Octubre 16, 2008

Todavía se descubren héroes

Fuente de prensa:

Stacha murió en 1971 sin que los hechos extraordinarios que marcaron su vida fueran reconocidos

Dos fundaciones israelíes dedicadas al holocausto han reconstruido la biografía de Stanislawa Slawinska, una católica polaca que salvó la vida de un puñado de judíos

La numerosa descendencia de Esfira Maiman nunca habría existido si no fuera por Stanislawa Slawinska, una mujer católica polaca que salvó a la entonces joven judía Esfira de la barbarie nazi, protagonizando una historia de solidaridad de las que permiten seguir creyendo en el ser humano.

Stacha, cariñoso nombre familiar de Stanislawa, murió en Polonia el 9 de junio del 1971 sin que los extraordinarios hechos que marcaron su vida fueran reconocidos. Sin embargo, hoy, gracias al relato de Esfira Maiman y a las investigaciones de la Fundación Raoul Wallenberg y de la Casa Argentina en Israel, se sabe que Stacha, sin más motivos que el respeto a sus semejantes, protegió a judíos en una Polonia en la que ayudarlos estaba castigado con la pena de muerte inmediata. Stacha no hizo alarde de su valor, pero ahora, conocido su secreto, el Yad Vashem, la autoridad nacional israelí de la memoria del holocausto, la ha declarado Justa entre las Naciones.

El último tramo del tortuoso camino que une las vidas de Esfira Maiman y Stanislawa Slawinska comenzó en marzo de este año, cuando Esfira, ya con 94 años, se presentó ante las citadas fundaciones en Israel. Le acompañaba su hija Michele. ”Mi madre no quiere morir sin que se sepa lo que ocurrió”, dijo, y desgranó lo sucedido 66 años atrás.

Esfira Maiman nació en Lodz en 1914 y su familia se trasladó a Varsovia. Con la ocupación nazi quedó atrapada en el gueto, un lugar que el hambre, las enfermedades y las deportaciones convirtieron en sinónimo de infierno.

En 1942, gracias a la habilidad de su primer marido, Esfira logró huir del gueto, pero su esposo, Roman Domb, fue asesinado por los nazis. La fortuna y su habilidad le permitieron alejarse de Varsovia hasta llegar a un pueblo llamado Grodzisk Mazowiecki, a 30 kilómetros. Había oído decir que allí podría encontrar ayuda. Y así fue. La encontró en casa de Stanislawa Slawinska, Stacha, una mujer unos diez años mayor que ella, ferviente católica, sin hijos pero con un sobrino, Roman (Romek) Slawinski, resistente polaco y protector de su tía. Cobijar a judíos estaba castigado con la pena de muerte y Stacha tuvo al menos diez en su casa, entre ellos a Esfira y a su madre y su cuñada. Los ocultó y los alimentó en un entorno en el que el menor descuido significaba la muerte.

Esfira vivió bajo el amparo de Stacha hasta el final de la guerra. Entonces se separaron. A Esfira la trasladaron a un campo de refugiados de Alemania donde conoció a su segundo marido, Israel Maiman. El matrimonio emigró a Perú y desde allí escribió frecuentemente a Stacha, a la que también envió algo de dinero. Sin embargo, un mal día dejó de recibir noticias de ella. El régimen comunista polaco censuró la comunicación y la historia común de ambas mujeres quedó truncada.

Hacia 1972 la familia Maiman emigró a Israel llevando consigo la zozobra de no saber nada ni de Stacha ni de su sobrino Roman.

En el 2006, sintiéndose envejecida, Esfira, con la ayuda de dos de sus nietas, explicó el caso al Yad Vashem, pero el asunto no prosperó. No se dio por vencida y ya con sus últimas fuerzas contactó con las fundaciones antes mencionadas. Con la ayuda de funcionarios polacos de la embajada en Buenos Aires, localizaron a Roman. Seguía en Grodzisk Mazowiecki. Stacha había fallecido, pero las familias se reencontraron. Ahora Israel ha reconocido públicamente el valor de Stacha, ha emitido un sello conmemorativo y su recuerdo perdurará para siempre.


La heroína Stacha

En su conmovedora nota ”Todavía se descubren héroes”, Eduardo Martín de Pozuelo nos presenta la maravillosa historia de heroísmo de Stanislawa Slawinska, así como la incansable perseverancia de Esfira Maiman, quien bregó toda su vida por un justo reconocimiento a su salvadora. Es notable la contribución de Casa Argentina y la Fundación Internacional Raoul Wallenberg. En cuanto a esta última ONG, La Vanguardia ya nos había informado anteriormente sobre sus esfuerzos por difundir las gestas de los diplomáticos españoles Julio Palencia, Bernardo Rolland de Miota y Sebastián de Romero Radigales (15/ VI/ 2008). En un mundo lleno de odio e injusticia, es refrescante conocer que existió gente como Slawinska, mujer modelo, ejemplo de coraje cívico y de dignidad humana.

MARIO SOLTAN | 17/10/2008 |