Febrero 16, 2000

Discurso del Presidente de Alemania en el Parlamento de Israel

Presidente Federal de Alemania, Johannes Rau, ante la Kneset en Jerusalén. 16 de febrero de 2000

Señor Presidente, Señor Presidente de Cámara, Señoras y Señores:

I.

Sé lo que significa para alguno de Uds. oír hoy en esta Cámara unas palabras pronunciadas en alemán. Su decisión de invitarme me llena de gratitud. La siento como testimonio de la determinación de no eludir jamás la historia y del coraje para superar, a pesar de todo, el descorazonamiento producto del horror destilado por esa misma historia.

En presencia del pueblo de Israel me prosterno ante las víctimas, que no tienen tumbas delante de las cuales pueda pedirles perdón. Pido perdón por lo que hicieron los alemanes, personalmente y en nombre de mi generación, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, cuyo futuro anhelo en compañía de los hijos de Israel.

Lo hago ante Uds. , los representantes del Estado de Israel, que, renacido al cabo de dos mil años, dió refugio a los judíos de todo el mundo, pero sobre todo a los supervivientes de la Shoá.

II

No hay vida sin recuerdo. El destino de las generaciones futuras siempre está asociado al de los muertos. En el momorable discurso que pronunció en hebreo ante el Bundestag Alemán en 1996, el Presidente Weizman nos hizo ver esta continuidad. Para los judíos esto con frecuencia parece sobreentenderse. Pero tampoco en Alemania ni en Europa, aun siendo nuestra historia tan diferente, debemos perder la sensibilidad para captarlo. Permítanme que cite su parábola sobre las gentes de Israel, porque yo no puedo expresarlo mejor:

”… 150 generaciones se han sucedido desde la columna de fuego de la salida de Egipto a las columnas de humo de la Shoá. Y yo, nacido de los descendientes de Abraham en la tierra de Abraham, estuve presente en todas partes.

Como yo los acompañé ahí y en aquellos días, así me acompañan a mí mis padres y están hoy aquí junto a mí”

Hasta aquí las palabras del presidente Weizman. También los alemanes estaremos acompañados para siempre: por las imágenes de los crímenes cometidos por alemanes. Alemanes e israelíes están inseparablemente unidos en este recuerdo.

Puede que la culpa personal se la lleve el autor a la tumba. Las consecuencias de una culpa que sacudió los cimientos de la moral humana pesan sobre las generaciones que le siguen. Esa sabiduría estaba arraigada en las tradiciones comunes de las religiones judía y cristiana mucho antes de la Shoá; asimismo era elemento fundamental de la ética de Occidente.

Hoy nos preocupa cómo asumirán las nuevas generaciones la culpa de sus padres. Tenemos que explicarles a nuestros hijos una y otra vez estas interrelaciones . Por eso una de las tareas políticas y culturales más importantes dentro de las relaciones germano-israelíes es aguzar la conciencia histórica. La memoria de los hechos debe transmitirse de modo indeleble a la juventud para cuando ya no vivan los testigos directos. Se lo debemos también a los alemanes que en aquella época, llegado el momento de tomar partido, se comportaron rectamente.

III

A menudo se pregunta si, en vista del pasado, puede haber normalidad para los alemanes y los israelíes. Planteada de forma tan genérica, solo puedo contestar a esta pregunta con un ”no”.

La relación entre nuestros países será por siempre una relación especial. Desde la conciencia de lo ocurrido mantenemos viva la memoria. Con las lecciones del pasado construimos un futuro común. Esa es la normalidad germano-israelí.

IV

De la historia se deriva la responsabilidad . Esta responsabilidad comienza por la educación en las escuelas y la construcción y mantenimiento de los lugares de conmemoración.

Tras un largo período de reflexión , el pasado 27 de enero, coincidiendo con el aniversario de la liberación del campo de Auschwitz, que también en Alemania ha pasado a ser jornada oficial de luto, iniciamos – el Primer Ministro lo ha mencionado – la construcción en Berlín del monumento central a las víctimas de la Shoá. Uds., Señoras y Señores, habrán seguido el debate en torno a este monumento. Les ruego que lo interpreten como lo que fue: una pugna por encontrar la forma adecuada de expresar la conmemoración. Lo que no debe suceder de ninguna manera es que la construcción de un monumento llegue a malinterpretarse como supuesta forma simbólica de exculpación. La conmemoración necesita lugares donde emplazarse. Pero esos sitios bajo ningún concepto pueden reemplazar la conmemoración como tal.

Las prestaciones materiales tampoco pueden indemnizar la iniquidad de que fueron víctimas millones de trabajadores forzosos. El hecho de que diversas empresas y el Gobierno Federal hayan creado una fundación de ayuda a estas víctimas del régimen nazi es importante porque implica que asumimos nuestra responsabilidad. Pero es preciso seguir avanzando en esta cuestión.

La conmemoración sería inane si no llevara aparejada una actuación responsable. Dentro de esta conmemoración activa se inscribe asimismo nuestra corresponsabilidad para con el país que ofreció el anhelado hogar a los supervivientes de la Shoá. La corresponsabilidad para con Israel es una ley fundamental de la política exterior alemana desde la fundación de nuestro Estado.

V

Alemania e Israel se hallan inmersos en un cambio generacional: aún viven testigos directos de la Shoá; pronto sus nietos empuñarán las riendas de la política y determinarán el pensaminto político. Por eso es tan importante transmitir de generación en generación la memoria de lo que ocurrió en el pasado.

Esto requiere ante todo que los jóvenes de nuestros dos países se conozcan, enfrenten juntos el pasado y busquen juntos el futuro. Lo dicho vale en primer lugar para los miles de jóvenes alemanes que año tras año visitan Israel, como turistas o como voluntarios en proyectos humanitarios. Quiero manifestar mi reconocimiento justamente a estos jóvenes, algunos de los cuales se encuentran hoy aquí entre nosotros como invitados de la Cámara: Uds. Son auténticos embajadores de nuestro país.

Pero lo dicho también vale para los jóvenes israelíes que -como bien se puede comprender- se sienten mucho menos impulsados a viajar a Alemania.

Personalmente yo abrigo la ilusión de que la juventud israelí se forme más que hasta ahora una imagen propia de Alemania. Cuando una joven israelí me cuenta que durante mucho tiempo ocultó en casa sus visitas anuales a su abuelo retornado a Alemania porque le daba vergüenza que se supiera , siento un profundo desconsuelo. Comprendo perfectamente las vacilaciones para acercarse a Alemania. Pero si los jóvenes de nuestros dos países no se comunican no nos será posible forjar el futuro de nuestra singular relación todo lo fructíferamente que deseamos.

Entre alemanes e isralíes el aprender a tratarse y el ejercitarse en ese trato es un proceso permanente. Les ruego que colaboren conmigo para promover ese aprendizaje por todos los medios a nuestro alcance. En los próximos dias vamos a firmar un acuerdo sobre un foro juvenil germano-israelí al servicio de este designio. Vamos a crear un programa de becas destinado a familiarizar a la juventud israelí con la Alemania de hoy.

Sin la voluntad de los responsables políticos hasta los mejores esfuerzos resultan baldíos. Por eso digo: para tener éxito estas iniciativas necesitan su ayuda.

VI

¿Qué Alemania pueden conocer hoy los jóvenes israelíes?

La República Federal de Alemania es una democracia pluralista, una democracia viva. Nuestra constitución, tras todas aquellas espantosas experiencias, antepone la dignidad del ser humano a todo lo demás. El primer artículo reza: ”La dignidad humana es intangible.”

En nuestra sociedad tienen cabida las minorías; diversas culturas encuentran múltiples formas de expresión. Algunos dicen que nuestro país es multirreligioso y multicultural.

Es cierto que hay brotes de xenofobia y problemas de integración, y también hay antisemitismo. Negarlo sería erróneo y peligroso. En este orden de cosas seguimos hallándonos ante ingentes tareas. Pero sucede que donde menos se manifiestan esos problemas es precisamente donde viven más ciudadanos de orígen extranjero, por ejemplo en Berlín o en las grandes aglomeraciones urbanas de Alemania occidental. Odiar al otro desde luego que resulta más fácil cuando no se le conoce.

También forman parte de la Alemania de nuestros días las comunidades judías, que vuelven a tener un número creciente de miembros . Son parte integrante de la vida de nuestro país. Ignatz Bubis, que halló su eterno descanso en la tierra de su fe, durante toda su vida dejó en claro que era Alemán y judío.

Alemania quiere ser un pais abierto, liberal y hospitalario, en el cual puedan hallar su sitio y convivir gentes de diversas religiones y culturas. Ello presupone la voluntad de vivir en buena vecindad, algo que debe aquilatarse en el día a día. Por tanto, se trata de buscar lo que une, no lo que separa. Por grandes que sean las diferencias culturales y religiosas, deberíamos buscar y cultivar los valores comunes.

VII

El principio de la buena vecindad rige tanto dentro del Estado como en su relación con otros Estados.

Por eso a lo largo de los últimos cincuenta años el camino de Alemania ha confluido con el camino de Europa. Recorremos una senda de esperanza. Los jóvenes israelíes que se ocupen de la historia alemana posterior a la Shoá a buen seguro podrán percatarse de algunos extremos importantes:

Hace cincuenta años también los europeos tuvieron que empezar de cero su relación con Alemania. Alemania fue readmitida por sus vecinos europeos, de cuya tradición humanista ella misma se había excluido, en un primer momento con comprensibles recelos pero después animados por el espíritu de la buena vecindad, que se erigiría en la clave de la integración europea.

El proceso de la integración europea representa uno de los grandes hitos políticos de los últimos decenios. Y seguirá adelante, proyectándose mucho mas allá de las fronteras europeas.

Europa ha logrado arrumbar en los archivos de la historia una conflictiva percepción del Estado que marcó su devenir durante siglos. Hoy los intereses nacionales de todos los participantes en la construcción europea están tan estrechamente interrelacionados que la integración supone para todos ellos una utilidad mayor de lo que podrían conseguir actuando cada uno en solitario. La integración europea ha inaugurado un período de paz y prosperidad sin parangón en la historia de Europa.

Europa es una comunidad de valores basada ”en los principios de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales y el Estado de Derecho”. Así lo establece el tratado de Amsterdam. Europa no va a consentir que uno de sus mienbros cuestione estos principios comunes. No vamos a consentir que la xenofobia, el racismo y el nacionalismo vuelvan a enquistarse en Europa.

VIII

¿Puede la experiencia europea servir de pauta en otras regiones del mundo, incluyendo a Israel y Oriente Próximo?

Esta cuestión se ha planteado reiteradamente. Los conflictos no son comparables; la solución de un conflicto determinado raras veces puede extrapolarse sin más para guiar el arreglo de otras controversias de distinta entidad. Ello se patentiza precisamente en estos días en que ha vuelto a desatarse la violencia. Aun así, podemos sacar la siguiente conclusión: Más allá de cualesquiera acuerdos o tratados, para conseguir una convivencia reglada después de un conflicto bélico es indispensable compartir un principio rector común: a saber, transmutar los egoísmos nacionales en una actuación conjunta productiva. Esta es la clave del éxito europeo. De una situación de partida supuestamente irreconciliable puede surgir una coexistencia reglada y finalmente una auténtica convivencia.

Las singularidades de su región por supuesto que impiden trasladar precipitadamente el proceso de la integración europea como referente para la solución del conflicto árabe-israelí. Sería una insensatez no tener presente que incluso la propia existencia de su país se ha cuestionado como tal una y otra vez.

Sin embargo, una enemistad no tiene por qué ser ”eterna”. La historia no está condenada al fracaso.

Abrigo el convencimiento de que hoy la buena voluntad predomina también en su religión y ello me hace concebir esperanzas. A pesar de todos los reveses se ha podido abrir paso, en una larga y ardua labor, la esperanza de zanjar el conflicto, desde las negociaciones de paz de los años setenta -estoy pensando en Anuar el Sadat y Menájem Beguin-, desde el empeño del gran Isaac Rabín, hasta los esfuerzos actuales.

A pesar de todos los problemas que plantean las negociaciones, la esperanza de paz de la gente es hoy más grande que nunca. Estoy convencido que la paz es alcanzable.

IX

Europa y Oriente Próximo son dos regiones con múltiples y muy estrechos vínculos.

Oriente Próximo tuvo una participación decisiva en la germinación de lo que hoy es la cultura europea. La estabilidad de Oriente Próximo y de la región en su conjunto es fundamental para el desarrollo pacífico y fructífero de Europa. Nadie puede vivir en paz si sus vecinos se ven amenazados por inestabilidades políticas y sociales.

La paz en Oriente Próximo solo pueden hacerla las partes mismas. Pero en la construcción de la paz también puede y quiere ayudarles Europa.

X

Señor Presidente, señoras y señores:

Para mí haber podido hablar ante esta Cámara representa una oportunidad y supone un honor especial. Hago votos por que esta visita oficial proporcione nuevos impulsos a las relaciones entre nuestros dos países. Tengo depositadas grandes esperanzas en la juventud de nuestros pueblos. No me cabe la menor duda: si transmitimos la memoria a la juventud y animamos a los jóvenes a ir al encuentro del otro no tendremos que temer por el futuro de las relaciones entre Israel y Alemania

Les deseo a Uds. y nos deseo a todos nosotros que nos anime esta confianza. El siglo entrante debe ser un siglo consagrado a la paz: para los hijos y las hijas de Abraham y para nuestro mundo.

Casa Argentina en Jerusalem y la Fundación Internacional Raoul Wallenberg agradecen a la Embajada de Alemania en Buenos Aires la versión en idioma español del discurso del Presidente Rau.