Octubre 16, 2004

Historias de vidas

Fuente de prensa:

CINE: DETRAS DE ”LEGADO”

Vivian Imar, codirectora del documental que se estrenó esta semana, cuenta avatares de su producción.

Cuántas veces se habrá dicho lo del crisol de razas, aquello de que ”los argentinos venimos de los barcos” y de que éste es el país más europeo de Latinoamérica. Legado pone la lupa sobre esas frases hechas para contar una historia, la de los inmigrantes judíos que llegaron al país desde fines del siglo XIX y se convertieron en los ”gauchos judíos” de las colonias agrícolas de las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, La Pampa, Buenos Aires y Santiago del Estero.

”Siempre nos preocupó preservar la memoria”, cuenta Vivian Imar, directora de la película junto con Marcelo Trotta. Por eso, la voz en off que lleva el hilo conductor de la historia habla en idish, el idioma de esos inmigrantes, que hoy está cayendo en desuso. Esa narración en primera persona —a cargo de la actriz Shifra Lerer, nacida en las colonias— cuenta la experiencia de una abuela ficticia que podría ser cualquiera de los 820 judíos llegados en 1889 a bordo del vapor Weser, huyendo de los pogroms de la Rusia del zar Alejandro III.

Aquellos pioneros consiguieron que el terrateniente Pedro Palacios les vendiera propiedades en el litoral, pero ahí se encontraron con que no había nada de lo que se les había prometido: ni viviendas, ni herramientas, ni ayuda. Abandonados al hambre y las enfermedades, salieron de esa situación gracias a la Jewish Colonization Association (JCA), fundada por el barón Mauricio de Hirsch, y el médico Wilhem Loewenthal. Así surgieron Moisés Ville y tantas otras colonias.

La investigación empezó en 1992 y llevó a Imar y Trotta a esos lugares —la propia Moisés Ville, Basavilbaso, Domínguez y otros—, donde entrevistaron a más de 200 personas; hijos y nietos de esos inmigrantes, que conservan el espíritu de los precursores. ”Ellos tenían la preocupación de darles una formación cultural a sus familias —indica Imar—, que sus hijos fueran profesionales, buenas personas y mantuvieran la tradición judía. Y eso se mantiene vivo: a cada generación le preocupa conservar el legado para las próximas generaciones”.

En varios de los pueblos, el equipo de filmación reacondicionó sinagogas, carros rusos, muebles, y hasta el célebre teatro Kadima de Moisés Ville. Pero las imágenes muestran cierta desolación: ”No son pueblos fantasmas, aunque queda poca población y los judíos son muchos menos que antes”, dice la cineasta. Y recuerda que hace poco, cuando volvieron a Palacios —la primera base de los gauchos judíos—, se encontraron con la estación ocupada por gente que perdió todo en las inundaciones de Santa Fe. ”Ahora, con el país devastado, deberían servir como ejemplo esos inmigrantes, que vinieron a una tierra desconocida y, sin nada, hicieron mucho”.