Octubre 16, 2004

Una historia que suena a leyenda (El Litoral)

Fuente de prensa:

Edición vespertina de diario El Litoral del dia sábado 16 de octubre de 2004

Baruj Tenembaum, Hijo de Las PAlmeras

Ochenta familias judías procedentes de Rusia y Rumania dieron origen a Las Palmeras hace cien años. Esta comunidad santafesina celebra el aniversario con actividades previstas para hoy y mañana, de la que participarán descendientes de inmigrantes radicados en Estados Unidos, Holanda e Israel. En la historia de uno de sus hijos dilectos, rescatamos pasado y presente de este pueblo.

Sabemos de leyendas que suenan como historia. Tuve oportunidad de leer nuevamente la obra maestra de León Tolstoi ”La guerra y la paz”, novela monumental que relata las fatalidades de Napoleón Bonaparte para conquistar Rusia después de dominar casi toda Europa, menos Inglaterra. Sabemos sobre las conquistas de Napoleón. Por el contrario, sabemos muy poco sobre sus fracasos.

Tolstoi no es el único que presenta al emperador francés sin crepúsculos. Asimismo, los franceses han construido un maravilloso monumento, El Arco del Triunfo, en pleno centro de París, para convertir las leyendas de Napoleón en historia. Las leyendas de Bonaparte suenan hoy como verdadera historia; historia falsa en rigor de verdad, pero historia al fin.

Por el contrario, hay casos de verdadera historia que suenan como leyenda. Me refiero a un capítulo de la historia judía que es poco conocido y sobre el que vale la pena que nos detengamos. Se trata de la iniciativa del Barón Hirsh, a comienzos del siglo pasado, de crear en la Argentina una comunidad de judeo-europeos que habían sido marginados en sus tierras de origen.

El generoso Barón Hirsh tenía sus dudas sobre la practicidad del sionismo como la solución para el dolorido pueblo judío; por lo tanto, resolvió que se debía encarar otro tipo de colonización.

A fines del siglo XIX hizo un pacto con el gobierno argentino, por el cual inmigrantes judíos de Europa recibirían tierras fructíferas con el fin de crear una parcial autonomía. La emigración, pues, hizo eje en la colonia denominada Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe.

Los primeros colonos

Es muy poco lo que había leído sobre Moisés Ville y sobre sus colonos, arribados o nativos. Hasta que un judío nacido y educado en una colonia mucho más pequeña, me familiarizó con ese capítulo del pueblo judío. El nombre de este interesante judío es Baruj Tenembaum. Él es un intelectual y un erudito en la literatura sagrada. Fue estudiante de Yeshiva en la Argentina. Es un hombre de mundo y a la vez un simple judío. Es inteligente y con suerte. No es de aquellos individuos superfluos que son ”estrellas” todos los días pero sin luz para toda la vida.

Él sabe que hay cosas que pueden enriquecer más que el dinero mismo. Mis encuentros con Baruj Tenembaum, en sus visitas a Israel, son siempre renovadores. Habla hebreo con la misma fluidez con que lo hace en yiddish, y su inglés está a la altura de su español. Con su sabiduría y conocimientos es, en concreto, un verdadero prodigio.

Su padre emigró a la Argentina y llevó consigo su judeidad de Lituania para arraigarla en Las Palmeras, una muy pequeña colonia a 40 kilómetros de Moisés Ville. Le pregunté a mi amigo qué me sugería leer para conocer la historia de las colonia judías. Tenembaum me envió el contenido de una conferencia que el pedagogo e intelectual argentino Máximo Yagupsky diera en 1996 en el instituto científico IWO de Buenos Aires.

Rápidamente caí en la cuenta de cómo les preocupaba a los maestros judíos y a los miembros de las distintas colonias, la preservación y transmisión del legado de la cultura judía a la segunda y tercera generación de judíos emigrados a las Pampas.

Soledad y misticismo

Los colonos en la Argentina se asentaron en lugares apartados donde reinaba la nada. Sin embargo, un poder místico los unía a las tradiciones, costumbres y folclore judío.

Recientemente he visto una película documental -aún no presentada- sobre la colonización judía en la Argentina, que me ha conmovido profundamente. Su título es ”Legado” y ha sido producida por las organizaciones Casa Argentina en Jerusalem y la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

La provincia agrícola ganadera de Santa Fe no se caracterizaba por su observancia judía. Sin embargo, poseía un elevado número de estudiosos que se fijaron como objetivo cuidar la continuidad del estudio de la Torá, aún en las colonias más pequeñas.

En el mencionado filme documental, he tenido la oportunidad de ver cuadros inolvidables de los judíos en las colonias. Se ven y hablan como judíos orgullosos y cultos. Montan a caballo, aran la tierra y estudian Torá en la sinagoga, lugar en donde se deposita la esperanza y el espíritu de lo eterno.

Cuando concluye el filme, Baruj dice, respondiendo a una pregunta, que en realidad nunca se fue de Las Palmeras. Se impone la pregunta: ¿Cómo es posible que un judío como Baruj Tenembaum, de cultura universal y orgullo nacional cultural, una persona inteligente, dueño de un excelente humor por un lado y de una profunda preocupación por el destino de Israel por otro, diga de sí mismo que, en realidad, nunca se fue de Las Palmeras?

Creo conocer la respuesta: Las Palmeras nunca fue un pueblo. Fue creciendo hasta convertirse en urbe imponente. ¿Qué significa ”urbe imponente”? No se trata exactamente de una gran ciudad donde abundan calles y comercios, sino de un lugar que posee varias opciones educativas para brindar una vida más elevada a los judíos y hombres en general. Las Palmeras es un concepto, todo un universo del cual Baruj nunca se salió.

El destino de los hijos

Nos refiere Máximo Yagupsky sobre sus primeras vivencias en Las Palmeras, a la que llegó en calidad de nuevo inspector de escuelas para seleccionar alumnos para el Majón Lelimudei Haiahadut (Instituto Superior de Estudios Religiosos Judaicos) en Buenos Aires. Citemos entonces su charla con un distinguido jefe de familia, el señor Iche Tenembaum (padre de mi amigo Baruj). La charla tuvo carácter de examen, según sus palabras, pues Iche y su esposa Ite le tomaron una prueba al inspector, quien escribe: ”Ellos tuvieron noticia de que mi padre era `shojet’ (matarife), y que su hogar era un hogar judío como Dios manda. Sin embargo, eso no les bastaba. Ellos querían saber si sus dos hijos, Malkiel y Baruj, a los que querían enviar a Buenos Aires para continuar los estudios, podrían observar la dieta judía, rezar y hospedarse en una pensión judía”.

Tan consternados estaban el señor Tenembaum y su esposa por el destino de sus hijos en Buenos Aires, que acercaron un proyecto excepcional sobre cuyas características no tengo antecedentes.

El padre de los hermanos Tenembaum exigió que el inspector responsable de la educación de sus hijos jurara que cumpliría su promesa ante el Arón Kodesh (Arca Sagrada de la Ley) abierto, en la sinagoga de Las Palmeras.

”Sumamente conmovido por la excepcional exigencia que los padres me presentaron -escribe Máximo Yagupsky-, les concedí su deseo y fui con ellos a la sinagoga, y ante el Arón Kodesh abierto les juré que cuidaría de sus hijos, Malkiel y Baruj, según su imposición. íSí, juro!, les aseguré a Iche e Ite”.

En cuanto supe de este juramento descomunal y fantástico me emocioné profundamente, quedé terriblemente conmovido y permanezco aún perplejo ante el hecho de que semejantes vivencias hayan acaecido en un país lejano y extraño para mi como Argentina, y no en Israel.

Cuando un judío emigraba a Israel, él y su familia en la diáspora, creían que el sólo hecho de vivir en la Tierra Sagrada les aseguraba la continuidad y observancia del judaísmo. Según lo que sabemos, se equivocaron totalmente.

Esta fue justamente la preocupación de los judíos lituanos (los Tenembaum lo son): que sus hijos se alejaran del legado de sus mayores en la lejanía geográfica y espiritual. Por ello la necesidad del compromiso ante el Arón Kodesh abierto. Imaginemos la escena dentro de una sinagoga humilde, en un diminuto pueblito. Un juramento increíble para asegurar el futuro de la heredad. Una historia que suena a leyenda.

Zvi Kolitz*

Pueblo centenario

Situado a 200 kilómetros de la capital santafesina, Las Palmeras es un pequeño pueblo ubicado en el noroeste del departamento San Cristóbal, que debe su nombre a formaciones naturales de palmeras en la zona avistadas por posibles obreros ferroviarios, allá por el año 1902.

El distrito de Las Palmeras adquiere autonomía a partir del 26 de febrero de 1924 al constituirse la primera comisión de fomento. Actualmente, el pueblo homónimo es su cabecera.

Su superficie asciende a 19.223 hectáreas y el radio urbano absorbe el mayor número de población, con 539 habitantes (77%). El campo está poco poblado, y viven allí 157 personas (23%).

Las Palmeras debe su existencia a un asentamiento de 30 familias de Bialystok (Rusia), que se estableció sobre la línea cerca de la cual se inauguró la estación del ferrocarril Las Palmeras, con ese nombre; además por 50 familias procedentes de Rumania que se ubicaron en la línea Zadoc Kahn, próxima a la localidad de Palacios, hecho que ocurría entre los años 1902 y 1904.

Los nuevos colonos llegaron por iniciativa de delegados de la Jewich Colonization Asociation (JCA Empresa Colonizadora fundada en Londres en 1891 por el filántropo y capitalista Barón M. de Hirsch).

En ese sentido, las directivas de emigración estaban dadas en la vecina Moisés Ville, considerada embrión de la colonización judía en la zona. Estas familias abandonaron las tierras que las vio nacer y crecer, con el único fin de alejarse de las opresiones y vejaciones del régimen zarista imperante en la Rusia del siglo XIX.

* Zvi Kolitz es Profesor emérito de la Yeshiva University de Nueva York, y autor -entre otras obras- de ”Yosel Rakover le habla a Dios” (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999. Traducción de Eliahu Toker)
Más información en internet: www.laspalmeras.com.ar