Diciembre 29, 2004

Esperando a Raoul

A 60 años de la desaparición de Raoul Wallenberg

El 17 de enero de 2005 se cumplen 60 años de la desaparición de Raoul Wallenberg. Seis décadas han transcurrido desde que se apagó una luz de esperanza universal.

De fe protestante e hijo de una poderosa familia sueca de industriales y banqueros, Wallenberg se graduó de arquitecto en la Universidad de Michigan y, luego de algunas experiencias, se inclinó por el comercio.

Viajó por Europa Oriental donde inmediatamente comprobó la dura situación que atravesaban los judíos y otros perseguidos por el nazismo.

Tenaz, valiente y persuasivo, en 1944 fue postulado por eminentes personajes de su país para llevar a cabo la peligrosa tarea de salvar judíos en Hungría. Aceptó la misión arriesgando no ya un pasar confortable y seguro, sino también su vida.

Con sólo 32 años, fue designado Primer Secretario de la misión diplomática sueca en Budapest. Cuando arribó a la capital húngara solamente quedaban alrededor de 200.000 ciudadanos judíos sin deportar a los campos de exterminio. Adolf Eichmann en persona cumplía con celo y eficiencia su macabra misión.

Su primera acción fue diseñar un pasaporte de seguridad que él mismo se encargó de que las autoridades respetaran. Elevó a treinta el número de ”Casas Suecas”, edificios que gozaban de la misma neutralidad que Suecia durante la guerra, para albergar a judíos y otros perseguidos. Acompañó a los judíos en las marchas de la muerte, donde continuó repartiendo los documentos que garantizaban inmunidad, así como también comida y medicinas. No dudó en persuadir y amenazar a cuantos hiciera falta, dejando a un lado los protocolos diplomáticos con tal de seguir elevando el número de personas rescatadas. El éxito de sus métodos hizo que varios de sus colegas diplomáticos imitaran sus acciones.

El 17 de enero de 1945 fue visto por última vez cuando una escolta militar soviética lo trasladaba a los cuarteles militares del Ejército Rojo en Debrecen, al este de Budapest. La inteligencia rusa creyó que detrás de su misión de salvataje, Wallenberg realizaba un trabajo de espionaje para los Estados Unidos.

Desde entonces nunca más se supo de él.

Al cumplirse seis décadas de su desaparición la Fundación Internacional Raoul Wallenberg lanzará una campaña mundial de recolección de 100.000 firmas, una por cada vida salvada por el ”Héroe sin Tumba”, con el objeto de presentar un petitorio a las Naciones Unidas que reclame por el esclarecimiento de su destino.

Como hemos alguna vez señalado, la riqueza de las naciones no resulta sólo de la mera acumulación de capital sino, más bien, de la capacidad que tiene un pueblo para mirar de frente a su pasado, por atroz que haya sido.

En la vida hay cosas más importantes que la vida misma. Una de esa cosas es la verdad. Cuando renunciamos a ella la caída es ilimitada e inevitable.

A este respecto, la República de Chile acaba de dar un ejemplo y sentar un trascendental precedente con la reciente publicación del informe de la Comisión Nacional sobre Presos Políticos y Tortura. Gracias a ese reporte de capital importancia histórica, los chilenos y el resto del mundo pudieron conocer finalmente la verdad sobre la responsabilidad del Estado en tiempos de la dictadura militar.

En una columna publicada en el diario francés Le Monde el 10 de diciembre de 2004, el Presidente de Chile, Ricardo Lagos, señaló:

” … toda sociedad necesita encontrar el camino por el cual sus verdades se reincorporan a la historia. En 1988 el pueblo pudo poner fin a la dictadura manifestando su fervor cívico con entusiasmo. El mundo entero vio cómo Chile decía ”¡No!” y rehusaba la continuación del régimen autoritario.”

”Hace quince años, otro mes de diciembre, pudimos elegir libremente un presidente y un Parlamento para retomar la senda democrática. Desde entonces avanzamos, con madurez y prudencia pero sin detenernos nunca por el camino del desmantelamiento de los obstáculos que nos ocultaban la verdad.”

” … si no queremos vivir eso nunca más, nunca más debemos negarlo.”

Hacemos nuestras estas oportunas palabras del Jefe de Estado chileno para, sin ninguna intencionalidad que no sea la estrictamente humanitaria, exhortar a las autoridades de la Federación Rusa, las únicas en condiciones de aportar una solución definitiva, a que pongan fin a uno de los misterios más trágicos de la historia de la humanidad.