octubre 24, 2014

Los Estados democraticos necesitan un nuevo Wallenberg

Fuente de prensa:

Por Grigori Chvedov y Aage Borchgrevink

Bajo el pretexto de la guerra en Ucrania, Rusia y sus países vecinos están atacando a los defensores de Derechos Humanos y a los medios de comunicación. Los Estados democráticos deben trabajar para proteger a los defensores de Derechos Humanos en situación de peligro.

La guerra que se desata en el este de Ucrania retrotrae las relaciones entre Rusia y Occidente a la época previa a Gorbachov. La lucha interna entre fuerzas liberales y regímenes autoritarios toma una dirección equivocada en Rusia y en varias antiguas repúblicas soviéticas.

En Rusia, en el Cáucaso Norte, el activista civil y bloggero Timour Kouachev fue encontrado muerto recientemente después de recibir una inyección con una sustancia desconocida en la axila, lo cual hace presumir que se trató de un asesinato.

Hace 13 meses, Akhmednabi Akhmednabiev periodista de la agencia Caucasian Knot internet 24/7, fue asesinado en la puerta de su casa. Las autoridades cerraron la investigación por falta de sospechosos. Muchas ONG defensoras de los Derechos Humanos se vieron obligadas a denunciarse como “agentes extranjeros”, doblegándose ante la medida, bajo amenaza de multas y cierre de la organización. La medida impuesta recuerda a la estrella amarilla que los judíos tuvieron que coser en la ropa.

En Azerbaidján, las autoridades detuvieron a varios defensores de derechos humanos eminentes. Khadija Ismayilova, periodista e investigadora de renombre internacional, fue afectada por la prohibición de viajar. Activistas como Rasul Jafarov, que puso en marcha la campaña Cantar para la Democracia durante el concurso de Eurovisión en Bakú, Aliyev Intiqam, Leyla y Arif Yunus fueron encarcelados y acusados de alta traición. El 21 de agosto, desconocidos atacaron la oficina del Centro de Recursos para el desarrollo de las Derechos Humanos, que trabaja en el centro, fue terriblemente golpeado. Esta nueva ola de represión no ha llamado la atención de los medios internacionales ocupados en Gaza, Irak y Ucrania.

Lo más preocupante es la falta de una fuerte reacción por parte de las principales instituciones de derechos humanos, tales como el Consejo de Europa (CE). Su secretario general, Thorbjorn Jagland emitió un comunicado de una debilidad ejemplar, mientras que Azerbaidján sigue presidiendo el Comité de Ministros, que toma las decisiones más importantes de la CE. En Azerbaidján el Consejo de Europa no protege los valores que se supone debe encarnar.

Muchos estados han detallado los principios de protección de los defensores de los Derechos Humanos, pero sus embajadas son incapaces de sostener a sus defensores contra la nueva ola de represión. Hay ejemplos recientes de defensores huyendo, que no recibieron el apoyo de las embajadas de los países occidentales por la sencilla razón de que estaban a la espera de los nuevos embajadores. A pesar de los principios proclamados, el sistema de protección actual parece totalmente insuficiente.

Aunque la ola de detenciones pueda ser un fenómeno temporal, el verdadero problema es que los Estados democráticos deben establecer un nuevo sistema de medidas si es que realmente tienen la intención de apoyar y proteger a los defensores de los Derechos Humanos. Desafortunadamente, el trabajo de estos defensores es cada vez más peligroso. Proponemos cuatro medidas simples para ayudar a los periodistas y los activistas locales en caso de emergencia.

Los defensores y sus familias deben adquirir visas de entradas mútiples para los países de Europa y América del Norte por si tuvieran que partir con urgencia. El régimen de visados actual es pesado y no permite una estancia a largo plazo si el solicitante no ha realizado varios viajes a los Estados Unidos (o Europa).

Las embajadas necesitan instaurar medidas para poder evacuar inmediatamente a los defensores en peligro. Si Raoul Wallenberg fuese diplomático hoy, ¿cómo actuaría?

Los Estados democráticos deben apoyar el establecimiento de becas y pasantías para los defensores de los derechos humanos en sus universidades, centros de investigación e instituciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega está fundando un programa para los profesores de las universidades del Caucaso ruso que incluye pasantías en Moscú y en Oslo. Proyectos similares facilitan el flujo de información, la transferencia de habilidades y también pueden ayudar a resolver los problemas de seguridad, si proporcionan oportunidades de becas a largo plazo.

Los defensores de los derechos humanos encarcelados también deben recibir apoyo: los presos pueden necesitar alimentos, medicinas, sus familias pueden tener problemas financieros. Memorial, centro reconocido por la defensa de los derechos humanos el centro de Rusia, publicó recientemente una lista de 45 presos políticos detenidos en Rusia, siendo algunos de ellos defensores de los derechos humanos. El número de presos políticos en Azerbaidján es de casi cien, según la lista elaborada por los defensores locales (actualmente encarcelados también).

Para crear un mecanismo de defensa eficaz, habría que establecer un procedimiento que permita reconocer cuando los defensores están en peligro. Las principales organizaciones internacionales de Derechos Humanos (Human Rights Watch, Freedom House, Frontline, The International Federation for Human Rights, Amnistía Internacional, The Helsinki Network, The Human Rights House Foundation y otros) pueden proporcionar información esencial sobre estos casos. Seguramente habrá que prever una estructura para que estos grupos puedan presentar los casos, lo que a menudo se está produciendo ad hoc.

El abogado Gao Zhisheng, destacado defensor de los derechos humanos en China, fue liberado recientemente de la cárcel después de tres años de prisión. Gao parece haber sufrido un traumatismo grave, no es capaz de comunicarse adecuadamente y no se sabe si algún día podrá tener una vida normal. Para que este tipo de tragedias no sigan afectando a las personas que arriesgan sus vidas luchando por los derechos de sus conciudadanos, los Estados democráticos deben pasar de las declaraciones a los actos.

No es complicado. No es costoso. Es algo correcto que se debe hacer.

En memoria del diplomático sueco que salvó miles de vidas al final de la Segunda Guerra Mundial, debemos crear el “procedimiento Raoul Wallenberg” que proteja los derechos humanos y a periodistas en peligro.

Grigori Chvedov (Agencia de Internet Caucasian Knot y jefe de redacción). Aage Borchgrevink (Asesor del Comité Helsinki de Noruega)

Traducción: Lic. Diana Liniado, Fundación Raoul Wallenberg