Mayo 25, 2008

Revelaciones sobre el holocausto 1: ”Los judíos son bacterias”

Fuente de prensa:

El régimen de Hitler elaboró en 1944 un ”tratado coherente” de 30 tesis para justificar el holocausto | Entre los argumentos para el asesinato de judíos sostuvieron que estos tenían ”instintos de ladrón” | ”El gangsterismo moderno de EE.UU. es típicamente judío”, escribieron los ideólogos del Reich

El viernes 11 de enero pasado a George Bush le traicionó el subconsciente. Aquel día el presidente de Estados Unidos concluía su primera visita a Israel y Cisjordania. Por la mañana, visitó el Yad Vashem, el Museo del Holocausto de Jerusalén en memoria del asesinato por los nazis de seis millones de judíos. Tocado con la kipá, un Bush emocionado, con lágrimas en los ojos, recorría los pasillos del museo cuando se paró ante unas fotos aéreas de Auschwitz tomadas durante la Segunda Guerra Mundial por la US Air Force. En ese instante no pudo reprimirse y llamó a su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a la que le dijo: ”Debimos haber bombardeado Auschwitz para poner fin al exterminio nazi. Debimos bombardear sus líneas de tren…”.

Con aquella frase George Bush desveló que su país tenía información que le permitía considerar que los aliados no hicieron todo lo que pudieron para evitar el holocausto, es decir, el asesinato industrial a manos del régimen de Hitler del pueblo judío y otras minorías. Un genocidio que comenzó a fraguarse el 30 de enero de 1933 cuando el presidente de Alemania, el mariscal Von Hindenburg, nombró canciller a Hitler .

Este año se cumple el sexagésimo aniversario del Estado de Israel, nacido al filo de la posguerra mundial mientras la mala conciencia del holocausto flotaba sobre la humanidad. Una efeméride que ha servido de pretexto para hurgar entre documentos secretos guardados en el Reino Unido, entre los que hemos hallado un tardío compendio – es de 1944, en la recta final de la guerra- de demenciales razones sostenidas por los nazis para odiar lo judío. Un tratado de despropósitos que demuestra cómo hasta el último momento el III Reich quiso justificar el genocidio. Pero vayamos por partes.

El odio nazi a los judíos alcanzó su máxima expresión a partir del 20 de enero de 1942, cuando 15 jerarcas nazis se reunieron, bajo la presidencia de Reinhard Heydrich y con asistencia de Adolf Eichmann, en un caserón del barrio berlinés de Wannsee y en menos de hora y media pusieron en marcha la solución final (Endlösung der Judenfrage) con el fin de eliminar a once millones de judíos. Para ello activaron el símbolo de la degradación del ser humano: los campos de exterminio y sus cámaras de gas.

Aquel plan criminal tuvo su soporte teórico previo, tratado y difundido ampliamente en los manuales de historia sobre ese periodo del siglo XX. Sin embargo, lo que no es tan conocido es que a medida que avanzó la guerra y la victoria alemana se hizo inviable, el III Reich siguió teorizando sobre las cuestiones que a sus ojos justificaban el genocidio. Y así se llega hasta el documento germano ”Gfm33/2516-A/12”, interceptado por el servicio secreto británico, redactado en Berlín el 28 de julio de 1944 y titulado ”Modelo para 30 tesis antijudías”.

Una antología del disparate que La Vanguardia ha encontrado desclasificada en los Archivos Nacionales del Reino Unido y que fue escrita apenas una semana después del atentado frustrado contra Adolf Hitler, en un tiempo en que los anglo-norteamericanos avanzaban por Francia tras el desembarco de Normandía y el ejército rojo destrozaba los ejércitos alemanes del centro europeo.

Un documento que se inscribe en un plan denominado ”acción antijudía en el extranjero”, dispositivo represivo que motivó varias reuniones previas de intelectuales nazis. Entre ellas, destaca la celebrada el 15 de marzo del 44 en Berlín bajo el auspicio del Ministerio de Asuntos Exteriores y fue seguida con ”un gran interés del Führer”, según refleja su acta, que también hemos hallado en Londres.

Este texto, del que sus autores afirman que ”no se trata de un listado de tesis individuales sino de un trabajo coherente”, aparece como una guía de supuestas razones para justificar el asesinato masivo de judíos. Así, en los puntos 19 y 20 los nazis apuntan a ”la eliminación de los judíos” como ”una medida necesaria” para que Alemania lograse ”una economía nacional a prueba de crisis con la creación del orden nacionalsocialista económico y social (…) sin la participación de los judíos en la vida estatal”.

El nacionalsocialismo vio a los judíos (y a otras minorías étnicas) como ”bacterias parásitas” que contaminaban el mundo y en las que anidaba una maldad intrínseca. Un ejemplo lo constituye el punto número 4 del escrito, que reza: ”Instintos parásitos de ladrón: El judaísmo representa una mezcla de raza cohesionada por instintos heredados de ladrón. Por eso sería más correcto llamar al judaísmo conspiración herética contra la humanidad y no nación. El judaísmo pretende que la destrucción del Estado judío por los romanos fue la causa de la dispersión judía. Debido a esa dispersión, los judíos habrían desarrollado necesariamente su espíritu regateador”.

Y otro buen ejemplo de este malsano ideario se encuentra en el sorprendente apartado número 9: ”Criminalidad judía: Su rasgo parásito predestina al judío también en otros ámbitos de la vida a ser antisocial y criminal. No es casualidad que la jerga de ladrones esté repleta de palabras judías. Cualquier persona despierta sabe que los judíos explotan criminalmente las debilidades y vicios de los no judíos a la hora de hacer negocios: negocio de placeres, alcohol, narcotráfico, aborto, trata de blancas, prostitución, falsificación de pasaportes, contrabando de personas, etcétera (…) El gangsterismo moderno en Estados Unidos es típicamente judío. Es falso que la criminalidad judía no provoque derramamientos de sangre”. En fin, una visión tan peculiar de la criminalidad en Estados Unidos que se podría considerar hasta graciosa de no encerrar un drama de proporciones cósmicas. Los mismo podría decirse de las extrañas teorías que a sus ojos explicaban un desarrollo ”dañino” del pueblo hebreo. Los puntos 1 y 3 del documento analizan este extremo.

”Desde 1800 hasta el principio de la guerra actual el judaísmo mundial ha aumentado muchísimo (…) En 1800 había 2,5 millones de judíos puros y hoy hay 17 millones. Casi el séptuplo. No obstante en 1800 tres de cada mil personas eran judías y en 1936 lo eran ocho. Si se suman los judíos de sangre mixta (a partir de 1800 aproximadamente hay matrimonios mixtos), resulta que los judíos se han reproducido tres veces más que los no judíos. La era de la emancipación y la pretendida democracia fue muy favorable para los judíos. En 1800 todos los judíos vivían en Europa y la región mediterránea. Desde entonces el judaísmo oriental ha creado un segundo centro en Estados Unidos”.

”El gran poder económico judío es un hecho incuestionable (…) y el pueblo ruso está políticamente sometido a los judíos y la potencia mundial británica y EE.UU. lo están también por sus líderes estatales. Ante la instintiva aversión mundial que siempre se ha manifestado contra los judíos, el poder actual de los judíos sería inexplicable si su éxito no tuviera un secreto. Este consiste en aprovechar sus instintos parásitos, de los cuales los no judíos no sospechan nada, y en la existencia de centros ocultos bajo mando judío, escondidos bajo la tapadera religiosa judaica (rabinato, Talmud). Los dos factores están íntimamente relacionados”.

Tal vez el razonamiento que mejor muestra el pensamiento nazi está en los puntos 17 y 18: ”Se puede hacer inofensivo al judío desenmascarado: el papel del parásito mundial judío en la vida cotidiana se parece al de la bacteria en la naturaleza. También los gérmenes patógenos viven de la destrucción de su hospedante. Condición para vencer una enfermedad es conocer el agente. El mundo sanará cuando se haya reconocido al virus de peste judío. (…) Alemania, el país de la bacteriología, se ha adelantado a las demás naciones en cuanto a liberarse material y mentalmente de los judíos. Aplica las leyes de extranjería a los judíos (…) Porque los judíos son como aceite encima del agua, que impide el movimiento propio del agua”.

Las leyes alemanas antisemitas que respiraban el ideario descrito no distinguieron entre los judíos alemanes y los que vivían en territorios ocupados aunque procedieran de países amigos del III Reich. Como veremos más adelante, su plan se aplicó a los españoles desde abril de 1943.

Del Zyklon B al Estado de Israel

Un de los hechos que caracterizan la Segunda Guerra Mundial es la matanza industrializada de seres humanos. La creación por el régimen nacionalsocialista alemán de los campos de exterminio, verdaderas fábricas de muerte, constituye un hito en la historia de la crueldad humana. Aquella medida supuso el asesinato de al menos seis millones de judíos sin distinción de edad o sexo. Al contrario, cuanto más débiles e inadecuados para trabajar como esclavos, antes los mataron. Y lo hicieron buscando eficacia y rentabilidad. Las balas eran caras y el monóxido de carbono poco eficiente. La solución final la encontraron en el insecticida a base de cianuro Zyklon B. Mataba despacio, pero barato. Las víctimas eran encerradas en una habitación hermética y unas duchas esparcían el gas. Entonces sufrían sofocación, pérdida del control de los esfínteres, inconsciencia y la muerte, que llegaba a los más fuertes unos 25 minutos después. Por eso los cadáveres se encontraban por capas. Abajo los más débiles (ancianos y niños), luego mujeres y en la parte alta del montón humano, los más jóvenes.

Los hechos que condujeron a este horror se remontan al 30 de enero de 1933 cuando el presidente de Alemania, el mariscal Paul von Hindenburg, nombró a Adolf Hitler canciller de Alemania. Poco después (27/ II/ 1933) se produjo el incendio del Reichstag (el Parlamento alemán) y la anulación de los partidos políticos. Comenzaba así la vertiginosa caída libre hacia el horror de Alemania.

Apenas un mes después (20/ III/ 1933) crearon en Dachau el primer campo de concentración para políticos y disidentes, mientras que el boicot a los comercios judíos llegó en abril. Días más tarde la ley estableció quién era judío. Fue la primera de cientos de leyes antisemitas. Tres años después, una Alemania rearmada ocupó Renania y en septiembre de 1938 se anexó Austria, adonde extendió sus leyes antisemitas.

En octubre se produjo el pogromo conocido como Kristallnacht (la noche de cristales rotos), que se saldó con el saqueo de tiendas, viviendas, escuelas, hospitales, sinagogas y cementerios, y con la deportación de miles judíos a los campos de concentración, mientras que el dinero que debían pagar las compañías de seguros por los daños a la propiedad fue requisado.

A comienzos de 1939, Adolf Hitler acusó a los judíos de llevar a las naciones a una guerra mundial y mencionó ”la aniquilación total de la raza judía en Europa”.

En mayo, Gran Bretaña restringió la llegada de judíos a Palestina a 10.000 al año, durante 5 años, y el 1 de septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia. Dos días después Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania. Tras cinco años largos de guerra, el 8 de mayo de 1945 se celebró la terminación de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Balance: unos 60 millones de muertos, once millones de desplazados y seis millones de judíos asesinados. En agosto de aquel año se celebró el segundo Congreso Sionista, que propuso la admisión de 100.000 supervivientes en la tierra de Israel, es decir en el territorio de Palestina administrado por el Reino Unido.