¿Y si hablamos de valores?

Fuente de prensa:

”Sin fortuna, que nunca deseé por ser carga pesada en la incesante pugna”, dice Sarmiento en su testamento político. Y nos define una escala de valores en que la ”pugna” pasa por encima de todo. Pero hay algo más: Sarmiento ha construido su gigantesca vida pública sin dinero, nos lo informa de manera indirecta y simple. Para todos los grandes políticos de la primera mitad del siglo XX, el dinero fue accesorio o, francamente, estorbo. Y en la segunda mitad, por lo menos tres presidentes constitucionales hicieron sus campañas casi sin dinero: Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Alfonsín.

Para Sarmiento, la ”realización” de su vida estaba en esa pugna, en el hacer, y ésa ha sido la regla de conducta de los buenos políticos argentinos de todos los tiempos, incluyendo a muchos de nuestros contemporáneos. Ese valor de servicio público y de reconocimiento moral los ha incitado. Pero la incitación no tendría sentido si la sociedad misma no hubiese tenido esos valores al tope. ¿Cómo somos hoy?

Hace pocas semanas, la revista francesa L´Express dedicó su nota de tapa a las recetas de felicidad de los franceses. Y el elemento numérico de la nota fue una encuesta a 1006 personas hecha por Scan para Lab´Ho. Como Francia es una sociedad satisfecha (89 por ciento de las respuestas), revisé los datos para tratar de establecer una correspondencia entre su bienestar colectivo y sus valores individuales. No pretendo que la información tenga más valor que el periodístico, pero pica.

En un sistema de respuestas múltiples, al preguntárseles cuál era un recurso muy importante para el éxito, el 87 por ciento eligió ”tener voluntad”, y sólo un 37 por ciento, ”tener suerte”. Entre una y otra opción quedaron ”ser apoyados por el entorno” (62 por ciento), ”disponer de recursos financieros”(44), ”ser inteligente” (42), ”haber hecho buenos estudios (42). Interesante es observar que el último rubro, ”disponer de relaciones sociales”, sólo recibió un 33 por ciento de respuestas, lo cual muestra una sociedad en que la ”palanca” no es importante. La voluntad, el entorno (una sociedad que encuadra y un sistema financiero que da crédito barato) y la capacitación parecen formar un terceto de oro.

La construcción verdadera de una nación

La otra gran aventura fue analizar el cuadro ”¿Cuáles son sus modelos de éxito?”, o sea, cuáles son los mejores caminos para triunfar según la mirada de un francés medio. Lean bien: ”el investigador”, 59 por ciento; ”madre de familia”, 57; ”el empleado honesto y responsable”, 55; ”el creador de empresa”, 48; ”el deportista de alto nivel”, 32; ”pensador y filósofo”, 30; ”artista”, 27; ”estrella del show business ”, 8; ”carrera política”, 7; ”el seductor”, 5 por ciento.

Mi primera tentación fue, simplemente, dar vuelta estos dos cuadros y preguntarme si, invertidos, no representan a la sociedad argentina. No estoy seguro de que en el fondo de nosotros mismos no pensemos también que voluntad, entorno y capacitación son los grandes instrumentos, y que suerte y palanca son las basuras que nos venden masivamente los medios de comunicación.

Pero el segundo cuadro es más dramático. Hace ya varios años que el venerable Manuel Sadosky y otros amigos científicos están alarmados por la baja de vocaciones por las ciencias ”duras” entre nuestros estudiantes del secundario, que han caído del 30 al 15 por ciento en poco más de veinte años. Es seguro que ”el investigador” no tiene entre nosotros la promesa que tiene en Francia. Al lado de eso hemos visto proliferar a ”empresarios” que buscan caras bonitas -con ambiciones de llegar al show-business , y los medios audiosuales nos aturden con las vidas, los millones y los caprichos de los futbolistas. Me temo que en el caso de este segundo cuadro, la inversión que propongo sea tristemente valedera. Miramos a nuestras vidas y a nuestro futuro exactamente al revés de los franceses. ¡Y tenemos a la vista que aunque ganemos el próximo mundial de fútbol, algo probable, nada cambiará en nuestras frustraciones cotidianas, nuestra desocupación y nuestra desesperanza!

¿No habrá llegado el tiempo de trabajar sobre nuestra crisis de valores? ¿En qué consiste ”la incesante pugna” de vivir, para nosotros? Sarmiento nos da una clave que, mirando a las sociedades más avanzadas, no parece haber perdido nada de su vigencia. Y él vale como ejemplo porque fue un gozador de la vida; le encantaba el sexo y se deleitaba comiendo todo lo que su médico le había prohibido: lechón asado, ensalada de pepinos y chicha de uva traída de su San Juan.

Si no abrimos este debate, me parece que no habremos abierto el debate sobre el futuro de la Argentina. Desde mucho antes del gobierno de Carlos Menem ya teníamos instalados en el pensamiento público valores extravagantes, con toques mágicos: ”la Argentina potencia”, ”la derrota de Gran Bretaña”…Y después vinieron ”el Primer Mundo” y ”el peso es igual a un dólar”. No voy a hacer una lista. Lo común a todos estos sueños es que, para la construcción verdadera de un país, han sido contravalores, porque en el lugar de la voluntad colocaron la suerte y, en todos los casos, desmerecieron el esfuerzo constante y silencioso de la investigación, que es un buen modelo.

Sabemos que estamos mal. Pero por ahora todo lo contamos como una historia de desaciertos, malos amigos externos, mala suerte y falta de hombres providenciales. ¿Y los valores? ¿No tuvieron algo que ver con dar la vida por la Independencia, darla después luchando contra los tiranos y ponerla luego al servicio de la gran construcción que pronto va a cumplir doscientos años?

¿Y si volvemos a discutir los valores de aquí para adelante?

El autor es escritor y economista.