Mayo 11, 1998

Emigrando luego de 1000 años

En mi nota anterior me referí a la cultura en idisch que crearon las masas de judíos polacos. Como señalamos, allí se dio un caso muy especial en la historia. La presencia de una verdadera cultura de masas. El alto interés intelectual y cultural no estaba confinado a una elite, las masas judías estaban sedientas de cultura. Tuve oportunidad hace algunos años de narrarle esto a Luis Alberto Machado, entonces Ministro en temas educativos de Venezuela, despertando su asombro cuando le expliqué que en mi pequeño Schtetl Biala Podlawska había jóvenes carpinteros y sastres que sabían la Etica de Spinoza, y El Capital de Marx de memoria, y ni siquiera habían terminado el colegio secundario. Asimismo cuando le comenté que, como escribió Botoshanksy en Di Presse de Buenos Aires, en Vilna había 166 zapateros y sastres que sabían todo el Shas de memoria.

¿Cómo fue ello posible? Es un tema para los historiadores que deberán estudiar este fenómeno singular de cultura creativa de masas.

Junto a la situación cultural que hemos visto, ¿Cuáles eran las principales características de la situación económica y política de los judíos en Polonia en aquella época entre las dos guerras? Revisaremos algunos aspectos claves de la misma.

Polonia era en un 70% una nación agraria. Había pocos judíos acaudalados. La mayoría eran artesanos y trabajadores de la industria liviana. En las fábricas grandes como Lilypop y Parvosch donde trabajaban miles y miles de obreros, no había judíos. En la fábrica de aeroplanos de mi schtetl, donde trabajaban 300 operarios no había ni un judío, ni siquiera un peón. Así era en toda Polonia. El Bund llevaba una lucha por el derecho de los judíos a trabajar.

Sin éxito, los dos guardas de tranvía judíos que logró que tomaran, eran la misma evidencia del fracaso de esa lucha.

Ello hasta el año 1930. Después fue peor, porque al independizarse Polonia, los polacos actuaron con fuerte chauvinismo. Su lema era ”Polonia para los polacos”. Los tres millones y medio de judíos que habían nacido allí eran para ellos un cuerpo extraño que procuraban echar del país.

Acostumbraban gritar ”judíos a Palestina”, aunque los judíos ya llevábamos allí 1000 años. Polonia vivía entre dos grandes potencias, Rusia y Alemania, con las que tenía múltiples problemas y toda su historia con estos vecinos, fue de miedo a su opresión. Ello fortalecía el chauvinismo y la xenofobia. Los judíos estaban sobre un volcán. Jabotinsky tuvo razón cuando advirtió este volcán va a estallar, y estalló.

El Bund que luchaba por la autonomía nacional judía en Polonia no logró superar este volcán. El Bund llegó a tener muchísima fuerza. Lo vi yo mismo en el entierro de uno de sus más grandes ideólogos, Mijalevich. Cien mil judíos bien organizados marcharon allí con sus vestimentas de trabajo: peones, conductores de mateos, empleados de cuello duro con su corbata, nunca lo olvidaré.

He estado en diversos países en entierros de judíos y no judíos prominentes. Pero esto sólo se podía ver en la Varsovia judía, donde el Bund construía escuelas, organizaciones laborales e instituciones. Sus líderes, Medin, Mijalevich, Erlij, Alter, Leschinsky, Jmolner, y muchos otros eran personalidades de prestigio mundial de gran solidez intelectual y política. Sin embargo no lograron sus metas, y más de lo que hicieron no era posible. Ellos en cierto modo se autoengañaron.

Las masas de desocupados judíos emigraron buscando trabajo en todo el mundo porque en Polonia no tenían futuro. Si bien la situación era mala en todo el mundo, en Polonia era especialmente mala siendo judíos. Los judíos ricos, que eran pocos, no emigraron. Tampoco la pequeña clase media y los nacidos en Varsovia que tenían vivienda, aunque no fuera de ellos, también se quedaban porque había una ley de locaciones que los protegía, y si la vivienda era suya alquilaban piezas o camas para subsistir. Por lo tanto, los emigrantes eran en su gran mayoría de los pequeños schtetls judíos donde no había posibilidades de conseguir trabajo. Los judíos de Varsovia conocían bien su ciudad y luchaban denodamente para sobrevivir en ella.

Querían a Varsovia. Era en todos los sentidos una ciudad muy interesante. Pero conseguir trabajo se hizo cada vez más difícil. A mí me pagaban mi trabajo con pagarés. Para comer había que ser una especie de genio. En Karmalitzky 23, en el Hogar de Trabajadores, como en Pscheiad 9, en el local del Bund, nos daban barato un pedazo de pan, un plato de sopa y un pedazo de carne (a veces de caballo). Pero aunque muy barato se necesitaba tener de dónde sacar ese dinero.

Así que la unica vía era emigrar, y quien conseguía pasaje se iba al mundo, empezando por América y también América Latina. Esta inmigración fue de una masa de judíos formados culturalmente con gran deseo de trabajar en todos los campos, y fueron una bendición para todos los países a los que llegaron, entre ellos la Argentina.