Política e ideología nazi I

Curso ”EL HOLOCAUSTO: IDEOLOGIA, POLITICA Y MORAL”

El Profesor David Bankier es el Director del Centro de Investigación del Holocausto en el Memorial Yad Vashem, Director del Departamento de Estudio del Holocausto en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Univesidad Hebrea de Jerusalem, integrante de los Consejos Editoriales de numerosas publicaciones profesionales, entre las cuales cabe mencionar ”Holocaust and Genocide studies” y ”Yad Vashem Studies”. Asimismo es profesor visitante en prestigiosas universidades de Europa y América Latina.

Política e ideología nazi I

Los nazis llegaron al poder en 1933 sin contar con una mayoría, el número máximo de votantes que recibieron, aún en las elecciones no democráticas de marzo de 1933, no llegaba al 40 % de los votos y este es un dato importante pues indica que más del 60 % de los alemanes no votaron por Hitler. Ello debe ser comprendido para entender porque la política hacia los judíos, por lo menos hasta 1938, se condujo al ritmo que se condujo; los nazis en principio no estaban solos en el gobierno. Alemania contaba con un sistema parlamentario y para gobernar Hitler tuvo que formar una coalición con elementos conservadores y nacionalistas. Cargos muy importantes dentro del gobierno fueron concedidos a representantes de dichos partidos. El primer gabinete de Hitler contaba solo 3 nazis : el ministro de Relaciones Interiores, un ministro sin cartera y Hitler como Canciller. Ministerios muy importantes tales como Relaciones Exteriores, Defensa y Economía estaban en manos de conservadores, quienes no eran nazis.

Tenemos que distinguir entre como un conservador nacionalista veía la cuestión judía y como la veía un nazi. Si yo tuviera que evaluar cuanta gente veía la cuestión judía desde una perspectiva nazi, diría que alrededor de un 5%. Y este es el porcentaje que tenían los partidos antisemitas radicales desde el nacimiento del antisemitismo político, a fines de siglo XIX, cuando se constituyeran los partidos políticos antisemitas, cuyo punto central en su programa era la solución de la cuestión judía. En ese entonces, ellos no lograron más de un 5% de representación en los parlamentos europeos. La solución radical de la cuestión judía fue. por tanto, una idea compartida por un pequeño núcleo de personas en Europa y ese pequeño núcleo llegó al poder en 1933. No tengo que suponer que cuando tomaron el poder ese grupo se reprodujo, llegando a reunir la mayoría de la población alemana. Los antisemitas conservadores, al ser antisemitas convencionales, subordinaban la solución de la cuestión judía a la solución de problemas críticos que afectaban a Alemania. El ministro de Economía entendía que el país no podía correr el riesgo de un boicot a sus productos en el exterior; y que a resultas de la persecución de los judíos, organizaciones judías en Nueva York boicotearan los productos alemanes. A pesar de su antisemitismo, comprendía que primero estaba la necesidad de exportar y hacer lo posible para que esas exportaciones no sufrieran de boicot de judíos en el exterior, y después llegaría la solución a la cuestión judía. La misma postura mantenía el ministro de Relaciones Exteriores : entendía perfectamente que su función era velar por la imagen de su país en el exterior, y que el país no fuera comparado con algún estado subdesarrollado del mundo. Por lo tanto, los excesos de los radicales en Alemania producían malos titulares en los diarios; alguien que era antisemita convencional en el Ministerio de Relaciones Exteriores también comprendía que lo primero era la imagen del país y después venía la solución de la cuestión judía. Por ello, en los primeros años tras la subida de los nazis al poder, no había una política hacia los judíos sino que había varias políticas hacia los judíos, políticas tomadas por los distintos representantes del gobierno y cada uno la aplicaba según sus distintos intereses. Por un lado, encontramos los elementos nacionalistas conservadores que trataban de estabilizar el sistema, y quienes veían en la Italia de Mussolini un modelo. Por otro lado, los radicales del partido, aquellos activistas que predicaban la violencia. Algunos se dedicaban a la violencia por razones ideológicas, otros por razones políticas. Sea cual fuere la motivación, el hecho era que había violencia. Pero la violencia se ejercía con ciertos límites : no estamos ni en Polonia, donde se mataban judíos, ni en Rumania ni en Ucrania donde se asesinaban judíos en pogroms. Estamos en un país de Europa Central donde la violencia, por ahora, es limitada y no hay matanzas. Los años 1933, 1934, 1935 se caracterizaron por este paralelogramo de fuerzas, donde por una parte los elementos conservadores tendían hacia la estabilización del sistema, hacia la institucionalización de la revolución nazi, y por otro lado las corrientes radicales, que aspiraban a una revolución permanente; un ideal que estaba presente también en la ideología nazi-fascista. La gran cuestión será ver donde estaba Hitler entre estas dos fuerzas, donde estaba la jerarquía del Gobierno, ¿apoyando a quién? ¿al ejército?, ¿a los conservadores, a los diplomáticos, a los capitalistas y a sus intereses económicos o a los elementos revolucionarios?. Hitler en su juego político apoyará a veces a estos y a veces a aquellos. No debemos verlo solo como un fanático ideológico sino también como un político que calculaba a quien debía apoyar en determinado momento. Por ende habrán fluctuaciones en la línea que asumía hacia todo tipo de cuestiones, incluyendo la cuestión judía.

De cualquier manera, ningún país puede vivir en una situación de anomia, de falta de leyes, en que cada uno hace lo que cree que es la voluntad del líder. El activista que escuchaba un discurso nazi y salía a aplicar el nazismo, en la práctica actuaba con violencia y no entendía porque era arrestado por la policía. La aplicación del nazismo en la práctica implicaba necesariamente violencia pero el policía debía arrestar a quien ejerciera la violencia. Asimismo se encontraba aquel que no ejercía violencia, pero interpretaba la ley de tal modo que limitaba las actividades de los judíos, sin que las mismas hubieran sido legalmente prohibidas. Por ejemplo, supongamos que un judío y una no-judía quieren casarse en un registro civil en el año 1934 o 1935, y el funcionario publico rehusa casarlos. Y en base a qué rehusaría? En base a un decisión arbitraria pues todavía no estaba prohibido por la ley el matrimonio entre judíos y no judíos. Entonces ¿qué hubiera hecho esta pareja? Demandar y llevar a juicio a dicho empleado público por incumplimiento de sus funciones. Este caso llegará a la justicia pero el juez cómo decidirá? El también se encontrará frente a un dilema, ya que no podrá decidir en forma contraria a lo estipulado por la ley. ¿Pero qué resultaba entonces? Un judío ganaba una querella judicial contra el Estado Alemán, lo cual llevaba a una situación paradójica. Ningún país puede funcionar de esta manera, cuando se arresta a personas que no saben porque se las arresta, o cuando jueces no saben como decidir en casos que no están prohibidos por la ley o cuando un burócrata hace la ley por su cuenta. Por ello y para evitar una situación de falta de ley o inconveniencia en la aplicación de decretos hacia los judíos, se formularon las leyes de 1935, conocidas como las leyes de Nuremberg, equivalente a lo que en Estados Unidos serían leyes constitucionales. Las leyes eran dos: la ley para la protección del honor y la sangre alemanas y la ley de ciudadanía. Estas leyes de 1935 estabilizaron la situación, y crearon un modus vivendi de segregación legal de la minoría judía. Las leyes estabilizaban la situación pues la gran mayoría deseaba saber donde estaba parada. La carencia de ley creaba en la persona una alternativa: vivir en una situación de incertidumbre y violencia, o bajo una ley que si bien restringía las actividades, al menos definía exactamente las permisiones y prohibiciones. La gran mayoría prefiere vivir en un marco que le indica que puede hacer, aún cuando ese marco sea muy restrictivo. Antes que esta ley fuese promulgada, existían muchas acusaciones de ”contaminación racial”, o sea arresto de judíos que mantenían relaciones sexuales con mujeres no judías. En el momento que alguien era acusado por ello, era arrestado por la policía. ¿Pero en base a qué se le arrestaba? No existía el término legal ”contaminación racial”; no había una prohibición legal de mantener relaciones sexuales entre una persona judía y otra no judía. Entonces ¿cuánto tiempo se podía detener a una persona por haber cometido algo que no estaba prohibido por la ley? Era necesario inventar un término que permitiera a la policía tener a esa persona arrestada, y entonces aplicaban un término inventado aún en la República del Weimar ”custodia protectiva”, que se aplicaba en casos criminales políticos como una forma legal de mantener a esa persona encerrada. Pero esas artimañas no podían durar mucho, todos entendían que había que estabilizar la situación. Esta estabilización será lograda por las leyes de Nuremberg

Comentarios del disertante en respuesta a preguntas formuladas por los asistentes

No todos los que votaron a Hitler se dedicaban a la violencia, son ciertos grupos. Dónde va a haber más actos violentos y dónde va a haber menos, depende de quién fuera el gobernador de un determinado lugar. En Berlín, el gobernador no tomaba el asunto de los judíos muy en serio. En Colonia, Dusseldorf, Koblenz allí había más violencia, porque los interventores nazis son fanáticos antisemitas. En Hamburgo, ciudad portuaria que vivía de la exportación y no podía darse este lujo, la violencia es menor ya que es mala para los negocios. De ahí las diferencias en los testimonios de judios que vivieron esa época. Si le preguntan a uno, cómo era aquella época, le dirá ”soportable”, otro dirá ”insoportable”, todo depende dónde cada uno vivía, en que círculos se movía.

Con el tiempo el régimen nazi se convierte en un régimen que no avanza hacia el cumplimiento de sus promesas. En 1936 o en 1937 no pasa nada, ya que no hay oposición. En 1937 hay 6 campos de concentración en Alemania, que cuentan con alrededor de 10.000 prisioneros políticos, que no es mucho, comparado con otros regímenes represivos del siglo XX. Esto fue así porque el regimen gozaba de un consenso hasta tal punto que si hubiera habido elecciones libre en 1937, sin ninguna duda, Hitler hubiera triunfado. Su gobierno no se sustentaba solo sobre la represión sino que gozaba de amplia popularidad.

En cuanto a la política antisemita Hitler actuaba muy sutilmente, ya que el Estado Alemán casi no confiscaba propiedades judías. La política de los nazis era ”arianizar” las propiedades, principalmente desde 1938 en adelante, y existe una gran diferencia entre la confiscación y la ”arianización”. En la confiscación, la propiedad es tomada por el Estado con cualquier excusa. Eso es lo que se hacía en un país comunista, por ejemplo. En cuanto el Estado se lleva una propiedad, comienza la especulación en el pueblo acerca de quien gozará lo que el estado confiscó. El Estado es un ente abstracto y los bienes confiscados serán usufructuados por funcionarios del partido, la gente común no recibirá nada de esa confiscación. A diferencia de esto, los nazis ”arianizaban” es decir forzaban a los judíos vender su propiedad, sin que el Estado confiscara esta propiedad. Hasta 1938 había lo que se llamaba la ”arianización voluntaria” que se basaba en iniciativas personales, podría decirse que ”se le da al judío la oportunidad” o vendía su propiedad o se le denunciaba como contaminador racial. Si vendía recibía una fracción del valor real. Si no vendía, iba a parar a un campo de concentración. Hasta que investigaban, hasta que se daban cuenta que había una acusación falsa, ya el negocio estaría en problemas, se habría quedado sin clientes, no habría podido pagar a los empleados… En esas condiciones una persona sensata vendía. Desde 1938, la ”arianización” ya es forzada, no es en base a iniciativas privadas sino que el Estado, no por medio de promulgación de leyes – pues el Estado no podía decidir que cierto segmento de la población debía vender por la fuerza -(sobre todo por temor a represalias en el exterior contra los nacionales del país) sino actuando de tal modo que se arruinaba económicamente a los judíos. Se les cortaba el crédito, se presionaba a los bancos para quitarles el apoyo financiero, se presionaba a los abastecedores, a los compradores para que no compraran, etc. Esta política de ”arianización” no fue una política económica, fue un acto político que la población entendió como un acto económico, pero la meta del Estado nazi fue política: arruinar a los judíos para que vendieran a cualquier precio y emigraran. Para conseguir ese objetivo toda la gente estaba contenta. Por ejemplo, ¿cómo razonaría un médico aleman que tenía como socio un médico judío en su consultorio? Por la política de ”arianizacion”, el médico judío debía vender sus pacientes. Y por ello, lo más sensato sería que el médico alemán le comprase su cartera de pacientes. ¿Y a cuánto se la compraría? Al mínimo. Lo mismo si se trata de un estudio jurídico en el cual hay un socio judío. ¿Cuánto se le pagaría por los 60, 80 o 100 clientes que él tenía? Lo mínimo. Ocurría esto mismo con casas, propiedades, terrenos. Se pagaba una fracción del valor real de estas propiedades. Pero el Estado no quería perder en esa clase de operaciones – pues el fisco cobraba un porcentaje en los casos de compraventa inmobiliaria – y el fisco sabía que las propiedades judías se vendían a menos de un 20% de su valor y por ello perdería al cobrar el impuesto del 4% o 5% sobre el valor real de la propiedad. De ahí que al momento de llevarse a cabo la operación, el Estado mandaba un tasador oficial para determinar el valor real del inmueble. No se tomaba en cuenta el precio que se pagaba al vendedor judío – el impuesto se pagaba sobre ese valor real, pues el Estado no tenía porque perder a resultas de su propia política antisemita. Por ello, con la ”arianizacion” todos estaban contentos: el estado cobraba sus impuestos y el comprador adquiría una ganga. De esta forma se hacía participar a muchísima gente en un régimen criminal. La forma de hacer participar a esta gente no era convirtiéndola en asesinos sino convirtiéndola en gente que podía gozar de una política de expropiación.

Los judíos antes del Holocausto no tenían poder político, no podían ejercer presión sobre nadie. Había cuando mucho, protestas públicas de los judíos en Nueva York o Londres; lo que importaba era que los factores con poder real intervinieran, que consideraran esos hechos como insoportables para la ley internacional. Ese fue el problema que se presentó después de la guerra. Se podía procesar a nazis por actos perpetrados contra judíos de Polonia, Hungría u otros países, porque un país no puede perseguir a ciudadanos de otro país. La pregunta que se planteaba era si un país podía perseguir a sus propios ciudadanos. Hasta 1945 la respuesta era afirmativa, un país podía perseguir inpunemente a sus propios ciudadanos y lo que Hitler hacía con sus judíos era perseguir a sus propios ciudadanos. Es recién luego del Holocausto que todo este punto dentro del Derecho Internacional fue reconsiderado y si hoy Milosevich maltrata a sus ciudadanos le dirán que no puede hacer a sus ciudadanos lo que él quiera, y lo que se les haga dentro de Yugoslavia es algo que nos concierne a todos. Alemania decidió que cierto sector de la población — que hasta entonces eran ciudadanos — se iban a convertir en ”súbditos del estado”, no en apátridas. Dentro del marco de esa época, un acto de este tipo estaba dentro del ámbito de lo soportable.