Raoul Wallenberg conocía la respuesta

En estos días muchos suecos se sienten deprimidos y confundidos. Recientemente un joven fue golpeado hasta morir en el sector Kungsholmen de Estocolmo por un grupo de matones, y en otro lugar, Rödeby, un hombre desesperado disparó a dos adolescentes que habían estado hostigando a su familia durante varios años. El resto de nosotros vemos esto y, retorciéndonos las manos con desesperación, preguntamos, ”¿Por qué?” Buscamos respuestas a la pregunta de qué es lo que está mal en nuestra sociedad. Queremos encontrar respuestas fáciles a la pregunta sobre quién es el responsable. ¿De quién es la culpa de que sucedan tragedias como estas?

A riesgo de que les parezca chocante a ustedes, mis lectores, puedo decir francamente que yo sé exactamente de quién es la culpa. Es vuestra culpa – y la mía. El fenómeno de la victimización es cada vez mayor en nuestra sociedad, porque muchos de nosotros permanecemos pasivos y sólo vemos la intimidación cuando ésta muestra su fea cara.

Per Wästberg, un gran autor sueco y miembro de la Academia Sueca, escribió: ”El mal se alimenta de la ”pasividad” de los demás. En esta frase el ”mal” es el deseo de infligir sufrimiento a otro ser humano. Por lo tanto, el sufrimiento en forma de victimización se produce debido a que el resto de nosotros no intervenimos. ¿Dónde estaban los amigos que juntos podrían haber impedido que el niño fuera golpeado hasta morir en Kungsholmen? ¿Dónde estaban los padres de los matones esa noche? Se pueden hacer preguntas similares con respecto al tiroteo mortal en Rödeby. ¿Dónde estaban los amigos de la familia victimizada? Todas estas personas estaban en lugares donde no se las podía encontrar. Ahora, después de los hechos, aparecieron de la nada, semejantes a hongos parlantes y dijeron que estas tragedias fueron culpa de la Policía.

¿Dónde estamos ustedes y yo cuando alguien está siendo victimizado en nuestra vida cotidiana? La mayoría de nosotros creemos que el fenómeno de los matones es algo que impera en patios escolares entre los niños y los jóvenes. Pero eso no es totalmente cierto. La intimidación continúa a medida que vamos creciendo y comenzamos una carrera. El problema simplemente es que asume más disfraces de los que mostró anteriormente. Hoy en día hay cientos de miles de personas que realmente sufren porque son regularmente victimizadas en sus lugares de trabajo, y es nuestro deber, el vuestro y el mío, hacer que este crecimiento canceroso desaparezca de nuestra sociedad.

Una vez más ustedes se preguntan, ”¿Pero qué puedo hacer?” La respuesta es simple. No tolerar ”el humor vulgar” en el trabajo. Este provoca lesiones ocultas a la gente. Tengan en cuenta si alguien es a menudo víctima de comentarios y bromas. Cuando vean tendencias hacia la victimización, aborden el problema y hablen con los matones. En resumen, siempre traten de mostrar respeto por sus semejantes.

Debemos oponernos a la maldad en la forma de la victimización, con todas nuestras fuerzas, ya que ésta tiene una clara tendencia a convertirse en una espiral de mal. El Holocausto, el ejemplo más elocuente del mal en el mundo moderno, comenzó con la intimidación. El año próximo se habrán cumplido 70 años desde la ”Noche de los Cristales Rotos” en Alemania, que marcó el comienzo de la política nazi que decía que cualquier judío y su entorno podrían ser intimidados. Sabemos lo que pasó después de eso. Siete años más tarde, seis millones de judíos habían sido asesinados en la forma más bestial.

Uno de los héroes que lucharon duramente contra el Holocausto fue Raoul Wallenberg. Sus acciones nos recuerdan la esperanza de que todos, cada uno de nosotros, puede detener el mal en sus etapas iniciales. Raoul empezó su lucha en su casa, en su vida diaria en Estocolmo. Haciendo cabildeo entre diversos grupos señaló, en los días siguientes a la ”Noche de los Cristales Rotos”, que todo el mundo debía tomar medidas contra el Holocausto. Él se mantuvo en las barricadas como un buscador de la verdad. Su lucha terminó cuando quedó expuesto al bombardeo en las barricadas ubicadas en las riberas del Danubio, tratando de poner a salvo a la gente.

Decimos a menudo que Raoul Wallenberg nos demostró que ”una persona puede hacer una diferencia en el mundo”. Si todos seguimos su ejemplo de mostrar respeto y nos atrevemos a entrar en acción nos uniremos para luchar contra el mal para, de esta manera, hacer una diferencia en el mundo. ¡Vamos a comenzar aquí y ahora! De lo contrario nunca se sabe dónde nos llevará el aumento de la tolerancia de la victimización.

Ben Olander


TRADUCIDO POR: MARÍA CRISTINA PANZA