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	<title>The International Raoul Wallenberg Foundation &#187; Neo-nazis en Austria</title>
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		<title>Austria: Las consecuencias actuales de una inconsecuencia histórica</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Neo-nazis en Austria]]></category>

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		<description><![CDATA[Estas reflexiones sobre la memoria, la historia y el futuro coinciden temporalmente con el triunfo de la alianza política que posibilitó que se incorporaran al gobierno de Austria con cargo de ministros seis miembros del Partido de la Libertad. Jörg Haider, su exitoso líder creció enarbolando un discurso xenófobo, alabando la figura de Adolfo Hitler, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estas reflexiones sobre la memoria, la historia y el futuro coinciden temporalmente con el triunfo de la alianza política que posibilitó que se incorporaran al gobierno de Austria con cargo de ministros seis miembros del Partido de la Libertad. Jörg Haider, su exitoso líder creció enarbolando un discurso xenófobo, alabando la figura de Adolfo Hitler, llamando instituciones penales a los campos de concentración y elogiando la actuación de las SS. ¿Cuál es la genealogía de los recientes acontecimientos?</p>
<p>Cada sujeto posee una memoria, mezcla de experiencias en la esfera privada y pública, y de la selectividad que por definición caracteriza a la memoria. A su vez, la yuxtaposición de las memorias individuales, los restos de las lecciones aprendidas en la escuela, los mensajes de los medios de comunicación y la coexistencia de ideologías diversas constituyen el origen de la memoria colectiva.</p>
<p>Desde siempre las sociedades se han ocupado de organizar la memoria. Con tal propósito se le imponen nombres a las calles, se construyen monumentos y se crean museos. Quien haya leído los diarios o paseado por la plaza que conduce a la Biblioteca Nacional se enteró que durante el primer gobierno de Menem se repatriaron los restos de Juan Manuel de Rosas a la Argentina y que sobre el final del segundo se emplazó una estatua de Eva Perón en la zona de la Recoleta. Estos hechos ilustran como la organización de la memoria sigue los corsi e ricorsi de la historia y de la coyuntura política.</p>
<p>En Francia -donde la Segunda Guerra se instala sobre un extendido antisemitismo, que alcanza su expresión más representativa con el caso Dreyfus, sobre el fin del siglo XIX- la memoria de Vichy fue pasando por distintas fases, según precisa el historiador Henry Rousso. Desde la inmediata pos Segunda Guerra hasta la mitad de la década de 1950 se vivió una década de duelo incompleto; luego, durante el período gaullista los franceses se percibían como un país de militantes de la Resistencia, encolumnados tras el general De Gaulle; a esta etapa le siguió el silencio, como lo señala Marcel Ophüls en el film Le chagrin et la pitié (La pena y la piedad) (1); la cuarta fase se inicia en 1974 con el resurgimiento de la memoria en la comunidad judía y, por otra parte, el crecimiento del antisemitismo ideológico y activo que de la mano de Darquier de Pellepoix -comisionado durante el período de Vichy para asuntos judíos- insiste en negar la Shoah (también llamada Holocausto). Contemporáneamente Robert Faurisson construye una historia para probar que la Shoah es un mito(2). Estos discursos se inscriben en el contexto de la mode retro que incluyó una cierta fascinación por la pornografía de la violencia instituida durante el período nazi.</p>
<p>A pesar del apoyo político y económico que la ultraderecha nacionalista le brinda a Faurisson, y de la aceptación que despertaron sus ”hallazgos” en ciertos intelectuales de la nueva izquierda -el excelente lingüista Noam Chomsky prologó uno de sus libros-, la prédica de Faurisson no tuvo la repercusión esperada sobre la opinión pública francesa, según surge de la encuesta realizada en 1987, en ocasión del juicio a Klaus Barbie. Esta investigación indagaba sobre el camino a seguir en relación con los ocurridos entre 1942 y 1944. ¿Olvido o justicia? El 77 por ciento de los franceses optó por el camino de la justicia y solo el 19 por ciento prefirió el olvido (3).</p>
<p>El juicio a Barbie atravesaba los pliegues de las memorias individuales y corría los telones del olvido que habían ensombrecido la memoria colectiva. En el contexto de esta dinámica social y política no es de extrañar que el Estado francés haya procesado a Maurice Papon en 1997, diez años después del juicio que concluyó con una sentencia ejemplar contra Barbie.</p>
<p>Estos hechos constituyen ejemplos paradigmáticos de la dialéctica que genera la reflexión critica cuando se instala sobre escenarios públicos. Durante más de cuatro décadas nadie recordó que Papon, que se presentaba como un ex miembro de la Resistencia, había actuado como secretario general del departamento de Gironde, en los alrededores de Bordeax. Ni que como oficial de Policía a cargo de la ”Cuestión Judía” fue el organizador de los diez convoyes que condujeron a 1.560 judíos de Bordeax a Drancy, cerca de Paris, para que los nazis los enviaran a Auschwitz. (solo cincuenta de estas personas retornaron después de la guerra)</p>
<p>Merced a la falta de memoria colectiva, Papon llegó a ocupar el cargo más alto en la Policía de París (1960) y en la década de 1980 fue Ministro de Presupuesto, durante la presidencia de Giscard d´Estaigne. Para 1990 se habían acumulado graves cargos contra Papon. Sobre esta base en 1997 se inició un juicio que concluyó con su condena.</p>
<p>Los argumentos contrafácticos carecen de valor probatorio. Nadie puede afirmar que si no se hubiera juzgado a Barbie, tampoco se hubiera procesado a Papon, ni que el crecimiento de la ultraderecha nacionalista hubiera sido mayor. No obstante, se observa que en los últimos años las simpatías hacia Le Pen, líder del Frente Nacional, no acompañaron el crecimiento de los partidos con ideologías semejantes en otros países de Europa, especialmente en Austria.</p>
<p>Ciertamente, la actitud y las conductas hacia el período nazi al interior de Austria fueron muy distintas a las de Alemania. Los gobiernos austríacos que se sucedieron cuando el país recuperó la autonomía ni siquiera intentaron darle un barniz estetizante al pasado nazi-fascista, simplemente omitieron su mención.</p>
<p>En la posguerra las medidas de desnazificación impuestas por los Aliados eran percibidas como una forma de intromisión impertinente. Por otra parte, la Segunda República se benefició con la disposición de los Aliados a considerar que Austria era la primera víctima del hitlerismo. Empero, los partidos políticos austríacos levantaban el estandarte de la soberanía ante la ocupación de las fuerzas Aliadas. ¿Se trataba de la misma soberanía que tan tranquilamente habían enajenado en 1938?</p>
<p>En esos años de la posguerra se reconocía que algunos ciudadanos habían colaborado con los nazis, pero simultáneamente se relativizaba su responsabilidad y se trivializaba lo sucedido. ¿Qué importancia tenía que un ”pequeño” país ocultara su pasado nazi? -si esto le permitía recuperar la alegría. Después de todo, Bruno Kreisky, un judío que fue canciller de Austria durante diez años -en la posguerra-, también pensaba que era innecesario recordar el pasado.</p>
<p>Ante el histórico silencio frente al obscuro pasado de Austria, sorprendió que las instituciones judías y otras organizaciones extranjeras condenaron públicamente el triunfo de Kurt Waldheim en las elecciones presidenciales de 1987. Al interior de Austria la gente reaccionó preguntando en voz alta con qué propósito se reabrían viejas heridas. Acaso Kurt Waldheim no había tenido la ”discreción” de falsificar su participación en el servicio militar durante la guerra para no irritar.</p>
<p>Pero la más desconcertante de las reacciones frente a la protesta que se generalizaba fue la del Ministerio de Relaciones Exteriores de Austria. Peter Jankowitsch, solicitó a los historiadores austríacos -mediante una carta oficial, fechada el 28 de noviembre de 1986- que refuten las ”calumnias” de un joven colega británico -Robert Knight- con el objeto de: ”prevenir que se distorsionen grotescamente cuarenta años de la historia de Austria, incluyendo la historia de la resistencia austríaca al nazismo y a todas las formas de fascismo, a causa del impacto de unos pocos hechos recientes”(4).</p>
<p>A diferencia de Waldheim, Haider no fue discreto, no sintió la necesidad de ocultar su admiración por la Alemania del Tercer Reich y su política racista; inclusive legitimó el trabajo esclavo en los campos de concentración y de exterminio al definirlos como ”instituciones penales para civiles”. Lo que nunca aclaró es qué tipo de delitos se sancionaban en estos escenarios. No obstante, si seguimos su línea argumentativa no es difícil colegir qué Haider se refiere a la ”extranjería” en sentido amplio.</p>
<p>Lo que ha venido ocurriendo en Austria con la memoria colectiva coincide con la enseñanza que se desprende del cuento de Jorge Luis Borges, Del rigor de la ciencia. Borges relata que un emperador le encarga a un grupo de geógrafos que tracen un mapa de su imperio. Llevados por el afán de exactitud los geógrafos terminan por hacer un calco del Imperio. Precisamente lo contrario de un mapa porque eliminan el relieve (5).</p>
<p>El olvido/tergiversación de lo relevante -complicidad con el genocidio, explotación de mano de obra esclava, despojo de bienes a los genuinos propietarios para beneficio de las elites del régimen y sus allegados- atraviesa la historia de Austria desde la posguerra hasta el presente. No fue producto de las inevitables fallas de la memoria. Fue parte de la política oficial, como lo indica la carta enviada por Jankowitsch a los historiadores austríacos en 1986. Esta traición a la verdad histórica no solo afecta a las víctimas inocentes de aquel período negro de la historia. Sus implicancias se han proyectado exponencialmente sobre las generaciones de ciudadanos austríacos a las que se les ocultó los beneficios de conocer el reino de la moralidad para poder discernir entre el bien y el mal.</p>
<p>Han transcurrido más de cincuenta años desde que fue derrotado el proyecto internacionalista de Hitler. Finalizada la Segunda Guerra Mundial el proceso de descolonización se acelera y consecuentemente importantes contingentes migratorios de las ex colonias llegan a Europa. Las migraciones al interior del mapa europeo cabalgan sobre la prosperidad de los estados que, a su vez, se benefician con este tipo mano de obra. Los brotes xenófobos y racistas crecen acompañando las confrontaciones interculturales y arrecian cuando los índices de desocupación se elevan, es en estos momento cuando recrudece la tensión entre universalismo y particularismo.</p>
<p>El pasaje de siglo encuentra a gran parte de Europa unificada, por voluntad de los Estados que la conforman, entre estos Austria, y no por decisión de un dictador, como lo proponía el Tercer Reich. Ante el crecimiento de la intolerancia, cuya expresión política son los partidos de ultraderecha nacionalista -que convocan demagógicamente a los sentimientos primarios del pueblo y tergiversan el sentido de la libertad-, los estados miembros de la Unión Europea reaccionaron ante la figura de Haider y su Partido de la Libertad con la precisión que emerge de la memoria de aquellos días de 1938, en los que Francia y Gran Bretaña no opusieron mayores objeciones ante el Anschluss. La ”era global” requiere de nuevas reglas de juego.</p>
<p>Corresponde a la historia reconstruir los escenarios del pasado. El tiempo transcurrido constituye un catalizador que nos libera del peso lacerante de la experiencia vivida y crea las condiciones para entablar un debate crítico entre la memoria y el recuerdo personal, tan útiles para la formación de valores, la lógica de la situación de Cuando el pasado es aun próximo el relato histórico, apoyado en un aparato conceptual se entrecruza con la memoria y los recuerdos.</p>
<p>Por otra parte, el funcionamiento del sistema democrático y de sus instituciones al interior de los países de la Unión Europea es una condición tan necesaria como la concertación de las políticas económicas o el respeto a las normas jurídicas. Ante esta necesidadel crecimiento de los partidos y de los grupos de ultraderecha nacionalista y neo-nazis supone riesgos concretos además de problemas morales.</p>
<p>Las causas de A su vez, despierta interrogantes sobre acerca de los valores que orientaron la educación en Austria en los cincuenta años transcurridos desde la derrota de los regímenes nazi-fascistas en Europa. En el país de Strauss y Bethoven, de Freud y ciertamente, estamos lejos de concebir que hay una sola forma de educar. No obstante, como señala Howard Gardner en su libro The Disciplined Mind los contenidos de la educación deben orientarse en torno a mundos que tienen nombres concretos y una historia que se remonta al principio de los tiempos. Se trata de lo verdadero y su contraparte -lo falso-; lo bello y su ausencia en el mundo de la experiencia y de los objetos, es decir lo feo -el kitsch nazi; y la moralidad &#8211; lo que consideramos que es bueno y lo que consideramos malo.</p>
<p>La negación es un mecanismo propio de la conducta humana. Saludable en porcentajes adecuados y peligroso cuando la cuota es excesiva. Pero este mecanismo de negación se incrementa cuando los hechos involucran, en uno u otro sentido, a un actor colectivo. La resistencia de los actores individuales o colectivos a reconocer responsabilidades conlleva la represión de la memoria y se traduce en el ”olvido” y hasta la falsificación de la historia.</p>
<p><strong>Sobre el ”olvido” selectivo se construyen los mitos.</strong></p>
<hr />
<ol>
<li>Henry Rousso, Le syndrome de Vichy,1944., Paris, Seuil, 1987</li>
<li>Sobre la posición revisionista de Robert Faurisson y sobre la introducción a Chomski acerca de los escritos de este autor, véase Pierre Vidal Naquet, Asesinos de la Memoria, Buenos Aires, 1997</li>
<li>Le Monde, edición especial, Le proces de Klaus Barbie, Julio de 1987, pag. 8</li>
<li>Carta remitida por Peter Jankowitsch, Oficina del Ministro de Relaciones Exteriores, con fecha 28 de noviembre de 1986. Conocí la carta a través de un historiador allegado a Günther Bischof. El Ministerio consideraba que el equilibrado y excelentemente documentado artículo de Robert Knight constituía una provocación</li>
<li>Jorge Luis Borges, Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974, Pag. 847 &#8211; Buenos Aires, febrero de 2000</li>
</ol>
<p><em>* Beatriz Gurevich es socióloga. Ex directora del proyecto de investigación histórica Testimonio. Co-editora con Carlos Escudé del libro ”El genocidio ante la historia y la naturaleza humana”. Autora del libro ”Proyecto Testimonio”. Ha escrito numerosos artículos sobre el tema. Presidente de FUNDAR CULTURA.</em></p>
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		<title>Cuando la condena sirve para educar: Haider y la reacción de Occidente</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Neo-nazis en Austria]]></category>

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		<description><![CDATA[La inclusión en la coalición del gobierno austriaco del partido ”de la libertad” que encabeza Joerg Haider es un grave acontecimiento que advierte sobre peligros futuros para la democracia y la paz mundial. Son muchos los países que reaccionaron adversamente frente a la incorporación de este partido de simpatías neo-nazi al gabinete de Austria, incluyendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La inclusión en la coalición del gobierno austriaco del partido ”de la libertad” que encabeza Joerg Haider es un grave acontecimiento que advierte sobre peligros futuros para la democracia y la paz mundial. Son muchos los países que reaccionaron adversamente frente a la incorporación de este partido de simpatías neo-nazi al gabinete de Austria, incluyendo la Unión Europea, los Estados Unidos y la Argentina misma. No sólo esto, sino que en España un conjunto de dirigentes europeos de centro-derecha urgieron al gobierno austriaco a rechazar la xenofobia asociada al partido de Haider. El primer ministro español, José María Aznar, llegó al punto de sugerir que el Partido del Pueblo austriaco se retire voluntariamente de la agrupación europea de partidos de centro-derecha, por haber aceptado cogobernar con un partido que simpatiza conalgunos aspectos del régimen de Hitler.</p>
<p>No obstante estas sanas reacciones del centro-derecha organizado, algunos sectores de ese segmento de opinión política no terminan de comprender la lógica de la fuerte reacción internacional contra la incorporación del partido de Haider a la coalición austriaca. Se oyen quejas por doquier sobre una presunta intromisión del mundo en los asuntos internos de Austria. Se arguye que no ocurre lo mismo cuando en Francia ex comunistas comparten el poder. Se menciona también el caso de Massimo D´Alema, otro ex comunista, que está a cargo de los destinos de Italia. E insistiendo con Italia, se razona que ni siquiera hubo reacciones similares a las actuales cuando en 1994 Silvio Berlusconi incorporó al gabinete italiano a cinco neofascistas. Se aduce también que si los austriacos quieren al partido de Haider en el poder, y lo votan, eso es lo que exige la democracia.</p>
<p>Es de extrema importancia comprender las falacias que subyacen a estos argumentos. Para empezar, los ex comunistas franceses no reivindican genocidios, mientras Haider y su acólito, el actual ministro de justicia de Austria, han llamado ”campos de castigo” a los infames campos de exterminio de Tercer Reich, como si las víctimas del Holocausto de alguna manera hubieran merecido su destino.</p>
<p>En segundo término, más allá de D´Alema y los ministros franceses, ni siquiera es razonable la comparación con comunistas de la laya de los soviéticos y de Fidel Castro, a pesar de las gruesas violaciones de derechos humanos que perpetraron, incluido el genocidio en el caso de la ex URSS. Por atroces que fueran esos crímenes, existe una diferencia entre el crimen de lesa humanidad cometido por un régimen cuyo objetivo utópico es una sociedad sin clases regida por la fraternidad y el amor entre los hombres, y el crimen de lesa humanidad cometido por un régimen cuya ideología supone, como premisa, que es necesario eliminar a todo un pueblo (el judío), y que otro pueblo (el alemán) debe dominar a todos los demás.</p>
<p>En tercer lugar, aunque el neofascismo italiano no es para tomar en broma, existe también una diferencia radical con el nazismo. El régimen de Mussolini fue el execrable cómplice oportunista de los crímenes nazis, pero el racialismo nazi no era parte de su propio ideario. Se prestaron, en parte, al genocidio (como todos los pueblos en algún momento de su historia), pero el crimen de lesa humanidad no figuraba como premisa y objetivo de su programa.</p>
<p>Esta es una enorme diferencia que nunca se puede dejar de enfatizar. El genocidio era parte del <em>programa </em>nazi. Era un objetivo. Por ello, la apología del nazismo es <em>inaceptable </em>en una medida inconmensurablemente mayor a lo objetable de la apología del fascismo italiano y el estalinismo soviético.</p>
<p>Finalmente, en lo que toca a la democracia, la respuesta a las críticas es obvia. Hitler fue elegido democráticamente. También lo fue Mussolini. Pero cuando un gobierno con apoyo popular viola derechos de minorías, deja de ser democrático aunque conserve el apoyo popular: se convierte en una dictadura de la mayoría.</p>
<p>Para la provinciana Argentina, vale lo mismo respecto del Perón de los tiempos en que, por fuerza de abrumadora mayoría en el Congreso, privaba de sus fueros a cualquier legislador que osara criticarlo y lo metía preso por ”desacato”: entre otros, el caudillo radical Ricardo Balbín fue una de las víctimas de este aciago procedimiento.</p>
<p>Cuando utilizó estos métodos, el régimen de Perón dejó de ser una democracia. Mucho más grave es, por supuesto, el caso de la dictadura popular que llega al genocidio, como los nazis, soviéticos, y tantos otros. Y como se dijo, se torna incomparablemente más perverso cuando dicho crimen de lesa humanidad es una premisa propia de la ideología del régimen, para el cual el genocidio pasa a ser un objetivo programático: en el Occidente del siglo XX, el Tercer Reich fue el único régimen basado en este tipo de premisas, y de allí su carácter único e incomparable. Fue el mal absoluto.</p>
<p>Es obvio que un partido político que condona esta perversión está más allá de los límites del pluralismo democrático. En la democracia el pluralismo y la tolerancia son imperativos categóricos excepto en un caso: el de quienes pregonan la intolerancia y la negación del pluralismo. El partido de Haider no es aceptable para un gobierno democráticamente respetable porque rebasa estos límites ampliamente. Que un 27% de los austriacos lo vote no lo hace más legítimo sino más peligroso. Además, habla mal de ese 27% de austriacos, que no se merecen el respeto soberano demandado por algunos columnistas.(1)</p>
<p>Por otra parte, que las clases políticas de Occidente reaccionen contra los acontecimientos de Austria es de una inestimable importancia didáctica, especialmente en estos tiempos en que el racismo y la intolerancia se presentan en muchas partes como el coletazo no buscado de la globalización y las corrientes migratorias. Estos son tiempos en los que el destino de la Humanidad depende de que podamos educar a nuestros congéneres en los valores de la democracia, el pluralismo, y la tolerancia en la coexistencia y la cohabitación.</p>
<p>Por cierto, una buena educación democrática fue precisamente lo que les faltó a los austriacos después de la Segunda Guerra Mundial, en parte por la complacencia de las potencias vencedoras, que aceptaron la pueril excusa de que Austria había sido anexada al Tercer Reich por la fuerza y no quisieron imponerle a Viena las condiciones a que se sometió a los derrotados. Era más fácil aceptar la mentira austriaca de que ellos no habían sido, como los alemanes y al decir de Daniel Jonah Goldhagen, Hitler´s willing executioners. Austria fue víctima, no victimaria: este fue el mito que se creó, mientras la cultura austriaca de preguerra permanecía prácticamente sin cambios, y no desarrollaba los estándares de <em>political correctness</em> que se convirtieron en código obligatorio en el Occidente desarrollado.</p>
<p>Algo similar a lo ocurrido en Austria pasó en los países europeos que, ocupados por el Ejército Rojo hacia el final de la Guerra, pasaron a integrar el bloque comunista. La Unión Soviética no se caracterizó por su adhesión a los valores de la democracia, la libertad y el pluralismo. Llevó a cabo procesos de ingeniería étnica de mucha mayor magnitud que los intentados recientemente en Kosovo por Milosevic. Predicó el igualitarismo socialista, pero en casi todas las demás esferas vinculadas a la ética cívica permitió que la educación mantuviera los contenidos tradicionales europeos que, en Alemania y Austria, habían hecho posible la popularidad del régimen de Hitler.</p>
<p>En los países sometidos a la influencia soviética pasó lo mismo. Jamás se enseñó a no discriminar contra algún grupo étnico. Y la cultura tradicional de <em>toda</em> la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial legitimaba la discriminación. Es por eso que para la mayoría de los polacos hoy, un judío polaco no es un polaco. Y es por eso que las estadísticas del Instituto de Investigaciones Criminológicas de la Baja Sajonia revelan que, aunque hay más delitos violentos en la ex Alemania Occidental que en la Oriental, hay entre cuatro y seis veces más crímenes violentos de origen racista en el ex sector comunista.</p>
<p>Permítaseme la reiteración: hay más violencia, a secas, en Alemania Occidental, pero hay mucha más violencia <em>racial</em> en la ex República Democrática Alemana, a pesar de que el porcentaje de no germanos que vive allí es apenas una cuarta parte del que vive en el sector occidental. En ambos territorios, ahora unificados, viven los mismos alemanes, pero con una diferencia: durante medio siglo los occidentales fueron socializados con valores pluralistas que estuvieron ausentes en los contenidos educativos de la ex RDA. El racismo más flagrante es tolerado con sonrisas por la mayoría en varios de los enclaves más pobres de la ex RDA. A través de la intimidación, los extremistas frecuentemente se jactan de crear zonas ”liberadas” de extranjeros.(2)</p>
<p>Pero aun el sector occidental de Alemania deja mucho que desear. Basta recordar las dificultades para cambiar la legislación referente a la ciudadanía, que hasta el advenimiento del gobierno de Gerhard Schroder poco menos que imposibilitaba la ciudadanía alemana de un sujeto nacido en Alemania pero de etnia no germana, pero se la otorgaba a un sudete (o un argentino) de origen alemán sin vacilar, aunque ni hablaran alemán. Los pocos casos de individuos de etnia turca naturalizados alemanes requirieron muchos años de duro batallar, aun cuando hubieran nacido en Stuttgart, dominaran la lengua alemana y hubieran asistido a buenos colegios. Para la ley tradicional, un descendiente de alemanes varado en Rusia desde el siglo XVIII es legalmente alemán, mientras un eslavo nacido en Hamburgo no lo es. Por este motivo, casi el 10% de los habitantes de Alemania no son ciudadanos alemanes.</p>
<p>Esta legislación tuvo su origen en la filosofía de Herder y Fichte, y se institucionalizó como ley imperial en 1913. Los Aliados no osaron cambiarla a pesar de la ocupación y la educación democrática, y éste fue otro de los pecados de omisión del ”Mundo Libre”, que está en consonancia con el cometido en Austria. A su vez, Helmut Kohl y sus demócrata cristianos defendieron esta legislación racista a rajatabla. Para colmo, el artículo 116 de la Ley Básica de Alemania Occidental consolidó el carácter alemán y los derechos a la ciudadanía de los ”alemanes” (étnicamente definidos) residentes en el extranjero, lo que no era sino la otra cara de la moneda de la negación de derechos ciudadanos a no germanos nacidos en Alemania.(3)</p>
<p>El absurdo de la ley heredada quedó patentemente demostrado en 1998 en Baviera, un estado gobernado por los social cristianos, de donde se deportó a Estambul a un adolescente de 14 años convicto de varios delitos, a pesar de que el chico había nacido y vivido toda su vida en Alemania.(4)</p>
<p>Aunque una nueva y más benigna ley entró en vigencia el 1º de enero de 2000, la oposición de la Democracia Cristiana y la Unión Social Cristiana impidió que se admitiera la doble ciudadanía, e incluyó la condición del dominio de la lengua alemana hablada y escrita para sujetos no germanos, lo que imposibilitará que muchas mujeres de comunidades turcas tradicionales puedan acogerse a sus beneficios. Los bebes ”extranjeros” recién nacidos en Alemania de padres extranjeros serán sus principales beneficiarios: tendrán ciudadanía automática siempre que sus padres hayan residido en Alemania más de ocho años.</p>
<p>La ley resultó menos liberal de lo deseado por Schroder debido al triunfo de los demócrata cristianos en una elección estadual en Hesse de febrero de 1999. Los seguidores de Kohl adoptaron un discurso anti-extranjero y racista que les consiguió la victoria que privó a la coalición de Schroder del control de la Cámara Alta del Parlamento. Aliados a la derechista Unión Social Cristiana, lograron aguar una ley que hubiera hecho de Alemania un país, jurídicamente al menos, tan democrático como Francia, Estados Unidos o la Argentina actual.</p>
<p>Como se ve, la situación alemana es potencialmente afín a la austriaca. Además, el éxito de Haider y su partido ha alentado a neo-nazis en toda Europa occidental. Si a ello le agregamos lo que ya se dijo sobre los países europeos del ex bloque comunista, algunos de los cuales ya ingresaron a la OTAN y son candidatos para ingresar a la Unión Europea, la necesidad de <em>educar</em> a las masas con valores pluralistas es urgentísima. El ascenso de Haider en Austria nos da la posibilidad de condenar, predicar y educar. Si esto irrita a los austriacos es cosa muy secundaria. No es cuestión de seguir los pasos de Neville Chamberlain. Aunque lo nieguen, eso es lo que todos los apaciguadores nos invitan a hacer.</p>
<p>El desafío educativo, sin embargo, es más complejo de lo que parece. El racismo, que es tan antiguo como la humanidad, ha sido categorizado por algunos pensadores en tipos diferenciados, entre ellos el moderno y el posmoderno. El anterior está basado en argumentos sobre la presunta desigualdad, superioridad e inferioridad de las razas humanas. En cambio, el posmoderno niega la desigualdad pero enfatiza la diferencia. Muchas veces, cuando se buscó combatir el racismo, se aplicaron estrategias pedagógicas basadas en el relativismo cultural de pensadores como Michel Foucault o Jacques Derrida(5). Esto sólo consiguió suplantar el racismo moderno por el posmoderno. Lo que se requiere es enfatizar la necesidad de igualdad de derechos de la humanidad entera. No es el posmodernismo, sino el anticuado iluminismo, lo que puede generar una auténtica cultura del pluralismo y la libertad.</p>
<hr />
<ol>
<li>Como Oscar Cardoso, en Clarin (Buenos Aires), 12 de febrero de 2000</li>
<li>Globe and Mail, Toronto, 19 de agosto de1999</li>
<li>Anthony Richter, ”Blood and Soil: What it means to be German”, World Policy Journal, 1 de enero de 1998</li>
<li>The Economist, 9 de enero de 1999.</li>
<li>Ramón Flecha, ”Modern and Postmodern Racism in Europe: Dialogic approach and anti-racist pedagogies”, Harvard Educational Review, 1 de Julio de 1999.</li>
</ol>
<p><em>Carlos Escudé, Ph. D. Yale University. Political Science.<br />
Profesor de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Di Tella. Su último libro publicado es &#8216;Estado del mundo. Las nuevas reglas de la política internacional vistas desde el Cono Sur&#8217;.</em></p>
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