Julio 7, 2014

El misterio que Putin podría esclarecer

Internacional

El diplomático sueco Raoul Wallenberg salvó a miles de judíos, fue capturado por los soviéticos y desapareció

El miércoles 9 de julio una delegación oficial sueca junto con otra de la célebre Fundación internacional que lleva su nombre representarán en Washington al diplomático sueco Raoul Wallenberg -desaparecido en 1945 en Hungría tras haber salvado del exterminio nazi a decenas de miles de judíos- en una ceremonia en la que el Congreso de los Estados Unidos de América le entregará a título póstumo su medalla de honor en reconocimiento a su extraordinaria labor de salvación durante la II Guerra Mundial.

La entrega de la condecoración a este Justo entre las Naciones se efectuará cuando se cumplen 70 años de su llegada a Budapest con la única idea de salvar del exterminio a cuantos seres humanos pudiera. Y lo hizo, aunque la gran paradoja de esta historia es que Wallenberg no murió a manos de los criminales nazis -a los que se enfrentó- sino que desapareció el 17 de enero de 1945 en Debrecen en manos de la NKVD, la predecesora del KGB, cuando el ejército Rojo entró en Hungría, derrotó a los nazis e implantó un régimen antisemita.

Dado que este episodio de la historia del siglo XX no es habitual de los libros de texto españoles, es minoría el número de personas de nuestro país que conocen la extraordinaria odisea de Raoul Wallenberg y el misterio que rodea su muerte; un enigma cuya solución alcanza al presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, en su oscura versión de exjefe del KGB que podría desclasificar los documentos que lo aclararían todo. Tampoco es de extrañar que la vida y muerte de este diplomático sueco, que con toda seguridad salvó de la cámara de gas a más de 30.000 judíos húngaros, cifra que puede elevarse a cien mil, sea poco conocida en nuestro país cuando en las escuelas españolas apenas se cita la labor antinazi de los diplomáticos españoles que se jugaron la vida por salvar vidas: Ángel Sanz Briz (tal vez el más conocido), Sebastián Romero Radigales, Julio Palencia, Eduardo Propper de Callejón, Bernardo Rolland de Miota, José de Rojas y Moreno, Miguel Ángel Muguiro, José Ruiz Santaella o el italiano españolizado Giorgio Perlasca. Unos salvadores de los que es más fácil para este diario -empeñado en investigar la relación de la dictadura y el Holocausto- obtener datos en el extranjero que en las instituciones españolas.

Lo que es un hecho es que Wallenberg en Budapest protegió a miles de judíos acogiéndolos en unas casas que declaró prolongación de la legación sueca, creando así un paraguas diplomático que paralizó las deportaciones. El método lo extendió a través de una asociación clandestina de diplomáticos afines que siguieron su ejemplo. Entre ellos Sanz Briz o el Nuncio del Vaticano…

Comentan a La Vanguardia en la Fundación Raoul Wallenberg que se hace muy difícil comprender cómo Rusia sigue negando información sobre lo sucedido después de tantos años . Investigaciones de varias nacionalidades se han topado con un muro documental consistente en afirmar que los papeles del NKVD que pueden arrojar luz fueron destruidos, circunstancia nada creíble en el caso de este servicio secreto. De hecho, la versión rusa más formal figura en una carta, a la que ha tenido acceso este diario, enviada por Alexander Darchiev, a la sazón número dos de la embajada Rusa en Washington, a Baruch Tenembaum, fundador de la International Raoul Wallenberg Foundation. La misiva es de junio del 2006, está en inglés y en ella el diplomático ruso expresa un gran respeto por la labor de Wallenberg en Hungría para luego informar de la existencia de una investigación que había concluido que Wallenberg “murió o pereció” en la URSS -no dice cómo, pero cita las dos expresiones- el 17 de julio de 1947, o sea, dos años después de acabada la guerra y no en Hungría, donde fue capturado, sino en territorio soviético. La carta sigue en términos diplomáticos para afirmar en un momento dado que “Mr. Wallenberg fue una víctima de I.V. Stalin”. Sin embargo, existen testimonios que indican que todavía podría haber vivido preso en un gulag al menos hasta 1989.