Noviembre 11, 2003

Legado de los inmigrantes

Fuente de prensa:

Los judíos que llegaron a nuestro país recuerdan episodios dolorosos

El filme de Vivian Imar y Marcelo Trotta muestra el primer arribo a Buenos Aires, en 1889, de ochocientos veinte judíos europeos a las colonias agrícolas que se fundaron en el Litoral y el desarrollo de una colectividad vastísima.

Los judíos que llegaron a nuestro país recuerdan episodios dolorosos. El testimonio de Esther (80), hablando en ”idish”, abre el documental ”Legado”, de Vivian Imar y Marcelo Trotta, que reconstruye la historia de los colonos judíos que se afincaron en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires a fines del siglo XIX y será exhibido en diciembre, en los festivales de cine judío de Miami y Washington, antes de su estreno en la Argentina.

El filme participó exitosamente en el Festival de Cine de La Habana y compitió en la sección oficial de documentales del último certamen de Biarritz. Los realizadores señalaron su interés de que ”se estrene en los Estados Unidos, donde provocó mucho interés”, dicen Imar y Trotta, que además dirigen el Centro de Investigación Cinematográfica.

LOS GAUCHOS JUDIOS

El documental, que fue producido con aportes de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, describe la llegada al país en 1889 del primer grupo de inmigrantes judíos que se instaló en el campo argentino escapando del maltrato y las persecuciones que sufrían en Rusia, en ese entonces zarista.

”Legado” muestra a los colonos que fueron construyendo una nueva vida en el interior del país y cómo esos primeros asentamientos, más tarde, dieron origen a decenas de colonias agrícolas y al surgimiento de la figura del ”gaucho judío”.

Al comparar a los colonos judíos con la actual situación social que se vive en la Argentina, Trotta señaló que ”la película adquiere un valor especial al mostrar a esa emigración y confrontarla con los muchos argentinos que buscan huir hacia otros países, como ocurre actualmente. ”Legado” es como un mensaje que afirma la posibilidad de que otro país, a pesar de la crisis actual, es posible”.

El libro cinematográfico de Imar y Trotta comienza con la llegada a la Argentina, en 1889, de ochocientos veinte judíos a bordo del vapor ”Wesser”. Esos primeros barcos colmados de inmigrantes que huían del régimen zarista de Rusia lo hicieron con la ayuda de la Jewish Colonization Association, que arribaron a una tierra extraña, en la que, además, se hablaba un idioma desconocido.

El rodaje de la película se realizó en diversas etapas y entre los lugares en los que se obtuvieron los registros más significativos se menciona Basavilbaso, Domínguez, Villa Clara y San Salvador, en Entre Ríos; Moisesville, Las Palmeras, Palacios y Monigotes, en Santa Fe, y Carlos Casares y Médanos, en Buenos Aires.

Para la filmación se reacondicionaron y ambientaron salas de teatro como la ”Kadima” (en Moisesville), se reabrieron sinagogas de campo, se pusieron en funcionamiento carros rusos de la época tirados por caballos y se rescataron muebles y objetos antiguos pertenecientes a los colonos.

La investigación reúne los testimonios de varios colonos y sus descendientes y el rodaje de algunas escenas también obligó a los directores a viajar a Israel y a los Estados Unidos.

”Queríamos hacer un homenaje a la inmigración judía, pero al mismo tiempo rendir un tributo a los inmigrantes de las distintas nacionalidades que desembarcaron en el país y ayudaron a su desarrollo”, coinciden en definir Imar y Trotta.

La película está relatada por una voz en off, que habla en iddish, un idioma que, prácticamente, no emplean las nuevas generaciones de judíos y que aparece en la voces de Shifra Lerer y Cristina Murta, las que grabaron sus textos en un estudio de Nueva York.

DE PADRES A HIJOS

Acompañando la historia en off aparecen los testimonios de los inmigrantes y sus hijos, que van armando el relato de lo que fue esa colonización agrícola, incluida la epopeya de la lucha contra las plagas, las inundaciones y otras peripecias que tuvieron que superar los gauchos judíos.

”Lo particular de esta colonización es el legado cultural y tradicional que aportó a las generaciones posteriores y que actualmente se está perdiendo, aunque el legado espiritual y religioso que nos dejaron aquellos primeros colonos sigue en pie”, destaca Imar.

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