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	<title>The International Raoul Wallenberg Foundation &#187; Material de capacitación</title>
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		<title>Programa Educativo &#8211; Presentaci&#243;n en Powerpoint</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<title>Raoul Wallenberg: Un héroe sin tumba (didáctico)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<title>Salvadores del Holocausto (por Pamela Blevins)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Jan 2009 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Salvadores del Holocausto (por Pamela Blevins)
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		<title>Los valores y el relativismo cultural</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Material de capacitación]]></category>

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		<description><![CDATA[1. El hombre, creatura valorante
El hombre y su relación con las realidades terrenas: Sería ideal que

Viva inmerso en la realidad. No fusionado con ella, ni enajenado por ella, ni, menos, ajeno a ella.
Tome distancia mental respecto de la realidad en la que está implicado, gracias a su inteligente actitud crítica.
Contemple reflexiva y teóricamente la realidad.
La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>1. El hombre, creatura valorante</h2>
<p>El hombre y su relación con las realidades terrenas: Sería ideal que</p>
<ol>
<li>Viva inmerso en la realidad. No fusionado con ella, ni enajenado por ella, ni, menos, ajeno a ella.</li>
<li>Tome distancia mental respecto de la realidad en la que está implicado, gracias a su inteligente actitud crítica.</li>
<li>Contemple reflexiva y teóricamente la realidad.</li>
<li>La estime y la valore, aceptando y rechazando, deseando y repugnando valores y disvalores.</li>
<li>Decida alcanzar los bienes que le ofrecen valores apetecibles.</li>
<li>Planifique o trace un proyecto para alcanzarlos.</li>
<li>Ponga mano a la obra, a la luz de su proyecto.</li>
</ol>
<p>El hombre no se enfrenta distante o indiferentemente con la realidad. La valora –como bella, fea, útil o inútil, buena o mala- y tiende a los primeros términos y rechaza los segundos.</p>
<p>”No estás en el teatro” le dice al hombre el filósofo existencialista Gabriel Marcel. En efecto, no somos meros espectadores en el teatro del mundo. Somos actores, y debemos ser actores responsables: optamos, elegimos, decidimos sobre los valores que hallamos en los hombres, los hechos y las cosas. Un día sin teoría, no es vida, pero la sola teoría o contemplación no es el vivir. La valoración pertenece a la médula de la vida.</p>
<p>Hay que distinguir tres cosas en esto de los valores:</p>
<ol>
<li>Algo real es valioso: hay un objeto o un sujeto portador del valor: una hazaña deportiva de Maradona, una canción de Luis Miguel, un cuadro de Matisse, un gesto de solidaridad con un enfermo de SIDA, un nuevo instrumento de cirugía. Estos son bienes que conllevan un valor.</li>
<li>Una cualidad que hace estimable y deseable ese bien: el tesón, la armonía, la belleza plástica, la caridad, la utilidad operativa. Estos son valores.</li>
<li>La actitud humana frente al valor: la valoración o estimación que el sujeto hace.</li>
</ol>
<p>No deben confundirse valor y valoración. Un hombre puede estar frente a un valor y no reconocerlo y, por ello, no desearlo como valor. Se llama axiología (axios, ”valioso”; ago, ”llevar, arrastrar”, ”lo que arrastra por su propio peso o mérito”) a la filosofía de los valores. El hombre es un ser axiológico, una creatura valorante, se mueve entre valores, por valores, busca valores; los valores lo motivan o mueven.</p>
<p>”El valor es lo que rompe nuestra indiferencia y la igualdad entre las cosas” dice el filósofo Louis Lavelle.</p>
<p>La valoración es connatural a la persona humana. Toda acción humana, si no es insensata, anormal o enajenada, se apoya en u7na previa valoración. Los valores dan sentido –es decir, dirección, significado y significado- a nuestra vida y a todas las decisiones que tomamos.</p>
<p>Nuestro pensamiento frente a la realidad hace dos tipos de juicio:</p>
<ol>
<li>Los que afirman la existencia de algo, de una cosa o la relación de las cosas entre sí. A estos se los llama juicios de ser.</li>
<li>A los que afirman las relaciones de las cosas con nosotros, al menos relaciones posibles: a estos se los llama juicios de valor. El juicio de valor es aquel que guarda una apreciación que puede ser en general: ”esto es bueno”; o en lo personal ”esto es bueno para mí”.</li>
</ol>
<p>La valoración no siempre se expresa en forma de juicios explícitos. Hay apreciaciones manifiestas en una exclamación (¡Ufa!), en un grito (¡Ay!), en un gesto, en una sonrisa, etcétera.</p>
<h2>2. ¿EXISTEN VALORES UNIVERSALES? Absolutismo y relativismo axiológicos</h2>
<p>Frente a esta cuestión hay una diversidad compleja de opiniones que podrían sintetizarse en dos.</p>
<ol>
<li>Concepción positiva o afirmativa: está por la existencia de valores universales. Cabrían dos actitudes:</li>
<ul>
<li>Afirmativa total: todos los valores son inmutables y universales.</li>
<li>Afirmativa parcial: algunos valores son universales, el resto son circunstanciales y relativos.</li>
</ul>
<li>Concepción relativista: los valores cambian según circunstancias culturales, tiempos históricos, etcétera. Habría dos posturas:</li>
<ul>
<li>Relativismo colectivo: cada cultura, cada nación, cada  grupo humano tiene un conjunto de valores que difieren de cultura a cultura.</li>
<li>Relativismo individual: no existen valores de proyección social, ni de culturas y grupos. Todo valor es algo válido para mí, para cada individuo.</li>
</ul>
</ol>
<p>El relativismo axiológico afirma, pues, la relatividad de los valores en relación con la historia, cultura, sociedad, etcétera. La prédica relativista es seductora: ”Los tiempos cambian, los valores envejecen y son reemplazados por nuevos valores”. Usted viaja por el mundo y advierte escalas de valores diferentes en las distintas culturas y pueblos. Aquí se admite la antropofagia; allá la esclavitud como valores propios de esa cultura.</p>
<p>El relativismo, en la posmodernidad, es llevado a extremos. Ya no se tratará de pueblos y culturas que coparticipen de un conjunto de valores diferentes de los otros pueblos y culturas, sino de pequeños grupos y, finalmente, de cada individuo. Ahora bien: ¿Cómo se organiza una sociedad sin una participación amplia y firme de valores en común? Si lo reducimos a individuos o grupúsculos, un país no tendría ni constitución política, ni podría dictar leyes que gobiernen a todos. Obviamente no podría aceptarse ningún proyecto colectivo, como por ejemplo, una ley de universidades, menos aún una ley general de educación, menos todavía, acuerdos educativos continentales, etcétera.</p>
<p>La concordia o asentimiento en valores comunes y compartidos es necesaria para que exista una nación y un proyecto nacional. Ahora bien, si aceptamos la OEA y la UNESCO y la ONU, estamos aceptando un conjunto de valores compartidos de base, común entre todos los países de América (OEA), entre todos los países, o casi todos, del mundo en cuestiones de educación, ciencia y técnica (UMESCO) o en cuestiones generales de marco político (ONU). Lo mismo sucede con tantas organizaciones mundiales o internacionales sobre diversidad de asuntos.</p>
<p>En este marco, la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE (1948) ratifica una amplia y sólida aceptación de un importantísimo conjunto de valores por parte de todos los estados firmantes.</p>
<p>Estos hechos concretos que respaldan la existencia de valores universales y universalmente compartidos, son ratificados por muchos antropólogos (Levy Strauss, C. Kluckhohn). El intelectual inglés C. Lewis, después de estudiar las antiguas civilizaciones del mundo (La abolición del hombre, Londres, 1947) estima que hay en todas ellas un conjunto de valores comunes que constituirían una especie de espíritu objetivo o valores objetivos: la libertad, la justicia, el amor por los hijos, la dignidad del hombre, la defensa de la vida, el respeto a la naturaleza, etcétera.</p>
<p>La magnífica antología, El derecho de ser hombre (1968), preparada bajo la dirección de Jeanne Hersch y publicada por la UNESCO, ratifica la coincidencia de valores fundamentales en las más distantes latitudes y distancias temporales en la historia de las culturas del mundo, a través de testimonios tomados de pueblos de la antigüedad y el presente.</p>
<p>Diríamos que el hombre, por el hecho de ser tal, tiene un núcleo inalterado que permanece en el tiempo, y ese núcleo sustancial hace que siga siendo hombre. Los valores fundamentales responden a ese núcleo. El resto de los valores es variable, según épocas, culturas, sociedades, etcétera. De modo que de las teorías enunciadas, estimamos que la más atendible es la 1.2 Afirmativa parcial.</p>
<p>La coincidencia universal en un haz de valores es, en realidad, incontrastable. El relativismo axiológico absoluto está contradicho por lo expuesto y por la realidad cultural misma. Que alguien diga ”Yo lo veo así” no es razón para que su juicio tenga valor de verdad. Caso contrario, echaríamos por tierra todo proceso judicial, pues bastaría que el asesino recurriera a la frase ”Yo lo veo así” y sea inimputable. Por lo demás, respecto de esto de verlo ”así o asá” hay que aclarar que hay una visión correcta (óptica y mentalmente hablando), y hay individuos que padecen miopía, hipermetropía, astigmatismo, plena ceguera, o son tuertos. ”Yo lo veo así” en cada caso indica el grado de condicionamiento que se tiene para una visión plena, por la personal limitación.</p>
<p>El consenso generalizado no basta en todos los planos para hacer de un disvalor un valor. Así, aunque todos los habitantes de un pueblo convengan voten por unanimidad y declaren que el arsénico no es sustancia venenosa, dicho consenso firme no cambiará para nada la condición mortal del arsénico, y basta con que uno solo del pueblo se embuche dos tragos para n o poder participar más en esos consensos.</p>
<p>Ni la volunt5ad personal individual ni los consensos generalizados hacen de un disvalor un valor.</p>
<p>Hay un sinnúmero de valores que cambian en el tiempo y en el espacio. Hay campos en que la diversidad de valores es muy grande. De allí el dicho ”Sobre gustos no hay nada escrito” Aunque, en rigor, el dicho es falso: las bibliotecas están llenas de escritos sobre los gustos personales. La mayoría de ellos se quieren proponer como universales. El campo de la moda, por ejemplo, es de los más cambiantes. Las convicciones del momento son las que pesan.</p>
<p>Dijimos que una cosa es el valor y otra la valoración. No hay dos hombres que, estrictamente hablando, tengan una idéntica valoración del mismo valor. La edad, la experiencia vital, las condiciones personales matizan la estimación valorativa.</p>
<h2>3. Modelos y escalas de valores</h2>
<p>Los valores no existen sino encarnados, los percibimos con nuestra inteligencia en hombres, hechos, cosas. Esta percepción de los valores encarnados a veces debe ser aprendida, ejercitada. Exige cierta capacidad de análisis crítico y de discriminación de planos en quien considera tal o cual realidad.</p>
<p>Hay algunos valores –a veces, conjuntos de valores- que están encarnados en ciertas figuras históricas o contemporáneas de los más diversos campos (política, religión, deporte, educación, espiritualidad, arte, etcétera). A estas encarnaciones humanas de un valor dominante, o un haz de valores, se los llama modelos porque su propuesta sirve de estímulo a quien adhiere a dichos valores, los enseña como posibles de lograr en la vida, y nos motiva hacia esas metas alcanzables que son los valores para nuestro interés. Cada uno debe preguntarse qué modelos adoptaría para sí, componiendo una galería ideal de personajes ejemplares. Bien podríamos decir ”Por sus modelos los conoceréis” porque ellos revelan cuáles son los valores que privilegiamos en lo humano. Es posible que una primera adhesión al modelo sea de nuestra parte, instintiva, inconsciente, pero casi siempre es intuitiva, pues, analizada, nos revela los motivos de nuestra elección.</p>
<p>La vida nos va enseñando la importancia de ciertos valores, que vamos descubriendo en el tiempo y en el desarrollo de nuestra existencia y experiencia. Aprendemos a descubrir que hay valores generales, en los que todos coincidimos, y otros, en esferas cada vez más reducidas –grupos de amigos, socios de un club, grupo familiar, etc.- en los que diferimos respecto de otros grupos. Y, por fin, los valores absolutamente personales: esto explica cómo se visten algunos.</p>
<p>El proceso de humanización del hombre es el de una lenta manifestación de valores, cada vez mejor definidos y más calibradamente matizados; de una adhesión consciente, reflexiva, meditada a ciertos valores básicos. Esos valores, elegidos por mí como privilegiados, constituirán parte capital de la trama de mi vida.</p>
<p>Cada uno de nosotros va elaborando una escala de valores, esto es que los ordenamos jerárquicamente, desde los más importantes a los más circunstanciales. El valor que está al tope de la escala, el máximo para nosotros, condiciona los restantes. Es posible, más: es frecuente que el hombre opere inconsciente de que porta en sí una escala de valores. La lleva inexorablemente y, a su luz, elige, prefiere, descalifica, rechaza, adhiere. Pero como somos seres racionales no debemos operar irreflexivamente: debemos tener o tomar conciencia nítida de cuál es esa escala de valores que manejamos constantemente. Caso contrario, nos pueden manipular a través de los valores y disvalores sin que lo advirtamos. Un hombre que no tenga una escala de valores conscientemente asumida, va a la deriva y expuesto al gobierno de otros. Uno debe comenzar por ser dueño de sí y de lo que porta. La libertad personal está en juego en esto. Hace un tiempo, cuando íbamos a comprar un grabador, preguntábamos si tenía o no micrófono incorpor<br />
ado. Hoy todos lo traen así. De igual manera tenemos la escala axiológica incluida.</p>
<p>La expresión ”Es lo mismo” , ”Es igual” revela una pobre capacidad de distinción en quien la pronuncia. Puede ser intrascendente si usted se enfrenta con la elección de medialunas dulces o saladas. Pero las instancias de decisión cotidiana que la vida nos propone no son opción de medialunas.</p>
<p>Analícese con cuidado las letras de los tangos de Enrique Santos Discépolo titulados ”Cambalache”, ”Qué vachaché” y ”Qué sapa señor?” a los que se suele aludir en los medios cuando se habla de la realidad argentina. Y si todo es lo mismo, la decadencia está instalada.</p>
<p>La otra frase que complica los valores en la estimativa de los hombres es ”Todo vale”. Sin du8da, todo vale algo, poco o mucho, todo tiene un cierto valor, salvo lo abiertamente negativo. Pero la frase no puede aceptarse en su otra acepción: ”Todo está permitido” porque ni en el más loco de los regímenes anarquistas esto es verdad. Los intereses encontrados neutralizan el sentido libertario de la frase.</p>
<p>Todo lo cargamos de valoración, hasta la menor de nuestras frases, si son entendidas en lo que dicen. No es lo mismo decir ”Mi señora”, ”Mi esposa”, ”Mi mujer”, ”Mi compañera”, ”Mi pareja”.</p>
<p>Frente a la realidad no somos indiferentes, por lo tanto, no podemos ser neutrales. La neutralidad es una noble aspiración imposible de alcanzar. Es posible que seamos casi absolutamente neutrales frente a algo que ignoramos por completo o no nos atrae para nada; nos da, quizás, lo mismo el sulfito de cobre que el; sulfato de cobre (no claro, al que tenga una fábrica de uno de ellos o de ambos). En cuanto tenemos información sobre la realidad, adherimos, rechazamos, inclinamos frente a valores y disvalores la balanza de nuestra opinión.  La neutralidad es una idea nobilísima e inexistente en el plano humano. Tendemos a ella, por cierto, nos esforzamos por hacernos cada día más cercanos a ella, como tendemos a ser cada vez más objetivos. Pero no podemos renunciar a nuestra subjetividad que se interpone. Nuestra valoración de los hechos suele estar teñida de subjetividad. Analicemos dos o tres noticias sobre el mismo hecho tomadas de distintas fuentes y se advertirá la distancia entre hechos y valoración. La misma valoración de tal hecho por estimarlo noticioso supone una valoración.</p>
<p>Cada uno de nosotros porta una escala de valores y con ella nos manejamos y manejamos nuestras decisiones, lo sepamos o no. Lo ideal es:</p>
<ol>
<li>Que seamos conscientes de esa escala para que actuemos libremente.</li>
<li>Que seamos nosotros quienes hemos trabajado en elaborar nuestra escala y que no nos la hayan impuesto. Si en una familia, en la escuela, en la universidad, como es función de dichas instituciones, nos proponen escalas de valores, está en nosotros criticarlas, analizarlas, aceptarlas, modificarlas o asumirlas, en razón de nuestra libertad personal, suma de inteligencia y voluntad.</li>
<li>Que seamos coherentes con nuestra escala de valores en nuestro diario vivir. Un actuar coherente se logra sobre un conjunto de valores asumidos a conciencia, sin necesidad de andarlos proclamando. Ejerzamos responsabilidad y compromiso con nosotros mismos, primero. No podemos andar inventando escalas para cada caso, ni adaptando camaleónicamente nuestras valoraciones a las de los otros, según conveniencia y oportunidad. Poder, sí se puede. Éticamente no se debe.</li>
<li>Que nos constituyamos en defensores de aquellos valores que estimamos como máximos y más válidos en lo humano.</li>
<li>Mantengamos respeto por otras escalas de valores. Lo que no significa no discutirlas y combatirlas, manteniendo un absoluto respeto por las personas que las encarnan. Esto es coexistencia madura.</li>
</ol>
<p>La escala de valores es el fundamento de nuestro proyecto personal de vida. Si no la tenemos clara, no podemos proyectar nuestra existencia con eficacia y seguridad de rumbo. La escala de valores es uno de los instrumentos básicos para el diseño del proyecto vital.</p>
<p>Comenzamos a articular nuestra escala de valores con las de otros hombres cuando y nos asociamos. Una familia es un proyecto de vida conjunto sobre una escala común de valores. Una sociedad armónica también se apoya en valores participados. La cultura es un sistema de valores compartidos, reflejado en todas sus manifestaciones: instituciones, leyes, hábitos sociales, arte, literatura.</p>
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		<title>Declaración universal de los derechos humanos</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General 217 del 10 de diciembre de 1948. Este día la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo texto completo figura en las páginas siguientes.
Tras este acto histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General 217 del 10 de diciembre de 1948. Este día la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo texto completo figura en las páginas siguientes.</p>
<p>Tras este acto histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros que publicaran el texto de la Declaración y dispusieran que fuera ”distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o territorios.”</p>
<h2>Preámbulo</h2>
<p>Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;</p>
<p>Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, li8brados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;</p>
<p>Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;</p>
<p>Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;</p>
<p>Considerando que los pueblos de la Naciones Unidos han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad;</p>
<p>Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de la Naciones Unidas, el respeto universal efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y</p>
<p>Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;</p>
<p>La Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y asegure, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.</p>
<h2>Artículo 1</h2>
<p>Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derecho y, dotados como están de razón y conciencia, deben portarse fraternalmente los unos con los otros.</p>
<h2>Artículo 2</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.</li>
<li>Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.</li>
</ol>
<h2>Artículo 3</h2>
<p>Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.</p>
<h2>Artículo 4</h2>
<p>Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.</p>
<h2>Artículo 5</h2>
<p>Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.</p>
<h2>Artículo 6</h2>
<p>Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.</p>
<h2>Artículo 7</h2>
<p>Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.</p>
<h2>Artículo 8</h2>
<p>Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.</p>
<h2>Artículo 9</h2>
<p>Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.</p>
<h2>Artículo 10</h2>
<p>Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.</p>
<h2>Artículo 11</h2>
<ol>
<li>Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.</li>
<li>Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.</li>
</ol>
<h2>Artículo 12</h2>
<p>Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.</p>
<h2>Artículo 13</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.</li>
<li>Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar, a su país.</li>
</ol>
<h2>Artículo 14</h2>
<ol>
<li>En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él en cualquier país.</li>
<li>Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.</li>
</ol>
<h2>Artículo 15</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a una nacionalidad</li>
<li>A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.</li>
</ol>
<h2>Artículo 16</h2>
<ol>
<li>Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.</li>
<li>Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.</li>
<li>la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.</li>
</ol>
<h2>Artículo 17</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a la propiedad individual y colectivamente.</li>
<li>Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.</li>
</ol>
<h2>Artículo 18</h2>
<p>Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.</p>
<h2>Artículo 19</h2>
<p>Todo individuo tiene derecho a  la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.</p>
<h2>Artículo 20</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión  y de asociación pacíficas.</li>
<li>Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.</li>
</ol>
<h2>Artículo 21</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.</li>
<li>Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.</li>
<li>la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público: esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.</li>
</ol>
<h2>Artículo 22</h2>
<p>Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.</p>
<h2>Artículo 23</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.</li>
<li>Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.</li>
<li>Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualquiera otros medios de protección social.</li>
<li>Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.</li>
</ol>
<h2>Artículo 24</h2>
<p>Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.</p>
<h2>Artículo 25</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.</li>
<li>la maternidad y la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.</li>
</ol>
<h2>Artículo 26</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.</li>
<li>La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los dere3chos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la mistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos y religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de la Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.</li>
<li>Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.</li>
</ol>
<h2>Artículo 27</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.</li>
<li>Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.</li>
</ol>
<h2>Artículo 28</h2>
<p>Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.</p>
<h2>Artículo 29</h2>
<ol>
<li>Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.</li>
<li>En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.</li>
<li>Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.</li>
</ol>
<h2>Artículo 30</h2>
<p>Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.</p>
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		<title>Allí donde se valora la vida</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[CUANDO nos toca de cerca el sufrimiento, en cualquiera de sus formas, nos vemos impulsados a repensar nuestra vida. Si no lo hacemos, caemos en el automatismo pesimista del síndrome de la catástrofe: ”Y no, de esto ya no salimos”; ”cada vez nos sacan más cosas”; ”la vida no tiene ningún sentido”; ”ser buenos no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CUANDO nos toca de cerca el sufrimiento, en cualquiera de sus formas, nos vemos impulsados a repensar nuestra vida. Si no lo hacemos, caemos en el automatismo pesimista del síndrome de la catástrofe: ”Y no, de esto ya no salimos”; ”cada vez nos sacan más cosas”; ”la vida no tiene ningún sentido”; ”ser buenos no vale la pena porque sólo los sinvergüenzas triunfan”, etcétera. Estas expresiones son el libreto habitual de las conversaciones desesperanzadas de nuestros días, y si uno no se cuida, es fácil caer en un automatismo que excluye la decisión personal.</p>
<p>Así y todo, hay un ámbito en el cual, sea cual fuere la situación económica o política en la cual se vive, no es posible poner el ”piloto automático” sin graves pérdidas inmediatas. Este ámbito privilegiado, en el cual no es posible ocultar la verdad de lo que somos y de lo que creemos, es la familia.</p>
<p>Los humanos estamos hechos para florecer plenamente sólo en la dimensión interpersonal, pues todo lo que nos constituye como personas tiene la marca de la presencia -positiva o negativa- de los demás. También en la dimensión religiosa, donde cada persona se relaciona con Dios, nos encontramos con que esa intimidad sagrada está marcada por el diálogo. Se puede afirmar que nuestra identidad misma se hace coherente sólo bajo una mirada amorosa, así como se dificulta por su ausencia: de ahí la extraordinaria importancia de esta institución humana llamada familia. En ella se producen esos lazos interpersonales intensos, de los que depende en gran medida lo que vamos a ser y cómo vamos a actuar; en ella nos capacitamos para la vida real y aprendemos a conocernos y a manejarnos con nuestra personalidad de la manera más apropiada.</p>
<p>En el seno de la vida familiar, además, aprendemos también el valor de la diferencia: ser varón o ser mujer, ser joven o viejo, ser grande o chiquito, ser rápido, lento, sereno, arrebatado, reflexivo o impulsivo; todas las diferencias son los ingredientes de la riqueza de la vida cotidiana, siendo una -el ser varón o ser mujer- el fundamento mismo de la familia, y otras, los elementos del aprendizaje necesario para valorar los distintos modos de ser de las personas. La aceptación de estas diferencias se facilita en la vida diaria cuando vemos cómo las distintas reacciones son útiles en distintas circunstancias: los arrebatados bendecimos la existencia de los reflexivos cuando hay que ponderar bien las circunstancias antes de actuar; a su vez, éstos bendicen la decisión de aquéllos en caso de, digamos, incendio. Los viejos admirarán a los jóvenes, por ejemplo, en el manejo de la computadora; los jóvenes, a los viejos en la sabiduría para entender la vida, y así cada persona estará ubicada y será valorada por lo que es.</p>
<h2>Voluntad de bien</h2>
<p>Pero las cosas no se acomodan tan fácilmente, y menos en tiempos de inseguridad y de sufrimiento como los actuales: es necesario prestar atención y, sobre todo, tener buena voluntad, que significa también ”voluntad de bien”.</p>
<p>La vida familiar es sin duda un lugar privilegiado para poner a prueba nuestra decisión de hacer algo para mejorar la situación. Se trata de una decisión personal, porque los automatismos nos llevan muy lejos de una vida familiar satisfactoria. De hecho, las reacciones violentas que surgen espontáneamente frente a la injusticia siempre buscan, por su mismo mecanismo, alguien en quien descargarse, y es muy frecuente que esa descarga sea recibida por las personas que uno tiene cerca, con las que supone que no tiene que cuidarse demasiado. El resultado es que la rabia acumulada en las graves dificultades diarias que enfrentamos en la oficina, en la calle, en el supermercado se vuelca finalmente en casa fuera de toda contención, y se traduce en un trato áspero, sin paciencia ni dulzura, justamente hacia las personas de las que quizá podría venirnos un poco de alivio para seguir viviendo y luchando.</p>
<p>Lo mismo sucede con la desconfianza y el escepticismo, actitudes que se repercuten en todas nuestras relaciones, sin excepción, y dificultan aún más la vida, al cargar negativamente no sólo el mundo del trabajo, sino también las áreas ”protegidas”, en donde todavía se podría cobijar alguna esperanza y recibir alguna satisfacción.</p>
<p>Sin embargo, es siempre posible un cambio de actitud para salir del clima de derrota, empezando en la propia casa y con la propia gente, conscientes de todo lo que se podrá hacer de bueno también afuera sólo con que logremos recobrar la esperanza y las fuerzas para luchar. Este cambio de actitud pasa por una decisión personal, que es al fin y al cabo una verdadera manifestación de libertad, al escaparnos de las reacciones mecánicas e ”inventar” un modo inédito de acción. En suma, las dificultades desencadenan nuestra capacidad de innovar.</p>
<p>¿Qué se puede innovar en la vida familiar? Empecemos por el trato de todos los días: podemos decidir compensar a nuestros padres, esposos, hijos, hermanos de las durezas de la vida diaria con una sobredosis de comprensión y cariño. Si hay que sufrir por lo que no depende de nosotros, por lo menos que nada de lo nuestro implique más sufrimiento. Si hay que privarse de algo, no privemos a nadie de nuestros cuidados, de nuestra capacidad de escucha, de nuestras palabras de afecto.</p>
<p>La vida familiar, porque exalta el interés por las personas y porque se vive todos los días, nos despierta a las necesidades concretas del otro: si un amigo no tiene qué comer, resulta intolerable para nosotros poner comida en la mesa sin haber ayudado aunque sea un poco a que otra mesa tenga lo suyo. La familia es el lugar desde el cual aprendemos a no vivir en automático, porque lo que cuenta son las personas y eso nos obliga a jugarnos cada día como protagonistas, no como autómatas. En familia no se pueden usar caretas, o por lo menos no por mucho tiempo: allí nos jugamos nuestra credibilidad y nos vemos impulsados a ser coherentes con lo que decimos creer y con los valores que decimos aceptar.</p>
<p>Por eso la vida familiar es un refugio: no para escondernos, sino para sincerarnos; no para retirarnos, sino para recobrar fuerzas para luchar; no para desentendernos, sino para entender más a fondo la realidad y buscar una solución.</p>
<h2>Sueños para crecer</h2>
<p>Una solución que permita el crecimiento de nuestro hijos, pero que es también una respuesta a las necesidades de la comunidad y del país; una solución que proviene de donde se valora la vida de cada uno y se quiere vislumbrar posibilidades en el futuro, para que la vida se despliegue en todo su potencial, porque es claro que si la familia es la cuidadora de la vida, también es el lugar en el que se ”cocinan” los sueños, y sin sueños es imposible crecer.</p>
<p>Estas reflexiones pueden parecer sólo una expresión de deseos de alguien que no soporta este compás de espera que las circunstancias económicas nos imponen, pero tengo la pretensión de que produzcan concretamente actitudes innovadoras en la vida de todos los días. Ser conscientes del margen de libertad que todavía tenemos y aprender a usarlo correctamente es sin duda fuente de innovación positiva. De los problemas se sale con ideas y con acciones, y el banco de prueba de la eficacia de esta actitud es sin duda la renovación de nuestra relación con personas concretas.</p>
<p>Si en la convivencia diaria logramos en serio mejorar algo, puede ser que aprendamos de esta crisis para sanar también la vida de la Argentina.</p>
<p><em>Paola Scarinci de Delbosco es doctora en filosofía, profesora de las universidades Católica Argentina y Austral. </em></p>
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		<title>Los valores y el mundo real</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando hablamos de la necesidad de preservar determinados valores humanos y éticos y, sobre todo, de transmitirlos con convicción y con firmeza a las nuevas generaciones, experimentamos a veces la incómoda sensación de estar proponiendo el abordaje de cuestiones irremisiblemente abstractas, desconectadas del fragor o del vértigo de la vida cotidiana.
Un valor o un precepto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando hablamos de la necesidad de preservar determinados valores humanos y éticos y, sobre todo, de transmitirlos con convicción y con firmeza a las nuevas generaciones, experimentamos a veces la incómoda sensación de estar proponiendo el abordaje de cuestiones irremisiblemente abstractas, desconectadas del fragor o del vértigo de la vida cotidiana.</p>
<p>Un valor o un precepto filosófico o moral es, por definición, un enunciado que nos llega desde el reino de lo inmaterial, desde el universo del pensamiento puro, desde el campo aparentemente ilusorio de las cosas que no se tocan ni se ven. Se explica entonces que a muchas personas, jóvenes y no tan jóvenes, les resulten escasamente atractivas las reflexiones o las propuestas provenientes del campo de la especulación doctrinaria o moral. Un joven o un adolescente habituados a confrontarse con desafíos o compromisos que tocan los resortes más urgentes de su experiencia vital es probable que no se muestren demasiado interesados en abrirse a espacios de reflexión sobre las razones últimas que ennoblecen el comportamiento humano.</p>
<p>De ahí la dificultad con que tropiezan a menudo los padres de familia, los maestros y los comunicadores de diferentes ámbitos cuando intentan defender y exaltar determinadas conductas o determinados valores ante uno o varios interlocutores juveniles. ¿Cómo lograr que lo abstracto pase a ser atractivo y convincente en un mundo que no se cansa de privilegiar lo concreto, lo urgente, el ”aquí y ahora”, lo que está cerca y se puede tocar, lo material?</p>
<p>Pero un día cualquiera ocurre lo impensable: la realidad cotidiana se disloca y estalla en pedazos. Y cae sobre nuestras cabezas una noticia tan horrenda como inesperada: en una escuela secundaria de una ciudad bonaerense del Sur, un alumno de quince años ha irrumpido en un aula empuñando un revólver y ha matado o herido a varios de sus compañeros. Aquellas lecciones últimas que parecían abstractas y lejanas han cobrado, de pronto, patética y visceral actualidad. Es terrible que el precio de ese viaje acelerado de la abstracción a la realidad, de la lejanía a la inmediatez, haya sido un crimen monstruoso, difícil de prever e imaginar. Lo que hasta ayer parecía demasiado ”teórico” o ”débil” para competir con las urgencias cotidianas juveniles ha pasado a ocupar, trágicamente, el centro de la escena.</p>
<p>Siempre se vuelve a los valores. Ahora bien, ¿a qué valores? ¿Acaso los principios que se alientan y se defienden desde una determinada frontera del pensamiento son exactamente iguales a los que se exaltan desde la vertiente opuesta? ¿Acaso no hay puntos de discrepancia y de oposición entre una ideología y otra, entre una religión y otra, entre una concepción cultural y otra?</p>
<p>Sí, es verdad. Pero el pluralismo y la diversidad desaparecen cuando asoman aquellos valores superiores que son los únicos compatibles con el respeto a la vida y a la dignidad de las personas. La tradición cultural del humanismo no tendría valor alguno si no nos hubiera dejado esa enseñanza básica. Alguien podría suponer que una lección tan alta está reservada a niveles supremos de abstracción. No es así: la historia se encarga todos los días de demostrarnos que nada referido al hombre es, en rigor, abstracto o ajeno a la realidad. Y que aún esas enseñanzas básicas necesitan ser transmitidas y reafirmadas día tras día -en el aula, en el hogar, en los múltiples foros de la comunicación social- con fuerza redoblada, con indeclinable pasión.</p>
<p>A los medios de comunicación -y LA NACION se incluye antes que ningún otro en la lista- les corresponde un papel protagónico en esa tarea de transmitir los supremos valores del humanismo a las nuevas generaciones. El periodismo, gráfico, radial o televisivo, debe hacer una enérgica autocrítica para saber si está cumpliendo con esa misión o si en algún caso la está encarando con frivolidad, con ligereza, con sensacionalismo o con imperdonable ambigüedad.</p>
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		<title>¿Y si hablamos de valores?</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[”Sin fortuna, que nunca deseé por ser carga pesada en la incesante pugna”, dice Sarmiento en su testamento político. Y nos define una escala de valores en que la ”pugna” pasa por encima de todo. Pero hay algo más: Sarmiento ha construido su gigantesca vida pública sin dinero, nos lo informa de manera indirecta y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>”Sin fortuna, que nunca deseé por ser carga pesada en la incesante pugna”, dice Sarmiento en su testamento político. Y nos define una escala de valores en que la ”pugna” pasa por encima de todo. Pero hay algo más: Sarmiento ha construido su gigantesca vida pública sin dinero, nos lo informa de manera indirecta y simple. Para todos los grandes políticos de la primera mitad del siglo XX, el dinero fue accesorio o, francamente, estorbo. Y en la segunda mitad, por lo menos tres presidentes constitucionales hicieron sus campañas casi sin dinero: Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Alfonsín.</p>
<p>Para Sarmiento, la ”realización” de su vida estaba en esa pugna, en el hacer, y ésa ha sido la regla de conducta de los buenos políticos argentinos de todos los tiempos, incluyendo a muchos de nuestros contemporáneos. Ese valor de servicio público y de reconocimiento moral los ha incitado. Pero la incitación no tendría sentido si la sociedad misma no hubiese tenido esos valores al tope. ¿Cómo somos hoy?</p>
<p>Hace pocas semanas, la revista francesa L´Express dedicó su nota de tapa a las recetas de felicidad de los franceses. Y el elemento numérico de la nota fue una encuesta a 1006 personas hecha por Scan para Lab´Ho. Como Francia es una sociedad satisfecha (89 por ciento de las respuestas), revisé los datos para tratar de establecer una correspondencia entre su bienestar colectivo y sus valores individuales. No pretendo que la información tenga más valor que el periodístico, pero pica.</p>
<p>En un sistema de respuestas múltiples, al preguntárseles cuál era un recurso muy importante para el éxito, el 87 por ciento eligió ”tener voluntad”, y sólo un 37 por ciento, ”tener suerte”. Entre una y otra opción quedaron ”ser apoyados por el entorno” (62 por ciento), ”disponer de recursos financieros”(44), ”ser inteligente” (42), ”haber hecho buenos estudios (42). Interesante es observar que el último rubro, ”disponer de relaciones sociales”, sólo recibió un 33 por ciento de respuestas, lo cual muestra una sociedad en que la ”palanca” no es importante. La voluntad, el entorno (una sociedad que encuadra y un sistema financiero que da crédito barato) y la capacitación parecen formar un terceto de oro.</p>
<h2>La construcción verdadera de una nación</h2>
<p>La otra gran aventura fue analizar el cuadro ”¿Cuáles son sus modelos de éxito?”, o sea, cuáles son los mejores caminos para triunfar según la mirada de un francés medio. Lean bien: ”el investigador”, 59 por ciento; ”madre de familia”, 57; ”el empleado honesto y responsable”, 55; ”el creador de empresa”, 48; ”el deportista de alto nivel”, 32; ”pensador y filósofo”, 30; ”artista”, 27; ”estrella del show business ”, 8; ”carrera política”, 7; ”el seductor”, 5 por ciento.</p>
<p>Mi primera tentación fue, simplemente, dar vuelta estos dos cuadros y preguntarme si, invertidos, no representan a la sociedad argentina. No estoy seguro de que en el fondo de nosotros mismos no pensemos también que voluntad, entorno y capacitación son los grandes instrumentos, y que suerte y palanca son las basuras que nos venden masivamente los medios de comunicación.</p>
<p>Pero el segundo cuadro es más dramático. Hace ya varios años que el venerable Manuel Sadosky y otros amigos científicos están alarmados por la baja de vocaciones por las ciencias ”duras” entre nuestros estudiantes del secundario, que han caído del 30 al 15 por ciento en poco más de veinte años. Es seguro que ”el investigador” no tiene entre nosotros la promesa que tiene en Francia. Al lado de eso hemos visto proliferar a ”empresarios” que buscan caras bonitas -con ambiciones de llegar al show-business , y los medios audiosuales nos aturden con las vidas, los millones y los caprichos de los futbolistas. Me temo que en el caso de este segundo cuadro, la inversión que propongo sea tristemente valedera. Miramos a nuestras vidas y a nuestro futuro exactamente al revés de los franceses. ¡Y tenemos a la vista que aunque ganemos el próximo mundial de fútbol, algo probable, nada cambiará en nuestras frustraciones cotidianas, nuestra desocupación y nuestra desesperanza!</p>
<p>¿No habrá llegado el tiempo de trabajar sobre nuestra crisis de valores? ¿En qué consiste ”la incesante pugna” de vivir, para nosotros? Sarmiento nos da una clave que, mirando a las sociedades más avanzadas, no parece haber perdido nada de su vigencia. Y él vale como ejemplo porque fue un gozador de la vida; le encantaba el sexo y se deleitaba comiendo todo lo que su médico le había prohibido: lechón asado, ensalada de pepinos y chicha de uva traída de su San Juan.</p>
<p>Si no abrimos este debate, me parece que no habremos abierto el debate sobre el futuro de la Argentina. Desde mucho antes del gobierno de Carlos Menem ya teníamos instalados en el pensamiento público valores extravagantes, con toques mágicos: ”la Argentina potencia”, ”la derrota de Gran Bretaña”…Y después vinieron ”el Primer Mundo” y ”el peso es igual a un dólar”. No voy a hacer una lista. Lo común a todos estos sueños es que, para la construcción verdadera de un país, han sido contravalores, porque en el lugar de la voluntad colocaron la suerte y, en todos los casos, desmerecieron el esfuerzo constante y silencioso de la investigación, que es un buen modelo.</p>
<p>Sabemos que estamos mal. Pero por ahora todo lo contamos como una historia de desaciertos, malos amigos externos, mala suerte y falta de hombres providenciales. ¿Y los valores? ¿No tuvieron algo que ver con dar la vida por la Independencia, darla después luchando contra los tiranos y ponerla luego al servicio de la gran construcción que pronto va a cumplir doscientos años?</p>
<p>¿Y si volvemos a discutir los valores de aquí para adelante?</p>
<p><em>El autor es escritor y economista. </em></p>
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		<title>El verdadero valor de los valores</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[En la Prensa]]></category>
		<category><![CDATA[Material de capacitación]]></category>

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		<description><![CDATA[”No podemos enseñar valores: debemos vivir valores. No podemos dar un sentido a la vida de los demás. Lo que podemos brindarles en su camino por la vida es, más bien y únicamente, un ejemplo: el ejemplo de lo que somos.” En 1970 el psicoterapeuta austríaco Víctor Frankl, fundador de la logoterapia afirmaba esto al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>”No podemos enseñar valores: debemos vivir valores. No podemos dar un sentido a la vida de los demás. Lo que podemos brindarles en su camino por la vida es, más bien y únicamente, un ejemplo: el ejemplo de lo que somos.” En 1970 el psicoterapeuta austríaco Víctor Frankl, fundador de la logoterapia afirmaba esto al hablar de la ”voluntad de sentido”. Frankl consideraba la voluntad de sentido la forma de percepción que impregna a cada hombre y que, cuando se hace consciente, le permite encontrar un propósito para cumplir más allá de sí mismo, en el encuentro con otros. Ese propósito da significado a la existencia. Cada hombre, decía Frankl, debe encontrar el sentido de su vida porque sobrevivir no es el máximo valor.</p>
<p>Vivimos en una época y en una sociedad en las que, cada vez más, ”solamente sobrevivir”parece haberse convertido en el único valor. Y no sólo en términos económicos. Ser pobre no es un requisito para ser sobreviviente o para no ver otro horizonte que la supervivencia. Junior, el chico que desató la tragedia de Carmen de Patagones, había escrito en su pupitre, tres décadas después de las palabras de Frankl, esta frase: ”Quien le encuentre sentido a la vida que lo escriba aquí, por favor.” Lo había tallado, para que no se borrara. La frase estaba allí antes de la masacre y sólo fue vista después. Junior, hundido en un pozo oscuro, con su alma desgarrada, había gritado la pregunta que urge responder en un mundo que se hunde cada día en un pronunciado, inquietante y trágico vacío existencial.</p>
<p>Pocas veces la palabra ”valores” ha sido pronunciada tantas veces como en estos días. Se habla de transmitir valores, de educar en valores, de preguntarnos por nuestros valores y por los que les dejamos a nuestros hijos. Quizás cada uno de nosotros, células del organismo social que integramos, debiéramos preguntarnos, a la manera de Frankl, cómo estamos viviendo aquellos valores que declamamos. Porque los valores son verbos antes que sustantivos. En un mundo en el que basta una mentira repetida para invadir y destruir un país, en un mundo en el que un candidato, ya convertido en presidente, puede admitir que mintió para ganar porque, si no, no lo hubieran votado, en un mundo en el que las leyes sólo se invocan para que las cumplan los otros y en el que los derechos se reclaman pronto y las obligaciones se olvidan rápido, en un mundo en el que cualquiera puede creerse dueño de D&#8217;s, y en consecuencia, matar a los ”infieles”, en un mundo en el que no tener es no ser, en el que consumir se percibe como sinónimo de vivir y en el que se cree que la adrenalina es más importante que la sangre y, por lo tanto, hay que generarla todo el tiempo y de cualquier modo, ¿de qué hablamos al hablar de valores? ¿qué decimos, más allá de palabras bellas, o fuertes , o asertivas, cuando proponemos valores?</p>
<p>En Calígula, la impresionante obra de Albert Camus, cuando el emperador decide apoderarse de las herencias de todos los ciudadanos de Roma, previa ejecución de los mismos, lo justifica de una manera brutal: ”Si el tesoro tiene importancia, la vida humana no la tiene. La vida no vale nada ya que el dinero lo es todo.” Resulta estremecedor observar el paisaje cotidiano de nuestra sociedad y observar los modelos que, cada vez más, prevalecen en las relaciones interpersonales, porque, sin distinción de clase, de nivel cultural o económico, parecería que la idea de Calígula se impone.</p>
<p>Vuelvo a Frankl. Él sostenía que era la conciencia el órgano que podría guiar al hombre en la búsqueda del sentido, que en ella reside la capacidad ”de percibir totalidades de sentido en situaciones concretas de la vida.”Parta ello, tiene que estar despierta. En estos días sombríos, es importante no seguir adormeciendo la conciencia bajo torrentes de declamaciones. Esto no sólo vale para los políticos, educadores, profesionales y funcionarios. También para cada uno, cada hombre, cada mujer, cada pobre, cada padre, cada madre, en su espacio más propio, íntimo y cotidiano. Si no, el trágico grito de Junior habrá sido amordazado como tantos otros (acaso menos sangrientos) para que no interrumpa el festival de sinsentido y vacío en el que baila una sociedad que , dos mil años después, podría volver a tener a Calígula como líder y mentor. Si de veras creemos que vamos a enseñar valores, empecemos por vivirlos. O no nos espantemos de Junior, que, en definitiva, es el nombre de la conciencia dormida, dopada y anestesiada.</p>
<p><em>* Sergio Sinay es autor de Las condiciones del buen amor y Ser padre es cosa de hombres, entre otros libros.<br />
</em></p>
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		<title>Justos entre las naciones</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Las experiencias narradas en los cuentos son testimonios verídicos obtenidos por Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Jerusalem a partir de relatos de sobrevivientes de la Shoah.
Los dos cuentos expuestos a continuación pertenecen al libro Los Justos de las naciones del mundo (Jasidei umot haolam) de Guesher, de cuyo original en hebreo han sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las experiencias narradas en los cuentos son testimonios verídicos obtenidos por Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Jerusalem a partir de relatos de sobrevivientes de la Shoah.</p>
<p>Los dos cuentos expuestos a continuación pertenecen al libro Los Justos de las naciones del mundo (Jasidei umot haolam) de Guesher, de cuyo original en hebreo han sido traducidos por la Lic. Belkis Rogovsky. Este libro fue editado por el Departamento de Educación y Cultura para la Diáspora de la Agencia Judía para la colección ”Cuadernos en hebreo fácil”, Jerusalem, 1971.</p>
<p>Los salvadores fueron personas simples, de diferentes nacionalidades, que cumplieron, aún a costa de sus propias vidas, con el versículo del libro de Levítico (19,18) donde dice: ”QUERRÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.”</p>
<h2>El ingeniero Lansky (Félix Chivinsky), Polonia, noviembre de 1942</h2>
<p>El guetto Jizini, cercano a la ciudad de Varsovia, vivía sus últimos días. Diariamente los judíos eran sacados de sus casas y conducidos a la muerte. Al escucharse un golpe sobre la puerta de la casa de Yitzhak, situada en el guetto, se detuvo la respiración de las cuatro personas que se encontraban dentro. Yitzhak se acercó con pasos lentos hacia la puerta. Al abrir entró un desconocido, de alrededor de 40 años.<br />
-¿ Aquí vive la familia de Yitzhak Mistuchk? preguntó.<br />
- Sí! respondió Yitzhak con dificultad.<br />
- Mi nombre es Lansky – y les traigo saludos de sus hijos.<br />
Esther, la esposa de Yitzhak, se levantó muy conmocionada y preguntó: ¿dónde están?, ¿cómo están?, desde que se escaparon del guetto, hace un mes,  no sabemos nada de ellos.<br />
-Están bien, un amigo los trajo a mi casa en Varsovia y se esconden allí. Por pedido de ellos vine a llevarlos a ustedes también- De repente sacó una cámara fotográfica, fotografió a Yitzhak a Esther, a su hija  Javah y a su yerno Yaacov y les dijo: dentro de una semana les traeré  falsos documentos y los sacaré del guetto por la noche. Adiós.<br />
Pero Lansky no alcanzó a llegar. A los tres días el guetto se llenó de soldados de la Gestapo y de campesinos polacos ebrios. Rápidamente sacaron a los judíos por la fuerza a la calle, los golpearon y los amontonaron a todos en un  pequeño baldío cercado por alambre de púa. Los polacos los insultaban y se burlaban de ellos. Los pocos que intentaron escapar fueron capturados. Yitzhak y su familia sabían que sólo un milagro podría salvarlos.<br />
Inmediatamente escucharon un llamado en polaco, dirigido a los campesinos.<br />
- ¡Hermanos, vengan a  beber, un varsoviano nos invita a beber vodka!<br />
Los campesinos  no esperaron una segunda invitación, corrieron hacia el lugar en donde se ofrecía la bebida acompañados, incluso, de algunos guardias alemanes. Yitzhak no supo por qué, pero tuvo la sensación de que el varsoviano era Lansky. Aprovechando el descuido, la familia decidió escapar. Regresaron  y se escondieron nuevamente en el guetto. De lejos les llegaban las voces de los polacos borrachos que cantaban y reían.<br />
Al cabo de dos horas vieron que un hombre se les acercaba. Era Lansky, casi gritaron de alegría. Corrieron a su encuentro olvidando el peligro. Lansky los condujo a una calle lateral y de allí a campo abierto. En el cielo se vislumbraba la aurora.<br />
-Intentaremos llegar a Varsovia en el tren del mediodía; mientras tanto, nos ocultaremos en los campos.<br />
Al llegar al tren comprobaron que estaba repleto de soldados alemanes y que sería imposible subir. Al mismo tiempo temían escapar de allí. Fue entonces que Lansky los introdujo en el restaurante de la estación.<br />
-Hoy se casa mi hija menor -y señaló a Javah y a su esposo, quisiera una habitación privada en donde poder festejar- Pidieron comidas caras y permanecieron allí hasta altas horas de la noche. El miedo era  grande, sabían que en cualquier momento  podía abrirse la puerta  y aparecer un soldado alemán.<br />
A las diez de la noche Lansky salió y al regresar comentó que había mermado el número de soldados.<br />
-A las once pasa el tren a Varsovia. Le pagué a una mujer para distraer a los soldados en el momento en que el tren se detenga. Durante estos minutos subiremos al tren, no teman, caminen con seguridad y con tranquilidad.<br />
Finalmente llegaron a Varsovia muy tarde, caminaron en absoluto silencio por calles laterales y oscuras hasta llegar a una casa destruida. Nadie podía imaginar que esa casa estuviese habitada. Caminaron, subieron escaleras y se detuvieron frente a una puerta marrón. Lansky golpeó cuatro veces y luego abrió con una llave.<br />
La familia quedó perpleja al ver que detrás de esa puerta había una casa completa con dos habitaciones y cocina  y que allí se ocultaban once judíos. Se saludaron y de inmediato arreglaron dónde dormiría cada uno. -Dejen sus cosas, les quiero mostrar algo- dijo Lansky, quien los condujo nuevamente hacia las escaleras y de allí a su casa. Era difícil llamar a eso casa, todas las paredes estaban destruidas y en los muros exteriores había grandes agujeros, obstruidos, a su vez, por grandes tablones. Lo único íntegro en la casa era un horno de grandes dimensiones. Lansky golpeó la puerta del horno y al abrirse  aparecieron  dos cabezas de cabello negro: el hijo y la hija de Yitzhak y Esther.<br />
El verdadero nombre de Lansky era Félix Chivinsky, de profesión ingeniero y miembro activo de la resistencia polaca. Además de los once judíos que escondía en su casa había ayudado a muchos otros a ocultarse en diferentes lugares de Varsovia. No sólo arriesgó su vida, sino también la de sus padres, en cuya casa ocultó a una familia completa.<br />
La vida dentro del escondite era difícil. Al no poder  traer grandes cantidades de comida por temor a que los vecinos sospecharan, Lansky adquiría todo en pequeñas cantidades que iba dejando, durante el día, en diferentes lugares de la ciudad. Por la noche llevaba todo a la desmantelada casa. Otra preocupación que aquejaba a Lansky  era que sus amigos de la clandestinidad no supieran dónde escondía a los judíos ni cuántos eran exactamente.<br />
Lansky no era un hombre rico, poco a poco, fue vendiendo lo  que tenía para mantener a las personas que ocultaba.  Dentro de la casa los judíos realizaban diversos trabajos. Confeccionaban redes de cabello y todo tipo de artículos de goma  que después él vendía para poder comprar comida y carbón.<br />
Después de un tiempo los integrantes de la familia de Ytzhak enfermaron de tifus. No podían levantarse debido a la fiebre. Lansky cuidó de ellos, incluso trajo un médico y a pesar de las dificultades existentes para conseguir medicinas obtuvo medicamentos e inyecciones. De a poco, se fueron restableciendo, sólo Javah no se recuperó y murió. Allí permanecieron hasta el final de la segunda guerra.<br />
Veinticuatro de las veintiséis personas que ocultó se salvaron. Muchas veces, a lo largo de los años de escondite, ellos le preguntaban  ¿Por qué arriesga su vida por nosotros?  Lansky  reía y callaba. Solamente, una vez, al acercarse el final de la guerra, dijo: hice esto para salvar el honor de mi patria, para que se pueda decir que, por lo menos, hubo un polaco que se comportó como persona y no participó del crimen  perpetrado contra los judíos.</p>
<h2>Oleina Herihorishin, Ucrania</h2>
<p>Era de tarde cuando la anciana Oleina regresó a su  casa en la aldea ucraniana de Mikitintzi. Tenía sesenta años y una vida dura y sacrificada había dejado profundas arrugas en su cara. Trabajó en tareas domésticas, durante muchos años, sin llegar a tener una casa propia. Las personas se burlaban de ella y la consideraban tonta y miserable. Últimamente ni siquiera le pagaban, sólo le daban comida en retribución por su trabajo.<br />
Cuando trabajaba en lugares alejados dormía  afuera,  frente a la entrada de la casa. Otras noches volvía a la pequeña y miserable choza, al lado del bosque, fuera de la aldea,  donde su hermano le permitía vivir.<br />
Al llegar esa tarde a la choza, Oleina observó que una niña pálida y delgada de aproximadamente doce años estaba sentada en la puerta, en sus ojos se percibía un horrible miedo.<br />
-¡Ayúdame, escóndeme por favor!!!! Pidió la niña.<br />
Oleina miró a la espantada niña y la abrazó.<br />
-Entra- dijo  emocionada y abrió la puerta. Preparó comida para la niña y luego ambas permanecieron hablando hasta altas horas de la noche. Dunia le contó   toda su historia. Ella era judía, se había escapado del guetto de Kosovo, los nazis habían matado a toda su familia frente a sus ojos, y los ucranianos, que antes eran sus amigos, comenzaron a perseguirla  arrojándole piedras. La niña huyó hacia las aldeas e intentó trabajar como sirvienta ucraniana, pero el miedo que se percibía en sus ojos la delataba. Milagrosamente se había salvado de tanto salvajismo.<br />
La anciana la  abrazó nuevamente y le dijo: ”no llores, pequeña”,  y ella misma lloró. ”Las personas son animales”, yo, lo sé. Estarás bien, te quedarás conmigo. Yo haré por ti todo lo que esté a mi alcance. No tengo a nadie en el mundo y tú serás mi hija.<br />
Por la mañana Dunia despertó  sobre una  amplia cama de madera al lado de una estufa encendida. En la habitación no había nada más. Las paredes estaban rajadas y no tenían  revoque. En un rincón había un balde y algunos utensilios que Oleina había encontrado en los alrededores.<br />
Así transcurrieron los días. Todas las mañanas. La piadosa anciana salía a trabajar y regresaba por la noche, cocinaba  para Dunia e inmediatamente salía a recoger leña  para calentar la habitación. Por las noches las dos permanecían largas horas sentadas al lado de la estufa conversando. Dos almas solitarias que se habían encontrado. Oleina consolaba a Dunia diciéndole: pronto los alemanes serán vencidos.<br />
La felicidad no duró mucho. A la choza llegó el hermano de Oleina y la obligó a echar a la niña. En mi casa no esconderás judíos, le dijo. Todos los ruegos fueron en vano hasta que la anciana dijo: si la echas e ella, yo también me iré.<br />
Así fue que las dos comenzaron a deambular buscando trabajo, de pueblo en pueblo. Era invierno y nevaba copiosamente. En una oportunidad en que por encargo estaban  trayendo leños desde el bosque,  la arrugada mujer dijo: descansaremos un rato. Tú no estás acostumbrada a trabajar tan rudamente. Yo ya he trabajado tanto que ni lo siento. Al bajar las bolsas de sus hombros y acomodarse, Dunia le dijo: si logro salvarme de la guerra intentaré hacerte  feliz, tendrás una vida mejor.<br />
-Dunia, Dunia, querida, no conoces nada de la vida, eres joven e inocente. Yo no tengo grandes planes para mi vida, sólo quiero cuidarte  y que llegues sana y salva  hasta el final de la guerra. Luego tú elegirás el camino correcto, no necesito agradecimientos. Sólo tengo un pedido: cuando muera quiero que tú me entierres, así no lo harán al lado de una cerca y entre personas extrañas<br />
Inmediatamente se incorporaron y continuaron el camino que las conducía a la aldea. El invierno recrudecía. Oleina temía que Dunia se enfermara. Fue así que decidió regresar a la choza y decirle a su hermano Stefan que Dunia ya no se encontraba con ella. Lograron entrar en la choza, sin ser vistas, y cada vez que Stefan llegaba Dunia se escondía debajo de la estufa.<br />
Una noche Oleina no regresó a la hora acostumbrada. Afuera el viento soplaba con saña y sacudía la choza. Una fuerte tormenta de nieve se había desatado. Dunia la esperó ansiosamente. La anciana regresó muy tarde, respiraba con dificultad y su cara estaba roja de frío.<br />
-Dunia, debes escapar, los alemanes van de casa en casa buscando judíos en la aldea.  Se quitó su saco,  lo extendió a Dunia y ambas salieron de la choza cálida hacia el frío. El camino se hizo muy duro hasta que finalmente llegaron a una parva de forraje en el campo. Dunia se escondió allí y Oleina regresó a la choza.<br />
Durante mucho tiempo permaneció Dunia sobre la parva. El frío era intenso y pronto comenzó a adormilarse. Ella pensó: no puedo dormirme, me congelaré y moriré, pero aún así sus ojos se cerraron.<br />
¡Dunia, Dunia!  la despertó Oleina, te congelarás, levántate, es media noche, puedes volver, los alemanes ya no vendrán esta noche.  Pero Dunia no podía moverse, sus piernas estaban congeladas. La generosa anciana la cargó hasta la  choza, masajeó sus piernas, la acostó sobre la cama y apagó la lámpara de querosene. La niña se durmió inmediatamente.<br />
A las dos de la mañana Dunia se despertó, oyó pasos que se acercaban hacia la choza y entró en pánico ¡Oleina, los alemanes están aquí, estamos perdidas! gritó Dunia.<br />
-No grites, métete rápido debajo de la cama.<br />
Un golpe  se escuchó sobre la puerta. Oleina preguntó: ¿quién es? y la sucinta respuesta fue: la policía.  La misericordiosa anciana abrió y entraron un soldado alemán y dos ucranianos. Ella les gritó, sin miedo, y los insultó.<br />
-Oleina, corre el rumor que aquí se esconden  judíos, si es así yo te prometo, le dijo el ucraniano, que no te haremos daño alguno si nos entregas a los judíos.<br />
-Por favor, dijo la anciana, pueden buscar, yo no escondo a nadie. Oleina hablaba con seguridad y tranquilidad.  Sus palabras tranquilizaron a Dunia que debajo de la cama temía respirar. Buscaremos dijo el ucraniano, enciende la luz.<br />
-Soy una mujer pobre, no tengo luz.<br />
Los policías comenzaron la búsqueda, sus linternas pasaban de rincón en rincón, buscaron por todos lados y llegaron hacia Dunia, la luz de la linterna pasó al lado de la pequeña sin descubrirla.<br />
-No hay nadie aquí, dijo uno de los soldados desilusionado.<br />
Se fueron. Dunia tenía miedo de moverse, sólo después de un largo rato salió, se abrazó a Oleina y lloró amargamente.<br />
-No llores más, pequeña, no nos daremos por vencidas, mientras yo viva tú también vivirás. Sólo ahora siento verdaderamente que mi vida tiene valor. Ahora sé que alguien me necesita. Tú me salvaste de mi soledad y de mi desesperación. No te preocupes por mí, pequeña, no temo morir en una guerra justa, le temo a una muerte vergonzosa,  a una muerte de mendiga.<br />
Pasaron semanas y meses. Dunia no salía de la choza. Oleina le traía diarios que encontraba. La niña  leía en voz alta y la anciana prestaba atención. Ella no sabía leer. En los diarios aparecían malas noticias, pero ya no se hablaba de los judíos. Una noche  mientras Dunia esperaba a Oleina se abrió la puerta y entraron dos ucranianos.  Dunia no alcanzó a esconderse.<br />
-Te atrapamos, pequeña, ¿cuánto le pagaste a Oleina por ocultarte? ¿dónde está el dinero?<br />
- Ella no sabe que soy judía, le mentí, le dije que era ucraniana.<br />
-¡Mientes! gritó uno de los ucranianos y la golpeó -¡Dinos la verdad!<br />
En esos momentos regresó Oleina y Dunia expresó en voz alta -Oleina no sabe que yo soy judía, le mentí.  Los ucranianos  preguntaron a Oleina, ¿Tú la ocultaste?<br />
-¡Sí!<br />
-¿Sabías que era judía?<br />
-¡Sí!<br />
-¿Conoces cuál es el castigo?<br />
-¡Sí! Acaso Dunia es culpable de haber nacido judía y yo soy culpable por haberla ocultado -dijo Oleina- juntas moriremos.<br />
-¡Oleina! ¿Qué estás diciendo? ¡Por Dios!! -gritó Dunia.<br />
Los ucranianos se reían y castigaban a Dunia con crueldad. La anciana cayó y rogó: no la golpeen es una niña aún, no hizo mal a nadie, tengan piedad  de mí, no puedo ver todo esto. Los ucranianos, asombrados, miraron a Oleina, después miraron a Dunia y uno de ellos dijo: la próxima vez morirán las dos y salieron de la choza.<br />
-Ocurrió un milagro -dijo Oleina- uno de ellos es uno de los asesinos más conocidos,  ya entregó decenas de judíos a los alemanes.<br />
Al día siguiente toda la aldea estaba enterada. Ella ocultaba una niña judía. Dunia no podía permanecer más allí. La anciana la alentó diciéndole que le buscaría otros escondites y continuaría ocupándose y preocupándose por ella. Durante un año Oleina ocultó a Dunia en diferentes lugares, entre ellos en un pozo vacío que cubrió con ramas y nieve.<br />
Llegó la primavera, las nieves comenzaron a derretirse y el escondite se llenó de agua, entonces decidió esconderla en el bosque. Durante un tiempo Dunia estuvo oculta allí. En una ocasión Oleina fue capturada por los alemanes quienes la golpearon y amenazaron, pero no lograron saber dónde se escondía la niña judía.<br />
En abril de 1944 el ejército rojo avanzó hacia el oeste de Ucrania. En el bosque merodeaba una pandilla de asesinos que mataba a todo aquel que encontraba en el camino. Dunia  escapó del bosque y se dirigió a la línea del frente. En el camino se unió a un grupo de refugiados que la  condujo muy lejos de Oleina.<br />
Al finalizar la guerra Dunia intentó encontrar a Oleina pero no obtuvo respuesta. Jamás  se supo acerca de la suerte corrida por Oleina,  noble y valiente mujer que salvó a Dunia de una muerte segura.</p>
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