Febrero 1, 1998

Los judíos polacos, entre Varsovia y América Latina

Cómo se construyó una vida comunitaria judía tan sólida, bien fundada y activa en América Latina? En ciudades como Buenos Aires, Montevideo o Santiago el afluente migratorio principal provino del judaísmo de Europa Oriental, encabezado por el originario de Polonia. La labor comunitaria de esa migración llamó la atención externa. Admirando el activismo comunitario judío en la Argentina -señaló un eminente hombre público, Alfredo Palacios- que los judíos habían traído del viejo hogar, una solidaridad comunitaria, que fue un ejemplo para otras minorías.

Qué hubo en viejo hogar que sustentó esa fuerza?

Permítanme apuntar algunos elementos recogiéndolos de mi propia biografía. Teniendo 16 años llegué a Varsovia avanzada la década de 1920 a buscar trabajo. Fui al sindicato de los sastres. Me encontré con una colmena humana que discutía agitadamente de todo, cultura, literatura, filosofía y, sobre todo, política. Estaban tan ocupados en sus discusiones que nadie me vio, aunque la gran mayoría eran jóvenes de schtetls como yo, que en sus pequeños pueblos se conocían todos, y estaban pendientes de cualquier ”nuevo” que llegara.

Entré en el gran salón lleno de gente y alguien hablaba desde la tribuna. Pedí la palabra y cuando estaba hablando recibí un mensaje de un joven de mi schtetl que me reconoció y me dijo que cuando terminara de hablar me bajara por la izquierda y no por la derecha, porque sino una banda bundista me daría una paliza. Bajé a propósito por la derecha. Me saludó un hombre alto y bien parecido. Me dijo, ”Soy Herschl Himmelfarb, casualmente vine aquí y lo escuché hablar. Ud. va a ser un buen bundista, aunque ahora nos ataque. Necesitamos compañeros así.” Yo me quedé parado y no tuve tiempo de decirle que lo conocía de los periódicos porque inmediatamente se fue. Al otro día escuché hablar al famoso Gordin. Entré al gran salón por una ventana gracias a Zrule Altman, presidente del Sindicato de Zapateros, que tenía 50.000 miembros. Era de Yanover, cerca de mi pueblo, Biala Podlaska, y fue estudiante de Yeshiva. El mismo día habló Krug sobre religión. Todavía recuerdo cada una de sus palabras. Era un genio. Al día siguiente escuché a Beinitz Mijaleivich, tronaba su voz y sus ideas relampagueaban. La siguiente semana escuché al más grande orador, Grimboin. Resolví que aunque pasara hambre y no consiguiera trabajo me quedaría en Varsovia. El que más me gustó era Aarón Wol. Era el presidente de los librepensadores de Polonia, y director del periódico ”El librepensador”. Después de la guerra, Ianosevich, el recordado periodista de ”Di Presse” lo encontró en una sinagoga, rezando. Le preguntó: tu Aarón, rezando en un shil? Le contestó: Si D-os no nos libera, nadie lo hará.

Trabajo no conseguí de inmediato, pero me dieron para dar unas conferencias en pequeños círculos, y con ello pude comer una vez por día y dormir en una media cama. Me gustó mucho porque esa fue mi Universidad. Varsovia era entonces un hervidero cultural en todos los planos, y la mayoría de los líderes culturales eran muchachos y chicas venidos de los pequeños schtetls. Esa era la Varsovia judía, un planeta bullente. Pero la Varsovia polaca era diferente. Las cárceles estaban llenas de judíos revolucionarios, con pocos polacos. En las demostraciones en las calles se veían obreros judíos sedientos de cultura y justicia.

En resumen, la cultura judía era una cultura de masas. Pocas veces sucedió así en la historia. Las culturas egipcia y griega, por ejemplo, era culturas de élite. Desaparecidas las élites, se fue con ellas la cultura. Tan profunda y extendida era esa ansia cultural, que aún ante el golpe genocida de los nazis, esta cultura quedó muy malherida, pero no muerta. Esta cultura abierta, creativa, activa, encarnada en miles y miles de humildes trabajadores judíos, fue la fuente de la que se nutrieron los inmigrantes que al sólo llegar sin sustento alguno, se dedicaron de inmediato en diversas ciudades de América Latina a crear marcos de cultura para los que llegaran después.

Buenos Aires, febrero de 1998

*En desarrollo de la labor cultural que se ha fijado, Casa Argentina en Jerusalem se honra en presentar una serie de artículos de un destacado escritor sobre la apasionante saga de los judíos polacos, que fundaron los cimientos de numerosas comunidades judías de América Latina. Eliezer Kliksberg, representante genuino de esa generación muy especial llegada del ”schtetl”, que tanto aportó al Continente, es un respetado líder comunitario y escritor. Escribe permanentemente columnas de opinión atentamente seguidas en los principales diarios judíos de la región, entre ellos, ”Mundo Israelita”, y ”Comunidades”, de Buenos Aires; ”Nuevo Mundo Israelita” de Caracas, ”Pensamiento Judío Contemporáneo” y otros. Fue columnista de los célebres ”Di Presse” y ”Di Idische Zaitung”. Es autor de ”D-os se esconde, porque:” (Ediciones Sion), y de ”Cómo recuperar el sentido de la vida” (Ediciones Dunken) obras acogidas con gran interés en el Continente. La AMIA de Buenos Aires hizo un acto público de homenaje en su honor, al presentarse su última obra, y el Presidente de la institución, Oscar Hansman resaltó ”sus invalorables aportes culturales al judaísmo latinoamericano y argentino”. La UNESCO ha saludado especialmente su ”gran tarea de enriquecimiento de la cultura de la región con el excepcional mensaje de ética y vida de la civilización del idisch, tarea que merece el más alto reconocimiento”.

En la serie de artículos que se inicia a continuación, Eliezer Kliksberg hará ingresar a los lectores en el interior de la pujante cultura del idisch, y en su tránsito a las tierras de América Latina