Discurso de Su Eminencia Angelo Cardenal Sodano

Mis amigos me dicen que la lengua española es uno de los idiomas de las Naciones Unidas, entonces prefiero usar esta lengua para darle mi agradecimiento más profundo por este acto verdaderamente conmovedor.

Santo Tomás de Aquino, autor de la Suma Teológica, considerado uno de los más grandes teólogos de la Iglesia Católica, dijo que la gratitud es una parte de la Justicia.

En este momento deseo no ser injusto agradeciendo a todos los amigos aquí presentes por haber pensado en este homenaje al Papa Juan XXIII quien en la Iglesia Católica, desde el Domingo pasado, ha sido invocado como Beato, nuestro protector, junto a todos los Santos en el cielo.

La Iglesia declarando Beato y después Santo a uno de sus hijos mira a proponerlo también como modelo de vida, modelo para la imitación de nuestros fieles y pienso que Juan XXIII será para las futuras generaciones un ejemplo del gran amor al prójimo.

Un gran amor enraizado en su profunda fe cristiana, que le decía que cada persona, cada hombre, cada mujer, es hermano/hermana, porque es creado por Dios, a imagen y semejanza suya.

También yo el Domingo pasado 3 de Septiembre en la Plaza de San Pedro viví la conmoción de muchos de los presentes en ver declarado Beato a este Gran Papa, y en los diarios de Roma he leído también algunas declaraciones de amigos de la Comunidad Judía de Roma y sobre todo las declaraciones del ex-Gran Rabino de la Comunidad Judía de Roma, el Dr. Toaff, recordando los méritos de este Gran Papa, que él había conocido personalmente y declaraciones de otras personas que recordaban la figura de este Papa con profunda gratitud, como lo hacen ustedes hoy.

Estoy también contento que junto con a la figura del Delegado Apostólico Monseñor Roncalli, hayan recordado al Nuncio en Budapest Angelo Rota. Estuve varias veces en Hungría; la última vez fue el 20 de Agosto para la conmemoración de los 1.000 años del inicio de la Nación, cuando el Rey San Esteban recibió la Corona Real del Papa de aquel tiempo Silvestre II y he visto una vez más la profunda gratitud del pueblo húngaro a este Nuncio, quien en la Nunciatura y en muchos otros edificios de la Capital de Hungría hizo casi funcionar una casa para salvar a muchos hermanos hebreos. Hay una gran devoción popular por esta figura, que también yo he conocido como jóven sacerdote. Luego se retiró a Roma y sé que el Papa Juan XXIII quería hacerlo Cardenal debido a la gran amistad que tenían, pero él rehusó pidiendo que lo dejase morir sin tantos compromisos, tranquilo, pués prefería seguir trabajando en las obras de caridad ”ya el Señor me ha dado mucho” dijo él. Siempre me impresionó la humanidad de este Obispo.

Estoy contento que exaltando la figura de Juan XXIII, hayan exaltado la figura de un Nuncio, de un enviado del Papa. Este es un homenaje a tantos anónimos representantes del Pontifice que en los momentos difíciles en varias partes del mundo han dado su contribución a esta obra de paz.

Yo recuerdo en particular a un Nuncio, quien para mí fue un Nuncio mártir, el Nuncio Orsenigo, quien estuvo en Alemania durante los terribles momentos de la tiránica dictadura Nazi. El hizo lo que pudo, no siempre fue comprendido. El fue uno de los últimos Embajadores en dejar Berlín cuando ya llegaban las tropas soviéticas. En una tarde dijo a su secretario: ”Tomemos el coche y busquemos de abrirnos camino valiéndonos de nuestras credenciales diplomáticas” y así lograron de huír y pusieron la Nunciatura en Baviera y después allí trataron con las tropas de ocupación en Eichstatlt llegó al final de su vida agotado de tantos dolores. Fue un Nuncio a veces poco considerado en la literatura de la guerra, pero yo he leído mucho sobre sus intervenciones, de las visitas que hacía a los detenidos, de su obra paciente de día a día, para tomar alguna noticia, para influír en algo con las autoridades, él es uno de los Nuncios que más ha trabajado por la paz en aquellos momentos terribles.

Concluyendo, hoy la Santa Sede tiene en los cinco continentes 102 Nuncios residentes, algunos Nuncios están acreditados ante varios gobiernos, porque no siempre se puede tener un enviado en cada nación. Quiero asegurarles que la misión del Nuncio es siempre una misión de profunda paz, para contribuír al ideal de la paz universal, de la reconciliación en el mundo entero. En este espíritu recibo el homenaje al gran enviado del Papa, Mons. Roncalli, como un homenaje un poco interesado pués yo también fui Nuncio Apostólico en Chile por diez años y considero este homenaje a nuestra misión, a veces un poco desconocida, no siempre comprendida. Con gran emoción veo que vuestra comunidad, la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, ha reconocido la obra de un gran Nuncio como fue la de Mons. Giuseppe Roncalli.

Muchas Gracias!