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	<title>The International Raoul Wallenberg Foundation &#187; Historias</title>
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		<title>Carta de Paula y Erno Friedman</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2007 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[A quien esto puede concernir:
Soy una sobreviviente del Holocausto. Nací en Hungría. En 1944, fui enviada con los míos a Auschwitz. Fuimos liberados de Bergen-Belsen en Abril del 1945.
Somos muy agradecidos al gobierno sueco por ser los primeros en ayudarnos en tiempos tan espantosos. El Rey Gustavo V invitó a 10.000 sobrevivientes del Holocausto, enfermos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>A quien esto puede concernir:</strong></p>
<p>Soy una sobreviviente del Holocausto. Nací en Hungría. En 1944, fui enviada con los míos a Auschwitz. Fuimos liberados de Bergen-Belsen en Abril del 1945.</p>
<p>Somos muy agradecidos al gobierno sueco por ser los primeros en ayudarnos en tiempos tan espantosos. El Rey Gustavo V invitó a 10.000 sobrevivientes del Holocausto, enfermos, y a sus familiares a venir a Suecia. Los suecos les proporcionaron barcos y personal médico, los cuidaron, los pusieron en sanatorios, clínicas de reposo, hospitales y escuelas. El Rey Gustavo V fue seguramente enviado del cielo por salvar a esos Judíos restantes, y su recompensa es grande. Como dicen las fuentes judaicas, se considera que alguien quien salva una vida salva al mundo entero. ¡Y cuánto más ya que salvó tantas vidas!</p>
<p>Una oficina de Raoul Wallenberg se estableció en Estocolmo. Una amiga de la familia, Vera Muller, trabajo allí. La oficina mandó 10 coronas a todos los niños húngaros para sus cumpleaños. Cada joven recibió el dinero… excepto una. Esta niña lloraba y continuaba: ”¿Qué pasa conmigo?” se lamentaba. ”¿No soy húngara?¿Por qué estoy excluida?” Me rompió el corazón. Escribí una carta a la oficina de Raoul Wallenberg, describiendo la situación y pidiendo que rectificaran eso para que la niña no se sintiera huérfana. Hasta hoy, todavía me siento agradecida por su linda cooperación.</p>
<p>Mi esposo, Erno Friedman, nació en Hungría. En 1944, mientras se escondía como un Gentil en Budapest, vio como Raoul Wallenberg viajó por todas partes para rescatar a judíos. Los sacaba de las marchas de la muerte y de los trenes de carga, les proporcionaba documentos que les identificaban como sujetos suecos, y estableció las ”Casas Suecas”. Pensamos que fue el único en la Segunda Guerra Mundial que arriesgó su vida para confrontar a los oficiales Nazis e intentar razonar o amenazar con ahorcarlos como criminales de guerra si procedieran con su plan atroz.</p>
<p>Esos son algunos de los recuerdos que guardamos mi esposo y yo por más de seis décadas.</p>
<p>Respectuosamente,</p>
<p><strong>Paula y Erno Friedman<br />
Brooklyn, NY</strong></p></blockquote>
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		<title>Tomás Kertesz: ”Gracias a Wallenberg, yo estoy con vida”</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[kertész]]></category>

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		<description><![CDATA[”Yo estaba entre la gente que iban a meter en los vagones, y él mismo se ocupó de salvar a los que teníamos pasaporte sueco”, recuerda el arquitecto húngaro Tomás Keretesz, en su departamento de Belgrano. Corría 1944 y Tomás tenía 16 años. Se le nubla la mirada cuando cuenta cómo Raoul Wallenberg se movía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>”Yo estaba entre la gente que iban a meter en los vagones, y él mismo se ocupó de salvar a los que teníamos pasaporte sueco”, recuerda el arquitecto húngaro Tomás Keretesz, en su departamento de Belgrano. Corría 1944 y Tomás tenía 16 años. Se le nubla la mirada cuando cuenta cómo Raoul Wallenberg se movía entre los andenes de la estación de Budapest para salvar a miles de judíos que iban a los campos de concentración nazis.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-1385" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/1385.jpg" width="266" height="189" />”Gracias a él estoy con vida”, musita Tomás, de cabello blanco y rostro sereno, hoy con 73 años. Por medio de un amigo de su padre, Tomás había obtenido de manos del diplomático un pasaporte sueco que lo salvó más de una vez de la muerte.</p>
<p>En otra ocasión también estuvo cerca. Fue cuando volvía con su padre de un campo de trabajo en las afueras de Budapest y habían caminado bajo la lluvia un día entero. ”Los que no aguantaban el ritmo o se sentaban, los fusilaban”, recuerda Tomás y señala que él mismo se quedó dormido parado, apoyado en una pala. Al día siguiente apareció una persona que preguntó si conocía a algún sueco. ”Yo le mostré un negativo de mi pasaporte, de 24 por 36 milímetros, y eso fue suficiente. Nos salvó la vida”.</p>
<p>Las propias manos de Tomás entregaron centenares de salvoconductos. Cuenta que, para otorgarle una mayor protección, Wallenberg lo empleó como cadete en la Embajada sueca y así el mismo Tomás se encargó de repartir pasaportes firmados por el diplomático a familias judías.</p>
<p>Pero a pesar de la inmensa tarea de Wallenberg, los nazis continuaban masacrando gente. Tomás cuenta que junto con sus padres fue sacado del edificio en donde vivían con la excusa de identificarlos. El pudo escaparse de la fila para esconderse en una cabina telefónica y luego en la casa de unos amigos donde pasó unas semanas hasta que llegaron las tropas soviéticas a Budapest. Nunca más volvió a ver a sus padres.</p>
<p>Tomás es uno de los ”Niños de la Shoah”, los chicos sobrevivientes del Holocausto, que son más de 100.000 en todo el mundo. Después de pasar un tiempo en Transilvania, vino a la Argentina a trabajar con un tío que se había establecido en 1930. ”Sobreviví la guerra porque ese fue mi destino. Y a ese destino lo ayudó mi pasaporte sueco”, resalta.</p>
<p>Sobre la misteriosa desaparición del diplomático, Tomás se lamenta. ”Es una ironía: Wallenberg salvó miles de vidas, pero a él no lo pudo salvar nadie”.</p>
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		<title>Tom Teicholz, hijo de Bruce Teicholz</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Bruce Teicholz, mi padre, conoció a Raoul Wallenberg y trabajó con él en Budapest, y lo consideró un hombre admirable.
Bruce Teicholz había llegado a Budapest a comienzos de 1942 en calidad de refugiado procedente de Polonia. (Había nacido como Benzion Teichholz, y también fue conocido por los nombres de pila Bernhard, Ben, Bronislaw, Boris, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Bruce Teicholz, mi padre, conoció a Raoul Wallenberg y trabajó con él en Budapest, y lo consideró un hombre admirable.</p>
<p>Bruce Teicholz había llegado a Budapest a comienzos de 1942 en calidad de refugiado procedente de Polonia. (Había nacido como Benzion Teichholz, y también fue conocido por los nombres de pila Bernhard, Ben, Bronislaw, Boris, y Bruno). Él alertó a la comunidad judía acerca de lo que les estaba ocurriendo a los judíos en Polonia, pero ellos no quisieron creer que lo mismo pudiera ocurrir en Hungría. Sin inmutarse, mi padre comenzó a organizar una unidad clandestina que construyó refugios, falsificó certificados de bautismo  así como otros documentos de identidad y contrabandeó personas a través de la frontera.</p>
<p>Hacia la época en que Raoul Wallenberg llegó a Budapest, en julio de 1944, Teicholz, usando el nombre-clave ”Glück” (que significa ”suerte”), conducía una unidad ”técnica” de cientos de jóvenes de ambos sexos que estaban trabajando en la clandestinidad.</p>
<p>Wallenberg era unos años más joven que Teicholz, no obstante lo cual lo impresionó mucho.</p>
<p>Wallenberg, según lo recordaría más adelante, acudía desde temprano a las estaciones de ferrocarril repartiendo pasaportes suecos y salvando vidas. Durante todo el día corría de un lugar a otro para cerciorarse de que las Casas Suecas fueran seguras.</p>
<p>Lo que mi padre admiraba tanto de Wallenberg era el que arriesgara su vida para salvar a judíos cuando no era necesario que lo hiciera. Mi padre, como judío, se sintió obligado a hacerlo por cuanto era una cuestión de vida o muerte para él y su pueblo. Pero Wallenberg no tenía esa motivación y el empeño con que actuaba impresionó a mi padre más todavía.</p>
<p>Él presenció como Wallenberg en horas de la madrugada sacaba gente de los vagones de ganado destinados a Auschwitz.</p>
<p>Wallenberg y mi padre se encontraron en varias ocasiones. La reunión más importante que tuvieron fue para discutir el hecho de que el grupo clandestino de mi padre estaba copiando los pases de Wallenberg. Cuando Wallenberg emitía uno, el grupo de mi padre imprimía 100. Wallenberg temía que los alemanes pudieran invalidarlos al sospechar que hubiera tantos suecos. Parte del problema era que los pases suecos con frecuencia iban a parar a manos de los judíos más ricos. Los pases falsificados de Teicholz eran más democráticos y los miembros del grupo los distribuían entre los judíos en toda Budapest.</p>
<p>Luego de la reunión Wallenberg aprobó que Teicholz imprimiera los pases falsificados. En forma conjunta podrían salvar muchas más vidas que las que Wallenberg hubiera podido salvar actuando sólo.</p>
<p>Mi padre vio a Wallenberg por última vez en enero de 1945, cuando los rusos entraron a Budapest. Supo varios días después que Wallenberg había sido arrestado por el Ejército Rojo. Mi padre siempre sospechó que los soviéticos suponían que Wallenberg era un espía. Nunca lo volvió a ver.</p>
<p>Mi padre, que vivió hasta 1941 en Polonia, siempre creyó que Raoul Wallenberg murió en prisión, ya sea durante los interrogatorios o a causa de las terribles condiciones carcelarias, y que los rusos quisieron taparlo todo. Según la experiencia de mi padre, si alguien sobrevivía en un gulag soviético contaba con muchas vías para enviar al exterior un mensaje fidedigno. El que Wallenberg no hubiera podido hacerlo significaba que había muerto.</p>
<p>A pesar de ello, mi padre siempre apoyó los esfuerzos de las diversas investigaciones gubernamentales y de los comités Wallenberg para llegar a la verdad de lo que le aconteció a Raoul Wallenberg.</p>
<p>En muchas ocasiones mi padre habló sobre Wallenberg con historiadores y periodistas. Fue entrevistado y su testimonio fue publicado en el libro escrito por Thurston Clarke y Frederick Werbell, ”Un héroe perdido: el misterio de Raoul Wallenberg”, así como en el de Elenore Lester, ”Wallenberg: el hombre en la Red de Hierro”. Asimismo, aparece en la miniserie de la NBC ”Wallenberg” (1985), e igualmente en trabajos de historia de Randolph Braham y Yehuda Bauer. Fue honrado por la comunidad judía de Budapest en 1988 y hay una placa en la base del Memorial del Holocausto en Budapest como reconocimiento a Bruce Teicholz ”por las vidas que salvó”.</p>
<p>Bruce Teicholz falleció en 1993.</p>
<p>Atentamente,</p>
<p><strong>Tom Teicholz</strong></p></blockquote>
<p><em>Traducción: Josefina Prytyka</em></p>
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		<title>Testimonio de Eliezer Grinwald de Holon, Israel</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Nací en Budapest, Hungría, en noviembre de 1935. Mi niñez transcurrió normalmente hasta que fui al colegio a los 6 años. Ahí fue cuando empecé a sentir que era diferente de mis amigos porque yo era judío. Nosotros, los niños judíos, sufríamos abusos continuos. Gracias a unos pocos amigos podíamos sobreponernos a los abusos.
Los problemas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/4406.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4536" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/4406.jpg" width="266" height="172" /></a>Nací en Budapest, Hungría, en noviembre de 1935. Mi niñez transcurrió normalmente hasta que fui al colegio a los 6 años. Ahí fue cuando empecé a sentir que era diferente de mis amigos porque yo era judío. Nosotros, los niños judíos, sufríamos abusos continuos. Gracias a unos pocos amigos podíamos sobreponernos a los abusos.</p>
<p>Los problemas reales empezaron a comienzos de 1944. Durante este período los hombres judíos eran conscriptos en batallones de trabajo, mi padre entre ellos. Nuestro único contacto con él era por carta. En agosto de 1944, si mi memoria no me falla, también se llevaron a mi madre. Nos dejaron solos en la casa. Éramos mi hermano, de dos años, y yo, un niño de nueve años de edad. En el barrio se corrió la voz dentro de la comunidad judía que estábamos solos sin padres y nos llevaron a una casa bajo la protección de la embajada sueca. Según mi conocimiento, habían entre 900 y 1000 niños judíos sin padres con nosotros en ese lugar. Un pequeño grupo de voluntarios, probablemente judíos, cuidaban de nuestras necesidades lo más que podían. Las condiciones eran duras. Dormíamos en el piso, no siempre con una sábana, y comíamos una sola comida al día. En octubre o noviembre de 1944 mi madre apareció en el hogar protegido después de escapar de la marcha de la muerte de los alemanes y de los húngaros.</p>
<p>La casa protegida, que era extraterritorial, no siempre era ajena al disturbio. Las bandas antisemitas sabían de nosotros y trataban de sacarnos y llevarnos a los campos de la muerte o ahogarnos en el Danubio. Recuerdo que en una de esas ocasiones una mano invisible  impedía  que esto pasara e incluso cuando estábamos a punto de ser transportados, éramos retornados a la casa.</p>
<p>En enero de 1945, cuando fuimos liberados, me dijeron que esa mano invisible que nos protegió pertenecía al diplomático sueco Raoul Wallenberg. Es gracias a él que mi hermano y yo, y miles de otros judíos, estamos con vida hoy.</p>
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		<title>Mi Recuerdo sobre Raoul Wallenberg</title>
		<link>http://www.raoulwallenberg.net/es/wallenberg-44/testimon/historias/recuerdo-raoul-wallenberg-751/</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Dedicado a mi nieta Susi. Bratislava, 1 de Agosto de 1993
Dedicado a mi nieto Misko. Bratislava, 16 de Abril de 1996
Dedicado a la Conferencia Mundial de los ”Niños escondidos” (Niños judíos que sobrevivieron al Holocausto) realizada en Praga el 2 de setiembre de 1999.
Todo comenzó en el verano de 1944, cuando la ciudad de Budapest [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>Dedicado a mi nieta Susi. Bratislava, 1 de Agosto de 1993</h4>
<h4>Dedicado a mi nieto Misko. Bratislava, 16 de Abril de 1996</h4>
<h4>Dedicado a la Conferencia Mundial de los ”Niños escondidos” (Niños judíos que sobrevivieron al Holocausto) realizada en Praga el 2 de setiembre de 1999.</h4>
<p>Todo comenzó en el verano de 1944, cuando la ciudad de Budapest experimentó los terribles horrores del anteúltimo año de la guerra.  No sabíamos que faltaba menos de un año para la victoria sobre el fascismo, solo sentíamos que no podía durar mucho tiempo más. Nuestra mayor preocupación era cómo íbamos a hacer para durar lo suficiente, cómo sobreviviríamos,  qué teníamos que hacer para vivir hasta que llegara el deseado momento de la liberación.</p>
<p>Llegué a Hungría desde Checoslovaquia de manera ilegal en 1942, junto con mis padres, mi primo y mi abuela. Como éramos judíos extranjeros nos llevaron a un campo de internación. A los niños, nos liberaron, porque éramos muy pequeños, y a la abuela, por ser muy anciana, pero nuestros padres debieron permanecer en el campo.</p>
<p>En 1944 todos estábamos en problemas. Los ciudadanos de Budapest trataban de evacuar a sus niños dentro del país, en lugares donde presumiblemente, estuvieran a salvo de los bombardeos aéreos. Los fascistas húngaros deseaban mostrar lo eficientes que eran, enviando la mayor cantidad posible de judíos a Auschwitz (en la jerga oficial ”a trabajar”). Los judíos, húngaros o no, se preguntaban a sí mismos: ”¿cuándo vienen los rusos? ¿qué podemos hacer para evitar que nos deporten?” Todos los días eran iguales, por la mañana había bombardeos aéreos, los aviones norteamericanos hacían vibrar el aire y por las noches aparecían los aviones rusos –que no eran tantos- y tampoco ocasionaban mucho daño. Cuando el viento soplaba en la dirección correcta, podíamos oír el sonido del fuego de artillería a medida que los rusos se iban acercando. Mucha gente les tenía miedo a los rusos, pero para nosotros era música que no podía mejorarse ni aún con las notas de Beethoven.</p>
<p>En junio de 1944, mis padres fueron llevados a Auschwitz, ”a trabajar”. En la estación queríamos ir con ellos, pero mi padre me dijo en términos inequívocos que yo ”debía perderme” y luego ir a la embajada de Suiza o de Suecia, porque allí me ayudarían. Un gendarme húngaro, que estaba allí parado para supervisar oficialmente el transporte, se volvió hacia nosotros y nos dijo en un lenguaje fuerte, que debíamos irnos inmediatamente antes de que fuera demasiado tarde. Me fui con un gran pesar en mi corazón; no tenía la menor idea de que no vería a mi padre nunca más. La insistencia de mi padre fue lo que salvó mi vida.</p>
<p>Luego fui a la embajada sueca, que se encontraba sobre la calle Gyopar en Budapest. El embajador, el señor Danielsen, estaba a punto de salir con su auto manejado por un chofer. El chofer, un tal Toth de Palarikovo en Checoslovaquia (esta ciudad pertenecía en ese momento a Hungría), detuvo el auto y me preguntó qué quería. Le dije la verdad: No tenía adónde quedarme, se acababan de llevar a mis padres, yo era un judío de Checoslovaquia y buscaba algún lugar donde poder dormir. Podía hacer cualquier trabajo, lo que fuera. El señor Toth le dijo al Embajador: ”dejemos entrar al pobre chico, ya encontraremos algo para que él pueda hacer”. El embajador estuvo de acuerdo y me dijo que esperara hasta que él regrese. Dormía abajo junto al motor del ascensor, lavaba los autos, llevaba mensajes, iba a la oficina de correos, hacía todo lo que me pedían y estaba contento. Tenía un lugar donde dormir, algo para comer y también ¡tenía documentación de la oficina de Relaciones Exteriores de Hungría que decía que yo era miembro de la embajada de Suecia! Gracias a mis padres tenía la ventaja de hablar en perfecto alemán y en húngaro, razonablemente bien, además del eslovaco.</p>
<p>En julio de 1944 la señora Birgit, secretaria de la embajada, me llamó y me pidió que fuera con el chofer, el señor Toth, a la estación en el auto oficial para encontrarme con el nuevo secretario de la embajada. La estación se encontraba en pésimas condiciones, la mitad de los edificios habían sido destruidos por los ataques aéreos, el lugar se encontraba abarrotado de soldados, refugiados y oficiales uniformados de la organización fascista húngara ”Nyilas”, que intentaban descubrir a todos los judíos que anduvieran por la zona, mientras que éstos a su vez intentaban escapar.</p>
<p>Al volver de la estación, el nuevo secretario, el señor Wallenberg, me preguntó quién era yo y qué estaba haciendo en la embajada. Le dije la verdad. Entonces me sugirió que lo ayudara con su misión. No podía imaginarme de qué misión se trataba, pero de todas formas le dije que si. Nuestro primer contacto fue positivo y muy amigable.</p>
<p>La embajada alquilaba una casa cercana a ésta, sobre la calle Minerva, para la ”misión” de Wallenberg. Él vivía y trabajaba allí. Yo dormía en el edificio principal de la embajada sobre la calle Gyopar. Por la mañana, iba a su casa y me quedaba allí hasta la tarde. Trabajaba de portero, permitía la entrada a los visitantes, iba a la oficina de correos y hacía toda clase de trabajos. Wallenberg no conocía Budapest, así que yo lo acompañaba siempre que iba a la ciudad y lo esperaba en el auto hasta que él terminaba de hacer sus cosas. Todas las mañanas iba a la oficina de correos para enviar telegramas codificados a Suecia. Recuerdo que el código de la embajada consistía en grupos de  5 letras,  el Agregado Militar tenía la secuencia numérica correspondiente.</p>
<p>De manera gradual, comenzaron a haber cambios en el tipo de personas que venían a hacer negocios con la embajada de Suecia. A los judíos se les extendía el ”Schutzpass”, que era un documento de protección en el color amarillo tradicional de Suecia. Este documento de protección  era prueba suficiente de que la persona que lo llevaba se encontraba bajo el resguardo del rey sueco. Los documentos se emitían dentro de las 24 horas de haberlos solicitado y eran en realidad, un método de protección para los judíos, para alejarlos todo lo posible de la persecución. Las personas que llevaban  esas tarjetas eran ubicadas en las así denominadas Casas Suecas en el ghetto. La bandera sueca flameaba en estas casas y este método fue sumamente exitoso.</p>
<p>Oficialmente, existían ciertas condiciones para entregar estas tarjetas, pero nadie las controlaba. El solicitante debía tener un pariente (cualquiera) en Suecia. Para aquellas personas que no tenía ningún pariente y no conocían a nadie que pudiera pasar por pariente, me habían dado una guía de teléfonos de Estocolmo y de otras ciudades suecas, donde ellos podían encontrar un pariente ficticio. El señor Wallenberg me dio esas guías con la instrucción correspondiente para utilizarlas. El tenía la certeza de que yo podría distinguir entre un judío verdadero y un agente provocador y agregó además que debía ser muy cauteloso. Si surgían problemas, las guías telefónicas debían arrojarse por el agujero del ascensor, que se encontraba atrás de la entrada principal.</p>
<p>Ya para ese momento, rara vez iba a la ciudad, porque los shutzpasses se producían día y noche. Debía sellarlos con el sello oficial ovalado de la embajada, y si el titular no tenía una foto, entonces tenía que ir buscar en una gran caja de fotografías y encontrar alguna que se pareciera en sexo y edad al titular y si era posible, un parecido razonable y pegarla en la tarjeta de identificación. Más tarde, Wallenberg se mudó a un departamento cerca del castillo y luego al otro lado del Danubio, a la calle 2 Ulloi ut. El departamento nuevo era aún más grande, había nuevos integrantes y colegas, todos judíos, que dormían en las oficinas para no correr ningún riesgo en la ciudad. El contacto con funcionarios húngaros o alemanes, se encontraba restringido al edificio de la calle Minerva, para que el tamaño del ”Departamento Wallenberg” no se conociera.</p>
<p>En el otoño de1944, los transportes ya no iban a Auschwitz, pero salían de Budapest en dirección occidental. Los trenes salían de Hungría en la ciudad límite de Sopron. Supe que mi tía de 60 años iba en uno de esos transportes. Inmediatamente preparé un pase para ella, y asumiendo que el tren aún no había partido, fui en motocicleta a Sopron. Una vez allí, fui a la oficina del gendarme, que se encontraba supervisando la deportación. Detrás de los gendarmes en la oficina había funcionarios armados del movimiento fascista ”Nyilas”. De manera resuelta, les mostré mis documentos que probaban que yo era funcionario de la embajada sueca y les di el pase de mi tía. En mi húngaro con acento alemán, les dije, en nombre de la embajada de Suecia, que cuando mi tía llegara a Sopron, debía ser enviada de vuelta a Budapest. Y, ¡así fue!. Mi tía regresó y la ubiqué en una Casa Sueca, finalmente pudo sobrevivir para poder ver la liberación. Éste no fue mi único caso exitoso.</p>
<p>Un día, el Sr Wallenberg me dijo que al día siguiente no fuera al edificio de la calle Minerva, sino que me quedara en el edificio de la calle Gyopar, ya que debía recibir a un visitante muy importante y no quería que él me viera. Esta persona vino a la noche, era Adolf Eichmann.</p>
<p>A comienzos de noviembre de 1944, un día mientras escuchábamos los anuncios del frente entrante, todo el personal de la embajada empacó sus cosas y regresaron en auto a Suecia. Sorprendido supe que Wallenberg no se había marchado con los demás. Me dijo que aún no había terminado su misión.  Mi pase, que estaba escrito en alemán, húngaro y ahora en sueco, recibió una traducción al ruso y fui instruido para utilizarlo solamente para cruzar la frontera. A principios de diciembre, Wallenberg se fue a vivir con una familia húngara en el castillo, que tenía una entrada directa a un refugio antibombas en el subsuelo. Wallenberg no apareció en la embajada, hasta que los alemanes se retiraron de Budapest.</p>
<p>Hacia fines de diciembre, las tropas rusas rodearon Budapest. El 19 de enero liberaron Pest en la orilla izquierda del Danubio, antes, las fuerzas alemanas en retirada, habían volado todos los puentes que cruzaban el Danubio. El 12 de febrero * las tropas rusas liberaron también la orilla derecha del Danubio.</p>
<p>Busqué a Wallenberg por todas partes, sin éxito alguno. Lo encontré accidentalmente. Yo estaba por allí cerca y pude ver todo lo que sucedió. Oficiales de alto rango ruso, salieron de los autos y Wallenberg se encontraba detrás de ellos con su típico saco largo y su gran sombrero. El Sr Wallenberg se comunicaba con los oficiales solamente a través de un intérprete militar. Dijo algo mientras señalaba los edificios de la embajada. Me puse contento al verlo, pero de alguna forma nada de lo que veía parecía estar sucediendo en realidad. Comencé a acercarme y estaba a punto de hablarle, pero por atrás de su espalda, él me indicó que me fuera y dijo rápidamente: ”schlecht &#8211; verschwinde” ”Esto está mal &#8211; desaparece”! Luego, todos ellos entraron a los autos nuevamente y se fueron, nunca más nadie lo volvió a ver en Hungría.</p>
<p>Yo no tenía idea de lo que estaba presenciando. Cómo podía ser posible, que un hombre como él fuera perseguido, alguien que había salvado a tanta gente de una muerte segura, que había organizado las casas suecas en el ghetto, que no le temía ni siquiera a Eichmann. Éramos libres, habíamos sobrevivido, pero con mis dieciséis años, no podía terminar de entender a un mundo como ese.</p>
<p>Me fui de Budapest al día siguiente manejando hacia Kosice, donde fui voluntario en el ejército checoslovaco. Deseaba estar armado, ayudar a liberar a nuestra tierra, encontrar a mi familia y comenzar la búsqueda de los odiados asesinos fascistas.</p>
<p>La realidad me atrapó cuando regresé a Bratislava en mayo de 1945. Mi madre había regresado, pero mi padre no, fue asesinado en las cámaras de gas de Auschwitz en octubre de 1944. Fue uno de los seis millones que Wallenberg no pudo salvar.</p>
<p><em>• Es importante notar que de los recuerdos del Sr Kaufmann surge que la fecha de su último encuentro con Raoul Wallenberg fue después del 12 de febrero. Esta es la fecha aceptada de su arresto y la de su desaparición es el 16 de enero de 1945. </em></p>
<p><em>IRWF agradece al Sr Johnny Moser por habernos suministrado la historia de Tomas Kaufmann y por habernos autorizado a publicarla en nuestro sitio Web.</em></p>
<p><em>Traducción: Graciela Forman</em></p>
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		<title>Cronica de Kati Kertesz, esposa de Tomas, salvado por Wallenberg</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mi nombre es Kati Hantos de Kertesz. Nací el 23 de febrero de 1933 en un suburbio de Budapest, con el advenimiento del nazismo en Alemania. Crecí rodeada de mucho amor y cariño de mi familia.
Mi madre era profesora de física y química y mi padre doctor en química y como tal era director técnico [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi nombre es Kati Hantos de Kertesz. Nací el 23 de febrero de 1933 en un suburbio de Budapest, con el advenimiento del nazismo en Alemania. Crecí rodeada de mucho amor y cariño de mi familia.</p>
<p>Mi madre era profesora de física y química y mi padre doctor en química y como tal era director técnico de una fábrica de productos químicos y farmacéuticos. Nosotros vivíamos en la fábrica. Enfrente de la misma había colinas que permitían hacer excursiones en el verano y andar en trineo y esquiar en el invierno.</p>
<p>En 1939 ingresé en el colegio primario sin ningún problema. En este año teníamos que haber emigrado a la Argentina, donde ya vivía una hermana de mi madre. Mi abuela paterna estaba muy enferma y mi padre no quiso dejarla. Para cuando ella murió ya había salido el ùltim0o barco de Génova.</p>
<p>Los problemas de mi familia empezaron en el año l942, cuando todos los hombres hasta los 45 años tuvieron que presentarse en el ejército. Mi padre por ser judío, fue llevado a un campo de trabajo, cerca de la frontera con Rusia para la construcción de un aeropuerto. Estuvo allí hasta l943 cuando pudo volver por pedido del Directorio de la fábrica, por ser la misma de interés para el ejército.</p>
<p>En 1943 entré en el colegio secundario (4 primarios y 8 secundarios) con lo cual ya hubo problemas, porque como mi madre también trabajaba, querían un colegio de doble escolaridad. Estos colegios o era protestantes o eran católicos y ya había numerus clasus. Con la ayuda de una persona entré en el colegio protestante.</p>
<p>El 19 de marzo de 1944, los alemanes ocuparon Budapest y en abril tuvimos que empezar a usar la estrella amarilla, que significaba horarios restringidos para circular en la calle, lugares especiales para viajar en los medios de transporte. En la misma época empezaron los bombardeos de los aliados. Nunca me voy a olvidar una noche, cayó una bomba en un tanque de gas, parecía como si hubieran prendido todas las luces de Budapest. había muchas personas que tenían pánico de los bombardeos y trataban de ir a los pueblos, pero a veces con poca suerte, una tía mía con una amiga y los chicos de ambos tomaron el tren que tuvo que parar en el medio del campo, porque unos aviones rusos sobrevolaron el tren y uno de ellos ametrallo y mató a mi tía y a la hija de la amiga.</p>
<p>Para fines de abril terminaron las clases y para fines de junio, todos los judíos que no vivían dentro del perímetro del gueto, tuvieron que abandonar sus casas e irse a vivir a las casas designadas a los judíos (una pieza por familia)</p>
<p>Hitler le encargó a Eichman, quien ya tenía experiencia en la deportación de los judíos en otros países, la llamada solución final. Así en dos meses deportaron aproximadamente 430 mil judíos de Hungría. Según nos contó gente que estuvo en esta época en Auschwitz, los hornos no daban abasto.</p>
<p>El marido de una prima de mi madre que era católico, nos consiguió papeles con nombre falsos y nos ubicó a cado uno de nosotros en distintos lugares.</p>
<p>Yo estuve en convento hasta los primeros días de diciembre. Las monjas se portaron muy pero muy bien. Aparte de tener chicas como yo del ”interior”, tenían 70 personas que fueron recogiendo por la calle cuando veían los camiones adonde llevaban a las personas para la deportación. Una noche, vino un jerarca nazi, exigiendo a la madre superiora que entregue a los judíos, la madre superiora dijo que los podía llevar ”sobre su cadáver” y tuvimos suerte . . . . .</p>
<p>En 1948 llegamos a la Argentina, con las consabidas dificultades. Era la época de Perón y únicamente se podía entrar con papeles donde constaba que uno era católico.</p>
<p>Estudié, trabajé y me casé, tengo dos hijos y cuatro nietos.</p>
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		<title>Laszlo Ladanyi: El hombre que salvó Raoul Wallenberg</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jan 2001 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es húngaro; vive en Buenos Aires
Cuando László Ladanyi, hoy de 79 años y vecino de Barrio Norte, traspasó la puerta maciza de hierro y vidrio de la calle Legrady 39 en Budapest sintió que volvía a nacer.
Corría 1944 y, para los judíos húngaros que aún no habían sido deportados a los campos de exterminio nazis, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/23113.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-189" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/23113.jpg" width="178" height="249" /></a><em>Es húngaro; vive en Buenos Aires</em></p>
<p>Cuando László Ladanyi, hoy de 79 años y vecino de Barrio Norte, traspasó la puerta maciza de hierro y vidrio de la calle Legrady 39 en Budapest sintió que volvía a nacer.</p>
<p>Corría 1944 y, para los judíos húngaros que aún no habían sido deportados a los campos de exterminio nazis, entrar en una casa sueca era sinónimo de salvación.</p>
<p>Y la salvación venía de la mano de Raoul Wallenberg. ”No me alcanzará la vida para agradecerle”, dice el hombre de bigote blanco y sonrisa fácil que en 1947 emigró a la Argentina.</p>
<p>Y enseña su más preciado tesoro, como él lo define: una hoja apenas desgastada, impresa en azul y amarillo, en la que resaltan las tres coronas del escudo real de Suecia.</p>
<p>Es el famoso Schutzpass, el pasaporte sueco que diseñó Wallenberg, el diplomático del país nórdico, para otorgar inmunidad a sus poseedores.</p>
<p>Gracias a ese documento plagado de inscripciones, firmas y sellos -sin ninguna fuerza legal, pero lo suficientemente ostentoso como para impresionar a los nazis-, Ladanyi, por aquel entonces de 23 años, logró escapar de la maquinaria criminal de Adolfo Hitler.</p>
<h2>Un regalo de Dios</h2>
<p><strong>¿Cómo llegó el codiciado salvoconducto a las manos de Ladanyi?</strong></p>
<p>”Fue un regalo de Dios”, dice, con un acento marcado y la voz cascada por la emoción. Y recuerda que cuando aquellos hombres que no eran nazis -y eso saltaba a la vista- lo vinieron a buscar al gueto, él se dejó llevar, sin saber adónde. Poco después sus manos sostenían el pasaporte a la vida, del que no se desprendería jamás.</p>
<p>Dos años antes, en 1942, Ladanyi había golpeado hasta el cansancio las puertas de varias sedes diplomáticas, en un desesperado intento por huir de la sombra nazi que se cernía sobre todos los judíos. Pero ya era tarde.</p>
<p>”Ningún país nos quería recibir, ni siquiera los Estados Unidos”, se lamenta Ladanyi. Descorazonado, el joven dejó sus papeles en la embajada argentina, país al que había escapado su única hermana en 1937.</p>
<p>Dos años más tarde, el consulado argentino transfirió esos documentos a la embajada sueca, y así cayó el nombre de Ladanyi en la larga lista de Wallenberg.</p>
<p>”Suecia no era el único país que expedía pasaportes a los judíos. Suiza, Portugal, España y la Nunciatura, entre otros, también trabajaban para salvar vidas. Pero ninguno con la fuerza de Wallenberg”, sentencia.</p>
<p>Además del Schutzpass, otro de los ardides que ingenió el diplomático sueco para salvar a los judíos de Budapest fueron las ”casas suecas”.</p>
<p>En las puertas de esos edificios, como aquel de la calle Legandry, flameaba siempre la bandera azul y oro de Suecia, y un cartel en la entrada advertía que todas las personas que vivían bajo esos techos ”tenían la protección de Su Excelencia el rey de Suecia”. En total, allí encontraron refugio 15 mil personas.</p>
<h2>La noche del horror</h2>
<p>Pero en la Hungría de fines de 1944 ningún judío estaba a salvo, ni siquiera los que vivían bajo el amparo de las ”casas suecas”. Así se encargaron de demostrarlo los nazis húngaros en la noche del 31 de diciembre.</p>
<p>De todos los horrores de la guerra, Ladanyi recuerda con singular espanto el que vivió la víspera de Año Nuevo.</p>
<p>”Los nazis húngaros llegaron a la casa y pidieron ayuda para descargar un tren de municiones. Algo me dijo que yo no debía bajar, y entonces me quedé adentro junto a mi padre. La mayor parte de las 80 personas que vivían conmigo salió a la calle. Los fusilaron a pocos metros de la puerta y después los tiraron al Danubio.”</p>
<p>Las ráfagas de las ametralladoras y los gritos desesperados de las víctimas quedaron grabados a fuego en la memoria del joven Ladanyi. Pero el infierno continuó al día siguiente, cuando los verdugos regresaron a la casa sueca para saquearla y quemar su bandera.</p>
<p>”Los niños chillaban aterrorizados. Pero los nazis húngaros, que eran más salvajes que los alemanes, los sobornaron con caramelos y chocolates, los cargaron en camiones y se los llevaron. Mejor no saber adónde”, susurra Ladanyi con los ojos vidriosos.</p>
<p>La agonía llegaría a su fin en enero de 1945, cuando las tropas soviéticas liberaron Hungría y los judíos pudieron caminar por las calles nuevamente como hombres libres.</p>
<p>Ladanyi ayudó a reconstruir un país que había quedado en ruinas, y dos años más tarde se embarcó rumbo a la Argentina. Su padre había muerto poco antes, al igual que su madre, ”por las tremendas agitaciones que sufrieron durante la guerra”. En total, 50 parientes cercanos murieron en manos de los nazis.</p>
<p>En el Desirade, el barco que los trajo a América del Sur, Ladanyi conoció a Gina, una alemana sobreviviente del Holocausto, con quien se casó y tuvo dos hijas.</p>
<p>La noticia de la desaparición de Wallenberg, arrestado en enero de 1945 sin dejar rastro alguno hasta el día de hoy, lo afectó profundamente.</p>
<blockquote><p>”Aún no puedo comprender cómo yo estoy con vida y él, que salvó a más de 20 mil personas, no pudo salvarse.”</p></blockquote>
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