El Liceo Raoul Wallenberg reafirma el recuerdo de quien le da nombre inaugurando en su fachada una inscripción en hierro forjado del héroe sueco.

¿Quién es, quién fue Raoul Wallenberg? La sola evocación del nombre es asociada inmediatamente a la de un hombre de coraje extraordinario, de infinita humanidad , determinación y desprendimiento. Es una historia de heroísmo individual, la de un hombre que lo entrega todo, sin medir riesgos.

R.W, es y sigue siendo un enigma. ¿Por qué un hombre proveniente de una familia de banqueros, graduado en Arquitectura y sin ninguna experiencia previa en el quehacer diplomático acepta, en julio de 1944 el cargo de Secretario de la Legación Sueca en Budapest con la misión específica de ir a Hungría para rescatar judíos? ¿Qué impulso tan incontenible puede haberlo llevado a aceptar cumplir una tarea de esa naturaleza? Es uno de los tantos misterios por ahora insondables que envuelven la corta historia de vida de R.W.

Es difícil imaginar que entre su llegada como diplomático a Budapest y su arresto el 17 de de enero de 1945 por el Ejército Rojo, recientemente ingresado en la capital húngara, sólo 6 meses transcurren. Seis meses con el telón de fondo de la SHOÁ. Consciente de la urgencia y utilizando una diplomacia poco ortodoxa, pone en marcha varias acciones de salvataje, siendo la confección de pasaportes suecos de ”protección” una de las primeras. De la cifra originalmente autorizada por su gobierno de 1000 ejemplares, rápidamente produce muchos miles a la vez que paralelamente y con la asistencia de 300 voluntarios participa del establecimiento de 32 casas-refugio bajo la protección de la Legación Sueca. En una actitud de audacia irrefrenable y sin medir posibles consecuencias para su propia seguridad recorre directamente las salidas de trenes de deportación para los campos de la muerte, negociando con los SS para lograr salvar vidas.

Se estima que alrededor de 20.000 vidas se salvaron con estos esfuerzos.

En un informe sueco-ruso del 2001 sobre R.W. el Secretario de Estado Sueco de la época Hans Dahlgren escribe: ”No preguntó lo que había que hacer.

Enfrentado al mal no titubeó, su certero compás moral lo guió en el camino que habría de recorrer. Sabía que no siempre se necesita estar preparado para hacer lo correcto y mostró que todos podemos enfrentar un desafío”.

Su destino final sigue siendo desconocido pero la monumentalidad de su obra como hombre en esos breves 6 meses, sus actos de heroísmo y de entrega al otro transforman su pasaje por la vida en un verdadero legado de solidaridad. Nada más elocuente para un centro educativo.