Junio 3, 2003

Conferencia de Baruj Tenembaum: Ejemplo e inspiración moral para la humanidad

Coloquio Internacional ”Revisitare Giovanni XXIII”

Quien no tiene coraje para vivir como piensa, termina pensando como vive.

La inauguración del nuevo milenio – ”Terto milenio adveniente”- fue colocada por su Santidad Juan Pablo II bajo el signo del diálogo interreligioso, de acuerdo a los lineamientos del Concilio Vaticano II, hito religioso extraordinario que inspirara el Papa Juan XXIII, Angelo Roncalli.

En palabras del Arzobispo de Milán Cardenal Carlo María Martini, ”El jubileo debe incluir entre sus componentes esenciales el redescubrimiento de la fraternidad entre la Iglesia Católica y el Judaísmo, en una perspectiva religiosa que incluye un acto de ”Teshuvá”- arrepentimiento- en nombre de la Iglesia Católica. El camino a esa fraternidad en el nombre del Santo Padre, quien dedicó un amor especial hacia el Pueblo Judío a la luz de la redención, comenzó en el papado del Papa Juan XXIII”.

Efectivamente, todo comenzó entonces con Juan XXIII, el ”Papa bueno”, que inauguró una nueva era en las relaciones entre la Iglesia Católica y el Pueblo Judío, una nueva época de comprensión y tolerancia después de siglos de denigración, prejuicio y persecución religiosa.

Las puertas del diálogo interreligioso que comenzaran a abrirse entonces por obra de Juan XXIII, han sido abiertas de par en par durante el pontificado del Papa Juan Pablo II, el Papa que suele dirigirse a los judíos como ”los hermanos mayores”, que visitara los campos de exterminio del nazismo en señal de contricción y solidaridad con las víctimas judías, que ascendiera en peregrinaje a la Tierra Santa, en el Estado de Israel.

El enorme aporte del Papa Juan Pablo II al diálogo entre la Iglesia Católica y el Judaísmo le colocan en un lugar único en la historia de las relaciones judeo-cristianas, sus acciones llevan una clara señal de bendición y hermandad.

Sin duda el Papa Juan Pablo II ha encontrado inspiración para su camino de apertura dialogal en la semilla de amor fraternal hacia el Pueblo Judío que plantara el Papa Juan XXIII. Todo comenzó entonces con Juan XXIII.

Nosotros, en la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, sostenemos que el verdadero comienzo del camino iniciado hacia el reencuentro de la Iglesia Católica con el Pueblo Judío es aún anterior al pontificado de Juan XXIII; la semilla primera es posible encontrarla ya en la acción humanitaria que desplegara el delegado apostólico Monseñor Angelo Roncalli en relación a los refugiados judíos víctimas de la barbarie nazi.

La Fundación Wallenberg viene llevando a cabo en los últimos años una comprehensiva y vasta labor de investigación histórica destinada a revelar la importante labor humanitaria que llevara a cabo Monseñor Roncalli durante la Segunda Guerra Mundial, acción que permitió salvar miles- de vidas judías.

Nuestro objetivo es llevar a conocimiento de la opinión pública internacional los hechos altruístas y generosos realizados por el delegado apostólico Roncalli- mucho antes de ser consagrado Papa Juan XXIII.

Es así que coincidiendo con la apertura del nuevo milenio hemos llevado a cabo en Septiembre del año 2000 una ceremonia en la Misión Permanente de Observación del Vaticano ante las Naciones Unidas, en presencia del Secretario de Estado Vaticano Cardenal Angel Sodano, en cuyo transcurso hemos declarado abierta la campaña internacional para el reconocimiento de la acción humanitaria desplegada por el Nuncio Vaticano Roncalli, luego Papa Juan XXIII.

A efectos de impulsar esta campaña hemos creado un comité internacional integrado por destacadas personalidades religiosas, diplomáticas, académicas e intelectuales.

Angelo Roncalli nació el 25 de Noviembre de 1881, uno de 13 hermanos en la familia de Giovanni Roncalli, un campesino de Sotto il Monte, un pequeño poblado cercano a Bérgamo en Italia. En 1900 inicia estudios teológicos en Roma pero un año después de su ingreso al Seminario debe interrumpir los mismos cuando es reclutado para cumplir el servicio militar. Durante la Primera Guerra Mundial sirve como capellán con el grado de subteniente. En 1904 es ordenado sacerdote en Roma, a los 23 años de edad.

El primer paso en la carrera eclesiástica del sacerdote Roncalli fue obra de la casualidad. El Papa Pío X, sabiendo que Roncalli era oriundo de un pueblo cercano a Bérgamo le solicita que asista a la ceremonia de consagración del nuevo obispo de la ciudad Giácomo Radini-Tedeschi.

El Obispo Radini-Tedeschi, miembro de la nobleza italiana y uno de los prelados más progresistas de la Italia de entonces, queda muy bien impresionado del joven sacerdote Roncalli y le elige como secretario personal. Además de la experiencia pública e institucional que adquiere Roncalli en esas funciones, lleva a cabo adicionalmente tareas docentes como profesor de Teología en el Seminario Diocesano.

En 1914 fallece el obispo Radini y su secretario Roncalli decide escribir la biografía de su mentor, obra cuya copia envía al Papa Benedicto XV, quien era amigo personal del obispo fallecido.

Al finalizar la guerra el Papa Benedicto XV se recuerda del biógrafo del Obispo Radini-Tedeschi y convoca al Padre Roncalli a Roma, designándole Director de la Oficina de Atencion de las Misiones Extranjeras. Esa posición permitió a Angelo Roncalli tomar contacto con importantes figuras eclesiásticas en el continente europeo, permitiéndole así salir del anonimato.

El Papa Pío XI lleva a Roncalli a la diplomacia vaticana, nombrándole Visitante Apostólico ante Bulgaria en Marzo de 1925. Como era usual en el protocolo vaticano, el Visitante Apostólico designado es ordenado Arzobispo.

El ahora Arzobispo Roncalli pasará los próximos diez años en un delicado puesto diplomático, donde debía procurar los intereses de la pequeña comunidad católica en un país predominantemente ortodoxo oriental.

El cargo siguiente en la carrera diplomática de Roncalli fué de Delegado Apostólico en Grecia y paralelamente, Jefe de la Misión Diplomática Vaticana en Turquía.

El Arzobispo Roncalli desempeñó esos cargos durante los nueve años siguientes, a partir de 1935 hasta 1944. Es durante esos años, desde la sede de la Misión Vaticana en Estambul, que tiene lugar la notable saga de acciones humanitarias que lleva a cabo el Nuncio Roncalli en favor de centenares de refugiados judíos que intentan escapar del Nazismo.

Es precisamente esta etapa de actuación diplomática, pastoral y humanitaria del Arzobispo Roncalli en relación a las víctimas judías del Holocausto- muchas veces poco conocida por la opinión pública- la que intenta rescatar, investigar y difundir la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Desde nuestro punto de vista, no es posible comprender plenamente el aporte teológico del Papa Juan XXIII- exteriorizado en la convocatoria del Concilio Vaticano II- sin entender las bases existenciales y valorativas que guiaron al Nuncio Roncalli en su actitud hacia el sufrimiento de las víctimas judías durante el Holocausto.

Qué fué lo que ocurrió durante aquellos años entre 1935 y 1944 cuando el Arzobispo Angelo Roncalli se desempeñó como Delegado Apostólico Vaticano ante Turquía?

Ocurrieron hechos extraordinarios, iniciativas altruistas, intrigas diplomáticas, esfuerzos denodados por salvar vidas humanas, actos humanitarios desinteresados cuyo protagonista fue el incansable Nuncio Vaticano Angelo Roncalli. En forma muy sucinta trataré de relatar algunos de esos acontecimientos.

Una de las situaciones más insólitas en esos años cruciales fue la ayuda que prestó el Arzobispo Roncalli a refugiados judíos interesados en llegar a Palestina, territorio que se encontraba entonces bajo el mandato británico. Las autoridades inglesas habían establecido cuotas de inmigración muy reducidas que impedían prácticamente la entrada de refugiados judíos a Palestina. Ante esa situación, la Agencia Judía- organismo del pueblo judío destinado al salvamento de las víctimas del nazismo en Europa- intentaba desesperadamente sacar refugiados judíos de Europa para llevarlos a Palestina. El Arzobispo Roncalli entendió la urgencia de esta tarea emprendida por la Agencia Judía y no vaciló en ofrecer su colaboración.

Christian Feldman, autor del libro ” Pope John XXIII” destaca que Roncalli trabajó con organizaciones judías de ayuda a los refugiados, con Haim Barlas de la Agencia Judía para Palestina y luego con el Gran Rabino de Jerusalem Isaac Herzog. El Nuncio Roncalli transmitió sus requerimientos al Vaticano, incluído el deseo de declarar en voz alta que la ayuda de la Iglesia a judíos amenazados debía ser visto como una divina labor de merced… Roncalli aprovechó hasta lo último sus propios recursos y encontró la forma de salvar de los campos de exterminio judíos eslovacos detenidos en Hungría o Bulgaria firmando sus visas de tránsito hacia Palestina (Pág. 61).

La colaboración del Nuncio Roncalli con Haim Barlas delegado de la Agencia Judía para Palestina es mencionada por John Morley en relación a una petición presentada por el Nuncio Vaticano Roncalli en enero 1943 al Secretario de Estado Vaticano solicitando la intervención vaticana en favor de 5.000 judíos alemanes para quienes la Agencia Judía tiene certificados de inmigración a Palestina (Pág. 123).

El profesor Stanford Shaw en su libro ”Turkey and the Holocaust” consigna que comenzando en el año 1943, Bader (se refiere a Menahem Bader, secretario del comité de rescate que actuó en Estambul bajo la dirección de Haim Barlas) comenzó a utilizar como correos privados para hacer llegar correspondencia y dinero a personas que podían moverse libremente en los territorios ocupados por los nazis, especialmente comerciantes y diplomáticos turcos y correos enviados por el Representante Papal en Estambul Angelo Roncalli, luego Papa Juan XXIII.

La oficina de Estambul de la Agencia Judía, mucho más que la oficina de Ginebra, mandaba a menudo documentos requeridos por judíos europeos para viajar o para lograr ser exceptuados de persecución o deportación, ya sean pasaportes o certificados de nacionalidad expedidos por países neutrales, particularmente de países de América del Sur y Centro América. A veces esa documentación era obtenida a cambio de sustanciales pagos a funcionarios consulares corruptos, otras veces era obtenida en forma gratuita de diplomáticos idealistas que entendían cuán grande era el sufrimiento judío. Muchos tuvieron su origen en sacerdotes católicos estimulados a ayudar por los llamados de Monseñor Roncalli en Estambul.

El Nuncio Roncalli no se limitó a prestar ayuda a las víctimas judías de la persecución nazi por intermedio de organismos institucionales como la Agencia Judía sino que también asistió en forma directa y personal a refugiados judíos que huían de la Europa ocupada por el Nazismo vía Estambul hacia las costas de Palestina.

El historiador Hebblethwaite alude a una entrevista que concedió Monseñor Roncalli el 5 de septiembre de 1940 a un grupo de refugiados judíos polacos quienes le informaron acerca de lo que ocurría en Polonia ocupada y a los cuales Roncalli ayudó a llegar a Tierra Santa (en ”An exchange of blessings, Pope John XXIII and the Jews” , Common Ground, 1993).

También Christian Feldman, autor del libro ”Pope John XXIII” señala : ”En razón de residir en la neutral Turquía, Roncalli podía hacer más que otros por los judíos que estaban siendo deportados de país en país. En septiembre de 1940 un grupo de refugiados del ghetto de Varsovia le trajeron las primeras informaciones acerca de los campos de concentración y las masacres llevadas a cabo por los Einsatzgruppen. Más y más hombres y mujeres perseguidos deseaban llegar a Palestina a través de los Balcanes, donde las fuerzas británicas bloqueaban muchas veces su camino” .

La acción humanitaria de Monseñor Roncalli, llevada a cabo desde Estambul, contribuyó a permitir a muchos de esos refugiados judíos alcanzar Palestina sin ser detenidos por las autoridades mandatorias británicas.

Otra audaz iniciativa del Nuncio Roncalli que permitió salvar la vida a centenares de refugiados judíos perseguidos por el nazismo fue a través del otorgamiento de certificados de bautismo de conveniencia, los cuales fueron enviados desde la Nunciatura en Estambul al Arzobispo Rotta en Budapest.

Los certificados de bautismo de conveniencia eran emitidos en blanco y distribuídos entre sacerdotes católicos para ser llenados con los datos de personas judías perseguidas por el nazismo, en el entendimiento que esa documentación sería usada para salvar las vidas de los detentadores del respectivo certificado, personas que una vez finalizada la guerra podrían decidir si mantenían o no su nueva condición religiosa o deseaban retomar la fe judía.

El delegado del gobierno americano Ira Hirschman, titular del ”War Refugee Board” en Estambul relata en sus memorias, en el libro ”Caution to the winds” una conversación que mantuviera con el Nuncio Roncalli acerca del salvamento de judíos húngaros por medio del otorgamiento de certificados de bautismo de conveniencia a los refugiados. El relato de Hirschman confirma en forma fehaciente la iniciativa desplegada por el delegado vaticano para intentar salvar vidas judías.

En palabras de Hirschmann :”Roncalli escuchó atentamente mientrás yo describía la lucha desesperada de los judíos de Hungría. Cité las magras estadísticas a mi disposición y los numerosos testimonios de operativos encubiertos. En cada oportunidad en que yo señalaba un punto saliente el asentía con empatía. En determinado momento el acercó su silla y preguntó en voz baja:” Tiene Ud. gente en Hungría que esté dispuesta a cooperar?” Luego de mi respuesta afirmativa, dudó unos minutos antes de preguntar :” Ud. cree que los judíos estarían dispuestos a someterse voluntariamente a ceremonias de bautismo?” La pregunta me tomó desprevenido y le respondí que según mi impresión si eso podría llegar a salvar sus vidas ellos estarían dispuestos a hacerlo. El agregó:” Ya sé lo que voy a hacer” . El agregó que tenía razones para creer que algunos certificados de bautismo ya habrían sido otorgados por religiosas a judíos húngaros. Los Nazís habían reconocido esos documentos como credenciales y permitieron a sus detentadores abandonar el país”.

”Acordamos que nosotros tomaríamos contacto con sus representantes en Hungría y que yo me comunicaría con nuestras conexiones encubiertas para organizar el bautismo en gran escala de judíos, o por lo menos que certificados fueran emitidos a mujeres y niños. De ellos dependería luego decidir si deseaban permanecer en la Iglesia o ir por su camino . El acuerdo fue alcanzado en pocos minutos. Era claro para mí que Roncalli había considerado este plan antes de mi arribo y que había creado una atmósfera en la cual pudiera probar mis credenciales, mi discreción y mi habilidad para poner en práctica el operativo. Yo no tuve duda que las ruedas de la operación Bautismo serían pronto puestas en movimiento en Hungría bajo los auspicios de la Iglesiá Católica” (Pág. 182-183).

El testimonio de Ira Hirschman en relación al tema de los certificados de bautismo de conveniencia es confirmado por diversos historiadores e investigadores.

Ted Szulc, autor del libro ” The secret alliance : the extraordinary story of the rescue of the Jews since World War II”, Pan, London 1991 pág. 54 afirma que en pocos meses desde la visita de Hirschman al delegado apostólico miles de judíos fueron bautizados en los refugios antiaéreos de Budapest y salvados así de la muerte.

Arthur Morse en su obra ”While six million died” hace referencia al envío de miles de certificados de bautismo que ayudaron a salvar la vida de miles de judíos húngaros.

El historiador Giancarlo Zizola, autor de ”L’ utopia di Papa Giovanni”, Cittadella, Assisi, 1973 pág. 109 estima que los certificados de bautismo salvaron la vida a 24.000 judíos. La información es atribuida a Monseñor Loris F. Capovilla, secretario de Monseñor Roncalli en Venecia y luego en Roma.

Un ejemplo de audacia diplomática inusual por parte del delegado vaticano Roncalli para intentar salvar vidas judías durante el Holocausto fue su intervención ante el Rey Boris de Bulgaria.

El Arzobispo Roncalli, que como ya señaláramos antes, había ocupado durante diez años el cargo de Visitante Apostólico ente Bulgaria, antes de ser designado para su cargo subsiguiente en Estambul, decidió despachar una carta oficial el Rey Boris instándole a no aceptar la demanda nazi de deportar a todos los judíos búlgaros al campo de exterminio Auschwitz.

Esa no fue la única intervención diplomática directa del Nuncio Roncalli en favor de víctimas judías en diversos países de Europa. En ese sentido, cabe mencionar la acción que desplegara Roncalli en favor de judíos de la Transnitría en Rumania. Esta gestión fue precedida por un trasfondo inusual: la entrevista personal que mantuviera el Arzobispo Roncalli con el Gran Rabino de Palestina Isaac Herzog.

El historiador Peter Hebblethwaite, en su artículo ”An exchange for blessings Pope John XXIII and the Jews” se refiere a dos entrevistas que mantuvo el Gran Rabino de Palestina Isaac Herzog con el Nuncio Roncalli acerca de la suerte de 55.000 judíos de la Transnitría en Rumanía. Ese territorio, una especie de colonia penal para los judíos, estaba amenazada por el avance soviético y los judíos estaban siendo desplazados hacia el Oeste en dirección a los campos de exterminio. Tres semanas después de la entrevista el Nuncio Roncalli informa al Gran Rabino que la Santa Sede ha actuado en el tema. El plan de rescate fracasó sin embargo, por razones no relacionadas con Roncalli, pero el Nuncio pudo reportar en julio de 1944 que un barco ha llegado a Turquía con 750 pasajeros, incluyendo huérfanos.

El investigador John Morley en la obra ”Vatican Diplomacy and the Jews during the Holocaust 1939-1943 ” señala que el delegado apóstolico en Turquía, arzobispo Angelo Roncalli, también se interesó por los judíos de Rumanía, mandando al secretario de Estado Vaticano una lista de nombres de familias judías de la Transnistría a quien solicita ayudar (Pág. 43)

En otra referencia a la acción del Nuncio Roncalli en favor de los judíos de Transnistría señala el autor : ”Los primeros meses de 1944 renovaron los temores respecto a los judíos que aún permanecían en Transnistría porque el ejército alemán estaba retirándose ante el avance soviético. El Rabino Isaac Herzog en Jerusalem apeló a Roncalli en Estambul para que éste llevara el tema a la atención del Vaticano. Eso indujo a Roncalli a discutir el tema con Barlas, el representante de la Agencia Judía en Estambul. Barlas indicó que el gobierno turco estaría dispuesto a proveer un barco para 1500 refugiados que podrían entrar en Palestina. El gobierno rumano debería organizar el transporte. Se le solicito al Nuncio Roncalli usar su influencia sobre el Nuncio Vaticano en Rumania, Arzobispo Cassulo, para lograr eso” (Pág. 45).

El Nuncio Angelo Roncalli intercedió también en favor de la comunidad judía de Grecia, país ante el cual estaba acreditado como delegado apostólico.

El historiador Stanford Shaw señala que sin ser alentado por el Vaticano, Roncalli concertó con el gobierno turco el envío de comida a judíos y griegos hambrientos en Grecia durante el invierno de 1941-42, escasez causada por el acaparamiento griego, el bloqueo británico y las confiscaciones alemanas. Roncalli también se ocupó que la Santa Sede ejerza su influencia sobre Alemania para intentar prevenir la deportación de judíos al Este para su exterminio, así como también para autorizar a los judíos a emigrar hacia Palestina, por lo menos aquellos que eran poseedores de certificados de inmigración válidos emitidos por los Británicos o la Agencia Judía por delegación británica (Pág. 278).

La investigación histórica y documental llevada a cabo por la Fundación Internacional Raoul Wallenberg ha recopilado trabajos históricos diversos que hacen alusión a otras numerosas intervenciones del Arzobispo Roncalli en favor de refugiados judíos en países diversos: Francia, Alemania, Hungría, Eslovaquia, Croacia, Italia, Grecia, cuyos detalles me veo imposibilitado de traer a colación en esta exposición en razón de las limitaciones de tiempo establecidas.

Una demostración elocuente de la determinación del Nuncio Roncalli en su actuación humanitaria en favor de las víctimas judías es el hecho que no vaciló en intervenir ante el mismo Ministro Nazi de Relaciones Exteriores Von Pappen

El historiador Stefano Trinchesse en ”Roncalli, diplomatico in Grecia e Turchia”, en el libro ”Pío XII” ed. Audren Ricardi, laterza 1984, pág. 261, cita a Monseñor Loris F. Capovilla quien fuera secretario del Papa Juan XXIII del siguiente modo : ”Durante la guerra Roncalli intervino frecuentemente ante Von Pappen en favor de refugiados judíos. Al arribar a Estambul ellos (los refugiados) siempre solicitaban una audiencia con el delegado apostólico”.

Una vez finalizada la guerra el Arzobispo Roncalli es designado Nuncio Apostólico ante la recientemente liberada Francia. La situación de posguerra en Francia era muy delicada desde el punto de vista de la Iglesia Católica pues el nuncio anterior Monseñor Valerio Valeri había estado muy comprometido con el régimen pro-nazi del Mariscal Petain y se hacía necesario contar con un nuevo delegado vaticano capaz de cambiar la negativa imagen de la Iglesia ante la opinión pública.

El éxito alcanzado por Monseñor Roncalli en tan delicada función diplomática fue reconocido por el Vaticano, exteriorizándose en su nombramiento como Cardenal por el Papa Pío XII en Enero de 1953. En su nuevo status de Cardenal Roncalli estaba en condiciones de ser electo para alguno de los arzobispados importantes en Italia y es así que es consagrado Patriarca de Venecia a la edad de 71 años.

La edad relativamente avanzada del Cardenal Roncalli al hacerse cargo del Patriarcado hizo pensar a muchos- en la jerarquía eclesiástica y fuera de ella, e incluso a Roncalli mismo- que dicho cargo sería la cuminación de su carrera. Pero aún el destino tenía reservado al Cardenal Roncalli y al mundo una gran sorpresa. El 9 de Octubre de 1958 Angelo Roncalli es electo Papa, luego del fallecimiento del Papa Pío XII.

Aunque el Papa Juan XXIII alcanzó la máxima jerarquía en la Iglesia Católica recién a los 77 años de edad y ejerció el cargo por menos de cinco años, su pontificado abrió cambios de tan largo alcance en el Catolicismo romano, que puede ser considerado como el comienzo de una nueva era en al historia de la Iglesia Católica.

La elección de Angelo Roncalli como Papa fue decidida por el Sacro Colegio de Cardenales teniendo en mira la consagración de un candidato de compromiso que aunara el cuerpo electoral, luego de fallidos intentos de acuerdo. La idea general entonces era que Juan XXIII sería un ”Papa di passaggio”, quien inauguraría un Papado de interinato en el cual el statu-quo constituiría el leit motiv de su gestión.

Decíamos anteriormente que el destino deparó al Cardenal Roncalli una gran sorpresa: la de llevarle al trono papal en Roma. En realidad- considerando en perspectiva histórica su gestión como Papa Juan XXIII- podríamos decir que fue Angelo Roncalli quien deparó una sorpresa a la Iglesia Católica, al mundo religioso en general y al Pueblo Judío en particular.

El Papado de Juan el Bueno estuvo muy lejos de ser una gestión de statu-quo. Al poco tiempo de su coronación como Pontífice Juan XXIII anuncia su intención de convocar un Concilio Ecuménico, una convocatoria general de Obispos, que no había tenido lugar por más de un siglo. El propósito de la iniciativa papal fue el de acelerar el ”aggiornamiento” de la Iglesia Católica.

La declarada intención del Papa al convocar el Concilio Vaticano Segundo fue la de convertir dicho encuentro en un Concilio Pastoral. Su propósito no fue el de proveer un marco solemne para la declaración de nuevos dogmas o el re-examen de viejas doctrinas, Juan XXIII pensaba en un ”Nuevo Pentecostés” que renovara el flujo del Espíritu Santo.

El tema central alrededor del cual girarían las deliberaciones del Concilio Vaticano a convocar sería- según lo indicara Juan XXIII- el de la unidad cristiana, la forma de alcanzar una nueva conviviencia entre las iglesias cristianas históricamente divididas.

Sin embargo la visión ecuménica del Papa Juan XXIII- de respetuosa convivencia entre credos y confesiones religiosas diversas- se extendía más allá del mundo cristiano propiamente dicho y alcanzaba a las confesiones no cristianas en general y al Judaísmo en particular.

La experiencia del Arzobispo Roncalli durante su largo desempeño como Delegado Apostólico en países de confesión ortodoxa oriental había sensibilizado su espíritu, haciéndole apreciar la especial responsabilidad que le cabía como Papa para intentar reparar ” el escándalo de la división cristiana”.

También la actitud piadosa y empátíca que desplegara Angelo Roncalli en su carácter de Nuncio Vaticano en Turquía hacia los refugiados judíos perseguidos por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial preparó su espíritu para encarar una revalorización de la relación histórica entre el Cristianismo y el Judaísmo.

La piedad práctica, la generosidad hacia el prójimo, la tolerancia hacia quien cree distinto, la disposición empática para ayudar a quien sufre cualquiera sea su raza o confesión religiosa, esas cualidades espirituales que caracterizaron al Nuncio Angelo Roncalli- mucho antes de convertirse en Papa Juan XXIII- son, a nuestro juicio, la verdadera semilla que inspirara la convocatoria del Concilio Vaticano Segundo.

El Concilio Vaticano estaba destinado a constituir para el Papa Juan XXIII el instrumento teológico para la consolidación de una doctrina eclesiástica que expresara aquella misma verdad existencial de amor y respeto al prójimo que ya había venido siendo puesta en práctica a lo largo de toda una vida por Monseñor Angelo Roncalli en sus funciones de Delegado Apostólico en Bulgaria, Grecia y Turquía.

La decisión de Juan XXIII de convocar el Concilio Vaticano Segundo fue recibida fríamente por amplios sectores de la curia vaticana, muchos dignatarios eran de orientación conservadora y no les entusiasmaban los cambios que inspiraba la visión del nuevo Papa. Un amplio sector de la dirigencia eclesiástica trató de demorar la convocatoria del Concilio pero la férrea voluntad de Juan XXIII pudo más que los engranajes de la burocracia eclesiástica de entonces y el Papa alcanzó aún a presidir la primera sesión del Concilio en otoño de 1962.

La expresión teológica del Segundo Concilio Vaticano en relación a las religiones no- cristianas constituyó la promulgación de la Declaración Nostra Aetate, emitida el 28 de Octubre de 1965.

El Concilio asumió el desafío de repensar el Judaísmo y la relación de la Iglesia con el Pueblo Judío en el contexto de la teología católica. En palabras del teólogo judío Rabino Leon Klenicki; ”La actitud negativa del Cristianismo hacia el Judaísmo durante siglos, la negación del destino y la vocación del Pueblo de Israel, requerían una reflexión colectiva que fuera más allá del triunfalismo de los Padres de la Iglesia y las ideas de los teólogos medievales”.

La reconsideración del Judaismo y el Pueblo Judío llevada a cabo por el Concilio Vaticano II formaban parte de una preocupación honesta de la Iglesia acerca del testimonio cristiano, eran una expresión de búsqueda del ” misterio” de su propia fé cristiana.

La cuarta sección de la Declaración Nostra Aetate está dedicada al Judaismo. El contenido de sus párrafos ha sido ampliamente discutido e investigado desde su promulgación por teólogos, líderes religiosos,historiadores y pensadores de diversas denominaciones de fé. La declaración del Concilio Vaticano II acerca del Judaismo ha sido ampliada a través de la promulgación del documento vaticano ”Lineamientos y sugerencias para la implementación de la Declaración Conciliar Nostra Aetate”,emitido el 1 de diciembre de 1974, casi una década después.

Del cúmulo de comentarios, análisis y estudios teológicos y religiosos publicados acerca de la Declaración Nostra Aetate en su sección relativa al Judaismo y el Pueblo Judío, hemos elegido para referirnos brevemente en esta oportunidad, al comentario que efectuara a su respecto el Papa Juan Pablo II, en ocasión de su histórica visita a la Gran Sinagoga de Roma en 1986.

Las palabras del Papa reflejan la autorizada opinión de la Iglesia Católica acerca del alcance y significado de la Declaración Nostra Aetate, aclarando las mismas la ”lógica interior” de apertura interreligiosa que se ha venido desarrollando en el seno de la Iglesia, desde Juan XXIII y hasta el pontificado actual de Juan Pablo II.

El Papa resaltó en su alocucación ante los fieles judíos en la Sinagoga de Roma tres puntos especialmente relevantes en la declaración Nostra Aetate.

El primero de ellos indica que la Iglesia descubre el ”vínculo” con el Judaismo ” investigando en su propio misterio”. En ese sentido, ” la religión judía no es ”extrínseca” a nosotros, con el judaismo tenemos una relación que no tenemos con ninguna otra religión. Vosotros sois nuestros amados hermanos y en cierto modo puede decirse que sois nuestros hermanos mayores”, afirmó el Papa Juan Pablo II.

El segundo punto señalado por el Concilio es que ”no puede ser imputada a los Judíos como pueblo una ”culpabilidad” ancestral o colectiva por ”lo ocurrido en la Pasión de Cristo”, no indiscriminadamente a los judíos de aquél tiempo ni a sus descendientes, ni a los judíos de hoy. De ahí, que no existe ninguna justificación teológica a medidas discriminatorias, o aún peor que ello, a cualquier acto de persecución”.

El tercer punto destacado por el Papa es consecuencia del segundo. No es legal o correcto declarar que los judíos son ”repudiados o maldecidos”, como si ello fuera enseñado o pudiera ser deducido de las Sagradas Escrituras del Antiguo o Nuevo Testamento.

El Papa Juan Pablo II proclamó, en ocasión de su histórica visita a la Gran Sinagoga de Roma su expresa voluntad de reafirmar esos principios, declarando los mismos en su valor perenne. El Papa reafirmó su compromiso con los principios de tolerancia religiosa y revalorización del Judaismo, desde el punto de vista de la teología cristiana, según fueran proclamados varias décadas antes, por inspiración del Papa Juan XXIII , en el Concilio Vaticano II.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg, institución que tengo el honor de ser su fundador, es una organización sin fines de lucro destinada a honrar la memoria del diplomático sueco Raoul Wallenberg, quién salvara la vida de miles de refugiados judíos perseguidos por el nazismo.

Junto a la figura de Wallenberg, honramos asimismo las acciones humanitarias de un dedicado grupo de diplomáticos de paises diversos, quienes arriesgaron su seguridad personal y su carrera profesional en aras de la salvación de vidas judías inocentes.

Nuestra labor cuenta con la adhesión y el apoyo de la comunidad diplomática internacional, y tenemos el honor de contar como miembros honorarios de la institución a más de cincuenta Jefes de Estado, Primeros Ministros, y Presidentes de naciones diversas.

En el contexto de esa Galeria de personajes extraordinarios que fueron ”mas allá” de sus obligaciones diplomáticas formales para salvar vidas humanas, la figura del Nuncio Vaticano Angelo Roncalli , luego Papa Juan XXIII, ocupa un lugar de honor.

Según fué expresado al comienzo de mi alocución, nuestra Fundación ha creado un Comité Internacional dedicado a difundir la labor humanitaria de Monseñor Roncalli.

Hemos proclamado asimismo, en una solemne ceremonia llevada a cabo en la sede de la Representación Vaticana ante Naciones Unidas, en presencia del Secretario de Estado Vaticano, la apertura de una campaña internacional destinada a llevar a conocimiento de la opinión pública la obra humanitaria desplegada por el Nuncio Roncalli durante el Holocausto, acción que salvara miles de vidas humanas.

Nuestra aspiración es convertir la figura de Juan XXIII – Nuncio Angelo Roncalli en un modelo de inspiración para las futuras generaciones, para el afianzamiento de la tolerancia, el diálogo interreligioso, la no discriminación y la hermandad entre seres humanos de buena voluntad , cualquiera fuere su nacionalidad, raza o religión.

Nuestro sueño es poder establecer, en la sede de nuestra Fundación, en la Ciudad Santa de Jerusalem, el ”Centro de diálogo, reflexión y encuentro interreligioso Nuncio Angelo Roncalli”, un ámbito que permita reunir a judíos, cristianos y musulmanes en el espíritu de convivencia y respeto mutuo que propugnara el Papa Juan XXIII.

La figura de Angelo Roncalli , Juan el Bueno, es ya una leyenda y una inspiración moral para la humanidad.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg está comprometida en mantener vivo su recuerdo y en rendir un homenaje permanente a su obra humanitaria.

Bendita sea la memoria del Papa Juan XXIII, el Nuncio Angelo Roncalli.