.

Tras la negativa inicial del Gobierno español a aceptar la entrada de refugiados judíos españoles, a menos que fueran de paso, el régimen abrió muy ligeramente la mano. Otro documento, alemán, fechado este el 17 de marzo, desvela claves del asunto: ”¡Secreto! El Director general de la división política del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Sr. Doussinague, me informó verbalmente el 15 de marzo de que el Gobierno español, contrariamente a su intención original, se inclina a permitir la entrada a España a un número limitado de ciudadanos españoles de raza judía que se hallan en territorios bajo jurisdicción alemana. Se trata de un máximo de 100 personas por las que han intercedido españoles famosos. Se contestó al Director general que el plazo fijado por el Gobierno alemán, y durante el que judíos de nacionalidad española podían salir, expiraba el 31 de marzo. El Señor Doussinague dijo que el Gobierno español se aclararía definitivamente durante los siguientes días e informaría inmediatamente a la embajada. Firmado: Moltke”.

Unos de los documentos desclasificados, a los que ha tenido acceso a La Vanguardia,que más claramente muestran esta oscura realidad de nuestro reciente pasado, son los esquemáticos estudios realizados por los servicios secretos británicos en 1947, después de la guerra.

El trabajo lo encargó el Ministerio de Asuntos Exteriores británico y consistió en ordenar cronológicamente los partes secretos que hallaron en Berlín y resumirlos esquemáticamente, resaltando únicamente los puntos más importantes o sustanciales. Este método para el estudio documental del comportamiento alemán respecto a los judíos se hizo por tramos de meses y en todos los casos el resultado -tres folios de información condensada cada vez- fue declarado secreto.

Su lectura, cómoda y rápida, permitió al Gobierno del Reino Unido conocer con gran precisión cómo actuó Alemania y el franquismo en relación a los judíos y comprobar, una vez más, las estrechas relaciones desconocidas de la España de Franco y la Alemania de Hitler. Sirva de ejemplo la frase con que los funcionarios británicos inician el análisis relativo a los comunicados nazis que van desde el 22 de enero de 1943 al 28 junio 1944: ”Este archivo contiene notificaciones que el Gobierno Alemán ha enviado a los gobiernos neutrales (español) y satélites sobre su intención de extender las medidas aplicadas contra los judíos alemanes a todos los judíos al alcance de las fuerzas de ocupación alemanas. Por razones de seguridad militar, los judíos serán liquidados a menos que sean retirados por los gobiernos de sus países de origen antes de una determinada fecha. Mientras el Gobierno Español cambia de idea (…) los alemanes llevan a cabo sus medidas de persecución con energía (…)”.

Los diplomáticos, por su cuenta

Hay infinidad de documentos desclasificados que confirman que la presión de las comunidades judías propició que España permitiera el paso de cierto número de judíos y la repatriación de otros. Pese a esta presión, los gobiernos de Franco superaron los plazos dados por los nazis con las subsiguientes deportaciones y hasta dudaron si reclamar o no los bienes de los judíos españoles confinados en los campos de exterminio. La política franquista chocó con los movimientos de algunos diplomáticos españoles.