El dominio del eje sobre la Europa ocupada. Sección I

Capítulo IX: ”Genocidio” (Sección I)
del libro de Rafael Lemkin, El dominio del eje sobre la Europa ocupada: Leyes de la ocupación – Análisis sobre el gobierno –
Propuestas para la enmienda,
(Washington, D.C.: [Fundación Carnegie para la paz internacional], 1944), p. 79 – 95.

Traducción del Dr. Gonzalo Rodrigo Paz Mahecha, miembro del Grupo de Investigación Luís Carlos Pérez* de la Universidad Santiago de Cali, Facultad de Derecho. Cali, Colombia.

I. GENOCIDIO – UN NUEVO TÉRMINO Y UN NUEVO CONCEPTO PARA LA DESTRUCCIÓN DE NACIONES

Los nuevos conceptos requieren nuevos términos. Por ”genocidio” nos referimos a la destrucción de una nación o de un grupo étnico. Esta nueva palabra, acuñada por el autor para denotar una antigua práctica, en su desarrollo moderno, proviene del griego antiguo genos (raza, tribu) y del latín cide (matanza) y corresponde, por su formación, a palabras tales como tiranicidio, homicidio, infanticidio, etc. (1) De manera general, la palabra genocidio no significa necesariamente la destrucción inmediata de una nación, excepto cuando se lleva a cabo a través de una matanza masiva de todos los miembros de una nación. Con mayor exactitud, significa un plan coordinado de diferentes acciones que buscan la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales con el propósito de aniquilar a estos mismos grupos. Los objetivos de un plan como ese serían la desintegración de las instituciones políticas y sociales, de la cultura, de los sentimientos nacionales, de la religión y de la existencia económica de grupos nacionales y la destrucción de la seguridad personal, de la libertad, de la salud, de la dignidad e incluso de la vida de los individuos que pertenecen a tales grupos. El genocidio se dirige contra el grupo nacional como entidad y las acciones implicadas están dirigidas contra los individuos, no como tales sino como miembros del grupo nacional.

La siguiente ilustración bastará. La confiscación de la propiedad de los habitantes de un área ocupada, sobre la base de que han dejado el país, puede ser simplemente considerada como una privación de sus derechos individuales a la propiedad. Sin embargo, si las confiscaciones se ordenan por el sólo hecho de ser polacos, judíos o checos, entonces las mismas confiscaciones tienden, en efecto, a debilitar las entidades nacionales de las que son miembros esas personas.

El genocidio tiene dos fases: una, la destrucción del patrón nacional del grupo oprimido; otra, la imposición del patrón nacional del opresor. Esta imposición, a su vez, se puede realizar sobre la población oprimida a la que se le permite quedarse o sobre el territorio mismo después de retirar a la población y colonizarlo con los ciudadanos del grupo opresor.

La palabra desnacionalización era la que se utilizaba antes para describir la destrucción de un patrón nacional. (1a) El autor considera, sin embargo, que esta [p.80] palabra es inadecuada porque: 1.) no connota la destrucción de la estructura biológica; 2.) al connotar la destrucción de un patrón nacional, no da a entender la imposición del patrón nacional del opresor; 3.) algunos autores usan el término desnacionalización para significar solamente la privación de la ciudadanía.

Muchos autores, en lugar de utilizar un término genérico, utilizan términos corrientes que sólo connotan algún aspecto funcional de la noción genérica principal de genocidio. Así, los términos ”germanización”, ”magiarización”, ”italianización,” por ejemplo, se utilizan para connotar la imposición, por parte de una nación más fuerte (Alemania, Hungría, Italia), de su patrón nacional sobre un grupo nacional controlado por ella. El autor cree que estos términos también son inadecuados porque no dan a entender los elementos comunes de una sola noción genérica y porque tratan, principalmente, los aspectos culturales, económicos y sociales del genocidio, omitiendo el aspecto biológico como el de causar el deterioro físico e incluso la destrucción de la población involucrada. Si se utiliza el término ”germanización” de los polacos, por ejemplo, en esta connotación significa que se protege a los polacos como seres humanos y que sólo se impone el patrón nacional alemán sobre ellos. Tal término es demasiado restringido para aplicarse a un proceso en el cual la población es atacada, en sentido físico, y es eliminada y suplantada por poblaciones de las naciones opresoras.

El genocidio es la antítesis de la doctrina Rousseau- Portalis, la cual puede considerarse implícita en la Reglamentación de la Haya. Esta doctrina sostiene que la guerra se dirige contra los soberanos y los ejércitos, no contra los sujetos y los civiles. En su aplicación moderna, en una sociedad civilizada, la doctrina plantea que la guerra se conduce contra los Estados y las fuerzas armadas y no contra las poblaciones. Se requirió un período largo de evolución, en la sociedad civilizada, para pasar de las guerras de exterminio, (3) las cuales tuvieron lugar en épocas antiguas y en la Edad Media, a la concepción de las guerras esencialmente limitadas a actividades contra ejércitos y Estados. En la guerra actual, sin embargo, el genocidio se practica ampliamente, por el ocupante alemán. Alemania no podría aceptar la doctrina Rousseau- Portalis: primero porque Alemania está emprendiendo una guerra total; y en segundo lugar, porque de acuerdo con el nacionalsocialismo la nación, no el Estado, es el factor predominante. (4) En esta concepción alemana, la nación provee el elemento biológico para el Estado. En consecuencia, al imponer el Nuevo Orden, los alemanes prepararon, emprendieron y continuaron una guerra [p. 81] no sólo contra los Estados y sus ejércitos (5) sino contra el pueblo. Para las autoridades de ocupación alemanas, la guerra parece ofrecer, por lo tanto, la ocasión más propicia para llevar a cabo su política de genocidio. Su razonamiento parece ser el siguiente:

La nación enemiga, bajo el control de Alemania, debe ser destruida, desintegrada o debilitada, en varios niveles durante las próximas décadas. De esta manera, el pueblo alemán de la posguerra estará en condiciones de relacionarse, con otros pueblos europeos, desde la posición de ventaja de la superioridad biológica. Dado que la imposición de esta política de genocidio es más destructiva para un pueblo que las lesiones sufridas en la lucha real, (6) el pueblo alemán será más fuerte, después de la guerra, que los pueblos subyugados, aún si el ejército alemán es derrotado. A este respecto, el genocidio es una nueva técnica de ocupación que busca ganar la paz aunque la guerra misma esté perdida.

Para este propósito, el ocupante ha elaborado un sistema diseñado para destruir naciones de acuerdo con un plan previamente preparado. Aún antes de la guerra, Hitler concibió el genocidio como un medio para cambiar las interrelaciones biológicas en Europa a favor de Alemania. (7) El concepto de genocidio que tiene Hitler no se basa en patrones culturales sino biológicos. Él cree que ”la germanización sólo se puede llevar a cabo con el suelo y nunca con los hombres.” (8)

Cuando Alemania ocupó los diferentes países, Hitler consideró la administración de aquellos de tal importancia que ordenó a los Comisionados y gobernadores del Reich ser responsables directamente ante él. (9) El plan de genocidio tuvo que ser adaptado a consideraciones políticas en diferentes países. No se podía implementar con plena fuerza en todos los Estados conquistados y, por ende, varía en cuanto a sujetos, modalidades y grado de intensidad en cada país ocupado. Algunos grupos, tales como los judíos, deben ser destruidos por completo. (10) Se hace una distinción entre los pueblos que se consideran relacionados con el pueblo alemán por consanguinidad (tales como los holandeses, los noruegos, los flamencos, los luxemburgueses) y los pueblos que no lo están (tales como los polacos, los eslovenos, los serbios). Las poblaciones del primer grupo se consideran dignas de ser germanizadas. Con respecto a los polacos, en particular, Hitler expresó la opinión de que es sólo su suelo el que puede y debe ser germanizado de manera provechosa. (11)


*El grupo de investigación está integrado por los Dres. Edgar Saavedra Rojas, Gonzalo Rodrigo Paz Mahecha, Julián Rivera Loaiza y Julián Andrés Durán Puentes.

Notas de pie de página:

1. Se podría utilizar otro término para la misma idea, a saber, etnocidio, compuesto por la palabra griega ”ethnos”(nación) y la palabra latina ”cide”.

1a. Ver Violation of the Laws and Customs of War. Reports of Majority and Dissenting Reports of American and Japanese Members of the Commission of Responsibilities, Conference of Paris 1919, Carnegie Endowment for International Peace, División de Derecho Internacional, Folleto No. 32 (Oxford: Clarendon Press, 1919), p. 39.

2. Ver Garner, op. cit., Vol. 1, p. 77.

3. Como ejemplos clásicos de guerras de exterminio en las cuales las naciones y los grupos de la población fueron casi o completamente destruidos, se podrían citar los siguientes: la destrucción de Cartago en el año 146 d. C., la destrucción de Jerusalén por Tito en el año 72 a. C.; las guerras religiosas del Islam y las Cruzadas; las masacres de los Albigenses y los Valdenses; y el calvario de Magdeburgo en la Guerra de los treinta años [Mayo, 1631]. Ocurrieron masacres especiales al por mayor en las guerras llevadas a cabo por Gengis Khan y por Tamerlán.

4. ”Dado que el Estado, en sí mismo, es para nosotros sólo una forma, mientras que lo esencial es su contenido, la nación, las personas, es claro que todo lo demás debe subordinarse a los intereses de su soberano.” Adolfo Hitler, Mein Kampf (Nueva York: Reynal & Hitchcock, 1939). p. 842.

5. Ver Alfred Rosenberg, Der Mythus de 20. Jahrhunderts (Munich-Hoheneichenverlag, 1933, pp. 1-2: ”La historia y la misión del futuro ya no significan la lucha de una clase contra otra, la lucha del dogma de la Iglesia contra el dogma, sino el conflicto entre sangre y sangre, raza y raza, pueblo y pueblo.”

6. La filosofía del genocidio alemán fue concebida y puesta en acción antes de que los alemanes pudieran siquiera anticipar las considerables dimensiones del bombardeo aéreo de los Aliados en el territorio alemán.

7. Ver la declaración que le hace Hitler a Rauschning, en The Voice of Destruction, por Hermann W. York, 1940), p. 138, por cortesía de G. P. Putnam’s Sons:

”. . . Los franceses se quejaban después de la Guerra de que había veinte millones de alemanes, demasiados. Aceptamos la crítica. Apoyamos la planeación controlada de movimientos de población. Pero nuestros amigos deberán excusarnos si restamos los veinte millones en cualquier otra parte. Después de todos estos siglos de quejarse por la protección de los pobres y humildes, decidimos que es casi hora de que protejamos al fuerte del inferior. Ésta será una de las tareas principales del arte de gobernar alemán, en todo momento para evitar, por todos los medios a nuestro alcance, un nuevo incremento de las razas eslavas. Los instintos naturales ordenan a todos los seres vivos no sólo vencer a sus enemigos, sino también destruirlos. En el pasado, la prerrogativa del vencedor era la de destruir tribus enteras, pueblos enteros. Al hacerlo gradualmente y sin derramamiento de sangre, demostramos nuestra humanidad. Debemos recordar, también, que simplemente estamos haciendo a otros lo que ellos hubieran hecho con nosotros.”

8. Mein Kampf, p. 588.

9. Ver ”Administración,” más arriba, pp. 9-10.

10. Mein Kampf, p. 931: ”. . . el movimiento nacionalsocialista tiene las tareas más poderosas por completar: … debe condenar a la ira general al enemigo endemoniado de la humanidad [los judíos] como el verdadero creador de todo sufrimiento.”

11. Ibid., p. 590, n. ”. . . La política polaca en el sentido de una germanización del Este, reclamada por tantos, se basó desafortunadamente casi siempre en el mismo error, como conclusión. Aquí también se creía que se podía efectuar una germanización del elemento polaco por medio de una simple integración lingüística hacia la nacionalidad alemana. Aquí también el resultado hubiera sido desafortunado: gente de una raza extranjera, expresando sus pensamientos extranjeros en la lengua alemana, comprometiendo la altura y la dignidad de su nacionalidad con su inferioridad.”

Con relación a la política de despoblación en la Yugoslavia ocupada, ver, en general, Louis Adamic, My Native Land (Nueva York: Harper & Brothers, 1943).