Política e ideología nazi II

Curso ”EL HOLOCAUSTO: IDEOLOGIA, POLITICA Y MORAL”

El Profesor David Bankier es el Director del Centro de Investigación del Holocausto en el Memorial Yad Vashem, Director del Departamento de Estudio del Holocausto en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Univesidad Hebrea de Jerusalem, integrante de los Consejos Editoriales de numerosas publicaciones profesionales, entre las cuales cabe mencionar ”Holocaust and Genocide studies” y ”Yad Vashem Studies”. Asimismo es profesor visitante en prestigiosas universidades de Europa y América Latina.

Política e ideología nazi II

En este segundo encuentro analizaremos el interrogante: ¿cómo pasaron los nazis de una política de segregación a una política de exterminio? La política antisemita nazi de 1933 a 1938 se puede comparar con el apartheid, la segregación racial impuesta en su momento en Sudáfrica y en Rhodesia. En la medida que nos adentramos en los años 1939-1945, disponemos de menos documentos relativos a la toma de decisiones sobre la cuestión judía. Sin duda alguna, hubieron muchos más de los que tenemos hoy en día pero fueron quemados. En su juicio en Jerusalén, Eichmann declaró que a fines de 1944 el archivo de su oficina – el departamento que se dedicaba a la ”solución de la cuestión judía” en la SS – fue transferido a Theresienstadt, un ghetto al norte de Praga en el Protectorado de Bohemia-Moravia. El archivo fue trasladado hacia allá considerando que los aliados no bombardearían un ghetto judío y así los documentos se hallaban protegidos. No obstante, en 1945, cuando los nazis se dieron cuenta que iban a perder la guerra, quemaron esa documentación. Sabemos que en los años 30, antes de la guerra, los nazis ya barajaban la idea de adoptar una política genocida en un contexto de conflicto bélico – y no solamente respecto a los judíos. A fines de los años 20, en un artículo publicado en un periódico nazi, Hitler se refirió al exterminio deseado de un millón de alemanes, que según sus criterios no reunían las características necesarias para la raza aria. Así pues, a partir de 1933, comenzó una política de esterilización de aquellos que padecían enfermedades hereditarias. Pero en 1935 Hitler ya declaró que si llegase a estallar una guerra, no se conformaría con esterilizar y comenzaría con un programa de eutanasia. El comprendía que la guerra le permitiría hacer cosas que no podían hacerse en época de paz. Está claro, entonces, que la idea genocida de exterminar grandes masas humanas estaba ya en la mente de los nazis antes de empezar la guerra. Por ello – y no por casualidad – la orden de Hitler de comenzar el programa de eutanasia será firmada un mes luego de estallada la guerra. Ese programa, en su primera etapa hasta agosto de 1941, exterminará alrededor de 76.000 alemanes. Ese exterminio se llevó a cabo con todos los métodos que se conocerán más adelante en los campos de concentración: gas, inyecciones de fenol en el corazón, etc. Respecto a la cuestión judía, también en los años 30, mientras se llevaba a cabo la política de segregación, expropiación y emigración forzada, los nazis se referían a ellas como políticas temporarias, nunca las veían como la solución al problema. Era lo que podían hacer por ahora. ¿Qué harán más adelante? En los documentos nazis se explica: cuando estalle la guerra – dicen – arreglaran cuentas con los judíos. En 1939, cuando estalló la guerra, existía para la elite nazi lo que yo llamaría ”una fantasía política”. En esa fantasía no existirán judíos sobre la faz de la tierra. ¿Cómo realizarlo? No había planes todavía; solo existía esta fantasía. El estallido de la guerra llevará a que los impulsos ideológicos genocidas, que se encuentran en el centro político, conjuguen con una práxis genocida pragmática en la periferia. Por ejemplo: Yugoslavia será conquistada en abril de 1941 y casi inmediatamente comenzará el movimiento de resistencia de los serbios contra la ocupación alemana. Hitler dará la orden de que por cada soldado alemán matado por los partisanos, se ejecute a 100 serbios. Consecuentemente las tropas nazis arrestaban en forma arbitraria rehenes serbios y los mantenían encerrados. Siempre había alguien que mataba a algún soldado alemán, por lo cual se tomaba a 100 rehenes y se los fusilaba. Los generales nazis comprendieron que este tipo de represalia no era productiva pues incrementaba la fuga de los serbios a los montes para unirse a los partisanos. No obstante, los generales alemanes deberán cumplir lo que Berlín les ordenaba. Por ello, llegarán a la conclusión que si matan judíos, por un lado cumplirán la orden, y por otro lado daban a los serbios una cierta tranquilidad, ya que no serán ellos los ejecutados. Así comienza una política sistemática de matanza de hombres judíos en Serbia. Entonces quedaban las mujeres y los hijos de esos judíos. Estos, que están en un campo de concentración debían ser alimentados y el ejército empezará a calcular cuanto tiene que gastar para alimentar a esta población que no produce. En este caso, el ejército contactará a Berlín, solicitando recibir expertos que ayuden a solucionar el problema de la existencia de 10.000 mujeres y niños en Belgrado, para que no tengan que alimentarlos y el aprovisionamiento sea dirigido a sus soldados. Justamente en este momento la unidad que se dedicaba a la eutanasia terminaba su primera etapa, después de haber matado a esos 76.000 alemanes, y estaba desocupada. Y así pues llegó un camión de gas – un camión que tenía el caño de escape orientado hacia adentro y con la polución de monóxido de carbono se matará a su carga humana. Este ejemplo demuestra que el militar que estaba en Belgrado no tenía un plan para aniquilar a todos los judíos de Europa. El se enfretaba a un problema concreto – 10.000 mujeres y niños en el campo de concentración de Semlin – y para ese problema concreto pedirá una solución. La solución que se dará en un régimen de este tipo para un problema de este tipo, será una solución genocida. La situación de aquellos que administraban económicamente los ghettos era similar. Toda persona que administraba un ghetto – como toda persona que administra cualquier empresa – quería obtener un balance positivo entre inversión y ganancia. ¿Qué se invertía en un ghetto? Se invertía comida. En un ghetto como el de Lodz con 200.000 personas, o Varsovia con 500.000 personas, el número de calorías que se daba a cada una de estas personas era muy reducido, unas 300 calorías díarias. Pero aún con 300 calorías díarias, el ghetto tenía que ser abastecido por las fuerzas de ocupación y el administrador del ghetto debía calcular cuánto azúcar, cuantos carbohidratos y cuantos oleaginosas necesitarían los judíos recluidos en el ghetto. Estos trabajaban en fábricas instaladas por los alemanes que tenían una producción determinada. Evidentemente, el número de personas que comía en un ghetto era mayor al número de personas que trabajaba, ya que los trabajadores eran aquellos que estaban en condiciones físicas de trabajar. Pero además estaban los niños, los ancianos, los enfermos, los lisiados, que no trabajaban. El administrador del ghetto llegaba a la conclusión que él perdía en esta empresa. Su empresa no era rentable desde el momento que el traía comida y no sacaba producto. Por tanto, sugerirá a Berlín una política por la cual se quedará solamente con aquellos que trabajen, lo que significaba terminar con toda la población de niños, enfermos, lisiados, etc. Exterminar esa población que no producía. Para el Dr. Fischer, Bibow, Auerswald o cualquier otro administrador de ghettos en Europa Oriental, las sugerencias de genocidio eran parte de un plan para crear eficiencia en la administración de una empresa económica. Para Bibow – un importador de café de Bremen que se fue a hacer millones administrando el ghetto de Lodz – Lodz era ”El Dorado”. La misma codicia que llevó a Almagro, a Cortes y a Pizarro a Latinoamérica a hacer millones, llevó a estos alemanes al Este de Europa. El razonaría : ”Yo aquí vine a hacer dinero y la existencia de elemento humano que no trabaja va contra mi interés de enriquecerme”. Y por lo tanto sugerirá a Berlín que en su ghetto de Lodz se acabe con todos los niños. Y así exigirá en septiembre de 1942 matar a todos los niños, mandándolos a Chelmo para ser gaseados. Su iniciativa no era todavía parte de su plan para terminar con el judaísmo de toda Europa, de Grecia, Dinamarca, o España sino una solución pragmática a su problema personal de cómo convertir al ghetto de Lodz en rentable. O el médico que iba a trabajar como experto en epidemiología al ghetto de Varsovia a efectos de prevenir epidemias. El ghetto de Varsovia estaba muy congestionado porque a la población local se le sumaban los judíos traídos de las provincias, como parte de la política alemana de concentrarlos en centros urbanos. La congestión era gigantesca y ya en el primer verano aparecerán el tifus y la disentería, productos de la mala nutrición, de la congestión y de las condiciones sanitarias. Enfermedades endémicas no se podían controlar de manera que solo los judíos murieran por ellas; también los alemanes se podían contagiar. Un judío con tifus en un fábrica podía contagiar a su capataz alemán. Con este problema se enfretaba el médico, ¿cómo descongestionar el ghetto para mejorar las condiciones sanitarias? Y su sugerencia a Berlín – para descongestionar el ghetto – será exterminar a cierto número de la población y así crear condiciones sanitarias soportables. ¿Qué parte de la población deberá desaparecer? Evidentemente, su sugerencia coincidirá con la del administrador del ghetto, deberán desaparecer los no-productivos: los niños, los viejos, los enfermos, etc. Este punto es importante conocerlo pues aquí no estamos hablando solamente de una camarilla de criminales que se encontraba en Berlín y tenía su locura fantástica de terminar con el problema judía. Estamos hablando de una periferia de burócratas, que, sin ser ideólogos, llegaba a las mismas conclusiones genocidas por razones pragmáticas y prácticas.

Ahora ¿por qué a los judíos? Tomemos el caso de Bielorrusia, Rusia Blanca. En los planes nazis, la campaña contra la Unión Soviética debía haber sido una guerra relámpago, como fue en Francia, en Bélgica y en Holanda. De tal forma que para octubre de 1941 terminara. Pero eso no terminó así y se quedaron atascados frente a Moscú, sin seguir recibiendo transportes de comida desde Berlín, pues las líneas férreas estaban copadas por la necesidad de transportar municiones y soldados. Al consumir las tropas alemanas lo que había en los territorios conquistados, ello era en detrimento de la población local – pues no había para todos, menos en época de guerra, cuando las cosechas eran quemadas y el ganado sacrificado o evacuado. En ese momento, los nazis decidirán quien dejará de comer, para que sus soldados coman. Y se decidirá que toda la población judía de Bielorrusia será la que dejará de comer. En teoría ello no tenía que ver con antisemitismo, pero no era así. Aquí se daban dos hechos paralelos: por un lado una decisión pragmática de terminar con cierto grupo de personas para permitir abastecer a los soldados, y por otro lado, se establecía una jerarquía de grupos o de personas y se decidía en esta jerarquía que los que tenían que desaparecer eran los judíos. Teóricamente no había ninguna razón por la cual matar justamente a los judíos. ¿Por qué no se mataba otro grupo sino que se elegía a los judíos? Esto tenía que ver con el lugar otorgado al judío en esa jerarquía. Todos merecían vivir menos éste. Si ya alguien tenía que desaparecer, el grupo judío era el que tenía que desaparecer. Y de esta manera se conjuga la decisión pragmática por un lado, con el pensamiento racista de los alemanes por el otro. Un ejemplo en Europa Occidental era Francia. En ese país tenemos hasta 1941 un alto grado de colaboración con la ocupación alemana y los comunistas no se oponían porque luego de firmarse en agosto de 1939 el pacto Ribbentrop-Molotov, Alemania y la Unión Soviética estaban en paz. En 1941, comenzará la guerra contra la URSS y también comenzara la resistencia de los comunistas contra los nazis: ponían bombas, mataban soldados alemanes, etc.. Hitler dará la misma orden para los franceses, como aquella que dió para los yugoslavos: por cada soldado que muriera asesinado en las calles de París, 100 franceses serán fusilados, con el mismo procedimiento de la toma arbitraria de rehenes en las calles, para encerrarlos y fusilarlos llegado el caso. Esta política de Hitler no agradaba al general Stuelpenagel, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación alemanas en París. Servir en París era muy placentero, no solamente porque no había contra quien luchar; el cuartel general se hallaba en el hotel Majestic y se podía gozar de la ciudad. Por ello Stuelpenagel quería llegar a un modus vivendi con los franceses, para que éstos no se opusieran al gobierno militar y colaborasen. Lo que menos interesaba a ese general era reprimir una población civil. Si este general hubiera empezado a fusilar parisienses para satisfacer las órdenes de Hitler desde Berlín, crearía antagonismo en la población. Al encontrarse ante el mismo dilema de aquel general en Yugoslavia, llegará a la misma conclusión: se dará cuenta que en lugar de matar rehenes franceses, podía matar judíos. De ese modo cumplía con lo ordenado por Berlín sin antagonizar con la población francesa. Esa línea llevaba consecuentemente al fusilamiento de judíos en París o a su deportación hacia el Este, tanto como represalia como para prevenir ataques contra las fuerzas alemanas en París. Quisiera acotar que a este general nunca le gustó Hitler; él no era nazi ni fanático racista. Más aún, en 1944 estará entre aquellos que conspirarán contra Hitler. Entonces ¿cómo explicar su actitud hacia los judíos? Diría que los mataba por razones pragmáticas, no por ideología. Para calmar a la población francesa por una parte y para no antagonizar con Berlín. Desde Berlín siempre se daba luz verde a la solución más radical posible, y los que se hallaban en la periferia comprendían esa luz verde. Por eso cuando el administrador del ghetto pedía el envío de una fuerza que terminara con el ”problema” de las mujeres y niños, él entendía que estaba pidiendo que se exterminara a esa población y desde Berlín veían con beneplácito este tipo de solución.

Es así como en enero de 1942, se llega a la así llamada conferencia de Wannsee, en la cual se reunirán representantes de diversos organismos del estado y la SS a efectos de poner en marcha el extermino total del judaísmo europeo. Es así como se convertían aquellas iniciativas pragmáticas en diversos países de Europa, en una política general que abarcaba todo el continente europeo y solucionaba la cuestión judía. Desde la primavera – verano de 1942 se aclaró a los alemanes que estaban embarcados en la II guerra mundial. Hasta entonces era una ”gran guerra” al estilo de la I guerra. Esta guerra mundial no se sabía cuanto duraría, y para los alemanes se convertía en vital no permitir que ninguno de sus aliados abandonara la lucha y se rindiera, que no se repitiera la situación de la I guerra mundial en la cual los italianos pasaron de un bando al otro; los búlgaros, los franceses, los rumanos, los húngaros, debían quedar firmes dentro del eje. Los alemanes entendían que la mejor forma de tener a esos aliados atrapados era convertirlos en criminales tales que nunca pudieran ser perdonados por los aliados. Hacer entender a los eslovacos, a Mussolini y a los líderes de Vichy que ellos quemaron los puentes con los valores de la civilización occidental y que estaban ahora comprometidos en una guerra hasta el fin, sea cual fuere este fin. La mejor forma de hacerles entender era decirles a sus aliados ”dadme los judíos”. Desde el punto de vista nazi, cuando los eslovacos o los húngaros o los franceses entregaban a los judíos – a la muerte – esto jamás sería perdonado por los americanos y británicos; ellos se convertirán así en criminales de guerra. Esto era también comprendido por los aliados de Hitler. Por ejemplo en 1941 Ion Antonescu, el líder de Rumania, había colaborado con Hitler asesinando a unos 150.000 judíos. Pero desde septiembre de 1942, cuando Hitler le volvió a pedir judíos, Antonescu se negó pues entendió que la guerra no iba a terminar bien para los alemanes. Este modelo de conducta se repetirá en otros lugares, también Franco empezará en cierto momento a flirtear con los aliados respecto al salvamento de judíos. Aquellos no eran tan importantes en 1940, cuando Alemania conquistó Francia, pero sí lo serán en 1943 o 1944. En 1943, Churchill le hizo saber a Franco que no hiciera tonterías pues Alemania perdía la guerra y cuando la guerra terminara, cada país tendría que demostrar de que lado estuvo. Llegar a la conferencia de paz luego de haber participado en la política genocida era contraproducente. Por ello yo sugiero no ser demasiado creyente en teorías altruistas sobre la motivación desinteresada de distintos regímenes a ayudar a los judíos. Desde 1943 en adelante, no fue el altruismo el que llevó a darles refugio o a negarse a entregarlos a los nazis, sino su comprensión de que la guerra terminaría con una victoria de los aliados.

El disertante responde a preguntas de los presentes

Respecto a Stalingrado, posiblemente solo aquellos que tenían mucha visión estratégica se dieron cuenta que este fue un punto de cambio. Luego de la batalla de Kursk en 1943, la batalla de tanques más grande de la historia, en la que los alemanes fueron derrotados, ya muchos más tomaron conciencia que Alemania perdería la guerra. Por eso en 1943 todos esos regímenes aliados a los nazis comenzaron a pensar dos veces si convenía entregar judíos a Hitler.

A partir de 1940, comenzará la política de concentración territorial de los judíos en ghettos con la idea de eventualmente evacuarlos a algún lugar de ultramar, como la isla de Madagascar, en el Océano Indico.

La política demográfica de los nazis trataba de desplazar alrededor de 17 millones de personas. Pensaban tomar a ”los alemanes étnicos” – aquellos alemanes cuyos antepasados emigraron en la Edad Media a Europa oriental, al Volga, a Dobrudja en Bulgaria, a los países bálticos o a Transilvania y traerlos a la patria alemana expandida en Polonia ocupada. La población polaca que vivía en esas zonas, debía consecuentemente ser reubicada. ¿En dónde? En las casas de los judíos que irán eventualmente a la isla de Magadascar. Pero antes de ser transportados hacia esta isla eran concentrados en los ghettos. Como ese plan de concentración en Madagascar fracasó – pues la única forma de llegar allí era a través del Canal de Suez y en tanto el Canal estaba dominado por los ingleses no se podía llegar. No obstante la no evacuación de judíos a la isla, se los seguía concentrando cada vez más en los ghettos y allí aparecían los médicos y administradores que recomendaban exterminar esa población.

Respecto a la así llamada ”arianización”. Desde el punto de vista de aquel que gozaba de ella – el alemán, francés, holandés – éste ganaba un negocio o un terreno; esa era una política económica. Para el que implementaba esa política, su motivación no era económica sino ideológica-antisemita. No por razones económicas se le quitaba al judío su empresa o se le obligaba a vender sus obras de arte, sino que ello se hacía para terminar con el ”problema judío”. El beneficiario de esta política era aquel que entonces tenía un departamento de un judío en Paris; pero el político o burócrata pro-nazi francés no lo hacía para que este ganara una casa u otro obtuviera un negocio o una pintura de Renoir. El lo hacía para resolver su ”cuestión judía”. Que un no judío adquiriera una casa o un cuadro era un derivado de la política antisemita, que llevaba necesariamente a una colaboración de aquel que quería un cuadro y aquel que quería una casa. Cuanta más gente se beneficiara de ese estado de cosas menos oposición encontraría la política antisemita.

La política de eutanasia nazi tiene paralelos con la ”solución de la cuestión judía”. En el asesinato de alemanes enfermos o minusválidos, se mataron unas 76.000 personas. Los nazis calcularon, en base a informes que tenían de psiquiatras y médicos de los hospitales y asilos que ese era aproximadamente el número de incurables a ser exterminados, en una primera etapa, para purificar la raza. El exterminio de judíos según los nazis era para purificar la humanidad; no obstante había una diferencia esencial. Los nazis no fueron a asesinar lisiados en Noruega o Grecia, sino que se ocuparon de los enfermos y minusválidos en Alemania, pero si fueron a buscar judíos a Noruega o Hungría y mandarlos a Auschwitz. Eso se debía a la concepción nazi que el enemigo racial – los judíos – debía desaparecer de todo el mundo.