Noviembre 9, 2004

66º aniversario de la noche del pogrom del 9 de noviembre de 1938 en Alemania.

Con el pogrom de noviembre de 1938 comenzó sin obstáculos, pero visible a todo el mundo, la campaña de destrucción de las personas judías en la Alemania nazi. Sin embargo fue sólo una etapa lógica en una ruta comenzada hace tiempo. Una ruta que los nazis en Alemania no habían inventado, pero que sin embargo con la proverbial eficiencia, consecuencia y burocracia alemana fue llevada a la cumbre máxima de la inhumanidad y de una crueldad sin parangón.

Un camino cuya responsabilidad debe asumir toda la Cristiandad. Fueron concilios y sínodos cristianos los que originaron muchos pogroms antijudíos y crearon muchas de las leyes que reencontramos en los decretos y leyes de los nazis con su anulación política, economía desastrosa y asesinatos en serie de millones de personas.

Así vemos que el sínodo de Elvira en el año 314 prohibe el matrimonio entre cristianos y judíos bajo pena de excomulgación, el emperador Theodosius prohibe estos matrimonios en 388 bajo pena de muerte. En 438 el Codex Teodiciano prohíbe a los judíos asumir cargos administrativos en el Imperio Romano. El cuarto concilio laterano de 1215 prohíbe todas las actividades agrícolo-ganaderas y el ejercicio de oficios así como que médicos judíos atiendan pacientes cristianos. Asimismo, se dispone un impuesto especial para judíos, viviendas separadas (guetos) y vestimenta distintiva (sombrero judío y señal amarillo).

Además, como los cruzados tenían un perdón especial de antemano por los asesinatos y robos en su camino a la liberación de la Tierra Santa, asesinaban y quemaban las comunidades judías que encontraban en su camino.

Martin Lutero terminó su disputa con los judíos en 1534 con la recomendación de quitarles el oro y la plata, quemar sus sinagogas y destruir el Talmud.

La quinta Congregación general de los Jesuitas prohibió la aceptación de los judíos y musulmanes y sus descendientes debido a que su „mala sangre” los hacia de menor valor y porque no cumplían con el precepto de la „limpieza de sangre”, un requisito indispensable en esta órden. Esta medida fue la primera que introducía el concepto racial en esta cuestión que hasta entonces se había limitado al rechazo religioso. Esta disposición de 1593 fue levantada recién en … 1946 (!).

El esclarecimiento y la secularización de los estados dispuso en el siglo XIX la igualdad de derechos para los judíos, si bien no incluía esto al pensamiento y comprensión teológica de los cristianos.

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado Canciller de Alemania. Inmediatamente fueron eliminadas todas las fuerzas socialistas y comunistas y comenzó la campaña de terror contra los judíos. A los judíos se les quitó la nacionalidad alemana, tal como sucedió con Albert Einstein el 30 de marzo de 1933.

El 29 de marzo de 1933 se declaró el boicot de clases a los profesores universitarios judíos y el 31 de marzo Julius Streicher (editor del „Stürmer”, un pamfleto de odio sin nivel intelectual) declaró el boicot a todos los comercios y tiendas judías. Fundamentó esta decisión por el „Boicot judío en el exterior” y declaró al boicot interno como „Acción de defensa” del pueblo alemán.

En consecuencia, aparecieron carteles en las paredes y miembros de la SA se estacionaban delante de los negocios con carteles similares que indicaban „Alemanes defiendanse, no compren a los judíos”.

El 7 de abril de 1933 se aprueba una ley, llamada „Reconstrucción de los empleados públicos”, con la cual todos los judíos fueron declarados cesantes. A su vez el Sínodo evangélico de Prusia aceptó esta ley también para el clero protestante el 4 y 5 de septiembre de 1933, debido a que los cristianos alemanes hacían de la iglesia y la política una unidad. La iglesia católica, al menos en Hungría, tardó hasta 1944 para eliminar de sus filas a religiosos de ascendencia judía.

Las asociaciones de los curas en emergencia y de la Iglesia de la fé se formaron alrededor de Martin Niemöller y Dietrich Bonhoeffer. Quedaron en minoría y debian trabajar en forma clandestina en razon de las disposiciones y leyes oficiales.

El 10 de mayo de 1933 se quemaron en toda Alemania libros en grandes piras. Profesores y alumnos prendieron fuego a libros de Albert Einstein, Sigmund Freud, Berthold Brecht, Heinrich Heine, Kurt Tucholsky, Erich Kästner, Franz Werfel y Stefan Zweig, entre otros.

La ley de la Cámara de Cultura del 22 de septiembre elimina a los judíos de la vida cultural y la ley de Defensa del 21 de mayo de 1935 los excluye del servicio militar. Baños publicos, comercios y cafés excluyen a los judíos mediante avisos con la leyenda „Los judíos son no deseados”.

En las jornadas del partido nazi del 15 de septiembre de 1935 se aprobaron las leyes antijudías de Nuremberg por las cuales se prohibieron estrictamente los matrimonios entre judíos y cristianos para „mantener la pureza razial”.

Mas adelante, estas relaciones fueron castigadas con la condena a muerte de los „culpables”.

En abril de 1938 se emite una ordenanza por la cual se debían declarar los bienes de judíos. Los mismos no podían ser vendidos. La concertación de contratos con judías fue prohibida y las empresas de judíos podían ser transferidas solo con un permiso especial del estado.

A partir de julio de 1938 todos los judíos debieron presentarse en las oficinas publicas con la documentación que los acreditaba como judíos y, simultaneamente, se dispuso que los niños judíos debian llevar determinados nombres específicos. En los pasaportes para judíos debían agregarse los nombres „SARA” o „ISRAEL” como segundo nombre de pila. El 27 de septiembre de 1938 se decreta una prohibición profesional para abogados judíos. Con esta ley de trataba de impedir que abogados judíos pudiesen ejercer y ganar dinero haciendo uso de sus conocimientos legales.

En octubre de 1938 comenzó la „Arianizaciön” de las propiedades de judíos.

El 28 de octubre de 1938 unos 170.000 judíos de nacionalidad polaca fueron desplazados desde Alemania a Polonia.

No es de extrañar que a raiz de estas expoliaciones, limitaciones y robos alguien cometa una acción desesperada. Nunca fueron útiles los actos de desesperación pero el desesperado no analiza los hechos racionalmente.

Herschel Grynszpan, cuyos familiares habían vivido en Alemania con nacionalidad polaca y formaban parte de los expulsados, deseaba dar a conocer los destinos de los judíos en la ocupación del poder fascista y efectuar un llamado a la conciencia mundial. Enterado de la expulsión de su familia se dirigió el 7 de noviembre de 1938 a la embajada alemana en Paris e disparó contra el tercer secretario quien murió dos días después a causa de las heridas recibidas.

El cuerpo de líderes fascistas estaba en esos momentos reunido para celebrar la tentativa de „Putch” de 1923 como „hazaña nacional”.Este conjunto de nazis aprovecho de inmediato un acto de desesperación individual como „complot antialemán de los judíos internacionales”. Se ordenó de inmediato un pogrom.

En la noche del 8 de noviembre de 1938 hordas de SA y SS destruyeron, quemaron y robaron los hogares de judíos en toda alemania. Incendiaron sinagogas, maltrataron y humillaron a los judíos. Una gran parte de los activistas actuaron sin uniforme para hacer creer al público mundial que se trataba de actos populares de indignación.

Durante veinticuatro horas fueron incendiados 191 sinagogas, asesinadas 91 personas y 30.000 hombres judíos fueron detenidos e internados forzosamente en los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen. Muchos de ellos murieron debido a los maltratos de los guardias nazi.

Muchos judíos que no fueron presos se suicidaron o murieron más adelante como consecuencia de las vejaciones recibidas.

Y seguían las disposiciones.

Se agregaron más prohibiciones profesionales para judíos, se decretó el sellado y la supervisión de comercios y viviendas robados para protegerlos contra saqueos. Este aparente aspecto legal permitió la expropiacion de las propiedades y su posterior entrega a precios especiales a los mismos saqueadores para guardar una sombra de legalidad.

El 12 de noviembre de 1938 Goebbels publicó un artículo en el cual afirmaba que el gobierno de Alemania había tratado de impedir la furiosa reacción del pueblo alemán. El pueblo alemán había obedecido a este esfuerzo del gobierno en forma voluntaria y disciplinada, terminando as acciones violentas en cuestión de horas.

El 12 de noviembre se decretó también la obligación de los propietarios judíos de eliminar a la brevedad todas las consecuencias de „la rebelión del pueblo alemán en contra de la persecución del judaismo internacional”.

Los costos de la reparación de las propiedades debieron ser asumidos por el propietario y los pagos efectuados por empresas de seguro fueron expropiados por del gobierno nazi.

A partir del 14 de noviembre los niños judíos ya no pudieron ir a escuelas alemanas. El 15 de noviembre de 1938 se les impuso a los judíos una multa de 1000 millones de marcos si violaban algunas de las leyes o reglamentaciones antijudías.

Algunos de los judíos presos fueron puestos en libertad después de firmar una declaración jurada que los comprometía a guardar un silencio total en cuanto a lo vivido en los campos de concentración. Además, debían abandonar el país en veinticuatro horas. Muchos judíos pudieron haber abandonado el imperio alemán si hubieran existido más países dispuestos a recibirlos como asilados. Es este el motivo por el cual, después de la guerra, la República Federal Alemana creó una ley de asilo para brindar protección a perseguidos de distintas partes del mundo. Esta ley se transformó, sin embargo, en letra hueca ya que muchas personas solicitantes de asilo deben pasar a veces hasta ocho meses en condiciones infrahumanas -sin haber cometido ningún delito- sólo para evitar seguir en forma ilegal en el país.

Los mismos nazis dieron a esta noche de pogrom el nombre de „Kristallnacht”, „Noche de los Cristales” debido a la gran destrucción acontecida.

Esta fue una de las últimas etapas previas antes de la Conferencia de Wannsee y el terror desatado en los campos de exterminio.

Muchas personas judías expresan su horror ante la metamorfosis que se produce en sus vecinos y que los transforma en vándalos. Muchos de ellos se quedan con la duda si el vecino amigable no pueda convertirse de nuevo en una bestia destructora.

Algunos testimonios no-judíos dan poca importancia a estos acontecimientos y los consideran leves y solo un puñado puede aceptarlos en contra de la opinión de la época.

Cuando la SA incendió la sinagoga en la calle Oranienburg, en Berlín, el jefe del distrito policial 16 ordenó apagar el incendio haciendo referencia a una ley del emperador Guillermo que ordenaba la protección de monumentos. Se le reprochó „la supresión de la sana voluntad popular”, pero solo sufrió una degradación.

Helmut Gollwitzer, cura de la Iglesia de la Fe, pronunció un sermón en la comunidad de Dahlem, una semana después del pogrom.

„… Tal vez sería más correcto si no estuvieramos cantando, ni orando, ni hablando, solo tendríamos que prepararnos silenciosamente para el día del juicio final cuando los castigos sean visibles y tangibles, gritando y preguntando como Dios dejó que pasen estas cosas. Somos también responsables de esta gran culpa, por no sonrojarnos por verguenza cuando hombres sencillos se transforman de repente en bestias salvajes. Todos participamos, uno por cobardía, otro por comodidad. otro para evitar todo peoblema; los silenciosos, los que cierran los ojos, los lentos de corazón o por los que fueron condenablemente precavidos.”

”¿Qué debemos hacer? Abre tu boca por los mudos. Dios desea ver hechos, buenos hechos, justamente de aquellos que pudieron escapar con la ayuda de Dios. Afuera espera nuestro vecino en desgracia, sin protección, sin honor, hambriento, perseguido, desplazado y con temor por su propia existencia. Él espera que la comunidad cristiana haga un verdadero acto de arrepentimiento.”, señaló.

Muchos detalles alusivos a este episodio trágico se encuentran en el Mural Conmemorativo del Holocuasto instalado en nuestra iglesia el 26 de septiembre de 2004. El mismo ilustra los acontecimientos de aquellos días, llenos de destrucción de libros de oraciones y textos biblicos.

Un libro, Ester-Meguila, impreso en Berlin en cantidades de varios miles, del cual solo quedan apenas tres o cuatro ejemplares, todos seriamente dañados.

Por otra parte vemos en estas páginas rotas o quemadas el espíritu indestructible y la palabra victoriosa sobre las palabras de odio y persecución. Ninguna quemazón de libros, ningún pogrom y ninguna destrucción pudieron impedir las promesas e indicaciones de Dios.

Un apreciado amigo y docente judío de nuestra comunidad que vivió como niño la desesperación del pogrom de noviembre, la desarticulación de su vida y la destrucción de su mundo, expresa su fe religiosa después del 9 de noviembre con palabras medidas y lleno de significado.

„Créame, en aquellos días fueron dichas muchas oraciones, de día y de noche. Aún en las cámaras de gas. Nunca pensamos que Dios iba hacer un milagro, pero siempre estábamos seguros que este sistema no tenía base de sustento y que iba a desaparecer”.

Quien de noche se acerca al Mural Conmemorativo, observará que los reflejos de luz hacen aparecer sobre el Mural la cruz del altar. Es sólo un efecto óptico, un fenómeno físico, pero lleno de simbolismo que nos señala que la fe cristiana solo puede desarrollar toda su fuerza en aquellos lugares donde es consciente de sus raices judías. Sólo donde podemos entender al rabino de Galilea y al espíritu de su vida, podemos percibir esta luz. Sólo donde nos compadecemos y osamos a dar la vuelta, donde no pisamos las líneas rotas, allí sólo existe la esperanza pascual en medio de la oscuridad. Y sólo si observamos cara a cara la tradición judía, podemos desarrollar la fe cristiana.

Para mi este Mura es un consuelo en un país donde las hordas radicales de la derecha marchan cada vez con más audacia, donde obtuvieron en las últimas elecciones el 10 por ciento de los votos, donde los extranjeos son expulsados y deportados, donde observaciones antisemitas ya son nuevamente aceptadas por la sociedad.

Pastora Annemarie Werner
Vaterunser Kirche
Berlín

Traducción: Egon Strauss