Julio 26, 2011

La tragedia de Noruega

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg lamenta la trágica pérdida de vidas inocentes a consecuencia de los atroces ataques terroristas perpetrados la semana pasada en Oslo, al tiempo que transmite sus condolencias a las familias de las víctimas y al pueblo de Noruega, una nación amante de la paz.

Es especialmente trágico el hecho de que este acto de odio haya tenido lugar en ese pequeño país escandinavo, ejemplo de democracia vibrante y pluralista, respetuosa de las minorías.

Todos sabemos que la amenaza del nazismo no ha desaparecido con la caída del Tercer Reich. Los seguidores de Hitler. Todavía están entre nosotros, a veces disfrazados bajo diversos matices ideológicos.

Por desgracia, Noruega tiene una historia ligada a los nazis. Knut Hamsun, renombrado escritor y premio Nobel de literatura, fue uno de ellos. De hecho, fue un ferviente nazi y un firme partidario del primer ministro noruego durante la ocupación, Vidkun Quisling (luego de la guerra su apellido se convirtió en sinónimo de traición a la patria). Hamsun cobró aún más notoriedad cuando escribió un elogioso obituario de Adolf Hitler, publicado en el diario Aftenposten:

Adolf Hitler
Yo no soy digno de hablar de Adolf Hitler,
su vida y su obra no invitan a pronunciar encendidos discursos emocionales.
Hitler fue un guerrero, un guerrero de la humanidad y un predicador
del evangelio de la justicia para todas las naciones.
Fue un reformador de primer orden y su destino histórico fue vivir en
una época de brutalidad que, finalmente, acabó derribándolo.
Así, que Europa Occidental mire a Adolf Hitler.
Y nosotros, sus seguidores más cercanos, inclinamos la cabeza ante su muerte.
Knut Hamsun

No importa cuán venerado haya sido como escritor, Hamsun era un nazi. Ni el Gobierno de Noruega ni su Casa Real parecen haber entendido este hecho. En 2009, a pesar de las enérgicas protestas de la Fundación Wallenberg y de otros factores internacionales, Noruega presentó unas ostentosas celebraciones oficiales para conmemorar el 150º aniversario del nacimiento de Hamsun. Los festejos incluyeron el anuncio de la inauguración de un museo, la construcción de una estatua, la emisión de un sello postal conmemorativo y hasta la presentación de un musical.

Irónicamente, Noruega asumió en aquellos días la presidencia del Grupo Internacional de Trabajo y Cooperación para la Educación sobre el Holocausto, una organización compuesta por veintisiete países y que tiene como principal objetivo promover el apoyo de líderes mundiales a la difusión de programas educativos sobre el Holocausto y su recuerdo.

Es imposible saber que motivaciones impulsaron a Anders Breivik a perpetrar un acto de extrema inhumanidad, pero no se puede evitar la sensación de que un país que celebra la vida de un conspicuo partidario del nazismo podría estar enviando señales equivocadas a grupos de fanáticos.

En su novela “Los misterios” (1892), Hamsun presenta al protagonista como alguien que anhela la llegada de un hombre, alguien “que se puede ver una vez cada mil años”, “una persona de carácter fuerte capaz de perpetrar crímenes absolutamente crueles y atroces, y no solo transgresiones menores”. ¿Breivik leyó los libros de Hamsun? Difícil de saber pero, de cualquier manera, parece que la premonición literaria de Hamsun se hizo realidad.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg se enorgullece de continuar su misión de investigar, documentar, difundir y celebrar la vida y los hechos de quienes fueron solidarios con las víctimas del Holocausto. Estos valientes hombres y mujeres son modelos a seguir y representan exactamente lo contrario de lo que Hamsun representaba.

El fallecido pastor alemán Martin Niemöller, ha sido el presunto autor de la siguiente frase:

“Primero vinieron por los judíos y yo no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por mí, pero ya no quedaba nadie para hablar por mí.”

Aquellos que celebran a un nazi, no importa lo bien intencionados que sean, deben prestar especial atención a las palabras del pastor Niemöller.