junio 18, 2009

Murió el escritor y diputado nacional José Ignacio García Hamilton

DOLOR EN TUCUMAN

El historiador tucumano falleció esta madrugada en la Capital Federal. Tenía 65 años. Desde las 9, sus restos serán velados en el Congreso Nacional.

Con la muerte del doctor José Ignacio García Hamilton, ocurrida a los 65 años y tras una penosa enfermedad, se aleja una figura nacional e internacional de sobresaliente relieve, tanto en el terreno de la producción intelectual como en el de la vida cívica. Su partida tuvo una enorme repercusión y fue especialmente sensible para LA GACETA, a la que lo vinculaban arraigados lazos, tanto familiares como de actuación periodística. Sus restos serán velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, desde las 9 hasta las 18.

Había nacido en Tucumán el 1 de noviembre de 1943. Era hijo de don Enrique García Hamilton, quien durante décadas fue memorable director de LA GACETA, empresa que presidió hasta su fallecimiento, y de doña Lucía Elena Aráoz. Por tanto, era nieto del fundador de nuestro diario, don Alberto García Hamilton. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio del Sagrado Corazón, del que egresó bachiller en 1960. Pasó entonces a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán. Allí se graduó de abogado en 1969. Años después recibiría, en la Universidad de Buenos Aires, su título de doctor en Derecho y Ciencias Sociales, con la tesis ”Los orígenes de nuestra cultura autoritaria”.

Desde la época de estudiante, mostró una clara inquietud por ahondar su formación. Así, por ejemplo, realizó entre 1963 y 1969 diversos cursos, tales como ”Panorama de la cultura española”, becado por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid; ”Organización de la Justicia del Trabajo”, en la Universidad de San Pablo, Brasil, y ”Organización de las empresas periodísticas”, de la Sociedad Interamericana de Prensa. Inclusive dictó, a fines de los 60, la cátedra de Historia del Periodismo de Tucumán, en la Escuela de Periodismo que por entonces tenía el Círculo de la Prensa. Era ya un voraz lector de libros de historia y de ensayos sobre política, temas sobre los que conversaba y debatía con una enorme variedad de amistades, del más diverso arco ideológico.

Desde 1963 se había iniciado su actividad de periodista, en la redacción de LA GACETA. Fue, sucesivamente, aspirante, reportero, secretario de redacción y, desde 1970 hasta 1971, secretario general de redacción del diario. Posteriormente, en 1988, sería miembro del directorio de la sociedad editora del mismo. En 1972 fundó y dirigió en nuestra ciudad el diario ”El Pueblo” que se editó hasta 1975. Transcurrían por entonces años sabidamente dramáticos y turbulentos en la vida de la provincia y del país. A poco andar, las opiniones de ”El Pueblo” suscitaron la directa represalia oficial. El doctor García Hamilton fue detenido el 27 de noviembre de 1974 y puesto a disposición del Ejecutivo Nacional, situación en la que permaneció largos meses, hasta su liberación el 21 de mayo de 1975.

Al producirse el regreso a la vida democrática, apareció su primer libro, titulado ”Teatro breve: Azúcar y Estudiantes”, de 1984. Ya se había radicado en la Capital Federal, con su esposa Graciela Inés Gass. Allí abrió estudio de abogado, a la vez que iniciaba la carrera docente en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Ganó por concurso la cátedra de Historia del Derecho, que dictaba hasta la actualidad, además de enseñar en la Universidad de Palermo.

En 1990, apareció su ensayo ”Los orígenes de nuestra cultura autoritaria (e improductiva)”. Sería galardonado por la Secretaría de Cultura de la Nación con mención especial en el género Sociología, para la producción 1987-1990; y por la Ciudad de Buenos Aires, con el Tercer Premio en Ensayo en el concurso ”Ricardo Rojas”. La obra tendría asimismo un eco que trascendió nuestras fronteras. Se reimprimió en España con el título ”El autoritarismo hispanoamericano y la improductividad”, y sobre el tema fue invitado a disertar por las universidades de Wisconsin, Loyola, Johns Hopkins, Maryland, Yeshiva y Ripon, de los Estados Unidos.

Hombre siempre atento a la vida cívica de su provincia y dispuesto a comprometerse en ella, a comienzos de los años 90 comenzó a militar en las filas de la Unión Cívica Radical. Ese partido lo llevó, en 1991, como candidato a vicegobernador de Tucumán, en la fórmula que encabezaba el doctor Rubén Chebaia. Más tarde, en 1994, disputaría la interna como candidato a gobernador. Datan de 1993 sus comienzos en la narrativa histórica, que habría de depararle éxitos sin precedentes.

Publicó ”Vida de un ausente”, biografía novelada de Juan Bautista Alberdi, que difundió extraordinariamente el derrotero del prócer tucumano y que merecería gran cantidad de reediciones hasta la fecha. Por ese libro, la Fundación Konex lo diplomó como una de las cinco mayores figuras literarias de la década 1984-94, en la disciplina Biografías y Memorias. Pronunció conferencias sobre la vida y obra de Alberdi en las universidades norteamericanas de Georgia y Loyola, y el tomo fue incluido por la editorial española Altaya en su colección ”La novela histórica universal”. Ese año 1993, la Secretaría de Cultura de la Nación le otorgó el Premio ”Consagración Nacional” destinado a obras de Letras, Arte y Ciencia.

Cuatro años más tarde, daba a luz ”Cuyano alborotador”, una vida de Domingo Faustino Sarmiento que fue acogida por el público y la crítica con el mismo entusiasmo que su anterior producción. Fue invitado a disertar, acerca de ese libro, en importantes centros de estudios de Nueva York y de Washington. En 2000, la editorial Sudamericana editó un nuevo y fundamental libro de Garcia Hamilton: ”Don José”, que enfocaba la figura del general José de San Martín. El éxito que siguió fue realmente impresionante. No solo por la cantidad de ediciones, sino por las polémicas que despertaron sus descubrimientos y apreciaciones sobre el Libertador, formuladas con sustento documental y singular independencia de criterio. No rehuyó nunca los ardientes debates que suscitó su trabajo. En los más diversos foros, supo defender sus puntos de vista con sólida argumentación.

A esa altura, el prestigio del doctor García Hamilton no hacía sino crecer: en 2002 disertó en la universidad de Cambridge, y en 2003 en la de Harvard, además de habérsele otorgado el premio Souza Mendes, a la Libertad Individual. A esto debe agregarse su profusa aparición como invitado en los más importantes programas de radio y de televisión del país, tanto en forma individual como integrando paneles junto a las más notorias figuras intelectuales y cívicas.

Tendría gran éxito, asimismo, su recordado programa ”Historia confidencial”, que conducía con Pacho O’Donnell y Felipe Pigna, que se emitió primero por televisión, en Canal 7, y luego por radio. En 2004, apareció ”Simón. Vida de Bolívar”, obra que, como las anteriores, disfrutó de un notable éxito de público y crítica, y fue agraciada con posteriores reediciones. Su último libro, ”Por qué crecen los países”, se publicó en 2006. Ese año, el nombre del doctor García Hamilton volvió a ocupar saliente lugar en la prensa internacional.

Con motivo de su viaje a Cuba, el gobierno de Fidel Castro resolvió sorpresivamente impedirle entrar a la isla, hecho que fue objeto de unánime repudio por parte de las instituciones y del periodismo. En las elecciones de octubre de 2007, fue elegido diputado nacional por Tucumán, como candidato de la Concertación para una Nación Avanzada. La Cámara lo designó vicepresidente primero de la Comisión de Asuntos Constitucionales y vocal en las de Juicio Político y de Minería. Ya por entonces había empezado a quebrantarse apreciablemente su salud. Pero trabajaba con entusiasmo en una nueva obra de historia, esta vez sobre Juan Domingo Perón, que no llegaría a concluir.

El doctor García Hamilton fue un hombre de hogar, entrañable compañero de su esposa, de sus seis hijos y de sus tres nietos. Era también persona de muchos amigos, atraídos por su intensa simpatía de trato y su espontánea disposición a comprender y a ayudar al prójimo. Tenía un corazón sano, incapaz de guardar rencores, actitud que demostró largamente en el terreno de las ideas. Era un sincero y fervoroso militante de la democracia, a la que concebía dotada no solamente de libertad, sino también de responsabilidad y de tolerancia. Su partida deja un gran vacío en todos los sectores de una sociedad a la que supo servir con resuelto compromiso, y que por eso no habrá de olvidarlo. LA GACETA ©