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	<title>The International Raoul Wallenberg Foundation &#187; La Argentina y los Nazis</title>
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		<title>Polémica por un homenaje en Cancillería</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Elaboraron una placa que distingue a ”salvadores” de víctimas del nazismo que tienen serias objeciones.

La Fundación Wallenberg cuestionó a uno de los homenajeados por haber sido colaborador del régimen nazi.
Hay otros once a los que no se los considera dignos de una distinción

La permanencia en la Cancillería de una placa en homenaje a doce diplomáticos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Elaboraron una placa que distingue a ”salvadores” de víctimas del nazismo que <strong>tienen serias objeciones</strong>.</p>
<ul>
<li>La Fundación Wallenberg cuestionó a uno de los homenajeados por haber sido colaborador del régimen nazi.</li>
<li>Hay otros once a los que no se los considera dignos de una distinción</li>
</ul>
<p>La permanencia en la Cancillería de una placa en homenaje a doce diplomáticos argentinos que ayudaron a víctimas del nazismo amenaza con convertirse en un dolor de cabeza para las autoridades de ese ministerio.</p>
<p>La Fundación Internacional Raoul Wallenberg (FIRW) -creada en honor del diplomático sueco que salvó a decenas de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial- cuestionó a la Cancillería porque sostiene que uno de los nombres incluidos en la placa está vinculado con el nazismo y que el resto no hizo méritos suficientes para justificar un homenaje, por tratarse de argentinos que sólo ayudaron a otros compatriotas.</p>
<p>En una carta que la FIRW envió al canciller Rafael Bielsa, a la que tuvo acceso LA NACION, se exigió que la placa fuera retirada de inmediato, por considerar que se incluyeron nombres cuyas trayectorias contradicen flagrantemente el mérito por el cual se les rinde homenaje.</p>
<p>La fundación sostiene que los diplomáticos aludidos en el mejor de los casos salvaron a argentinos de origen judío. Distinguirlos como solidarios, alegan en la FIRW, sería discriminatorio, por cuanto ayudar a connacionales, independientemente de su religión, era el deber de esos doce funcionarios.</p>
<p>Aún más irritativa fue considerada la inclusión del nombre de Luis H. Irigoyen, funcionario de la embajada argentina en Berlín entre 1937 y 1945, a quien en la carta -firmada por el presidente de la filial argentina de la fundación, presbítero Horacio Moreno- se señala como seriamente comprometido en el exterminio de alrededor de cien argentinos en el Holocausto.</p>
<p>Funcionarios de la Cancillería consultados por LA NACION no ocultaron su malestar ante la carta de la FIRW y ratificaron que esos nombres fueron seleccionados después de una investigación de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (Ceana), creada durante la gestión de Guido Di Tella.</p>
<p>En distintos despachos oficiales, deslizaron que la denuncia en realidad respondería a la necesidad de promocionar el libro de Uki Goñi (”La auténtica Odessa”), la investigación sobre la cual la FIRW ha basado la mayoría de sus acusaciones, o bien a una ”interna” de la comunidad judía, ya que en el acto de colocación de la placa, en julio de 2001, habían estado presentes el entonces embajador israelí, Benjamín Orón, y autoridades del Congreso Judío Mundial y de la B´nai B´rith.</p>
<h2>Controversia interna</h2>
<p>No obstante el malestar, existe en algunos funcionarios del Palacio San Martín la sensación de que la colocación de esa placa fue innecesaria y que respondió a los intereses de anteriores administraciones. Otros funcionarios, en cambio, defendieron ese homenaje y consideraron que retirarlo sería una barbaridad. Todos coincidieron en que la decisión final será de Bielsa.</p>
<p>Además de Irigoyen, los diplomáticos cuyos nombres figuran en la placa ubicada en el interior del edificio de Esmeralda y Arenales son José Angel Caballero, Federico Fried, Miguel Angel Gamas, Juan Giraldes, Jacobo Laub, Roberto Levillier, Luis Luti, Héctor Méndez, José Ponti, Alberto Saubidet, León Schapiera.</p>
<p>La historia, como se dijo, comenzó con una investigación realizada durante la gestión de Di Tella. La placa fue colocada por el canciller de la Alianza, Adalberto Rodríguez Giavarini, y las primeras denuncias de la FIRW surgieron cuando era Carlos Ruckauf el que encabezaba la jefatura de la diplomacia argentina.</p>
<p>Al asumir Bielsa, la fundación insistió en su reclamo y sus autoridades lograron ser atendidas por el canciller el 8 de septiembre. En ese momento, Moreno y Baruj Tenembaum, fundador de la FIRW, elogiaron la actitud de Bielsa como diametralmente opuesta a las asumidas por sus antecesores. El ministro creó entonces una comisión para investigar los antecedentes de los diplomáticos mencionados en la placa, encabezada por el secretario de Culto, Guillermo Oliveri.</p>
<p>El propio Oliveri se había fijado a sí mismo el 15 de noviembre como fecha límite para emitir un dictamen. Días antes de que venciera el plazo, la comisión entregó a Moreno toda la documentación disponible sobre Irigoyen. Fuentes de la Cancillería con acceso a esas copias explicaron que del expediente no surge que Irigoyen haya sido colaborador nazi.</p>
<p>La comisión no presentó ninguna documentación para avalar la inclusión del resto de los diplomáticos en la placa, hecho que motivó la carta de protesta. La FIRW consideró que no se habían dado las explicaciones necesarias para justificar el homenaje.</p>
<p>Consultado por LA NACION, Oliveri ratificó su absoluta propensión a la investigación solicitada por la Fundación Wallenberg. Señaló que enviaría el expediente a la directora de Derechos Humanos de la Cancillería, Alicia Oliveira, y agregó: ”Le hemos dado toda la cabida necesaria en la Secretaría. El hecho de que la investigación pase al área que corresponde, no significa que dejará de tener la celeridad que debe tener”.</p>
<p>Por su parte, Oliveira se mostró entusiasmada con continuar la investigación, aunque evitó ponerse plazos porque dice que hay que hacerla con seriedad. Explicó que pedirá más documentación sobre Irigoyen y abrirá los expedientes sobre los once diplomáticos restantes.</p>
<h2>Los protagonistas</h2>
<ul>
<li>Rafael Bielsa: El canciller ordenó una investigación, pero la Fundación Wallenberg la consideró insuficiente y pidió retirar la placa.</li>
<li>Alicia Oliveira: La directora de Derechos Humanos de la Cancillería se hizo cargo de la investigación y prometió profundizarla.</li>
</ul>
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		<title>Di Tella sin brújula</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[NO PUDO HOMENAJEAR A WALLENBERG
La Fundación Wallenberg impidió la participación de Torcuato Di Tella en un homenaje al diplomático sueco que jugó su vida por salvar a personas perseguidas por el nazismo y fue desaparecido en la ex Unión Soviética.
El secretario de Cultura de la Nación Torcuato Di Tella fue repudiado ayer en el acto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>NO PUDO HOMENAJEAR A WALLENBERG</h2>
<p><strong>La Fundación Wallenberg impidió la participación de Torcuato Di Tella en un homenaje al diplomático sueco que jugó su vida por salvar a personas perseguidas por el nazismo y fue desaparecido en la ex Unión Soviética.</strong></p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-1395" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/1395.jpg" width="266" height="178" />El secretario de Cultura de la Nación Torcuato Di Tella fue repudiado ayer en el acto de homenaje al diplomático sueco Raoul Wallenberg por su defensa de ”notorios criminales de guerra”. El homenaje se realizó frente al monumento que conmemora a Wallenberg, quien salvó a miles de personas perseguidas por los nazis en Hungría, donde estaba acreditado, y desapareció luego de ser arrestado por tropas del Ejército Rojo de la entonces Unión Soviética. El discurso escrito por el sacerdote católico Horacio Moreno, presidente de la Casa Argentina en Jerusalem, fue leído por el vicepresidente de la sección argentina de la Fundación Wallenberg, Natalio Wengrower, en presencia de Di Tella.</p>
<p>”La riqueza de las Naciones no resulta sólo de la mera acumulación de capital sino, más bien, de la capacidad que tiene un pueblo para mirar de frente su pasado, por atroz que haya sido. Nuestra Fundación reconoce los claroscuros que caracterizan al gran cuadro de la Argentina.” Luego de recordar que numerosos criminales de guerra encontraron refugio en la Argentina al amparo de la complicidad de sus simpatizantes, públicos y privados, el texto del presbítero Moreno sostuvo que ”mientras muchos países han decidido reconocer sus faltas en relación a lo sucedido durante el Holocausto, parece ser que en la Argentina no logramos terminar de ajustar cuentas con nuestro pasado. En pleno siglo XXI no resulta precisamente agradable saber que un secretario de cultura firma cartas a favor de notorios criminales de guerra”. Al concluir el discurso, Di Tella aplaudió, como si el mensaje se hubiera referido a Pacho O&#8217;Donnell o Beatriz Gutiérrez Walker.</p>
<p>Di Tella solicitó ser invitado al acto, que organizaron la Fundación Raul Wallenberg y la embajada de Suecia en Buenos Aires. Invocó para ello la representación del presidente Néstor Kirchner. Su propósito era colocar una rosa roja en el monumento, pero los organizadores lo excluyeron de la ceremonia. Tampoco le permitieron subir al palco de honor, ocupado por la embajadora de Suecia, Madeleine Ströje-Wilkens, el jefe de gobierno de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, integrantes de la Fundación Wallenberg y sobrevivientes del Holocausto salvados por el diplomático sueco. También fue invitada a subir al palco, pero prefirió permanecer entre el público, la candidata a la jefatura de gobierno, Patricia Bullrich. Una vez notificado de que no se le permitiría participar del homenaje, Di Tella permaneció en el lugar al pie del palco. También estaban presentes los embajadores de Israel y Suiza, Benjamin Oron y Armin Ritz; el presidente de la DAIA, José Hercman, y el ex jefe del Ejército y nuevo embajador en Colombia Martín Balza. Luego de la ceremonia, los asistentes fueron invitados a un brindis en la embajada de Suecia. Varios invitados habían comunicado que no asistirían si estaba presente Di Tella. El secretario de Cultura no asistió.</p>
<p>El 21 de mayo Di Tella había enviado una carta a 22 diputados estadounidenses que reclamaban por la pasada protección a fugitivos nazis en la Argentina. En ella negó que Juan (Ivo) Rojnica y Esperanza (Nada) Sakic fueran criminales de guerra y dijo que las acusaciones contra ellos del Centro Simón Wiesenthal y el periodista Uki Goñi ”ponen en ridículo la justa causa de la búsqueda de nazis y colaboracionistas responsables de crímenes de guerra y crímenes en contra de la humanidad”. Documentos hallados por Goñi indican que Rojnica fue detenido en 1946 cuando una de sus víctimas lo identificó en una calle de Trieste como el colaborador de las SS y la Gestapo que arrestó a su marido y su suegro en la ciudad de Dubrovnik y saqueó el negocio familiar. Los dos hombres fueron enviados a un campo de concentración, del que no regresaron. Según el documento del ministerio de guerra británico, Rojnica vestía el uniforme de las SS y su tarea era ”la purga de elementos sospechosos y de judíos”. El Centro Wiesenthal documentó que Nada Sakic fue guardia o comandante en la secciónfemenina del campo de concentración Jasenovac, instalado por el régimen fascista Ustasha, aliado de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Allí fueron asesinados más de medio millón de personas. El primer director del campo había sido Vjekoslav Maks Luburic, el medio hermano de Nada, quien fue fotografiada vistiendo el uniforme croata. Durante el gobierno de Carlos Menem fue extraditada a Croacia, pero no pudo ser condenada pese a los testimonios en su contra, porque todos los testigos habían muerto. Su esposo, Dinko Sakic fue condenado a veinte años de prisión. Cinco semanas después de su carta a los legisladores norteamericanos, Di Tella se retractó y reconoció que ”dadas las posiciones que los acusados tuvieron en el sistema ustasha, deben haber cometido los actos más viles imaginables” y los llamó ”malvados nazis”. En un reportaje concedido a la revista TXT, fue más allá: ”El tipo debe haber cometido crímenes de guerra”, dijo. La misma publicación descubrió que Rojnica es uno de los donantes que mantienen la Universidad Torcuato Di Tella. ”Imagínese que no vamos a defender a un criminal sólo porque puso unos mangos”, minimizó Di Tella.</p>
<p>El mensaje del presbítero Moreno añadió que ”más importante que la vida misma es la verdad. Cuando renunciamos a ella la caída es ilimitada e inevitable. No hay otra forma de mirar a nuestro prójimo a los ojos que asumiendo lo que fuimos y lo que somos, sin reparos ni vergüenzas de ninguna especie”. Mencionó como ”ejemplos a emular por las futuras generaciones al periodista Uki Goñi y la socióloga Beatriz Gurevich, quienes con honestidad intelectual y rigor académico bucearon en las tormentosas aguas del pasado de nuestro país en sus relaciones con las fuerzas que Wallenberg desafiaba al límite en Europa”. Al finalizar la ceremonia, Di Tella se acercó a saludar a Natalio Wengrower, quien lo recibió con ostensible frialdad.</p>
<p>También el mensaje de la embajadora sueca Ströje-Wilkens mencionó temas de actualidad. ”Raoul Wallenberg es un ciudadano sueco, desaparecido hace casi 60 años en la Unión Soviética, apresado por agentes militares. El mismo destino sufrió otra ciudadana sueca, Dagmar Hagelin, desaparecida hace 25 años en la Argentina. Como los miles de desaparecidos argentinos durante la dictadura militar, Wallenberg sigue siendo un desaparecido.” Agregó que Wallenberg ”nos ha mostrado que un solo individuo, con determinación, puede hacer la diferencia”, que ”tenemos que estar siempre dispuestos para actuar en defensa de los derechos humanos” y que ”cada individuo tiene una responsabilidad moral de actuar. Cada uno de nosotros debe tener una brújula moral”. Concluyó, recomendando tener siempre presente la lección de Wallenberg: ”Nunca seas un espectador”.</p>
<p>Durante un reportaje que le realizó el diario Jerusalem Post, Kirchner fue interrogado acerca de Di Tella: ”Es un buen hombre que dijo una frase desdichada”, respondió. Tan desdichada como la elección de alguien antitético a Wallenberg para representar al gobierno nacional en su conmemoración.</p>
<p><em>© 2000-2003 Pagina12/WEB República Argentina &#8211; Todos los Derechos Reservados</em></p>
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		<title>El escándalo de los archivos nazis llega al congreso de EE.UU</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Mar 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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El notable silencio que mantiene el gobierno argentino sobre los reclamos para que realmente abra sus archivos nazis a los investigadores está a punto de convertirse en un segundo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un diputado demócrata presentará el reclamo para que el gobierno argentino ”libere la documentación sobre la llegada de nazis”. Facsímil de la presentación del diputado Maurice Hinche.</p>
<p>El notable silencio que mantiene el gobierno argentino sobre los reclamos para que realmente abra sus archivos nazis a los investigadores está a punto de convertirse en un segundo papelón internacional. El primero fue la publicación en marzo de una extensa nota en el prestigioso diario The New York Times. Esta semana, la cosa es todavía más seria: el diputado demócrata Maurice Hinche presentará un proyecto de resolución para que el Congreso de los Estados Unidos ”urja al gobierno argentino a liberar los documentos oficiales sobre la relocación a Argentina de nazis y otros criminales de guerra” luego de 1945.</p>
<p>En su escrito ante la Cámara de Representantes, el diputado Hinche le recuerda a Argentina sus deberes como parte de la Task Force internacional para la Cooperación en la Educación, el Recuerdo y la Investigación sobre el Holocausto y signataria de la Declaración de Estocolmo, que obliga a las partes a ”arrojar luz sobre las áreas todavía obscuras del Holocausto.” El pedido de declaración detalla que en 1997 Argentina creó la Ceana, la Comisión para el Estudio de Actividades Nazis en Argentina, con el explícito mandato de investigar quién vino al país, qué botín trajo y qué actividades desarrolló. Con cortesía diplomática, Hinche señala que ”hacen falta más esfuerzos (que los realizados por la Ceana) para que Argentina cumpla con sus obligaciones internacionales e ilumine la llegada de nazis al país”.<br />
La Ceana, que realiza un buen trabajo académico, parece sin embargo haberse fijado un límite infranqueable: la participación activa de Juan Domingo Perón en la llegada de los nazis a Argentina. La Comisión, que cuenta con un rutilante firmamento de investigadores locales y extranjeros, parece extrañamente incapaz de encontrar los documentos que revelen exactamente cómo fue la ruta de las nazis que terminaba en Buenos Aires. Es una miopía sospechosa: los reclamos actuales se basan en el simple hecho de que un investigador argentino, el periodista Uki Goñi, encontró esos mismos papeles sin ayuda oficial y sin las herramientas de una Comisión creada por el mismo presidente de la Nación. Para peor, publicó sus hallazgos en el libro La verdadera Odessa.</p>
<p>El libro sostiene que Juan Domingo Perón creó, literalmente en su despacho de la Casa Rosada, una red internacional de agentes que trajo a centenares de criminales de guerra al país. Usando las embajadas argentinas en seis países europeos y creando oficinas ”de inmigración” como bases, los agentes dieron nuevas identidades, documentos, dinero y pasajes a alemanes, franceses, belgas, holandeses y croatas. Como bien recuerda el diputado Hinche, en esos momentos llegaron asesinos como Erich Priebke, Adolf Eichmann, Ante Pavelic y Kurt Christmann. La red operó durante varios años, costó una fortuna y fue de lejos la más compleja operación internacional de la inteligencia argentina.</p>
<p>Por las suyas y con trabas oficiales más o menos explícitas, Goñi rastreó papeles por toda Europa y en Estados Unidos, encontrando allá lo que aquí no se exhibe o se niega que existe. Su libro fue publicado primero en Londres y luego en EE.UU. por Granta Books. En diciembre se editó en castellano y fue entonces que el Centro Simon Wiesenthal envió cartas a la SIDE -heredera de los archivos de inteligencia de la época de Perón-, al Ministerio del Interior -que daba a través de Migraciones los documentos a los nazis-, y a la Cancillería -que manejaba las ”bases” de la red- pidiendo que los documentos que Goñi obtuvo o averiguó que existían, fueran liberados a otros investigadores.</p>
<p>Las respuestas fueron un verdadero desfile de mala fe. El jefe de Inteligencia contestó que no existían esos papeles, agregando confusamente que igual sólo se entregan cuando los pide la Justicia. Interior y Exterior ni se molestaron en contestar. La Conferencia Episcopal Argentina, preguntada por el más que activo apoyo de la Iglesia a la redde Perón, se fue por la tangente contestando que ”como en esa época no existía”, mal podía entregar papeles de ”esa época.”<br />
Página/12 cubrió estas idas y venidas en una serie de notas publicadas desde diciembre. El domingo 9 de marzo, el corresponsal del New York Times en Argentina, Larry Rohter, subió la apuesta con una página completa -de hecho, la página 3, la más importante del diario- revelando el mutismo oficial argentino. El diputado Hinche hasta cita esa nota en su proyecto de declaración.</p>
<p>Los funcionarios Carlos Ruckauf, Miguel Angel Toma y Jorge Matzkin, ahora de salida del poder, mantuvieron un pétreo silencio ante los sucesivos requerimientos. Silencio que ya rindió papelones periodísticos y ahora le dejará al próximo gobierno otro, más grave, con el Congreso de los Estados Unidos.</p>
<p><em>© 2000-2003 Pagina12/WEB República Argentina &#8211; Todos los Derechos Reservados</em></p>
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		<title>Esclarecimiento sobre Argentina y el Tercer Reich</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Feb 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Señor Director:
”El Poder Ejecutivo Nacional ha prorrogado, por decreto 390/2002, la vigencia de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en Argentina (Ceana), organismo dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores. ”
”Como argentino no puedo menos que sorprenderme y, también, reaccionar con tristeza ante la novedad. Lejos de esclarecer, la Ceana ha aportado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Señor Director:</p>
<p>”El Poder Ejecutivo Nacional ha prorrogado, por decreto 390/2002, la vigencia de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en Argentina (Ceana), organismo dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores. ”</p>
<p>”Como argentino no puedo menos que sorprenderme y, también, reaccionar con tristeza ante la novedad. Lejos de esclarecer, la Ceana ha aportado más dudas a las muchas existentes sobre las relaciones de la Argentina con el Tercer Reich. ”</p>
<p>”Como quedó especialmente subrayado en mi artículo «La riqueza de las naciones», publicado en LA NACION el 30 de enero pasado, son muchos los interrogantes que quedan por despejar, muy especialmente a la luz de recientes investigaciones que prueban, si no complicidad, al menos extrema desprolijidad en el tratamiento de un capítulo harto delicado de la historia argentina.”</p>
<p>Profesor Jaime Krejner<br />
Fundación Internacional Raoul Wallenberg<br />
Jerusalén<br />
<a href="mailto:krejner@netvision.net.il">krejner@netvision.net.il</a> <a href="mailto:krejner@netvision.net.il"></a></p>
<p><em>Copyright 2002 LA NACION | Todos los derechos reservados</em></p>
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		<title>La riqueza de las naciones</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se cumplen setenta años del día en que Adolf Hitler asumió como canciller en Alemania. Siete décadas exactas, también, del inicio del proceso de exterminio industrial que segó las vidas de seis millones de personas, tragedia sin igual conocida mundialmente con el nombre de Holocausto.
Muchos de los sobrevivientes de la Shoá deben su suerte a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se cumplen setenta años del día en que Adolf Hitler asumió como canciller en Alemania. Siete décadas exactas, también, del inicio del proceso de exterminio industrial que segó las vidas de seis millones de personas, tragedia sin igual conocida mundialmente con el nombre de Holocausto.</p>
<p>Muchos de los sobrevivientes de la Shoá deben su suerte a personas que, afrontando los mayores riesgos, los ayudaron a evitar una muerte segura. Entre ellos, cabe recordar a Harry Bingham.</p>
<p>Hiram Bingham IV, ”Harry” (1903-1988), era el vicecónsul de los Estados Unidos en Marsella, ciudad controlada por el régimen pronazi de Vichy. De 1940 a 1941, contrariando expresas órdenes de su gobierno, expidió visas que salvaron a más de 2500 judíos y enemigos políticos del Tercer Reich.</p>
<p>De acuerdo con Foreign Service, revista editada por los profesionales del servicio exterior de los Estados Unidos, en su edición de junio de 2002, ”el Departamento de Estado había emitido una serie de directivas internas para restringir la inmigración. Por ejemplo, los refugiados debían probar su solvencia financiera para que no se convirtieran en una «carga pública»”.</p>
<p>La rebeldía de Bingham le valió ser castigado y transferido en 1941 a la Argentina, por orden directa del secretario de Estado, Cordell Hull. Poco tiempo después, su carrera diplomática quedó truncada cuando intentó que los Estados Unidos involucraran a las Naciones Unidas en la búsqueda de criminales de guerra escapados a América Latina. Falleció, olvidado, en 1988.</p>
<p>Finalmente, el 27 de junio de 2002, el secretario de Estado Colin Powell entregó un premio póstumo a Bingham. ”Honramos la memoria de Harry Bingham IV, que arriesgó su vida y su carrera para ayudar a escapar de Francia a los Estados Unidos a más de 2500 judíos y otros perseguidos que estaban en la lista de la muerte de los nazis”, dijo el jefe de la diplomacia norteamericana. <strong></strong></p>
<h2>Dos casos, dos actitudes</h2>
<p>En la Argentina también hubo directivas de parecido tenor a las emitidas durante la gestión de Hull, como la secreta número 11, firmada por el canciller José María Cantilo, descubierta y citada por el investigador argentino Uki Goñi en su libro La auténtica Odessa.</p>
<p>Pero, mientras Bingham ignoraba las órdenes de sus jefes, el encargado de negocios de la embajada argentina en Berlín, Luis H. Irigoyen, se desentendía de la suerte de aproximadamente cien ciudadanos argentinos, finalmente asesinados en los campos de exterminio, a pesar de los intentos de altos jerarcas nazis por tratar de salvarlos, según Goñi.</p>
<p>Sin embargo, el nombre de Irigoyen ha sido incluido en un listado, absolutamente indocumentado, titulado ”Diplomáticos que salvaron judíos durante la Segunda Guerra Mundial”, difundido en la última Feria del Libro de Buenos Aires. Además, junto a Irigoyen aparece Roberto Levillier, primer director de la escuela del servicio exterior argentino. La nómina fue elaborada por la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en Argentina (Ceana), organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores en cuyo edificio una placa de bronce recuerda generosamente a ambos funcionarios.</p>
<p>Quienes sí aportan documentos son Carlos Escudé y Andrés Cisneros en la Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina, monumental obra en catorce volúmenes.</p>
<p>En un capítulo dedicado a ”Las actividades del nazismo en la Argentina”, los autores señalan: ”La embajada alemana en la Argentina hizo esfuerzos para cultivar a intelectuales, profesionales y funcionarios argentinos en la visión de la «nueva Alemania». A mediados de 1936 se fundó una Comisión de Cooperación Intelectual, integrada por 19 destacados argentinos proalemanes, entre los que se destacaban Gustavo Martinez Zuviría, el Premio Nobel Bernardo Houssay, el decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires Juan P. Ramos, el político derechista Matías Sánchez Sorondo, los médicos Gregorio Aráoz Alfaro y Mariano Castex y los historiadores Ricardo Levene, Carlos Ibarguren y Roberto Levillier”.</p>
<p>Dos casos, dos actitudes. En el primero, un gobierno impartió órdenes inmorales, uno de sus funcionarios reniega del principio de obediencia debida y es exonerado. Años más tarde, otros dirigentes asumen los errores cometidos, reconocen el correcto proceder de la persona castigada y la premian con honores.</p>
<p>En el segundo, otro gobierno también se comporta al margen de la ética y sus funcionarios cumplen puntualmente órdenes perversas. Tiempo después, una nueva camada de servidores públicos no sólo no reconoce los errores de sus antecesores, sino que los ubica a la misma altura de funcionarios honestos y ejemplares.</p>
<p>La riqueza de las naciones no es sólo el resultado de acumular capital sino, ante todo, un preciado bien que los grandes países obtienen y preservan mirando de frente a su pasado, por atroz que éste haya sido.</p>
<p><em>* Jaime Krejner es Profesor en ciencias de la educación. </em><em>Profesor de hebreo bíblico en la cátedra de historia del antiguo Oriente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.</em></p>
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		<title>Conferencia: ”La diplomacia argentina y el Holocausto”</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Además del Instituto Goethe, es la primera vez que me invitan a disertar a una casa de estudios o a una organización que no sea una organización judía. Creo que da un poco la idea de lo que me motiva en este trabajo que hago, que es llevar la conciencia de estos temas a todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/1135.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1135" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/1135.jpg" width="178" height="288" /></a>Además del Instituto Goethe, es la primera vez que me invitan a disertar a una casa de estudios o a una organización que no sea una organización judía. Creo que da un poco la idea de lo que me motiva en este trabajo que hago, que es llevar la conciencia de estos temas a todo el mundo. A veces tengo que explicar que yo no tengo ningún interés particular en el tema del nazismo ni tampoco en el tema del general Perón como figura histórica argentina.</p>
<p>Yo llegué a investigar la huida de los primeros nazis a la Argentina por una cuestión generacional casi, supongo. Durante la década del 70 trabajé en un diario que se llama Buenos Aires Herald, que es un diario de habla inglesa que se publica acá y que, a diferencia de los otros en ese momento en la Argentina, decidió comunicar lo que estaba ocurriendo durante la década del proceso. Cuando venían las madres de Plaza de Mayo, simplemente un par de personas mayores que venían a contar que se habían llevado a sus hijos la noche anterior de su casa, y que al día siguiente habían vuelto y se habían llevado el televisor, empezamos a publicar esas notas. A mí, como hablaba mejor español que el resto de las personas, que los otros periodistas del diario, me tocaba recibir a estas madres que, con el tiempo, después se convirtieron en las madres de Plaza de Mayo. Y en particular, recibía a un grupo de chicos jóvenes también que, yo en ese momento no lo sabía, pero era el grupo en el cual se había infiltrado el entonces teniente Alfredo Astiz; y cuando ocurrieron los secuestros en la Iglesia de la Santa Cruz en 1977, cuando desaparecieron las dos monjas francesas que secuestró Astiz y las otras diez personas, me acuerdo que esa noche llegó la lista de los que se habían llevado, yo digo ”Bueno; de estas personas, conozco a ésta, ésta y ésta” porque me venían a ver acá al Herald a contarme sus historias.</p>
<p>Entonces, cuando yo dejé el Herald en el año 94, escribí un primer libro que se llama <strong>El infiltrado</strong> sobre la infiltración de Alfredo Astiz en este grupo de familiares de desaparecidos y, un par de años después, fue que me acerqué al tema del escape de los criminales nazis porque me dije ”¡En la Argentina hay tanto silencio!” Había más silencio en aquella época, y ciertamente durante la época del proceso para mí era ensordecedor el silencio que había sobre estas desapariciones-. Ese fue el disparador en el tiempo para tratar de entender cuál fue este lento acostumbramiento que tenemos los argentinos que nos permitió convivir con cosas terribles como hemos convivido en estos últimos treinta años, digamos.”</p>
<p>Pensé para mí mismo ”Una sociedad que cobijó a un criminal de la talla de Adolf Eichmann, Joseph Mengele y cientos de otros criminales menores igualmente importantes, no es una coincidencia que después pudiera convivir tranquilamente con personajes como Videla, Astiz, etcétera. Para darles una idea, cuando yo empecé a investigar, existía ese mito de los criminales nazis viviendo en suburbios alejados de la ciudad de Buenos Aires en condiciones paupérrimas. Esto no es necesariamente así. Por ejemplo, Charles Lascar, un criminal de guerra francés, era el editor de Je Suis Partout que era una publicación terriblemente antisemita que había en París durante la guerra.</p>
<p>Charles Lascar era argentino-francés y, de hecho, había sido encarcelado antes de la guerra, antes de la invasión de Francia, por el gobierno francés por su colaboracionismo con el nazismo antes de la invasión. Cuando ocurre la ocupación de Francia por los nazis, Charles Lascar es liberado y vuelve a ser el editor de Je Suis Partout. Charles Lascar es uno de los primeros en armar la red de escape hacia la Argentina y vivía acá, en la calle Santa Fe en un departamento muy lindo que todavía existe en Santa Fe y Larrea. En Callao y Melo, en un departamento que también existe, vivía Branco Benzon, que fue el embajador de Croacia ante Berlín durante la guerra y amigo personal de Hitler y de Göering. Después de la guerra, Benzon vino a Argentina y estableció amistad con Perón y con Evita y pasó a ser un agente especial de la Dirección de Migraciones, después de la guerra, para formar parte de este equipo que traía criminales nazis. Pero él también tenía órdenes del gobierno argentino de no permitir el ingreso de judíos a la Argentina. Y en los legajos, si había un judío que pedía el ingreso a la Argentina, él firmaba ”P NO B”, que significaba ”J NO B” que, a su vez, significaba ”judío no firmado por Benzon”. Carlos Fuldner, un capitán de las SS que después de la guerra -también amigo de Lascar y de Benzon- pasa a ser agente de Perón y viaja de nuevo a Europa y organiza la traída de criminales como Eichmann y Mengele, Carlos Fuldner vivía acá en la calle Ombú en Palermo Chico. Hoy en día, sería vecino de Susana Giménez y de Mauricio Macri. Pierre Daye, que fue un colaboracionista belga, vivía en lo que hoy conocemos como Palermo Viejo.</p>
<p>El tema de esta noche es ”La diplomacia y el Holocausto” así que no voy a hablar tanto de estas vías de escape, sino sobre este tema. Yo empecé investigando las vías de escape, pero, en el camino, fui descubriendo el tema del antisemitismo en la Argentina, en la diplomacia argentina y también algo que se sabe muy poco, que es cómo la Argentina cerró o, por lo menos, intentó cerrar sus puertas a los judíos durante la guerra. Es un tema que me toca personalmente. Yo soy de familia diplomática. Mi abuelo fue cónsul en Europa en los años previos a la guerra. Mi padre fue diplomático; tengo un tío diplomático, un hermano diplomático. O sea que desde niño conozco muy bien, conozco probablemente a casi todos los diplomáticos o a una gran cantidad de diplomáticos de carrera en la Argentina.</p>
<p>Yo sabía por historias de familia y por historias que venían de parte de mi abuelo en particular -mi abuelo fue cónsul en Viena, Génova y después fue cónsul acá y en La Paz- que a principios de la guerra o poco antes de la guerra, la Argentina había editado una orden secreta prohibiendo el ingreso de judíos al país. Y yo sabía esto porque esta orden secreta, que emitió la Cancillería, rápidamente dividió a los diplomáticos argentinos entre aquellos que se consideraban profesionales y aplicaban estrictamente esta orden, aunque ellos no necesariamente eran pronazis o antisemitas, y, después, los diplomáticos argentinos que aprovecharon esto para vender debajo de la mesa visas a judíos. La leyenda de mi familia es que mi abuelo formaba parte del primer grupo, de los que aplicaron la orden. Y mi abuelo era totalmente antinazi -de hecho, tuvo grandes problemas en Cancillería por su postura proliberal, etcétera- pero él se consideraba profesional y aplicaba estrictamente esta orden, especialmente en Bolivia porque había muchos judíos que no lograban permiso para entrar a Argentina y, entonces, iban a Bolivia e intentaban entrar a Argentina desde Bolivia o desde Uruguay o desde algún país latinoamericano.</p>
<p>Me sorprendía en mis charlas con funcionarios argentinos, con historiadores argentinos, el no ver -jamás la vi- la existencia de esta orden mencionada en ningún libro, en ningún periódico, en ningún lado. Cuando en 1997 se formó una comisión que se llamaba CEANA en la Cancillería argentina para investigar las relaciones de argentina con el nazismo, me invitaron para ser parte de esa comisión, lo primero que dije fue ”Bueno, yo conozco la existencia de esta orden. Habría que buscarla y encontrarla”. No se buscó. Pero en la investigación para este libro tuve la gran suerte de que una investigadora, que se llama Beatriz Gurevich, en el archivo de la embajada argentina en Estocolmo encontró una copia de la orden, la Circular 11. Esta orden fue dictada, a ver si tengo la fecha acá: el 12 de julio de 1938, por el entonces Canciller José María Cantilo, y la orden lo que decía era que no se podían otorgar visas a personas que hubiesen sido expelidas de su país por sus ideas políticas u origen racial. O sea, se prohibía el ingreso a judíos y se les prohibía a los diplomáticos argentinos mencionar la existencia de esta orden a la persona a la que se le negaba la visa, y también había que negar la existencia de la orden ante los propios gobiernos que estaban acreditados.</p>
<p>Tenemos la suerte de que allá, en Estocolmo, Gurevich encontró una copia de la orden y yo la pude escribir en mi libro. Desde que se publicó mi libro, que se publicó en Inglaterra en enero de 200l, 2002, hace dos años ahora, la Fundación Wallenberg, cuando leyó el libro, y el Centro Wiesenthal, también un grupo de legisladores en el Congreso de EEUU, otro grupo de legisladores aquí en el Congreso de la Argentina, han venido pidiendo al gobierno argentino que haga reabrir varios documentos y, en particular, esta orden. Inclusive, con la Fundación Wallenberg tuvimos una reunión con el Canciller Bielsa en septiembre del año pasado donde le pedimos que se diera a luz esta orden y, no tan sólo eso, le sugerimos que aunque la orden ya no sea de aplicación, que se la derogue, porque sería un acto simbólico importante de reconocimiento de cuál fue la política argentina en aquel momento. Sabemos que la Cancillería constató lo que yo le aporté; fueron a la embajada argentina en Estocolmo y encontraron la orden. Y todavía estamos esperando que se haga el acto público de reconocimiento de esto.</p>
<p>Ahora, hay una inmensa incoherencia, porque, a pesar de la existencia de esta orden, la Argentina, durante la guerra, recibió a más judíos que cualquier otro país del hemisferio occidental; más que EEUU, más que cualquier otro país latinoamericano. Esto se debe exactamente, no a una buena voluntad del estado argentino, sino a la gran corrupción que hubo en el tema de los tratamientos de visados. Por ejemplo, hay un informe que yo he encontrado de la embajada de los EEUU en Argentina el año 43, y que hablaba de que en los consulados argentinos en Europa, la corrupción en este tema era la regla y no la excepción. También hay un informe de la embajada inglesa en Argentina durante la guerra que dice que los visados a los judíos se vendían entre 5,000 a 10,000 pesos y que no sólo lucraban con esto los cónsules argentinos en el exterior, sino también, personas en el entorno de la Presidencia de la Nación en la época de Castillo.</p>
<p>Desafortunadamente, con el final de la guerra, pareciera ser que la orden ya no se aplicaba tan estrictamente, pero seguía en pie la idea de no ingreso a los judíos. En el 46 el gobierno del GOU nombra como Director de Migraciones a Santiago Peralta, que es un antropólogo argentino que estudió en Alemania durante la guerra, en los años previos a la guerra. Estudió antropología y escribió un libro en Argentina en 1943 que se llama La acción del pueblo judío en la Argentina, que es uno de los libros más antisemitas que se han publicado en la Argentina donde decía, en realidad, hablaba de los judíos como un quiste en la sociedad argentina que había que sacar. Y siendo Director de Migraciones, en el año 46 publica un libro que se llama El pueblo árabe en la Argentina donde se declara a favor de la inmigración árabe y repite todas las cosas antisemitas y habla del quiste de vuelta, o sea que, en 1946, siendo Director de Migraciones, el director publica un libro totalmente antisemita. El escándalo fue tan grande que inclusive el New York Times tuvo un editorial sobre el tema de Santiago Peralta. Las instituciones judías se reuinieron varias veces con Perón, ya siendo presidente electo, para pedirle la dimisión de Peralta. Pero fue recién en el 47 cuando la presión internacional fue tan grande que se hizo insostenible, que se echó a Peralta y se puso a otro que se llamaba Diana y ahí empezaron a aparecer en Migraciones gente como Branco Benzon que igual firmaron ”J NO B” para el ingreso de judíos.</p>
<p>Hay otra historia poco conocida que la había escrito acá un historiador israelí que se llama Haim Avni, que escribió un libro que se llama Argentina y los judíos, (Argentina and the Jews), que creo que se publicó, no me acuerdo exactamente, en la década del 90. En la reunión de Wannsee, en enero del 1942, en la que el jefe de las SS, Heidrich, se reúne con Eichmann y varios jerarcas involucrados en el tema de la ”Solución Final al problema judío” como lo llamaban ellos, Heidrich menciona la necesidad de instrumentar una solución final porque decía que la idea de hacer emigrar a los judíos ya no funcionaba y que, en particular, no funcionaba porque los países que antes los recibían habían cerrado sus fronteras o pedían sobornos muy grandes para dejar entrar a judíos. Con lo cual la Circular 11 adquiere otro color, cuando la vemos a través de la visión que tenían los jefes de las SS cuando se reúnen a complotar la idea de la solución final; y allí hay una responsabilidad del gobierno argentino en el Holocausto, yo creo, en cerrar sus fronteras.</p>
<p>Pero hay una responsabilidad más directa aún que es lo siguiente: en su extraña manera de pensar, los nazis, en aquella época, a los judíos de los países neutrales los mantenían con vida y habían conseguido que los países neutrales repatriaran a esos judíos que estuvieran en Alemania o en países ocupados por Alemania como Francia, Grecia, etcétera. Y la oficina de Eichmann había contabilizado unos cien y algo de judíos argentinos que vivían en Europa. Por esta razón había un enlace entre la Cancillería alemana y la oficina de Eichmann, que era la 18, Edward Von Thadden, que también era de las SS, que citaban constantemente a diplomáticos argentinos en Berlín -porque Argentina tenía todavía abierta su embajada en Berlín durante la guerra- para pedirle que la Argentina repatriara a estos cien judíos.</p>
<p>El diplomático argentino que asistía a estas reuniones con Thadden se llamaba Luis Irigoyen, que era un hijo natural del presidente Irigoyen, era hijo de una amante austríaca de Irigoyen, por lo tanto, Irigoyen hijo, diplomático argentino en Berlín, hablaba perfecto alemán. Inclusive fue embajador en Bonn después de la guerra, en la década del 50; un diplomático muy distinguido. Por ejemplo, en una oportunidad, Thadden cita a Irigoyen y le dice ”Hay cincuenta judíos argentinos en el gueto de Varsovia.” Y le puso sobre la mesa creo que alrededor de quince documentos de estos supuestos argentinos judíos. Y Thadden -que yo he visto en los informes que escribía Thadden después de sus reuniones con Irigoyen-, dice que Irigoyen no quiso ni siquiera tocar los documentos y a simple vista los declaró falsos y que la Argentina no tenía ningún interés en esas personas. Esto se repitió en gran cantidad de oportunidades y lo increíble es que, durante la guerra, Eichmann solicitaba constantemente a la Cancillería Alemana que quería llevarse a campos de concentración a esta gente, que no había ninguna razón para mantenerlos libres. Y la Cancillería Alemana decía no, porque en la Argentina había muchos alemanes ”y si nosotros llevamos a campos de concentración a estos judíos argentinos puede haber represalias contra los alemanes que viven en Argentina”. Esta situación llegó así a enero del 44 cuando Argentina rompe relaciones diplomáticas con Berlín y ahí Eichmann, furioso, y Kaltenbrunner también, jefe de las SS, dicta una orden para que a los cien judíos argentinos se los lleve al campo de Bergen-Belsen y otros campos de concentración, y es donde les perdemos el rastro y supuestamente perecieron allí.</p>
<p>Y traigo esto a colación porque no me acuerdo cuándo fue exactamente, en el 200, 2001, algunos funcionarios de Cancillería me habían venido a hablar cuando publiqué un primer libro que se llama Perón y los alemanes en el 98.</p>
<p>Y un importante funcionario de Cancillería me vino a sugerir que yo tenía que escribir un próximo libro sobre algún Wallenberg argentino. Y yo que conocía esta historia de Irigoyen y la existencia de la orden secreta dije: ”Bueno. Va a ser muy difícil” porque no había ningún Wallenberg argentino que salvara vidas de judíos durante la guerra, no que yo conozca, al menos. Sin embargo, la Cancillería persistió en esta idea y se colocó una placa -que el entonces canciller Rodríguez Giavarini colocó- homenajeando a doce diplomáticos argentinos que supuestamente salvaron vidas de judíos durante la guerra. Si se viera la lista, puede ser que alguno de ellos haya participado en, por lo menos, entregar pasaportes a ciudadanos argentinos judíos que vivían en Alemania y, por lo tanto, la Cancillería parece considerar que otorgar pasaportes a ciudadanos argentinos, si son judíos, es meritorio de una placa, cuando es el deber de cualquier diplomático salvaguardar a ciudadanos argentinos no importa cuál sea su religión, credo, raza. Y entre esos doce que están en la placa, figura Luis Irigoyen, el hombre que cuando vio los documentos del gueto de Varsovia dijo que eran falsos. Existe ciertamente la posibilidad de que esos documentos sean falsos, pero si este hombre hubiese tenido algún interés en salvar judíos, hubiese hecho lo que hizo Raoul Wallenberg y los hubiese declarado verdaderos, aún sabiendo que eran falsos. Porque Raoul Wallenberg se subía a los techos de los trenes que llevaban a los judíos hacia Alemania y tiraba pasaportes falsos, que imprimía él mismo, adentro de los vagones, y después hacía parar el tren a los oficiales alemanes diciéndoles ”hay ciudadanos suecos adentro del tren” que no eran suecos de ninguna manera y los mismos pasaportes que les había entregado Raoul Wallenberg eran falsos.</p>
<p>Entonces, yo podría hablar con gran número de detalles de cómo se organizó esta vía de escape, sobre los archivos que consulté en Bélgica, sobre los archivos suizos que vi que hablan sobre la colaboración suiza también para ayudar a la Argentina a traer a criminales después de la guerra, el documento norteamericano que habla sobre el tema, los documentos que vi en la anarquía de archivos en la Argentina.</p>
<p>Me acuerdo en particular que una vez fui al Archivo de Tribunales, que es de los pocos archivos bien guardados, bien cuidados. Los documentos están en condiciones y hay bastante documentación sobre las vinculaciones entre el espionaje nazi y Perón durante la guerra. Y el jefe del Archivo me recibió con los brazos abiertos y él, como no iba nunca nadie a consultar eso, se pasaba sus horas leyendo estos documentos increíbles, me decía ”Qué gran felicidad me da ver a alguien que finalmente venga a pedir estos documentos porque acá nunca aparece nadie para pedir verlos.”</p>
<p>Y si alguno ha leído mi libro va a ver que es un libro, bueno, sumamente aburrido, lleno de pies de página, todo totalmente documentado y lo he hecho así porque creo que el tema es de tal envergadura, y ha sido tan controvertido en Argentina, que no se puede encarar de otra manera. Porque aún hoy en día, a pesar de la conciencia que tenemos y a pesar de que hay una nueva generación de argentinos en el Estado, todavía hay dificultad con estos temas.</p>
<p>Pero mi motivación ciertamente no es ninguna fascinación con los nazis, no es una búsqueda social de la figura de Perón, sino, de alguna manera, derribar este muro de silencio ante estos eventos tan terribles que ocurrieron en Europa. Y creo que con la disertación, el embajador nos ha dado una idea del tamaño de lo que realmente ocurrió cuando habla de las cifras de las expoliaciones, del número de víctimas, de este tema que me resonó bastante, que habla de los saqueos de los departamentos, habla de 38,000 saqueos, pianos, que me recuerda a esas madres que me venían a ver a principios del año 77, cuando no eran las Madres de Plaza de Mayo todavía, que me decían ”ayer se llevaron a mi hijo, hoy volvieron y se llevaron la heladera.” En algunos casos se llevaron los marcos de las puertas.</p>
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		<title>Una placa sin explicación</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En el nuevo y moderno edificio de nuestra Cancillería existe una placa para homenajear a doce diplomáticos argentinos quienes -según reza el bronce- ”se mostraron solidarios con las víctimas del nazismo”. El impulso original para colocarla se dio en 1998 cuando, con el aparente deseo de contrarrestar la creciente evidencia histórica sobre los lazos secretos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el nuevo y moderno edificio de nuestra Cancillería existe una placa para homenajear a doce diplomáticos argentinos quienes -según reza el bronce- ”se mostraron solidarios con las víctimas del nazismo”. El impulso original para colocarla se dio en 1998 cuando, con el aparente deseo de contrarrestar la creciente evidencia histórica sobre los lazos secretos entre el Estado argentino y el nazismo, la Cancillería vislumbró la posibilidad de encontrar algún Wallenberg argentino que haya socorrido a judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Raoul Wallenberg fue un valiente diplomático sueco que, siguiendo instrucciones de su gobierno, salvó a miles de judíos en Hungría. Repartía entre los perseguidos por el nazismo ”pasaportes” suecos que él mismo fabricaba. En una ocasión, se trepó a un tren que transportaba judíos a los campos de concentración y, caminando por sobre el techo de los vagones, arrojó sus ”pasaportes” adentro. Luego obligó a los oficiales nazis a detener el tren, diciendo que había ”ciudadanos suecos” a bordo.</p>
<p>El caso argentino es diferente. Nuestro país dictó órdenes secretas que prohibían el otorgamiento de visados a judíos. Esto dividió a nuestros diplomáticos entre los que acataron y los que aceptaron otorgar visados a cambio de favores económicos. Esto resultó en la aparente contradicción de que, a pesar que la Argentina cerró sus fronteras, a su vez recibió a más judíos que cualquier otro país de América.</p>
<p>Pero existe otra incongruencia más alarmante respecto de la placa descubierta en julio de 2001. El comunicado de prensa emitido para la ocasión deja en claro que estos doce diplomáticos habrían intervenido mayormente a favor de ciudadanos argentinos residentes en Europa, a quienes simplemente renovaron sus pasaportes, o para quienes lograron algunas excepciones al régimen de raciones alimenticias impuesto por los nazis a la población judía. Cumplieron solamente con su deber, lo cual no merece placa alguna, a menos que se considere a los judíos argentinos una parte de la humanidad diferenciada del resto.</p>
<p>Igual sorpresa causó la inclusión de diplomáticos que actuaron a la inversa de Wallenberg, rehusándose a socorrer judíos argentinos que los nazis ofrecían entregar a nuestra embajada en Berlín. Ya en 1991, en su monumental obra Argentina and the jews, el historiador Israelí Haim Avni reveló cómo el canciller alemán Joachim von Ribbentrop mantuvo con vida a unos cien argentinos a quienes el oficial SS Adolf Eichmann, a cargo de la cuestión judía, deseaba enviar al campo de Bergen-Belsen. En reiteradas oportunidades, el secretario de la embajada argentina en Berlín, Luis H. Irigoyen, fue citado por Eberhardt von Thadden, el enlace entre Ribbentrop y Eichmann. Los demás países habían repatriado a sus ciudadanos, ¿por qué la Argentina demoraba tanto en repatriar los suyos? Irigoyen respondía con evasivas. La repatriación se hacía dificultosa, argumentaba, no había comprensión de este tema en Buenos Aires. En julio de 1943, Thadden citó nuevamente a Irigoyen. Había cincuenta y nueve argentinos en el gueto de Varsovia. Sobre su escritorio se apilaban los documentos de dieciseis de ellos. ”Son falsificaciones”, dijo Irigoyen. . ”Evidentemente la embajada argentina no tiene ningún interés en los poseedores de esos documentos falsos”. ¡Qué diferencia con Wallenberg! El diplomático sueco hubiera seguramente declarado los documentos legítimos y salvado a las cincuenta y nueve personas. Ante la reiterada negativa de la embajada argentina, los cien argentinos fueron finalmente enviados a Bergen-Belsen por Eichmann en 1944.</p>
<p>Es comprensible entonces que, desde hace más de un año, la Fundación Wallenberg, dedicada a preservar la memoria del diplomático sueco, viene exigiendo a nuestra Cancillería la prueba documental en la que se basa el homenaje a estos doce diplomáticos. También el Centro Wiesenthal ha exigido estas pruebas. Hasta ahora, las pruebas no han aparecido. Sin ofender la memoria de algún diplomático entre los homenajeados que haya mostrado más humanidad que el resto de sus colegas, sería deseable que la Cancillería revea las razones tras la colocación de una placa tan mal aconsejada.</p>
<p><em>* Uki Goñi es autor de La auténtica Odessa: la fuga nazi a la Argentina de Perón.</em></p>
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		<title>Cartas &#8211; Pasaportes salvadores en la España de Franco</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cartas de lectores
Señor Director:
”En la edición de LA NACION del 15 del actual, el señor Uki Goñi, autor de ”La auténtica Odessa: la fuga nazi a la Argentina de Perón”, se refiere a las heroicas acciones de Raoul Wallenberg para salvar a miles de judíos en Hungría, asunto que también trata un editorial de este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cartas de lectores</strong></p>
<blockquote><p>Señor Director:</p>
<p>”En la edición de LA NACION del 15 del actual, el señor Uki Goñi, autor de ”La auténtica Odessa: la fuga nazi a la Argentina de Perón”, se refiere a las heroicas acciones de Raoul Wallenberg para salvar a miles de judíos en Hungría, asunto que también trata un editorial de este diario del 23 de este mes.</p>
<p>”Y en una carta de lectores publicada recientemente, el señor <span class="style1"><strong>Baruj Tenembaum</strong></span> recuerda asimismo a Wallenberg y a ”otros miles de salvadores, como también los diplomáticos (españoles) Angel Sanz Briz y Jorge Santanella”. Sin ánimo de desmerecer a estos señores, desearía agregar lo escrito por el español Pedro de Churruca en su libro ”De soldado a embajador”, donde afirma que, por orden expresa de Franco, los consulados españoles de toda Europa expedían pasaportes españoles a todos los judíos que los pidieran y que alegaran -aunque no pudieran demostrarlo- que eran de descendientes de judíos españoles-sefardíes. Cuando Churruca, siendo jefe de Protocolo de la ONU, dijo a Menahem Beguin que así se habían entregado 80.000 pasaportes, éste le respondió. ”No, 80.000 no. Creo que fueron cerca de 85.000”. Otro libro escrito por su hermano Santiago, cónsul general de España en Jerusalén durante 5 años, consigna las opiniones de varios grandes rabinos y de políticos israelíes sobre lo mucho que había hecho Franco para salvar judíos del infierno nazi y del gobierno francés de Vichy.</p>
<p>”No obstante estar muy bien documentadas, las verdades escritas por los señores Churruca no son políticamente correctas, pues para la mayoría de la opinión pública mundial, desde Stalin, pasando por Castro y hasta ahora, parece inadmisible que Franco haya hecho algo decente.”</p>
<p><strong>Guillermo Louge<br />
</strong>Av. Quintana 42, Capital</p></blockquote>
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		<title>La Argentina y los Nazis: un debate necesario</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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La iniciativa es la primera de una serie de presentaciones que la fundación Wallenberg planea realizar en distintas capitales del mundo con el objeto de arrojar luz sobre uno de los capítulos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/gogni.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-391" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/gogni.jpg" width="266" height="235" /></a>El jueves 8 de mayo de 2003 el <strong><a href="http://www.goethe.de/hs/bue/spindex.htm">Instituto Goethe</a></strong> y la <strong>Fundación Internacional Raoul Wallenberg</strong> organizaron el debate público <strong>”Argentina y los Nazis”</strong>.</p>
<p>La iniciativa es la primera de una serie de presentaciones que la fundación Wallenberg planea realizar en distintas capitales del mundo con el objeto de arrojar luz sobre uno de los capítulos menos esclarecidos de la política exterior argentina: el vinculado a las relaciones del Estado argentino con los criminales de guerra nazis.</p>
<p>Con tal objeto un destacado panel de especialistas en la materia se presentó en el auditorio del Instituto Goethe, en la ciudad de Buenos Aires, dispuestos no sólo a brindar sus ponencias sino a intercambiar impresiones e información con el público asistente.</p>
<p>Ante más de un centenar de personas disertaron <a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=1101040101"><strong>Uki Goñi</strong></a>, escritor, autor del celebrado libro ”La Auténtica Odessa”; la <strong><a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=1101040102">Dra. Carlota Jäckisch</a></strong>, Investigadora Senior de la Fundación Friedrich von Hayek y la <a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=1101040103"><strong>Licenciada Beatriz Gurevich</strong></a>, una de las máximas autoridades mundiales en la materia y autora de la obra de dos volúmenes ”Proyecto Testimonio”.</p>
<p>Luego de los saludos de bienvenida a cargo del Director del Goethe-Institut- Buenos Aires, <strong>Dr. Rudolf Barth</strong>, el señor <strong>Gustavo Jalife</strong> de la FIRW, moderador del debate, presentó el <strong><a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=1101040104">programa</a></strong> y a los panelistas.</p>
<p>Uki Goñi puso el acento de su ponencia en las distintas dificultades que tuvo que afrontar para tener acceso a documentos guardados en archivos oficiales argentinos. Luego de su fugaz paso por la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la República Argentina (CEANA), abandonó el organismo oficial, fundado por el ex Canciller Guido Di Tella, a raíz de irreconciliables diferencias de criterio con la conducción académica. Emprendió entonces una difícil pero fructífera tarea como investigador independiente. A pesar de las múltiples trabas puestas por funcionarios de diversas dependencias de Estado argentino como la Dirección Nacional de Migraciones o la Cancillería argentina, Goñi pudo escribir dos libros reveladores acudiendo a la documentación correspondiente en archivos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países europeos: ”Perón y los alemanes”, (Editorial Sudamericana,1998) y ”The Real Odessa” (Granta Books, Londres, 2002); este último publicado en español como ”La Auténtica Odessa”.</p>
<p><a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=11010406"><strong>La documentación negada</strong></a> a Goñi y a otras instancias académicas así como a Organizaciones No Gubernamentales, ha sido el objeto de una extensa nota en el diario The New York Times, así como el motivo de investigaciones en el Congreso de los Estados Unidos y en el Parlamento argentino.</p>
<p>A su turno Carlota Jäckisch, expuso los resultados de sus investigaciones para la CEANA en torno a la cuantificación de criminales de guerra nazis según fuentes argentinas. De acuerdo a la prestigiosa académica, el conteo arrojó la cifra de 180 criminales arribados a la Argentina entre 1946 y mediadios de la década de 1950.</p>
<p>Por su parte Beatriz Gurevich construyó el eje de su ponencia en torno a las respuestas del Estado argentino a los pedidos de extradición de los criminales de guerra Pierre Daye y Ante Pavelic. Gurevich se encargó de subrayar la arbitrariedad de las respuestas a las solicitudes de extradición y los mecanismos paralegales que atravesaron la concesión de los permisos de inmigración.</p>
<p>Al finalizar las ponencias se inició un intenso debate con el público asistente que prolongó la actividad a dos horas de duración. Entre las numerosas preguntas cabe destacar las relacionadas con la suerte de los judíos argentinos en el Tercer Reich, un capítulo poco conocido de la historia del Holocausto hasta la aparición del libro de Goñi.</p>
<p>Sorprendió sobremanera la información sobre el destino de cien judíos argentinos que murieron en los campos de exterminio <strong><a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=11010407">abandonados a su suerte</a></strong> por las autoridades argentinas, a pesar de los esfuerzos del nazismo por intentar salvar sus vidas. La novedad, desarrollada por Goñi en el capítulo cuatro de ”La Auténtica Odessa”, había sido revelada al gran público por la <strong><a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=80105">Fundación Wallenberg</a></strong> en artículos aparecidos en el años 2002 en los diarios Página/12 y el Buenos Aires Herald.</p>
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		<title>El libro Perón y los alemanes fue presentado por la Fundación Wallenberg</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2003 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La FundaciónInternacional Raoul Wallenberg de la Casa Argentina en Jerusalem y Editorial Sudamericana realizaron el jueves 19 de noviembre de 1998 un debate en torno al libro ”Perón y los Alemanes”, obra del periodista Uki Goñi.
Participaron de la mesa José Ignacio García Hamilton, historiador y secretario general de Casa Argentina, el profesor Holger Meding, investigador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-393" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/peron.jpg" width="178" height="263" />La Fundación<strong>Internacional Raoul Wallenberg</strong> de la <strong>Casa Argentina en Jerusalem</strong> y <strong>Editorial Sudamericana</strong> realizaron el jueves 19 de noviembre de 1998 un debate en torno al libro <strong>”Perón y los Alemanes”</strong>, obra del periodista <a href="http://www.ukinet.com/">Uki Goñi</a>.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-392" src="http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/uploads/pre2011/photomid/timepe.jpg" width="178" height="230" />Participaron de la mesa <em>José Ignacio García Hamilton</em>, historiador y secretario general de Casa Argentina, el profesor <em>Holger Meding</em>, investigador de la Universidad de Colonia Alemania, la Licenciada <em>Beatriz Gurevich</em>, investigadora de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA), la Sra. <em>Gloria Rodrigué</em>, presidenta de Editorial Sudamericana y el autor, <em>Uki Goñi</em>.</p>
<p><a href="http://cgi.pathfinder.com/time/magazine/1998/int/981109/latin_america.perons_na30a.html"></a></p>
<p>El debate contó con la presencia de más de 100 personas, entre las cuales se destacaron el <em>Prof. Robert Potash</em>, el escritor <em>Marcos Aguinis</em>, el diputado <em>Norberto Laporta</em>, y el periodista <em>Robert Cox</em>, ex editor del Buenos Aires Herald en la época de la dictadura, a quien Uki Goñi señaló como el ”Wallenberg argentino”.</p>
<h2>Una sorpresa</h2>
<p>Minutos antes del comienzo del acto, se hizo presente el <strong>Prof. Guy Von Dardel, hermano de Raoul Wallenberg</strong>, quién leyó una <a href="http://www.raoulwallenberg.net/?p=1101040201">declaración de reconocimiento</a> a la Casa Argentina en Jerusalem y a la Fundación Internacional Raoul Wallenberg por el amplio impulso que ha dado a la difusión del caso del diplomático sueco quien, a los 32 años de edad, y luego de salvar la vida de cien mil personas en la Hungría ocupada de la segunda guerra, desapareció luego de ser secuestrado por el ejército soviético. Hasta el día de hoy no se conoce cuál fue su destino.</p>
<p>La traducción al castellano de la declaración fue leída por la Sra. <em>Evelyne Szelenyi</em>, Jefa de Gabinete del congresal de los Estados Unidos <em>Tom Lantos</em>, promotor de la proclamación de Wallenberg como ciudadano honorario norteamericano en 1981 por ambas cámaras del Capitolio.</p>
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