Septiembre 18, 2008

Una sobreviviente del Holocausto de 94 años se reencuentra con la familia que le salvó la vida

Fuente de prensa:

Stanislawa Slawinska, salvadora de la madre del empresario Iosi Maiman, será reconocida póstumamente como Justa entre las Naciones gracias a la intervención de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Una sobreviente del Holocausto de 94 años, madre del prominente empresario israelí Yossi Maiman, se reencontró con la familia polaca que salvó su vida y la de su madre al darles refugio y protegerlas de la persecución nazi durante la segunda guerra mundial.

Esta historia de vida y coraje entre la muerte y la destrucción comenzó hace casi cien años en Polonia.

Esfira Maiman nació en 1914 en la ciudad de Lodz, Polonia central. Su familia se dedicaba a negocios de la industria textil.

Luego de la invasión alemana a Polonia en 1939, ella y sus padres se trasladaron a Varsovia. Allí fueron confinados en el gueto de la capital polaca.

En 1942, luego de que su padre muriera de un paro cardíaco, Esfira logró escapar del gueto favorecida por su trabajo en una fábrica de acero, labor que le permitía salir de la zona restringida.

Gracias a la ayuda recibida por los contactos clandestinos que tenía su esposo, Maiman se conectó con una mujer polaca, Stanislawa Slawinska, que vivía en la comunidad rural de Grodzisk Mazowiecky, a unos 30 kilometros de Varsovia.

Slawinska, que era católica y se oponía vehementemente a los nazis a pesar de que su padre era alemán, le dio refugio de inmediato.

”No bien entré a su casa nos hicimos amigas”, recuerda la señora Maiman en su casa de retiro en Herzlia Pituaj.

Una semana más tarde Maiman logró que su madre escapara del gueto y llegara a la casa de Slawinska.

Su esposo fue atrapado y asesinado por los nazis durante una de sus misiones clandestinas.

Maiman y su madre pasaron los próximos dos años escondidas en la casa de Slawinska en donde también encontraron refugio a otros judíos perseguidos por los nazis.

La casa estaba en el área rural, cerca de las vías del ferrocarril y de un destacamento de soldados alemanes.

”Todos los días veía ir y venir los trenes que llevaban judíos a la muerte y, al mismo tiempo, veía a los soldados alemanes sacando agua de un pozo”, recuerda Maiman.

Para evitar ser atrapada Maiman casi no salió de la casa por dos años. Hasta tenía miedo de ir a un baño externo. Los residentes de la casa pegaban en la puerta un pedazo de carne podrida para ahuyentar a los perros de los soldados alemanes en caso de que quisieran inspeccionar el lugar.

A pesar de que una vez fue chantajeada por un vecino polaco que sabía que escondía judíos, Slawinska, que no tenía hijos, nunca delató a sus protegidos, aún sabiendo que por esconder judíos ponía su vida en peligro.

Luego del fin la guerra Maiman volvió a casarse y pasó un año y medio en un campo para personas desplazadas en Alemania. Allí nació su hijo Iosi.

En 1948 Maiman y su esposo viajaron a Perú en donde vivía un primo de Esfira, sobreviviente de la guerra. En Perú la pareja pasó los próximos veinte años.

Maiman siempre le enviaba a su salvadora polaca paquetes de arroz y de harina, además de dinero, pero nunca recibió una respuesta y el contacto entre ambas mujeres se desvaneció.

Los Maiman se mudaron a Israel en 1972. Hoy, Iosi es el presidente del Grupo Merhav, mundialmente conocido por sus desarrollos de proyectos financieros.

A pesar del paso del tiempo la nonagenaria nunca olvidó a la mujer que le salvó la vida.

Dos años atrás, Maiman formalmente solicitó a Yad Vashem que reconociera a Slawinska como Justa entre las Naciones, pero el pedido fue puesto en lista de espera mientras se investigaba el caso.

”Nos sentíamos desolados”, sostuvo Michele, hija de Esfira.

Seis meses atrás, Michele se acercó a la Fundación Internacional Raoul Wallenberg y contó la historia de su madre.

La organización, que tiene diez años de vida y busca identificar personas que salvaron judíos durante el Holocausto, entró rápidamente en acción.

Maiman estaba segura de que Slawinska, que tenía siete años más que ella, ya no estaba viva. Sin embargo, recordaba a su sobrino, Roman, un niño en los tiempos de la guerra y que conocía el secreto de los judíos escondidos.

En cuestión de semanas la Fundación Wallenberg localizó a Roman Slawinska, que aún vive en el mismo suburbio de Varsovia y, a través de él, encontró documentación que probaba los actos valerosos de su tía. Copias de estos documentos ya estaban en poder de Yad Vashem (Museo del Holocausto de Israel), de acuerdo a Danny Rainer, vicepresidente de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Maiman y Slawinska hablaron por teléfono y compartieron historias del pasado, acompañadas por lágrimas de alegría.

A comienzos de este mes Yad Vashem acordó otorgar póstumamente a Stanislawa Slawinska el más alto honor que concede el Memorial del Holocausto, dijo Rainer.

En principio se espera que en noviembre se lleve a cabo una ceremonia en Jerusalén en el Jardín de los Justos así como otro evento en Varsovia.

”Creemos que todos los salvadores deben ser recordados, especialmente por la nuevas generaciones”, sostuvo Rainer.

”Estoy muy feliz de que mi madre pueda vivir este momento de alegría”, señaló Iosi Maiman.

”Ahora se siente en paz consigo misma”, afirmó Michele.

”Un sueño se ha hecho realidad”, dijo Esfira Maiman, y agregó, con lágrimas en los ojos, ”Ella misma debió haber recibio el reconocimiento”.