Abril 21, 2004

Conferencia: El coraje y los diplomáticos

En ocasión de un homenaje a Raoul Wallenberg

Raoul Wallenberg fue un diplomático en todas sus características, asumió una difícil misión internacional que le fuera encomendada y la cumplió con heroísmo, para ello utilizó todas las formas imaginables de negociación y seducción, pero lo que resulta inusitado entre los diplomáticos es su coraje.

Nos dice al respecto Alicia Dujovne Ortiz,” .. El Consejo de Refugiados de Guerra, creado en los Estados Unidos para rescatar judíos de la persecución nazi, lo había elegido para desempeñar esa tarea de salvador. ¿Por qué a él? Porque las embajadas suecas ya habían comenzado a distribuir pasaportes para salvar a los perseguidos; porque era miembro de una poderosa y conocida familia sueca que a los nazis sin duda les inspiraría respeto; porque conocía Hungría y Alemania; porque el problema judío lo conmocionaba, y porque era corajudo, tenaz e inhabitual. Prueba de esto último es que, antes de partir como primer secretario de la misión diplomática en Budapest pidió poderes extraordinarios, léase extra burocráticos, que el rey Gustavo V en persona decidió concederle.” (Alicia Dujovne Ortiz; La Nación, 18 de julio de 2003).

Los diplomáticos y el incentivo a la complacencia.

Oliver Williamson -3- señala que los recursos humanos suponen una especificidad importante en muchas burocracias públicas, y las relaciones exteriores es una entre ellas, debido a que hay cierta forma de entrenamiento que no puede ser transferido y al condicionamiento social. . El gobierno en estos casos actúa o tiene un monosopnio para las transacciones en materia de relaciones exteriores. El requisito de un conocimiento profundo de protocolos y procedimientos particulares para la conducción de política exterior que incluyen además un conocimiento especializado de zonas y prácticas lejanas tiene para el personal poco valor en empleos alternativos. En el sector público la manera de cubrir los riesgos adicionales de la especificidad en los recursos humanos es proveer una seguridad en el empleo. Lo que verdaderamente distingue la transacción de relaciones exteriores es el riesgo de probidad. Por probidad me refiero a la lealtad y rectitud con las cuales las transacciones de relaciones exteriores se llevan adelante. El aspecto vertical de la preocupación de probidad en relación entre el Presidente que es el responsable primario en la administración de las relaciones exteriores y la agencia que las lleva adelante. ¿Debe el Presidente tener confianza en la información y asesoramiento que le provee la agencia de relaciones exteriores? En esto debemos recordar el imperativo de Talleyrand que se aplica estrictamente a las transacciones en relaciones exteriores Surtout pas trop de zèle. Sin embargo, Wallenberg se encargaría de demostrar que esta muy citada frase es errónea.

Los principios unificadores que son asociados por las transacciones soberanas incluyen: primero el respeto que se debe tener para la misión diplomática encomendada, segundo, una respuesta confiable a las instrucciones del Presidente y a la información que se le provee, lo que incluye una ausencia de posiciones aventuradas y tercero una comunicación exacta a las otras partes que participan en la decisión.

La intriga como enfermedad profesional del diplomático.

Si bien esta es una descripción correcta de las transacciones soberanas. La primera pregunta que surge es ¿Cuáles son los efectos no queridos que surgen de estas estructuras de gobierno? Un sistema que premia la conformidad y castiga la iniciativa puede dar lugar a graves deformaciones éticas.

El cumplimiento de las instrucciones. Las cuestiones de conciencia.

Se nos plantean dos alternativas la primera que el gobierno instruya a sus diplomáticos para que actúen en defensa de una acción humanitaria. La segunda es que los gobiernos no deseen intervenir. Que consideren que la participación humanitaria en un conflicto es inconveniente y sea éste el motivo de la inacción diplomática. Esta distinción es muchas veces falaz. La falta de instrucciones es la excusa tradicional de los diplomáticos. La primera respuesta es pedir instrucciones, la segunda es insistir en recibir las instrucciones correctas. Que el imperativo burocrático no se imponga al principio humanitario.

Dice en su obra escrita en 1866 el diplomático peruano Luis Albertini sobre el cumplimiento de las instrucciones:Un ministro público que se respeta y que comprende toda la gravedad y toda la responsabilidad de su encargo, no debe admitirlo sino en tanto que las instrucciones que se la son conformes a su conciencia y a las convicciones de su fe política -4-. Señala más adelante premonitoriamente: En esta materia, si consultamos el juicio de la historia, vemos con harta frecuencia, ministros públicos que se han hecho acreedores a la gratitud de su país por el hecho de haber despreciado sus instrucciones escritas y de haberlas sustituido las inspiraciones de su conciencia en la defensa de los intereses que se les confiara. El fin en tales casos, legitima los medios..

Las situaciones extremas, cuando lo catastrófico conmueve nuestras conciencias y la respuesta es la acción humanitaria inmediata. ¿Es el entrenamiento habitual del diplomático un incentivo a la debilidad moral?

Queda como herramientas muchas veces insuficientes para esta actividad humanitaria, el derecho a asilo de tradición latinoamericana pero negada por tribunales internacionales. Su negativa en los fallos de la Corte Internacional de Justicia debidos a Haya de la Torre.

Las otras guerras: la actividad de Daniel García Mansilla en la guerra civil española. A pesar de su carácter como embajador argentino ante la República Española no dudó en ayudar a refugiados y perseguidos políticos de ambos bandos. Setecientas familias sobrevivieron gracias a sus esfuerzos.

Los nuevos conflictos, el silencio de los diplomáticos. En tiempos recientes ha habido una explosión de conflictos civiles, raciales y aún tribales, donde no se registra la aparición de un Wallenberg que asumiera en forma sistemática y heroica la causa humanitaria. La primera pregunta es si fue porque los gobiernos que podían colaborar en la función de rescate miraron hacia otra parte. La segunda, mucho más grave, es que los diplomáticos, aún sin instrucciones expresas no asumieron personalmente el remedio a la inactividad de sus gobiernos.

La nueva diplomacia: las instrucciones instantáneas y la poca discrecionalidad. ¿Qué hacer cuando el gobierno prohibe dar o reconocer un pasaporte a un refugiado? El patético caso de dos diplomáticos en Cuba, perseguidos por un juez federal que buscaba la notoriedad.

¿Puede un diplomático ser valiente?

Callieres -5- menciona el caso del diplomático español Don Esteban de Gamarra que no era ascendido por ser demasiado honesto en los informes a su gobierno.

Debemos insistir en nuestros funcionarios la necesidad de un entrenamiento en la iniciativa personal y en coraje para enfrentar situaciones extremas.

Las palabras del Hayek, ¿Por qué se elige a los peores?

En su obra Camino de Servidumbre, Hayek tiene un capítulo llamado ¿Por Qué los peores se ponen a la cabeza? Expresión que se puede extender a nuestro caso, muchas veces en una organización burocrática, estructura es jerárquica y los incentivos no son favorables al coraje. En principio porque cuanto más elevada es la inteligencia y la educación de una persona más se diferencian sus opiniones y es menos probable que acepte que se el imponga una jerarquía particular de valores. Si deseamos uniformidad en los puntos de vista, tenemos que descender a los más bajos niveles morales e intelectuales. Debe formar un mínimo común denominador. El segundo elemento es el de quienes están dispuestos a aceptar un conjunto de valores confeccionado, quienes tengan ideas o emociones vagas que aceptan el conformismo como forma velada del cinismo. El tercer elemento y que Hayek considera el elemento más negativo es el agrupar a las personas a través de la envidia a los mejores, la lucha contra los ajenos al grupo, el ‘nosotros’ contra ‘ellos’, distinción que no solamente acontece en partidos políticos populistas, sino también en atmósferas de club. Es la expresión ‘no pertenece a nosotros’.-6-.

La respuesta es un entrenamiento para diplomáticos que valore la individualidad, la iniciativa y el esfuerzo personal. Pero sobre todo que reconozca la importancia central en cualquier política exterior de los valores humanitarios.

Frente a la defensa del cinismo en las relaciones internacionales, y al oportunismo de algunos carreristas, Fridjhoff Nansen, primer alto comisionado para los refugiados, respondía a las críticas diciendo, la defensa de los derechos humanos es una real politik.

Es necesario hurgar en lo subjetivo; escarbar y encontrar las emociones, las palabras, la síntesis, el argumento y por qué no, la esperanza de imaginar que siempre existirá alguien como Rauol Wallenberg para sentirnos dignos ante tanta indignidad.

  1. Palabras pronunciadas en el Homenaje a Raoul Wallenberg en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el 21 de abril del 2004.
  2. El autor es Ministro Plenipotenciario de Primera Clase. Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho (UBA) y Director del Departamento de Derecho Publico de esa Universidad.
  3. Oliver Williamson, es profesor de Economía institucional en la Universidad de California en Berkeley, cf. su obra The Economic Institutions of Capitalism.
  4. Cf. Derecho diplomático y sus aplicaciones a las Repúblicas Sud-Americanas. Paris 1866. p. 73 5
  5. Cf. De la maniere de négocier avec les souverains. Paris. 1726. p. 307.6
  6. Cf. Hayek, Camino de Servidumbre. 2 ed. Madrid. 1950. p. 142.