Junio 12, 2002

El centro religioso Memorial Fidel y María Moreno en Escobar

Fuente de prensa:

No siempre se pueden unir las ideas con la práctica. Sin embargo, el arquitecto Claudio Caveri concretó todas las veces proyectos que responden a su pensamiento, y combinan sensibilidad con el entorno, la fe religiosa y el deseo de alejarse de lo establecido. Esa actitud le acarreó más de una controversia y cierto olvido, pero el padre Horacio Moreno, que dirige la Fundación Conciencia y Ciencia, lo tuvo siempre presente, desde que le encomendó, en 1958, la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en Martínez.

El auditorio tiene capacidad para 220 personas; la cubierta está hecha de ferrocemento y posee nervaduras con forma de catenaria invertida

Esta vez se trata del centro llamado Memorial Fidel y María Moreno, que, como rasgo particular, estará abierto también a otras creencias religiosas. Cuando explicaron el concepto que se manejó en la obra, el propio Claudio Caveri, junto con Alejandro Faillace y Esteban Caveri, arquitectos asociados, destacaron: ”Nuestras obras siempre buscan tener valor simbólico; por ejemplo, la ausencia de ornamentación, las paredes blancas y el acceso al altar hacia abajo representan humildad y austeridad. El largo pasillo de acceso a la capilla significa que llegar a Dios es un proceso complejo y no lineal, que requiere un esfuerzo de pensamiento”.

La capilla se destaca por sus formas curvas, las paredes blancas y, en especial, por el piso en declive hacia el altar; esto simboliza un acercamiento distinto a Dios.

Por eso también es importante el trabajo con la luz natural, que es abundante pero se proyecta de manera translúcida. Al respecto, Claudio Caveri consideró que ”la luz es una búsqueda fundamental para el estudio”. Yagregó: ”La característica del iluminismo era la transparencia, pero es un concepto difícil de aplicar; por suerte, siempre hay misterio y no es bueno mostrar todo. La vinculación entre interior y exterior, mediante el juego con la luz es importante, pero de un modo que uno no anule al otro”.

Con identidad propia

De acuerdo con estas ideas, en el predio de 14 ha de Mendoza e Independencia, en Ingeniero Maschwitz, Escobar, el equipo elaboró un proyecto que contempla una capilla, un deambulatorio que representa las ocho bienaventuranzas combinadas con las catorce estaciones del Vía Crucis (hecho por Marta Caveri), y un oratorio interno para la Virgen de Fátima.

Afuera, a la derecha de la capilla -que se llamará Virgen de Fátima- se encuentra el portal de control y acceso a la zona de retiro, definida por dos sectores: el sector 1 cuenta con un estacionamiento parquizado, un amplio hall de acceso que vincula el área administrativa con la confitería y el comedor, y una sala de conferencias-auditorio, para 220 personas. El sector 2 comprende el claustro central que se vincula a su vez con tres grandes patios tipo claustro y con 40 habitaciones individuales (con baño privado, escritorio y frigobar); también se puede acceder a cuatro aulas para usos múltiples (una conectada a Internet), y se completa con un oratorio ecuménico.

Todo el sector cuenta con instalaciones térmicas ecológicas, además de telefonía y música funcional.

”También hay un silo de granos, de fines del siglo XIX, que se remodeló para que funcionen cinco habitaciones matrimoniales, pero se mantiene el muro envolvente original. La estructura cilíndrica del muro no era muy firme, entonces se construyó una estructura de hormigón interna para sostenerlo, y se aplicó el aislamiento hidrófugo y térmico; su equipamiento es similar al del resto de las instalaciones. Tiene vista al parque”, aclararon los autores.

Entre la zona de retiro y el silo, se encuentra el spa. ”Las instalaciones para recuperación física no son habituales en una casa de retiro, pero el padre Moreno está a favor de una recuperación integral del ser humano.” En esta zona se encuentra un hall-estar con una gran chimenea-hogar que relaciona el sector con cabinas para kinesiología, vestuario y dos duchas frías; el circuito continúa con un baño finlandés, dos duchas escocesas, un baño de vapor y un sauna. Hay, además, hidromasaje, pileta olímpica climatizada y una piscina exterior al aire libre. El conjunto se completa con vestuarios para ambos sexos, una sala de premusculación y gimnasio con piso flotante.

La obra se presentó el 4 de mayo último, en un encuentro organizado por el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires (Capba) distrito III, que culminó con una mesa redonda integrada por los arquitectos Pablo Beitía, Eduardo Ellis, Rafael Iglesia, Ramón Gutiérrez, Hugo Adesso y Clorindo Testa. Se destacó la trayectoria de Caveri y su aporte a la búsqueda de una arquitectura autóctona.

Con ladrillo, ferrocemento y hormigón

En la obra se empleó un sistema constructivo tradicional. Las fundaciones consisten en plateas de hormigón armado; los muros son de ladrillo con junta enrasada, encalado blanco interior y exterior, y aislamiento interno y externo.

Los techos son de ferrocemento, aislamiento de poliuretano y terminación exterior de tejuela de ladrillos. La cubierta del auditorio posee nervaduras con forma de catenaria invertida, que soportan gajos membranales de doble curvatura, y la nave circular de la capilla, con faldones que penden de la doble espiral, y a la vez la apuntalan.

Las ventanas son de aluminio color con termopanel, y las puertas, de madera maciza de algarrobo. Se instaló aire acondicionado central por sectores, con terminales fancoil.

Así se define Claudio Caveri

A simple vista no es fácil imaginar a este hombre de aspecto sencillo y agradable, nacido en 1928, como uno de los fundadores de la Comunidad Tierra (1958), un asentamiento rural en Moreno, cuyos miembros tenían el propósito de vivir de lo que producían, e impulsaban la autoconstrucción. El grupo, que llegó a contar con más de 40 miembros, fue precursor de un estilo de vida distinta, hasta que se disolvió, en 1976.

Pero a medida que se extiende la charla, Caveri, un cristiano crítico como le gusta definirse, se muestra firme en sus convicciones. Su arquitectura está lejos del racionalismo y de las tendencias de moda, y más cercana ”a esta tierra y su gente”, tiende a valorar lo autóctono, pero ”sin anclarse en la nostalgia ni en formas perimidas”. También descree de la ficción posmoderna y de la tecnología de punta , aunque acepta pautas de confort. Su pensamiento se difunde en la escuela técnica que dirige y en sus libros (el último, Una frontera caliente ).