Febrero 2, 2012

Suecia reabre la investigación sobre la muerte del diplomático que salvó a 100.000 judíos

Fuente de prensa:

Varios historiadores han denunciado que Rusia ha obstaculizado las pesquisas

Hace 100 años nacía Raoul Wallenberg, el Ángel Sueco que, gracias a su valentía, astucia y habilidades diplomáticas, salvó de una muerte segura a decenas de miles de judíos en la Hungría ocupada por los nazis. Pero, más allá de honrar su memoria, son muchos los que hoy en día siguen lamentando no saber todavía cuál fue el destino final de este diplomático, cuya supuesta muerte a manos de los soviéticos sigue estando envuelta de misterio.

Wallenberg nació el 4 de agosto de 1912 en el seno de una adinerada familia sueca. Estudió arquitectura en Estados Unidos, aunque finalmente acabó dedicándose al comercio entre Suecia y el centro de Europa. Fueron sus conocimientos del húngaro y los contactos en este país los que le convirtieron en el mejor candidato para liderar el plan de ayuda a las víctimas de los nazis que Estados Unidos puso en marcha en colaboración con Suecia al final de la Segunda Guerra Mundial.

En 1944, Wallenberg fue nombrado enviado especial de Estocolmo en Budapest y utilizó su estatus e inmunidad diplomática para salvar del holocausto a unos 100.000 judíos. Se calcula que proporcionó pasaportes falsos a unos 20.000, además de convencer a los oficiales alemanes para que no masacraran a los 70.000 habitantes del gueto de Budapest. En 1963, el memorial del holocausto de Israel (Yad Vashem) le reconoció como un “Justo entre Naciones”.

Su heroica hazaña, sin embargo, no impresionó ni lo más mínimo al ejército soviético, que tras echar a los nazis e invadir Hungría, detuvo a Wallenberg el 17 de enero de 1945. Acusado de ser un espía de Estados Unidos, el detenido fue interrogado y trasladado de una prisión a otra hasta acabar en la temida cárcel moscovita de Lubyanka, donde falleció el 17 de julio de 1947. Según la primera versión facilitada por las autoridades rusas, la causa de la muerte fue un ataque al corazón, aunque lo más probable es que fuera ejecutado o, incluso, envenenado.

Aun así, la falta de autopsia y ausencia de restos mortales ha dado pie a numerosas especulaciones, basadas en informaciones y testimonios que aseguran haberle visto más tarde en distintas cárceles rusas. Un grupo de investigadores, de hecho, descubrió recientemente un documento que demostraría que Wallenberg fue interrogado seis días después de la fecha oficial de su muerte, lo que haría posible que siguiera vivo semanas, meses e incluso años más tarde de su supuesto fallecimiento.

Son muchos los expertos que han seguido investigando el caso a lo largo de todas estas décadas. Un trabajo, no obstante, en el que las autoridades rusas no se han mostrado especialmente colaboradoras, después incluso de la desintegración de la URSS. Así lo han denunciado varios estudiosos, entre ellos Vadim Birstein y Susanne Berger, que aseguran que Rusia bloqueó una de estas investigaciones a principios de los años noventa y también acusan a Estocolmo de no haber hecho lo suficiente para evitarlo.

En contraste con estas acusaciones, Suecia ha querido demostrar una vez más su compromiso con la causa y ha decidido encargar una nueva investigación sobre el caso. Según explicó a este diario el encargado de la misión, Hans Magnusson, el objetivo será “revisar la información de la parte rusa que haya podido emerger a lo largo de los últimos diez años” para comprobar si ha salido a la luz algún documento que ayude a esclarecer los hechos.

Magnusson, que en el pasado participó en otras comisiones parecidas, aseguró que Suecia “ha presionado continuamente para tener el mayor acceso posible a los archivos” y manifestó su esperanza en que, esta vez, los servicios rusos se muestren más cooperativos.