Septiembre 11, 1998

James Bond atrapó a Martin Bormann

En un artículo publicado en 1997 en el diario estadounidense The New York Times, el Canciller argentino, Guido Di Tella, respondió a un artículo previo editado en el mismo periódico y firmado por Ann Louise Bardach (NYT, 22 de marzo de 1997). El ministro argentino señaló que la nota de Bardach contenía una serie de ‘imprecisiones, distorsiones e insinuaciones’ acerca del pasado de la Argentina como nación neutral durante casi toda la Segunda Guerra Mundial que, de acuerdo a Di Tella, ‘de no ser debidamente revisadas pueden confundir a los lectores menos informados del New York Times’.

Entre otras cuestiones Di Tella señala en su artículo que ‘no hay duda que hasta 1949, cuando las restricciones emigratorias para los nazis del ex Tercer Reich fueron levantadas Argentina compitió con otras naciones por captar la materia gris alemana y que ese proceso facilitó las condiciones para que la Argentina se convirtiera en un refugio para criminales de guerra. Es de hacer notar que, si Simón Wiesenthal estaba en lo cierto cuando aseveró que Martin Bormann murió en Berlín en 1945, una afirmación compartida por autoridades alemanas e israelíes, Bormann nunca pudo haber estado en la Argentina luego de la guerra como sugiere Bardach’.

Sea como fuere, si un libro recientemente publicado en Londres resulta ser cierto, Di Tella, Wiesenthal y autoridades alemanas e israelíes de relieve resultarían estar todos equivocados. Este nuevo libro afirma que Martin Bormann, secretario privado de Adolf Hitler y Canciller del partido Nacional Socialista, no sólo sobrevivió al colapso final del nazismo en el bunker del führer en Berlín en 1945 sino que, con una nueva identidad, vivió hasta 1989, no en Buenos Aires como rezaba el dicho de los años sesenta (‘Martin Bormann está vivo y goza de buena salud en Buenos Aires’), pero sí en Inglaterra como un respetable caballero luego de haber sido sacado furtivamente de Berlín por un comando británico especialmente designado para la tarea por el mismísimo Winston Churchill.

Increible como pueda parecer, este el argumento de un libro documental titulado ‘OpJB. El último gran secreto de la Segunda Guerra Mundial’, escrito por Christopher Creighton (Pocket Books, Londres, 1997); una historia fascinante que los editores prologan sosteniendo que ‘este relato es uno de los más extraordinarios que emergen de la Segunda Guerra Mundial’ y se publica ‘bajo las seguridades del autor de que se trata de una historia verdadera’. Los responsables de la edición agregan que ‘no nos ha sido posible verificar su contenido mediante una investigación independiente. Por cierto, la documentación histórica no puede cruzarse con la narración del autor. Es extremadamente difícil chequear con certeza absoluta operaciones secretas de inteligencia y, por otra parte, Berlín en 1945 era el fin del mundo. De acuerdo a lo que nos dice Creighton, la evidencia se perdió y en la confusión de la guerra los expedientes y archivos fueron manipulados. El autor nos cuenta como los registros fueron acomodados para crear una leyenda que sirviera a oscuros propósitos. Por cierto, los lectores deberán, una vez finalizada la lectura de este relato, elaborar su propio juicio. Lo que no está en duda es que se trata de una historia apasionante escrita por un hombre notable’, admiten un tanto candidamente los editores.

Aquello que hace a ‘OpJB’ un libro de características excepcionales es la nueva luz que arroja sobre sucesos que han sido exhaustivamente investigados por numerosos autores. Comenzando por su título, ‘OpJB’, que se refiere a ‘Operación James Bond’, nombre y apellido de cierto agente secreto británico de ficción hoy conocido como 007. Semejante coincidencia no es de ningún modo accidental pues surge del hecho de que el hombre que se transformara en el autor de la serie 007, Ian Fleming, fue miembro de la inteligencia naval británica durante la segunda gran guerra y, también, protagonista central de los acontecimientos relatados por esta singular obra.

Es muy probable que luego de transcurridas las primeras páginas los lectores se sientan inclinados a sospechar acerca de la veracidad de este libro y a considerarlo un fraude. Sin embargo, es recomendable sugerir que se resista esa comprensible tentación y se siga adelante con la lectura ya que Creighton puede resultar un personaje extraño pero también uno que ostenta títulos y relaciones incuestionables, por ejemplo: ex oficial de operaciones especiales de la Armada Real Británica y amigo de personalidades del calibre de Ian Fleming, Churchill, Lord Mountbatten, Joachim Von Ribbentrop y el Rey George VI, entre otros.

Debe tomarse en cuenta, también, el conocimiento preciso y de primera mano que el autor posee de detalles concernientes a las ‘internas’ de diferentes operaciones; no sólo de ‘OpJB’ sino también de otras que tuvieron lugar en la misma época, muchas de las cuales están avaladas por cartas de algunos de los ‘peso pesados’ citados, como Churchill, Mountbatten y Fleming.

Más allá de la evidencia, por momentos abrumadora, presentada por Creighton -cuyo verdadero nombre es John Ainsworth Davis-, lo que el autor nos cuenta es estremecedor. En suma: Churchill ordenó a comienzos de 1945 una operación ultrasecreta para sacar a Bormann de Berlín y apoderarse así de gran parte del botín de guerra Nazi depositado en centenares de cuentas cifradas de bancos suizos a las cuales sólo el secretario privado de Hitler tenía acceso. Para lograr este cometido fue organizado un grupo especial de combatientes integrado por hombres y mujeres de la resistencia alemana (German Freedom Fighters) y por profesionales especialmente seleccionados de las fuerzas armadas estadounidense y británica entrenados para la riesgosa misión de sacar al jerarca nazi de entre los escombros del Tercer Reich. Este grupo comando altamente calificado pudo penetrar las filas enemigas, llegar a la capital del Reich y llevarse a Bormann pasándolo secretamente entre las fuerzas alemanas y soviéticas hasta la zona de control británico dentro de Alemania desde donde fue trasladado a Inglaterra. En Londres fue interrogado y se le dió una nueva identidad. Finalmente, y como broche de oro a la maniobra de encubrimiento, se ‘plantó’ junto al Bunker de Berlín el cuerpo de un doble de Bormann debidamente acondicionado en órden y con arreglo al registro médico del jerarca.

Este libro ofrece una lectura fascinante pues revela hasta qué extremo el trabajo encubierto de inteligencia debe ser mantenido en secreto, aún para aquellos considerados ‘en una posición de saber’, incluyendo en este caso a indiscutibles autoridades en este período de tiempo tales como Hugh Trevor-Roper (ahora Lord Dacre) o Hugh Thomas, quienes han escrito extensamente acerca de la era Nazi y que han sido – en la opinión de Creighton – engañados con la artimaña.

En lo que quizás sea la más increible vuelta de tuerca de la historia, Creighton dice que el entonces jefe de la ultra secreta Sección M de Inteligencia Naval, el Mayor Desmond Morton, otro actor protagónico en esta historia, viajó junto a Bormann hasta Alemania, para que el ex-jefe nazi presenciara el momento en que era sentenciado in absentía en el famoso Juicio de Nüremberg.

Otra revelación sorprendente es el grado al cual pueden llegar los gobiernos en el manejo y manipulación de la información, llegando al punto de adulterar todo tipo de documentos para que los mismos den apoyo a hechos que han sido específicamente armados por razones de estado.

En ultima instancia es particularmente interesante notar que la batalla por el botín del Tercer Reich no es nueva, como sugiere la última ola de artículos periodísticos y libros sobre el destino del oro nazi, sino que ya era una cuestión de alta prioridad para las fuerzas aliadas aún antes de la finalización de la guerra.

Es de esperar que esta obra estimule algún tipo de respuesta desde los círculos oficiales de Inglaterra, los Estados Unidos, Alemania e Israel de modo que podamos saber finalmente qué fue lo que verdaderamente pasó cuando se derrumbaba el Tercer Reich en 1945 y cual fue el paradero de Martin Bormann quien, según este libro, se encontraba ‘vivo y gozando de buena salud en el Reino Unido’ hasta su fallecimiento el 20 de junio de 1989, muchas décadas después de la batalla final por Berlín.

* Nicholas Tozer es periodista. Ex-editor del matutino argentino ”Buenos Aires Herald” y miembro de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg de la Casa Argentina en Jerusalem