Mayo 7, 2008

La desaparición de un héroe

Fuente de prensa:

Budapest, noviembre de 1944. Otro tren alemán es colmado de judíos para ser llevados a Auschwitz. Un joven diplomático sueco se abre paso entre unos guardias de la SS nazi y se sube al techo de un vagón de ganado.

Ignorando las balas de los guardias, se asoma y le pasa decenas de pasaportes falsos a la gente debajo suyo, que queda de este modo bajo la protección del gobierno sueco. Le ordena a todo aquel que recibió un pasaporte bajar del tren y subirse a unos vehículos que había llevado. Los guardias observan todo esto atónitos.

Raoul Wallenberg era un funcionario menor de un país neutral, de buenos modales y aspecto ordinario. Fue reclutado por Estados Unidos, que lo envió a Hungría para salvar judíos. Mediante amenazas, engaños y sobornos, evitó la deportación de unas 20.000 personas y la matanza de otras 70.000 en el gueto judío de Budapest.

Comienza el misterio

El 17 de enero de 1945, pocos días después de la llegada de los soviéticos a la capital húngara, Wallenberg, quien tenía 32 años, y su chofer, Vilmos Langfelder, se fueron con una escolta rusa y nunca más se supo de ellos.

Dado que puso un destello de humanidad en el Holocausto, se le han rendido todo tipo de tributos. En numerosos países hay calles que llevan su nombre y tiene estampillas.

Los investigadores, no obstante, todavía no han dilucidado dos grandes misterios: por qué fue arrestado y si murió realmente en manos de los soviéticos en 1947, como se cree.

Documentos que salieron a la luz recientemente arrojan luz sobre otro interrogante: el de si Wallenberg estuvo relacionado, directa o indirectamente, con un servicio supersecreto de inteligencia estadounidense conocido como The Pond (el Estanque), que operó en la última parte de la Segunda Guerra Mundial, cuando aumentaban las suspicacias de los soviéticos en torno a las intenciones de Occidente en Europa oriental.

La CIA admitió en la década de 1990 que Wallenberg había sido reclutado por la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), un precursor de esa agencia. Poco se sabe del Pond.

Pero este año, la CIA va a entregar al Archivo Nacional una pila de documentos relacionados con ese servicio, hallados en un establo de Virginia en el 2001. Le pertenecían a John Grombach, quien dirigió ese servicio.

Si bien se han escrito decenas de libros sobre Wallenberg, siguen sin saberse muchas cosas. El Kremlin no ha encontrado o entregado numerosos archivos, Suecia declinó suministrar información y la AP se enteró de que hay unas 100.000 páginas de documentos desclasificados de la OSS a la espera de ser procesados por el Archivo Nacional.

Los rusos dicen que Wallenberg murió en prisión en 1947, pero no han suministrado el certificado de defunción ni entregado sus restos.

Investigadores independientes creen que puede haber vivido muchos años más, tal vez hasta fines de la década del 80. De ser cierto, probablemente fue mantenido aislado, privado de su identidad, con un nombre falso o identificado con un número, pasando como un fantasma de un centro de detención a otro, o incluso a instituciones psiquiátricas.

En 1991, el gobierno ruso encomendó a Vyacheslav Nikonov, subdirector de la KGB, que investigase los archivos relacionados con Wallenberg.

Luego de meses de trabajo, Nikonov llegó a la siguiente conclusión: ”Fue muerto a tiros en 1947”.

Rusia y Suecia hicieron una investigación conjunta que duró diez años y no arrojó resultados, ya que no se pusieron de acuerdo en torno a las conclusiones.

El informe sueco dice que ”no hay pruebas confiables de lo que sucedió con Raoul Wallenberg”. Los rusos afirmaron que ”Wallenberg murió, o, más probablemente, fue asesinado, el 17 de julio de 1947” y cerraron el caso.

Estocolmo, con AP