Diciembre 22, 2011

En París un “Schindler Musulmán” arriesgó su vida para salvar judios durante la segunda guerra mundial

Fuente de prensa:

Un “Oskar Schindler” musulmán salvó a miles de judíos iraníes arriesgando todo para ayudarlos a escapar de los nazis, según afirma un nuevo libro.

En 1940, Abdol-Hossein Sardari, un diplomático iraní, se encontró casi por accidente a cargo de la misión de Irán en París y ayudó a alrededor de 2.000 judíos iraníes a huir de Francia, de acuerdo al libro “La sombra del león”.

Sin embargo, sólo recientemente recibió un reconocimiento póstumo por sus acciones.

Al igual que Oskar Schindler, el industrial alemán que salvó a más de 1.000 Judios durante el Holocausto al emplearlos en sus fábricas, Sardari se presenta como un salvador sorprendente.

Sardari era un bon vivant que se enamoró de una cantante de ópera china, y era también un abogado con experiencia que supo sacar ventaja de la lógica absurda de las leyes de pureza racial nazi, en momentos en que Adolf Hitler declaró oficialmente neutral a Irán por considerarla una nación aria, racialmente similar a Alemania.

Los judíos de Irán en París eran perseguidos y obligados a llevar infames parches amarillos en sus ropas mientras sus documentos eran estampados con la identidad racial.

Sin embargo, gracias a sus fluídos contactos con funcionarios alemanes y del régimen de Vichy, Sardari consiguió que no se aplicaran las leyes raciales nazis a por lo menos 2.000 judíos iraníes, argumentando que no tenían lazos de sangre con los judíos europeos.

Su línea argumental sostenía que, a pesar de que algunos iraníes habían seguido por miles de años las enseñanzas del profeta Moisés, nunca habían dejado de pertenecer a la raza iraní y por lo tanto debían ser clasificados como “Mosaicos”, seguidores de Moisés a quienes denominó “Djuguten”, no pertenecientes a la raza judía.

El libro incluye archivos de correspondencia oficial nazi que procura “opinión experta” acerca de las afirmaciones del diplomático. Los especialistas en pureza racial dijeron que era necesaria una investigación de la secta iraní la cual, sugiere el libro, fue un invento de Sardari, para determinar si los seguidores de Moisés debían ser considerados judíos.

Su otra carta de triunfo era un pasaporte iraní de nuevo cuño, creado en 1925 por el nuevo régimen iraní, pero que la mayoría de los iraníes que vivían en Europa no poseían. Los nuevos documentos de identidad permitieron que fuera mucho más fácil viajar por toda Europa.

Su tarea se hizo aún más peligrosa cuando Gran Bretaña y Rusia invadieron Irán en septiembre de 1941. Sardari recibió la orden de retornar a Teherán lo antes posible luego de la firma de un tratado con los aliados. Pero él se quedó en París y utilizó dinero de una herencia para mantener su oficina, luego de haber sido despojado de su remuneración e inmunidad diplomática.

En diciembre de 1942, Adolf Eichmann, el oficial SS a cargo de los asuntos judíos, escribió acerca de “los habituales trucos judíos y sus intentos de camuflaje”, en una carta publicada en el libro de Mokhtari.

Sardari siguió adelante, ayudando a familias enteras a escapar de París mientras decenas de miles de judíos eran deportados a los campos de la muerte.

Eliane Senahi Cohanim tenía siete años cuando huyó de Francia con su familia.

Sardari proporcionó los pasaportes y documentos de viaje que necesitaban para escapar a través de Europa, en un viaje que duró un mes.

“Creo que en aquel momento era como Schindler, ayudando a los judíos en París,” dijo a la BBC la señora de 78 años desde su casa en California.

Sardari no solicitó ni recibió reconocimientos por sus esfuerzos y murió solo en una habitación, en Croydon, al sur de Londres, en 1981.

Con la revolución iraní había perdido su pensión como embajador y sus propiedades en Teherán.

Su labor humanitaria fue reconocida tardíamente en 2004 en una ceremonia en el Centro Simon Wiesenthal en Los Angeles.

El autor del libro, Fariborz Mokhtari, dijo que esperaba que la historia y el testimonio de los sobrevivientes ayudasen a deshacer “conceptos erróneos” sobre Irán y su pueblo, así como a mostrar la “tendencia general de la cultura de los iraníes a ser tolerantes”.

“Este es el caso de un iraní-musulmán que se aparta del camino que tenía marcado y arriesga su carrera, sus propiedades y su vida para salvar compatriotas”, sostiene el autor.

“Nunca se manejó con ninguna distinción del tipo “Yo soy musulmán, él es judío” o lo que sea.”

Traducción: FIRW