Enero 28, 2005

”Quien no cree en milagros no es realista”

Fuente de prensa:

Buenos Aires. (www.Atanay.com) Quizás sea el resultado de una convicción profunda o de un concepto desarrollado a través de la preocupación por lograr una comunicación auténtica entre los humanos, pero el hecho de que -quizás- nadie se esmeró en difundir la imagen de la Virgen de Luján en el mundo como lo hiciera Baruj Tenembaum, estimula nuestra fe -la de todos- en el ser humano.

El hecho de que este iniciador de proyectos interconfesionales sea precisamente judío, digno conocedor de su fe, raíces, idiomas y cultura milenarias, destaca aún con mayor énfasis la concepción de que el avance a través del diálogo y el mutuo conocimiento es el mejor medio para vencer el más peligroso de los peligros latentes; me refiero a la ignorancia.

Cada persona pensante puede tener su propia opinión sobre los milagros y nadie es dueño de la verdad absoluta, pero durante siglos se fueron consolidando creencias sobre el origen o explicación de ciertos hechos (reales o imaginarios) que algunos sectores atribuyen a fenómenos inexplicables.

La Virgen de Luján se ha convertido en un conocido símbolo argentino y su trascendencia al mundo tuvo que ver con este ”gaucho” nacido en la colonia judía de Las Palmeras -localidad de la provincia de Santa Fe que en estos días cumple cien años. Tenembaum fue quien inició en los albores de la década del ’60 el proyecto interconfesional que contó con la presencia de, entre otros, el Obispo Ernesto Segura, los empresarios Juan Peire, Alberto Armando, Miguel Podolski, Alejandro Romay, además de artistas, escritores e intelectuales argentinos e hispanoamericanos.

En 1968 Tenembaum acompañó a Raúl Soldi a Nazareth. Gestionó el viaje ante el Vaticano y las autoridades del gobierno de Israel, así como ante la intendencia de Nazareth (dirigida por islámicos), logrando concretar un proyecto argentino iniciado en el año 1963. Un acierto, aún antes de que surgieran los hoy tan difundidos movimientos ecuménicos, que se plasmó en el monumental fresco dedicado la Virgen de Luján dentro de la Basílica de Nazareth.

Este símbolo cristiano-argentino emplazado en una ciudad de mayoría musulmana en el estado de Israel cobra especial virtualidad en los actuales momentos, históricamente difíciles.

La fuerza de este símbolo sin precedentes se asienta en que todo ello fue iniciado y ejecutado merced a la perseverancia de un hijo de una minúscula colonia judía. El mismo que luego recorrió el mundo, fue condecorado por gobiernos y a quien, cuando se le pregunta cuándo se fue de su terruño, responde: ”Yo nunca me fui de mi pueblo”.

Merced a otra notable iniciativa de Tenembaum, fue inaugurada, en septiembre de 2004, una réplica del Mural Conmemorativo de las víctimas del Holocausto dentro de la iglesia, evangélica, Vaterunser de Berlín. El original de dicha pieza había sido emplazado en la Catedral de Buenos Aires gracias a la decisión del entonces Cardenal Primado Antonio Quarracino.

Hace poco tiempo le pregunté a Baruj si hacía todo esto por devoción a la Virgen. El me respondió:

”Horacio, somos amigos y hermanos hace más de 40 años. A pesar de que algunos ignorantes me apodaron el ”Obispo Baruj,” vos sabés muy bien cuál es mi actitud. Soy profundamente judío. También mis hijos y nietos lo son.(una manera de definir a un judío es prestar atención a su descendencia). Estudié, enseñé, traduje y publiqué en los idiomas judíos y sus literaturas. Mis hijos y nietos hablan hebreo y castellano. Jamás dejé de actuar, pensar y comportarme como un digno hijo de mis antepasados. Respeto a conversos, pero desprecio a los renegados. Soy cultor de la frase ”el mayor enemigo es la ignorancia”. Creo en cosas que mi fe y mis raíces me enseñaron. María es la mujer judía más adorada, aunque no creo en ella como ser divino.

Nosotros los judíos tenemos un solo Dios (algunos humoristas agnósticos dicen que uno no es poco). Haré todo lo que pueda para apoyar a mis hermanos argentinos, a cada uno en su fe. El respeto no es un concepto pasivo, hay que movilizarse para comunicarse y entenderse. Así como yo ayudo a un cristiano a inspirarse para hacer el bien a través de conceptos que le inspiran, espero la reciprocidad. Que él ayude a que quien desee comer kasher o tener la mezuzah o construir su sinagoga. Pero lo más importante es que nos conozcamos y re-conozcamos. Si esto se logra, ¡éste será el milagro! Quien no cree en milagros no es realista!”

Debo decir que todos estos hechos interconfesionales desde una mirada de hace 40 años, ¡son un milagro!

*El autor es el sacerdote católico Dr. Fidel Horacio Moreno. presidente de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg