Anna Frank, Wallenberg, Roncalli (Juan XXIII) y Latinoamérica

Fuente de prensa:

Una idea original fue anunciada en la representación ante las Naciones Unidas del Vaticano, en ocasión de la visita del Secretario de Estado Cardenal Angelo Sodano, por el iniciador de la Fundación lnternacional Raoul Wallenberg, Baruch Tenembaum.

Sugirió el dirigente que se le dé el nombre a recién nacidos, durante el bautismo cristiano, circuncisión de varones hebreos, o registros civiles ante las autoridades de los respectivos países, de los héroes que salvaron vidas humanas durante los aciagos días de la Segunda Guerra Mundial.

Raoul Wallenberg, Aristides de Sousa Mendes, el Nuncio Angelo Giuseppe Roncalli y otros diplomáticos que ayudaron a víctimas del nazismo son citados como ejemplos de la idea lanzada por Baruch Tenembaum.

La idea ya fue realizada en Inglaterra, donde se le dio el nombre de Raoul (Wallenberg) a un niño nacido en el seno de la familia Mooyaart Doubleday, hijo de un analista de bonos en el mercado de valores.

Lo llamativo de ese caso es que la abuela del nuevo Raoul es la persona que tradujo ”El Diario de Anna Frank” del holandés al inglés, y en base a su versión se hicieron el libreto del film, de la obra de teatro y otras traducciones.

Otto Frank, el padre de Anna, que sobrevivió al Holocausto, elogió en sus escritos a la Sra. Doubleday, la abuela de Raoul Mooyaart.

Nina Lagergren, hermana de Wallenberg y suegra de Koffi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, se reunirá con la familia del nuevo Raoul en Londres la próxima semana, junto a Lord Janner.

”Nuncio Roncalli”, que Iuego fue Papa Juan XXlll, es el título del informe que se presentará en breve, documentando sus méritos humanitarios, y se proclamará su nombre para que sirva de ejemplo, tal lo anuncian lnter-faith Jerusalem, lnteramérica, y la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, y se iniciará el registro de niñas y niños para eternizar su nombre.

”En coincidencia llamativa se unen los nombres de Anne Frank-Wallenberg-Roncalli”, enfatizó el jerosolomitano Krejner a su paso por Nueva York.