marzo 12, 2015

Fundación Wallenberg declarará Casa de Vida a todo un pueblo polaco

En octubre de 1947, Estera Borensztajn, de quince años, contó su  increíble historia. Había nacido el 15 de diciembre de 1932 en Sobolewo, cerca de Varsovia. Hoy vive en Haifa, Israel.

Vea el video. Entrevista a Estera Borensztajn

“Mi papá murió en 1942. Mi mamá, mis dos hermanos menores y yo vivíamos en el pequeño gueto en Sobolew. Más tarde, los alemanes comenzaron a trasladar a todos los judíos. Tuvimos que irnos. Era otoño de 1942. Durante tres meses nos escondíamos durante el día en el bosque y dormíamos por la noche en los graneros, bodegas o áticos de las casas de los campesinos que conocíamos.

En octubre de 1942 los alemanes anuncian la organización de “Guetos de Descanso” en el Distrito de Varsovia. También declaran que los transportes de humanos se detendrán. Con el tiempo, esta información llego a los escondites Judios. Comienza Diciembre.”

Atraídos por las promesas hechas y, también, desesperados por las condiciones cada vez más difíciles en el bosque, los judíos -la madre de Estera con sus hijos, entre ellos- deciden volver al gueto de Sobolew. El lugar está repleto de personas. La familia de Estera tiene que compartir una habitación individual con otras dos familias. En enero de 1943 se concluye que los alemanes no cumplirían sus promesas. Reúnen a todos los judíos del gueto de Sobolew en una plaza. La selección comienza. Los ancianos son asesinados en el acto, los jovenes llenan vagones de ferrocarril. El último transporte deja Sobolew el 10 de enero.

“El vagón estaba mal ventilado y oscuro, sin espacio, ni para estar de pie o sentado. Mi hermano pequeño se fue sofocando poco a poco hasta morir. Yo pensé que no iba a sobrevivir, debido a la falta de aire. Cuando el tren arrancó, todo el mundo cayó y la gente en la puerta aplastó a la gente detrás de ellos. Afortunadamente para mí, acabé en la parte superior de la pila humana. El número de cadáveres en el interior fue creciendo y ganabamos un poco de espacio”.

El viaje en tren duró horas. Estera tuvo la idea de saltar. “Es mejor morir que seguir sufriendo de esta manera. Esto no es ni la vida ni la muerte”. Con estas palabras trataba de persuadir a su madre. Entonces, la mujer le pide a su hija que salte primero. La chica se niega. Ella quiere asegurarse de que su mamá también salte.

Así es como ella describió la situación, años más tarde en el orfanato en Bytom: “Mi mamá saltó y vi a través de una pequeña ventana que se levantó y echó a correr. Algunas personas me dieron un empujón pero yo me aferré a los barrotes de la ventana. Tenía miedo de saltar, pero las personas soltaron mis manos y caí en la nieve. Los guardias me dispararon pero no resulté herida. Sin embargo, no pude encontrar a mami y no sabía qué camino tomar. Un polaco que conocí me dijo que me dirigía hacia Treblinka y me aconsejó ir en la dirección opuesta, a Siedlce”.

Es pleno invierno. Los campos y los caminos están cubiertos de nieve. Estera busca refugio. “Fui de casa a casa y nadie me ayudaba”. Finalmente, una anciana que vivía en el extremo de la aldea se apiada de la niña. El nombre de la aldea sigue siendo desconocido. La mujer recibe a la chica en la noche, diciendo que sólo un día antes otra mujer había estado preguntando a los lugareños por su hija. ¿Es esto cierto o la anciana solo trataba de darle coraje a una niña aterrorizada para que pueda continuar su viaje? Estera está convencida de que esa mujer era su madre. Se pone en marcha por la mañana, siguiendo huellas dejadas en la nieve, pero el encuentro anhelado nunca sucedió.

“Una noche, después de tres días de caminar con temperaturas por debajo de cero, llegué a la casa de las personas que habían comprado la propiedad de mi abuelo. Les dije abiertamente quién era. Estaban asombrados pero con temor de ayudarme. Mientras tanto, no tenía otro lugar a donde ir. Finalmente, junto con los otros aldeanos, decidieron cuidarme en todas las casas por turnos. Así, todos asumían la culpabilidad y ninguno estaría en condiciones de delatar al resto. El nombre del pueblo era Osiny “.

La junta directiva de la Fundación Wallenberg, una ONG educativa presidida por Eduardo Eurnekian y creada por Baruj Tenembaum, ha decidido declarar “Casa de Vida” a todo el pueblo de Osiny.

Acerca de Casas de Vida

“Casas de Vida” es un programa educativo de la Fundación Raoul Wallenberg que tiene como objetivo identificar, rendir tributo y difundir masivamente las acciones de instituciones o individuos que extendieron una mano solidaria a perseguidos por el nazismo y sus aliados durante el Holocausto.

El programa se lleva a cabo en todo el continente europeo con la colaboración de la agencia de noticias católica Aleteia y la participación directa de su director editorial, Jesús Colina y Silvia Costantini, a cargo de las Relaciones Institucionales. http://www.aleteia.org/es

El objetivo del proyecto “Casas de la Vida” es el de identificar, marcar y rendir tributo a quienes en algunos casos llegaron a arriesgar sus vidas, así como la de amigos y familiares, con el objeto de ayudar al necesitado. Se trata de locaciones públicas y privadas -conventos, monasterios, iglesias, escuelas, viviendas particulares- en las cuales personas perseguidas por el nazismo encontraron refugio, alimento y medicinas. “Después de más de 70 años de finalizada la segunda guerra mundial la propuesta impacta como ejemplo educativo que aspira a agradecer a quienes se pusieron en la primera línea de fuego y arriesgaron todo por ayudar al semejante.”, señala Eduardo Eurnekian, presidente de la ONG.