Febrero 14, 2013

Jack Fuchs y el delicado arte de transmitir el Holocausto

Fuente de prensa: Revista Eñe

Pasó por Auschwitz y perdió a toda su familia en los campos de concentración. A sus 89 años, este polaco que vive en Buenos Aires irradia lucidez y humor inteligente. Es uno de los últimos sobrevivientes y el protagonista de “El árbol de la muralla”, el documental de Tomás Lipgot que estrena el jueves en dos salas porteñas. “Es lo más parecido a un sabio que he conocido”, dice el director.

Jack Fuchs necesitó 40 años de silencio para procesar el horror que vivió. A los quince años, los nazis lo encerraron junto a su familia en el gueto de su ciudad natal, Lodz, en Polonia. Hasta que en 1944 lo deportaron al campo de Auschwitz, último lugar en que vio a sus padres y dos hermanos antes de que lo seleccionaron para trabajar en el campo de Dachau, donde permaneció hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En 1993, Fuchs fue entrevistado por la fundación de Steven Spielberg, que registró a los sobrevivientes del Holocausto. Desde entonces, Fuchs rompió el silencio y se dedicó intensivamente a la difusión de la Shoah en numerosas instituciones, escuelas y universidades en varias ciudades del país. Escribió los libros Tiempo de Recordar (1995, Editorial Milá) y Dilemas de la Memoria (2006, Editorial Norma).

Como en Ricardo Becher, Recta Final (2011) y Moacir (2012), en este filme El árbol de la muralla (2013) Lipgot rescata a una persona que a pesar de haber vivenciado el espanto, no sólo logró rehacer su vida sino que transmite una serenidad y lucidez propias de un sabio. “Muchas veces la gente no entendía cómo los sobrevivientes pudimos retomar nuestras vidas y formar una nueva familia. Pero a pesar de todo lo que nos sacaron los nazis, nosotros ganamos porque nunca pudieron deshumanizarnos”, cuenta Fuchs en la película, que se estrena este jueves en los cines Gaumont y ArteCinema.

Tomás Lipgot, el director, habló con Revista Ñ digital sobre las dificultades de representar el horror y por qué utilizó animación e imágenes filmadas por el propio Fuchs en su nuevo documental. Además, explicó que tienen en común sus películas. “Sus protagonistas, Ricardo Becher, Moacir y Jack, son personajes que vienen de situaciones muy extremas y dolorosas, pero son personas muy luminosas y fuertes que han logrado hacer alguna alquimia con ese dolor que han sufrido. Eso es lo que más me seduce de ellos. Son personajes muy activos”, aseguró el cineasta.

-No tenía intenciones de hacer un filme sobre el Holocausto. ¿Cómo surgió El árbol de la muralla?
-Esta es la primera película que hago que no surgió inicialmente de un deseo propio. Eva Puente, la escritora del libro que lleva el mismo título que la película, me insistió en que conociera a Jack Fuchs ya que, según ella, tenía la impronta de los personajes a los que suelo retratar en mis documentales. A decir verdad, no tenía intenciones de hacer un filme sobre un sobreviviente del Holocausto. Me parecía una temática compleja, inabordable. Sin embargo, apenas conocí a Jack me apropié del deseo de hacer la película porque es un ser humano excepcional. Y no solamente por ser historia viva. Es lo más parecido a un sabio que he conocido. A todos los que lo tratamos nos sucede algo de lo más extraño cuando lo visitamos: salimos de su casa con una alegría y vitalidad que nos descoloca. El sentido común dice que uno no debería salir con semejante estado emocional luego de visitar a un sobreviviente de Auschwitz. Es que cuesta creer que Jack, que jamás se victimiza, haya sufrido los peores horrores que un ser humano se pueda imaginar durante la Segunda Guerra Mundial.

-¿Cómo se acercó al protagonista?
-Me tomó varios meses de encuentros y conversaciones ganarme la confianza de Jack, pero desde el momento en que aceptó ser parte de la película fue una persona muy generosa. Puso a mi disposición todo su archivo personal.

-Fuchs cuenta en la película que por décadas no pudo hablar sobre sus experiencias en el gueto y en los campos de concentración.
-Jack guardó silencio 40 años, el mismo tiempo que el exilio judío en el desierto. Pero cuando comenzó a hablar, literalmente no paró de hacerlo y eso se convirtió en su misión en la Tierra. Su silencio también se debió a que finalizada la guerra, pasaron muchísimos años hasta que el mundo aceptó la existencia de los campos de la muerte. El tema se empezó a instalar masivamente recién a fines de la década del 70, con la serie estadounidense Holocausto, y la discusión se profundizó a partir de las más de nueve horas de Shoah (1985), la película del francés Claude Lanzmann. Pero el genocidio recién se hizo conocido por millones de personas en todo el mundo con La lista de Schindler (1993), de Steven Spielberg.

-En una escena de la película, Jack Fuchs le dice a Elsa Oesterheld que ellos estuvieron condenados a vivir, al mismo tiempo que sus familias fueron condenadas a morir. ¿Cómo es su relación con Elsa?
-Lo único que me pidió Jack cuando le planteé hacer una película fue que quería que apareciera Elsa Oesterheld. Se conocieron hace muchos años en una charla y se dio una ósmosis entre ellos muy fuerte. Los dos tienen historias similares y han pasado un grado de dolor tan grande, que sólo ellos pueden entenderse. Elsa es muy vital, una luchadora, en ese sentido se parece a Jack porque ninguno de los dos se quedó estancado en su historia personal.

-¿Cree que se puede representar el horror?

-Creo que el horror es irrepresentable, pero audiovisualmente uno puede plantear estrategias para remitir a una idea o un recuerdo. Intenté emular a Jack, que dice que no es conveniente “arrojar cadáveres ensangrentados” cuando se trata del delicado arte de la transmisión del Holocausto. Intenté no caer en la pornografía del horror, punto de vista que a mi parecer podría obturar cualquier posibilidad de reflexión en el espectador.

-¿Por qué decidió utilizar animación?
-Se me ocurrió que la animación, que es un campo que me interesa mucho, es un buen recurso para contar los recuerdos de Jack cuando finalmente recupera su libertad 6 años después. No quise utilizar las imágenes de cuando los aliados entraron a los campos. Fuchs siempre dice que los aliados no los liberaron, sino que los encontraron, algo que es muy diferente.

-También utiliza animación para recrear algunos recuerdos de la infancia de Fuchs, antes de que irrumpieran los nazis.
-Me pareció importante rescatar sus recuerdos de infancia para que el espectador pueda transportarse a cómo era la vida en su barrio de Lodz, antes del nazismo. Diana Wang, hija de sobrevivientes del Holocausto, dice que es importante para ellos conocer cómo era la vida de sus familiares antes de la Shoah y le agradece a Jack por compartir las canciones, las comidas y la cultura que se vivía en esa colectividad judía de Polonia. El siempre tiene muy presentes sus vivencias antes de la guerra y dice que a pesar de todo lo que le sacaron los nazis, nunca pudieron deshumanizarlo.

-Usted muestra imágenes de lo campos de concentración de Polonia acompañados por una música. ¿Por qué eligió esa estética?
-Filmé en Auschwitz-Birkenau y Majdanek. Me costó encontrar de qué forma filmar los campos, porque son museos, pero al mismo tiempo parecían parques temáticos donde los turistas van a sacar fotos, y no vi a nadie conmovido por lo que había sucedido allí. Intenté abordar esas perfectas maquinarias de la muerte desde su estética, su arquitectura transmite el amor por la muerte que tenían los nazis. Y la música que acompaña las imágenes intenta demostrar esa belleza por el tánato que adoraban los SS.

-También incorporó el registro que hizo el propio Fuchs cuando regreso a Lodz 40 años después.
-Creo que esas imágenes son las más interesantes de toda la película. Jack filmó lo que le sucede al reencontrarse con su ciudad natal. Esta sufrió pocos cambios, pero él ya no se reconoce en ella. Es impactante el recorrido que realiza por el cementerio judío, donde vuelve a hablar en ídish, su lengua materna, y dice que la única prueba que existe de los más de 200 mil judíos que vivían en Lodz, está en las tumbas del cementerio.

Ficha Técnica

El árbol de la muralla (2013). Duración 75 minutos. Argentina.

Guión, Producción y Dirección: Tomás Lipgot

Producción Ejecutiva: Constanza Sanz Palacios

Montaje: Leandro Tolchinsky

Investigación: Eva Puente

Dibujos: Nahuel Ferreyra

Sonido: Andrés Polonsky

Director de Animación: Pablo Calculli

Música: Pablo Nemirovsky

Cámara: Tomás Lipgot

Postproducción de Imagen: J. Marino Morduchowicz

Producida por Duermevela con el Apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), la Fundación Universidad del Cine (FUC), la Embajada de Polonia en Buenos Aires y la Cancillería Argentina.

Se estrena este jueves 14 en el cine Gaumont y ArteCinema. A partir del 28 de febrero se proyectará en la sala del Centro Cultural San Martín.