Julio 31, 2008

”Raoul Wallenberg: un ejemplo necesario”

Fuente de prensa:

Comentario de Guadalupe Noble
Programa: ”Sexta Edición”
Radio Rivadavia, Buenos Aires
Jueves 31de julio de 2008

En momentos de la vida argentina donde arcaicos resabios de intolerancia se niegan a dejarnos en paz, he querido traerles el recuerdo de un hombre que miraba la vida con otros ojos, que fue capaz de entregar la suya para que otros vivan y que es un verdadero ejemplo de solidaridad y amor al próximo. Quiero hablarles de Raoul Wallenberg, un diplomático sueco, que desapareció en 1945, después de salvarles la vida a decenas de miles de judíos en particular y también a muchos otros ciudadanos perseguidos por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde el año 1942 en adelante, los campos de concentración alemanes comenzaron a cumplir la tarea macabra de llevar adelante lo que los nazis llamaban ”la solución final del problema judío”. Ese eufemismo, significaba lisa y llanamente el asesinato de cuanta persona tuviera esa nacionalidad.

Raoul Wallenberg, como agente diplomático sueco en Hungría, tuvo un rol decisivo en el rescate de cerca de 100.000 personas que estaban en los planes del alto mando alemán para ser deportados en trenes de carga hacia los campos de concentración donde serían ejecutados, como tantos otros.

Wallenberg recurrió a todo tipo de métodos para conseguir su objetivo humanitario: en lugar de seguir los pasos de la diplomacia internacional, apeló a la astucia, la amenaza y hasta al soborno de altos oficiales nazis. Para él, cualquier método era bueno si servía para salvar una vida. Por lo tanto negoció, extendió miles y miles de pasaportes falsos que acreditaban a quien los tuviera como ciudadano sueco, llegó a treparse a los trenes enfrentando a los oficiales alemanes para impedir que llevaran a los deportados que tuvieran nacionalidad sueca, abrió 30 de las llamadas ”Casas Suecas”, para dar refugio a perseguidos y puso todas sus energías en esa lucha desesperada por arrebatar a todas las víctimas posibles de su triste destino.

Este hombre extraordinario recibió un permiso en enero de 1945 para visitar los cuarteles militares soviéticos y desde entonces nadie supo nada más de él. Hasta hoy, continúan los reclamos de países e instituciones por conocer su destino. En nuestro país, un hombre llamado Baruj Tenembaum, otro gran humanista, es uno de los fundadores de la ”Fundación Internacional Raoul Wallenberg”, que tiene la misión de honrar, preservar y divulgar la memoria de Wallenberg y otros salvadores del Holocausto.

En Jerusalén se levanta un monumento a los 6 millones de judíos asesinados por el nazismo, al fondo de una calle llamada ”Avenida de los Justos”, bordeada por 600 árboles plantados a la memoria de personas no judías que arriesgaron su vida por salvar la de otros.

Uno de esos árboles lleva el nombre de Raoul Wallenberg. Su lucha y su ejemplo merecen ser recordados, sobre todo en estos días en los que el hombre suele olvidarse del hombre.