Junio 12, 2005

Piqueteros: ¿sujetos u objetos?

Fuente de prensa:

Hay diferentes maneras de luchar contra la desocupación, la marginalidad y la pobreza. El Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de La Matanza, asentado en la localidad de Laferrère, ha elegido el mejor de los caminos: el que nace del fortalecimiento de la autoestima del trabajador y de la convicción de que los seres humanos crecen en su dignidad cuando se hacen cargo de sus propios emprendimientos, sin esperar a que el Estado les arroje una dádiva desde su paternalismo casi siempre clientelista y prebendario.

Los integrantes del MTD de La Matanza no reniegan de su pasado piquetero. Al contrario, reivindican la etapa de lucha en la que pelearon por una mejor calidad de vida junto con los otros sectores del movimiento piquetero. Pero a ese pasado han decidido agregarle una sincera autocrítica, que les despertó un nuevo concepto de la movilización social: en vez de mantener una actitud pasiva y de reclamo frente al Estado, prefirieron organizarse ellos mismos e impulsar sus propios emprendimientos productivos por la vía de la autogestión (ver nota de tapa). Y hasta se sienten orgullosos de pagar los impuestos que corresponden por esa actividad, como prueba de que han logrado salir de la exclusión y la marginalidad.

Con ese concepto, han organizado y puesto ya en marcha en ese partido del Gran Buenos Aires varios emprendimientos: comenzaron con una huerta y siguieron con una panadería industrial, una editorial y un taller de costura. Además, han abierto un jardín de infantes en el edificio de una escuela que estaba abandonada y están trabajando ya para fundar allí mismo un nuevo establecimiento de enseñanza, que funcionará con la participación de toda la comunidad y en el cual se difundirán los principios de la autogestión, del cooperativismo y de la defensa del ecosistema.

Uno de los líderes del MTD de La Matanza, Héctor ”Toty” Flores, declaró recientemente: ”Reivindicamos el trabajo y la dignidad, pero estamos en contra del clientelismo político”. A su juicio, si el trabajador acepta una dádiva y le tiene que dar una parte de ella a un puntero político, pierde autoridad moral para enseñarles luego a sus hijos el camino de la auténtica dignidad. Flores y sus compañeros resumen su pensamiento con esta frase clara y elocuente: ”Pensamos que es necesario reconstruir el Estado, contar con el Estado, pero creemos que no se debe vivir del Estado”.

Con esas definiciones, los integrantes de esta agrupación innovadora están proponiendo una auténtica revolución conceptual dentro de lo que han sido hasta ahora la movilización social de los trabajadores y el movimiento piquetero. No piden mecánicamente ser incluidos en el sistema social: prefieren trabajar para incluirse e incluir a otros en los proyectos de vida que ellos mismos están poniendo en marcha.

El grupo de La Matanza al que nos estamos refiriendo considera que la dignidad no es un bien que se reclama del gobierno de turno. Las mujeres y los hombres que forman parte de este grupo pujante e imaginativo piensan que la dignidad no se reclama, sino que se ejerce. Por eso se niegan a vender su independencia al mejor postor y optan por desarrollar sus propios programas de formación. Y están decididos a asumir plenamente la cuota de responsabilidad cívica que les corresponde.

Cuando el trabajador lo espera todo del Estado, se convierte en objeto de asistencia. En cambio, cuando genera sus propios emprendimientos se transforma en un auténtico sujeto de derecho. De ese modo, contribuye a la recuperación de la cultura del trabajo, que últimamente se ha perdido, en muchos casos, como resultado de la aplicación de planes asistenciales que no tienen contraprestación alguna. La revolución copernicana que el movimiento de La Matanza aspira a provocar en el campo de las luchas sociales se resume en una frase que lo dice todo: ”Queremos ser sujetos de derecho y no objetos de asistencialismo”.

El proyecto de vida que estos trabajadores intentan consolidar no depende de la acumulación de capital económico o financiero, sino del desarrollo de su capital social. La calidad de vida que el movimiento persigue no reside en los bienes materiales que sus emprendimientos sean capaces de producir, sino en los activos humanos y espirituales que el grupo va generando con sus propuestas de renovación moral.

La estrategia que están impulsando en La Matanza se ha traducido ya en un cambio de actitud frente a la sociedad. Días atrás, al exponer los logros del taller de costura que el movimiento ha creado, dijo uno de los integrantes del grupo: ”Hemos pasado de cortar rutas a cortar telas”. Y es importante consignar que ese corte de telas se realiza en alianza con el reconocido diseñador Martín Churba y con la Fundación Pro Tejer.

La instalación de la panadería industrial partió de la recuperación de un horno de barro que estaba inactivo y creció luego con el apoyo de algunas embajadas. Para la puesta en marcha del jardín de infantes se contó con la colaboración de la Fundación Raoul Wallenberg. En breve se abrirá un centro de construcción de ciudadanía, proyecto con el cual coopera la organización no gubernamental Poder Ciudadano. También se prevé editar un libro con el acompañamiento de la Fundación Avina. Además, los integrantes del movimiento están trabajando en el montaje de un canal de televisión, desde el cual difundirán sus actividades.

La revolución conceptual que están llevando adelante enciende una nueva esperanza en la marcha de todos hacia una sociedad mejor. Confiemos en que su estimulante ejemplo encuentre en el resto de la comunidad el eco que merece y sea imitado por los otros movimientos piqueteros.