Junio 22, 2004

Discurso de Lic. Rodrigo Rendo

Diez infinitos: Profundidad del comienzo y profundidad del fin, profundidad del bien y profundidad del mal, profundidad de lo alto y profundidad de lo bajo, profundidad de oriente y profundidad de occidente, profundidad del sur y un amo único. Dios, Rey fiel, los domina a todos desde la morada de su santidad y hasta la eternidad de las eternidades.

Séfer Yetsirá, capítulo I, parágrafo II

Este fragmento del Libro de la Creación que acabo de destacar apunta a resaltar el tema que ronda en estas palabras que diré a continuación.

Estamos reunidos para honrar la memoria de aquellas mujeres y hombres de diversas nacionalidades y creencias que arriesgaron sus vidas para salvar a personas que eran perseguidas y asesinadas por el régimen nazi durante la segunda guerra mundial. Personas que con un gran coraje cívico, valores éticos admirables y un enorme y hermoso amor por el prójimo pagaron, en muchos casos con sus vidas, para salvar a cientos de miles de judíos de morir en manos de los nazis.

Raoul Wallenberg, quien fue nombrado por el gobierno sueco como primer secretario de la embajada de este país en Budapest, durante la ocupación nazi de Hungría, logró salvar a casi 100.000 judíos de la deportación a los campos de concentración y de ser asesinados por los nazis. Junto a él podemos destacar a personas de muchos otros países, como Arístides de Sousa Mendes de Portugal, Irena Sendler, de Polonia, Giorgo Perlasca, italiano nacionalizado español, Angello Roncalli, Obispo italiano que posteriormente en 1958 fue nombrado como el Papa Juan XXIII.

Entre el propio pueblo de Hungría hubo miles de personas que dieron todo de sí mismos para salvar a los judíos de la muerte. Estas personas realizaron actos de un enorme valor y heroísmo durante aquellos años de plomo, en que la violencia y la barbarie de la ocupación nazi ejercía todo su yugo, tanto sobre los húngaros judíos, como los demás húngaros de bien. No hay una sola letra del alfabeto que no este representada en esta larga lista de salvadores húngaros; María Olt, Janos Toth, Tibor Almasy, Vera Demeny, Laszlo Burza, Maria Horvath, Ferenc Pusztai, Melinda Remenyi, son algunas de las mujeres y hombres que componen esta extensa lista. Honrar su memoria y recordar su gesta debe ser sumarse al compromiso de defender el respeto a la vida y la paz de todos los pueblos.

Raoul Wallenberg arribó a Hungría e inmediatamente comenzó a trabajar para el rescate de los judíos que estaban siendo deportados a los campos de concentración. Creo pasaportes especiales para otorgar la nacionalidad Sueca y evitar las deportaciones y hasta llego a parar la partida de trenes hacia los campos de exterminio. Logro, inclusive, evitar que Adolf Eichmann lograra concluir sus planes de deportación de la totalidad de los 700.000 judíos que vivían en Hungría antes de la guerra.

En Enero de 1945 los Soviéticos entraron en Budapest. Raoul Wallenberg desapareció el 17 de enero de 1945, pero su gesta, como la de los salvadores húngaros que auxiliaron a prójimos necesitados, durante este periodo tan trágico de la humanidad permanece viva. Como Wallenberg, los salvadores húngaros, no pensaron en diferencias de ningún tipo al momento de salvar a los perseguidos. Para ellos como esta escrito en Séfer Yetsirá, Dios nos domina a todos, y todos somos iguales e iguales deben ser los derechos de todos.

Nuestro compromiso de honrar a los salvadores de las víctimas del holocausto debe persistir y contribuir permanentemente a la defensa de la vida y a la oposición a cualquier forma de terrorismo ayer, hoy y siempre.