Mayo 10, 2007

Carta de Paula y Erno Friedman

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Soy una sobreviviente del Holocausto. Nací en Hungría. En 1944, fui enviada con los míos a Auschwitz. Fuimos liberados de Bergen-Belsen en Abril del 1945.

Somos muy agradecidos al gobierno sueco por ser los primeros en ayudarnos en tiempos tan espantosos. El Rey Gustavo V invitó a 10.000 sobrevivientes del Holocausto, enfermos, y a sus familiares a venir a Suecia. Los suecos les proporcionaron barcos y personal médico, los cuidaron, los pusieron en sanatorios, clínicas de reposo, hospitales y escuelas. El Rey Gustavo V fue seguramente enviado del cielo por salvar a esos Judíos restantes, y su recompensa es grande. Como dicen las fuentes judaicas, se considera que alguien quien salva una vida salva al mundo entero. ¡Y cuánto más ya que salvó tantas vidas!

Una oficina de Raoul Wallenberg se estableció en Estocolmo. Una amiga de la familia, Vera Muller, trabajo allí. La oficina mandó 10 coronas a todos los niños húngaros para sus cumpleaños. Cada joven recibió el dinero… excepto una. Esta niña lloraba y continuaba: ”¿Qué pasa conmigo?” se lamentaba. ”¿No soy húngara?¿Por qué estoy excluida?” Me rompió el corazón. Escribí una carta a la oficina de Raoul Wallenberg, describiendo la situación y pidiendo que rectificaran eso para que la niña no se sintiera huérfana. Hasta hoy, todavía me siento agradecida por su linda cooperación.

Mi esposo, Erno Friedman, nació en Hungría. En 1944, mientras se escondía como un Gentil en Budapest, vio como Raoul Wallenberg viajó por todas partes para rescatar a judíos. Los sacaba de las marchas de la muerte y de los trenes de carga, les proporcionaba documentos que les identificaban como sujetos suecos, y estableció las ”Casas Suecas”. Pensamos que fue el único en la Segunda Guerra Mundial que arriesgó su vida para confrontar a los oficiales Nazis e intentar razonar o amenazar con ahorcarlos como criminales de guerra si procedieran con su plan atroz.

Esos son algunos de los recuerdos que guardamos mi esposo y yo por más de seis décadas.

Respectuosamente,

Paula y Erno Friedman
Brooklyn, NY